Investigadora resalta impacto social del cooperativismo

Las cooperativas no agropecuarias tienen como fin la prestación de bienes y servicios mediante la gestión colectiva.

Al cierre de 2014, Cuba contaba con 345 cooperativas no agropecuarias.

Foto: Por Archivo IPS Cuba

La Habana, 19 mar.- Con tropiezos se abren paso en Cuba las cooperativas no agropecuarias, un tipo de asociación económica que durante décadas se restringió aquí al sector campesino. Sin embargo, esa nueva práctica puede extender la economía solidaria en el país, advierten especialistas.

A juicio de Geydis Fundora, profesora Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, desarrollar una actividad económica privada o cooperativa no implica necesariamente olvidarse de la sociedad y la comunidad.

“La experiencia que tenemos en Cuba de cómo se ha vivido el cooperativismo está muy lastrada. Primero las personas la asocian a la actividad agropecuaria y no a otro tipo de experiencia de producción y servicios. En segundo lugar, se vincula a algo promovido desde el Estado y no desde la gente”, declaró, en un encuentro comunitario sobre el tema.

“El cooperativismo es una palabra tan amplia en la que pueden caber disímiles maneras de interpretarlo, porque no son lo mismo las cooperativas en Canadá que en Estados Unidos o América Latina. En ese nombre entran un montón de elementos y particularidades”, dijo.

De acuerdo con la profesora, “si en Cuba queremos un cooperativismo acorde a la esencia emancipadora de la Revolución Cubana (de 1959) debe fomentarse la capacitación no solo económica y jurídica sino también al rescate del espíritu del cooperativismo como forma colectiva de organización, con una proyección de responsabilidad social y ambiental”.

Tal es el caso de una cooperativa de Holguín, a ¿? Kilómetros al este de la capital, cuyos socios decidieron, con esfuerzo propio y como aporte social, mejorar el estado constructivo y enriquecer las áreas verdes de los parques, un símbolo de esta ciudad y adonde la población acude a recrearse.

Dentro del proceso de actualización del modelo económico social cubano, a partir de diciembre de 2012 entraron en vigor cinco nuevas normas jurídicas que establecen la creación gradual de cooperativas en actividades no agropecuarias y otras disposiciones que con carácter experimental regulan ese proceso.

Para la etapa inicial de la experiencia, se previó la constitución de más de 200 asociaciones de ese tipo en todo el país, que abarcarían sectores como el transporte, la gastronomía, la pesca, los servicios personales y domésticos, la recuperación de materias primas, la producción de materiales y los servicios de la construcción.

Las primeras 124 cooperativas no agropecuarias iniciaron operaciones en julio de 2013 en sectores como la construcción, el transporte, mercados agropecuarios, recogida y reciclaje de desechos y otros servicios.

Al cierre de 2014, Cuba contaba con 345 cooperativas no agropecuarias, de un total de 5.506 cooperativas, de acuerdo con un informe de la estatal Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).

Por provincias, La Habana concentraba la mayor cantidad, con 173, seguida por Artemisa, que tenía constituidas 64. Por detrás aparecían Matanzas (20) y Mayabeque (15), y más lejos estaban Pinar del Río (12), Santiago de Cuba (9) Villa Clara, Sancti Spíritus y Camagüey (8 cada una); Granma (7) y Guantánamo (5); Ciego de Ávila y Holguín (4); el municipio especial Isla de la Juventud y Cienfuegos (3), y Las Tunas (2).

Por actividad económica, de acuerdo con el reporte de la ONEI, 130 se dedicaban al comercio y reparación de efectos personales, 85 correspondían al segmento de hoteles y restaurantes, 59 se dedicaban a tareas de la construcción y 49 se desempeñaban en industrias manufactureras.

Del total, siete operan en actividades de servicios comunales, seis en transporte y almacenamiento, cinco prestaban servicios a empresas y realizaban inmobiliarias, y cuatro suministraban electricidad, gas y agua.

Para Fundora, con esta posibilidad “la gente se empieza a percibir como un posible actor económico, no solamente otra persona planifica por mí. Yo también puedo ser un planificador y autogestionarme”.

“Si realmente estamos apostando por relaciones más humanas y personas que se organicen mejor, este es el camino válido. Pero emprenderlo implica un proceso de sensibilización, un gran reto, pues hay escasos referentes de experiencias positivas de cooperativismo”, alertó.

No obstante, las autoridades reconocen que aún existen trabas, sobre todo en la zona oriental del país, en los trámites que las personas deben realizar para emprender esta forma de gestión. (2015)

Los comentarios están cerrados.