Proyecto católico incuba buenas prácticas en negocios cubanos

Se trata de InCubaEmpresas, que desde 2011 ofrece cursos de capacitación, asesoría y cuenta con un observatorio de la gestión económica no estatal.

La aprobación de una ley de pequeñas empresas aportaría el marco legal indispensable para que se consolide el sector no estatal, según especialistas.

Foto: Tomada de la web incubaempresas

La Habana, 22 jun.- A la espera de la legalización de las pequeñas y medianas empresas privadas, proyectos como InCubaEmpresas, del católico Centro Fe y Cultura Loyola, forman y asesoran a emprendedores de la isla caribeña para que impulsen sus negocios privados y cooperativas.

Varias congregaciones religiosas desarrollan proyectos similares de respaldo al emergente sector privado, fundamentados en la Doctrina Social de la Iglesia Católica y la necesidad de contribuir a la gestión autónoma de las personas.

La Redacción IPS Cuba conversó con Darién García, licenciado en Contabilidad y Finanzas y coordinador del proyecto InCubaEmpresas desde noviembre de 2015, para conocer las peculiaridades de esta iniciativa cobijada por el Centro Fe y Cultura Loyola, de la misión de los padres jesuitas en Cuba.

REDACCIÓN IPS CUBA: ¿Desde cuándo y por qué surgió InCubaEmpresas?

DARIÉN GARCÍA: Nació en 2011, gracias a los esfuerzos del padre Mariano Ibar SJ. Un año antes, el gobierno había permitido la apertura de los negocios por cuenta propia. El padre Mariano, quien residía en Santiago de Cuba, vio positiva la decisión, pero le preocupó que no existían mecanismos para capacitar a personas que por primera vez se enfrentarían al emprendimiento autónomo. Él fue profesor de una de las más prestigiosas universidades jesuitas en temas de negocios, de donde obtuvo un plan de estudio para emprendedores. Fue a República Dominicana, país más cercano a nuestra realidad, donde obtuvo otro programa y a partir de ambos y junto a un grupo de profesores católicos de la (estatal) Universidad de Oriente, creó el Sistema de Ayuda a la Familia, con el cual comenzaron las primeras clases. Luego, cuando el plan llegó a La Habana, se le puso como nombre Curso de gestión de pequeñas empresas, cuya edición número 18 impartimos ahora, durante 30 encuentros. No obstante, queremos modificarlo y transformarlo en cursos modulares de 6 encuentros como promedio. Al finalizar, entregamos un diploma acreditativo a todos los estudiantes.

IPS CUBA: ¿Cuáles son las principales actividades del proyecto?

DG: Además del curso de gestión de pequeña empresa, en 2014 se abrió un espacio de asesoría contable y legal para emprendedores. Luego se inició un espacio para charlas y conferencias todos los miércoles sobre temas como medioambiente y negocios, tecnología y negocios o cooperativas no agropecuarias, entre otros. A ello se sumaron cursos temáticos como Gestión y Contabilidad en las cooperativas, Negociación y Contratación, Administración, Trabajo en equipo y liderazgo; Inocuidad de los alimentos, Propiedad intelectual. En 2016 nació un Observatorio para hacer estudios sobre la realidad del sector privado en el país que sirvan para mejorar la gestión de InCubaEmpresas. En resumen, contamos con tres pilares fundamentales: Capacitación, Asesoría y Observatorio.

IPS CUBA: ¿Cuáles son las principales líneas de investigación?

DG: Están relacionadas con Pequeña empresa, Cooperativas, Biblioteca virtual de administración y Didáctica o cómo desarrollar herramientas que ayuden a mejorar las capacidades de los emprendedores. Para este año prevemos abrir una línea de Medio ambiente y negocios y otra enfocada en el barrio de Los Sitios, donde estamos ubicados, para saber cuál es la realidad desde el punto de vista empresarial y cómo potenciarla. También iniciamos un curso taller de módulo Canvas, un modelo nuevo surgido en Europa en 2010, muy práctico y que ayuda de manera sencilla a visualizar el negocio.

IPS CUBA: ¿Qué porcentaje de quienes egresan del curso tenían o pudieron luego abrir un negocio propio?

DG: Un alto porcentaje de quienes matriculan buscan incrementar su cultura general. Cerca del 30 por ciento de los graduados del curso de Gestión de pequeña empresa tienen un negocio en funcionamiento o están en vías de comenzar uno. Sin embargo, con los cursos temáticos que damos los sábados, los alumnos con negocios rondan el 70 por ciento y en ocasiones llega al 90 por ciento en las charlas centradas en las cooperativas. Para este año pretendemos evaluar el impacto de nuestros cursos en los emprendedores para comprobar cuán beneficiosos han sido.

IPS CUBA: ¿Cuáles son las principales dificultades para que cobre mayor impulso el emprendimiento privado en Cuba?

DG: En mi opinión lo afectan una mezcla de causas o elementos que deben valorarse en conjunto. Las puedo resumir en 1. Capacitación, 2. Marco Jurídico claro y estable, 3. Acceso a financiamiento o herramientas de financiamiento y 4. Ampliación del sector privado.

Hace falta enseñar a desarrollar herramientas de trabajo para que los negocios sean cada vez más eficientes, ayudar a ampliar capacidades y acompañar en el cambio de formas de pensar, de modo que los emprendedores tengan visión de futuro y creen valores que les sean útiles mañana. Aquí entra a jugar la urgencia de un marco regulatorio, que sea claro y estable. Las cooperativas actuales funcionan al amparo de un Decreto Ley experimental firmado en 2012 para un periodo de dos años; desde finales del 2014 o inicios del 2015 debíamos haber tenido una ley definitiva que aún no existe. Igual se está a la espera desde hace un año de una Ley de Pequeña Empresa. Muchos cuentapropistas necesitan fuentes de financiamiento, lo reconocen, pero si hubiera mayor capacitación se podría orientarlos hacia las posibilidades que ofrecen los bancos cubanos, aunque pienso que también requieren acceso a herramientas para lograr financiamiento. Finalmente, las actividades autorizadas para las personas autónomas son muy restringidas y limitan el desarrollo económico del país. Además, en algunas actividades el porcentaje de gastos reconocidos y los tramos de distribución de la base imponible son muy bajos lo que, lejos de fomentar una cultura tributaria, genera una cultura de subdeclaración. (2017)

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