Negocios e inversión podrían acercar más a Cuba y EE.UU.

Cuba sostuvo en la última Comisión Bilateral, realizada el 30 de septiembre en Washington, que han sido pocos los avances comerciales entre ambos países.

Thomas J. Donohue, presidente y director ejecutivo de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, durante su visita a Cuba en 2014 se dirige a autoridades del país caribeño en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La Habana, 7 oct.- Una política inteligente por parte de Estados Unidos dirigida a impulsar áreas de negocios e inversión en Cuba podría acelerar la normalización de relaciones entre ambos países y echar abajo el bloqueo económico que pesa desde 1962 sobre la isla.

Así lo considera Sarah Stephens en el artículo Cuba After the Gold Rush. What has been the role of U.S. commercial interests in ending the U.S. embargo on Cuba?, publicado el pasado 19 de septiembre y enviado por correo electrónico a la Redacción IPS Cuba.

Stephens, directora ejecutiva del Centro para la Democracia en las Américas, es una estudiosa sobre las relaciones bilaterales desde hace más de 15 años, y defensora de la política de acercamiento a La Habana promovida desde el 17 de diciembre de 2014 por el presidente Barack Obama.

Más sobre el bloqueo 

EE.UU. impuso un bloqueo a Cuba en 1962, que impide el intercambio económico, comercial y financiero. Las autoridades de la isla cifran en más de 1,1 billones de dólares las pérdidas provocadas por el mantenimiento de esta política.

Desde el año 1992 y como consecuencia de la Ley Helms-Burton, se encuentra en manos del Congreso la posibilidad de levantar totalmente estas sanciones, si bien queda a disposición del presidente la facultad de tomar medidas para la venta de alimentos y medicinas.

En noviembre de 2001, luego de la aprobación de la Trade Sanctions Reform and Export Enhancement Act, se realizó la primera venta de arroz estadounidense a Cuba. Los otrora enemigos comenzaron un proceso de deshielo el 17 de diciembre de 2014 y restablecieron relaciones diplomáticas el 20 de julio de 2015.

El presidente Obama, al argumentar los cambios en la política de la Casa Blanca, ha dicho que el bloqueo a Cuba es obsoleto, anclado en el pasado y una pieza de la Guerra Fría.

En casi dos años, los departamentos del Tesoro y Comercio estadounidenses anunciaron tres paquetes de medidas dirigidas a facilitar los viajes, remesas y el comercio con el gobierno cubano y el sector emergente de pequeños negocios privados y cooperativas.

Sin embargo, desde inicios del 2015 hasta febrero del 2016, Washington multó a ocho entidades de diferentes países por más de 2.836 millones de dólares por violaciones de los regímenes de sanciones contra Cuba.

Recordó que la comitiva del mandatario estadounidense cuando visitó la isla caribeña en marzo pasado, estuvo integrada por miembros de la Cámara de Comercio, presidentes de grandes empresas como PayPal y Airbnb, al igual que líderes corporativos de compañías aéreas, hoteles y otras industrias de ese país.

Ello, aseguró, demuestra el compromiso de la actual administración demócrata con privilegiar las actividades comerciales y el empoderamiento del sector privado que crece desde 2010 gracias a las reformas económicas del gobierno del presidente Raúl Castro.

De hecho, precisó, en los distintos paquetes aprobados por la Casa Blanca, se encuentran las autorizaciones del Ejecutivo estadounidense para ampliar las licencias para el comercio entre empresas norteamericanas y el sector privado cubano.

Durante sus discursos sobre el Estado de la Unión en 2015 y 2016, Obama exhortó al Congreso a poner fin al bloqueo que, en opinión de La Habana, resulta el principal obstáculo para la normalización de relaciones, incluidas las comerciales.

Sin embargo, opinó Stephens, las relaciones EE.UU-Cuba no han avanzado más debido a la obsolescencia tecnológica y de infraestructura en la nación caribeña, al igual que el exceso de trámites burocráticos y demoras por parte de las autoridades cubanas para autorizar negocios con empresas del país norteño.

También menciona como un escollo la reticencia del congreso estadounidense para levantar el bloqueo económico, comercial y financiero, pese a que en los últimos años se han sumado nuevos apoyos entre los legisladores para la derogación de la medida, de conjunto con grupos de presión como el sector agrícola.

A su juicio, persiste la desconfianza del gobierno de Raúl Castro hacia las medidas de la Casa Blanca, las cuales considera que buscan el desmontaje del sistema político cubano.

“Muchos cubanos creen que las empresas que buscan ofertas y contratos en Cuba son parte de una estrategia de caballo de Troya para socavar el sistema cubano. Este punto de vista es sostenido también por los representantes de mantener una línea dura y los reformadores”, compartió.

“Su preocupación se ve reforzada por la retórica que usa la administración Obama para explicar las nuevas políticas. Las autoridades estadounidenses deben entender que ello refuerza aquellas posiciones”, analizó.

En este sentido, recomendó seguir las propuestas del exsecretario de Comercio (2005-2009), el cubanoamericano Carlos Gutiérrez, para quien “dejar caer el embargo es proporcional a la defensa de los derechos humanos en Cuba”, pues a su juicio, la desaparición del bloqueo “les daría a los cubanos el derecho a ganarse la vida”.

La analista alude asimismo a ideas de Fulton Armstrong, un veterano de la política hacia Cuba que sirvió en el Consejo de Seguridad Nacional bajo el mandato del expresidente William Clinton (1993-2001) y como miembro de la Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

Armstrong sugiere que las empresas pueden crear el mejor espacio para poner fin al bloqueo usando las licencias, las cuales sientan un precedente para las actividades que desean seguir individualmente en Cuba.

Finalmente, Stephens sostiene que los negocios desempeñan un rol importante en el proceso de normalización entre Cuba y Estados Unidos: “ese papel no se debe exagerar o minimizar, sino utilizarlo de forma inteligente para aprovechar sus fortalezas”.

“También se deben reconocer otras fuerzas, como las ONG que trabajan en Cuba, el compromiso de los ciudadanos, así como el de diplomáticos y líderes políticos de ambos países, cuya labor será esencial para que el embargo caiga definitivamente”, concluyó. (2016)

 

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