Proyecto en barrio habanero se apresta a subir de nivel

Es Artecorte, que junto a emprendimientos privados y entidades estatales mueve la economía de un barrio habanero.

Desde 1999 a la fecha, han surgido en los alrededores del barrio del Santo Ángel 23 negocios, entre ellos casas de renta, restaurantes, cafeterías, galerías de arte y tiendas de artesanías.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 2 ago.- Retomar la bodega-museo de las cajas registradoras, crear un parque para patinar y convertir el barrio en un hostal urbano, son las nuevas ideas del proyecto comunitario Artecorte, que seguirá beneficiando al barrio del Santo Ángel, en La Habana Vieja, que es hoy un atractivo turístico.

Nacida primero por la iniciativa personal del peluquero Gilberto Valladares (Papito) y luego convertida en proyecto comunitario con apoyo del Plan Maestro de la Oficina del Historiador de la Ciudad (OHC), esta experiencia cambió la fisionomía de una calle y luego de otras cercanas en un movimiento contagioso de emprendimientos privados y autogestión barrial.

Lo nuevo

La estrategia a largo plazo comprende diversas fases, algunas enfocadas al aniversario 500 de La Habana, marcado para noviembre de 2019.

La primera etapa, titulada Santo Ángel 500, persigue rendir homenaje a la villa.

Monumento a los barberos y peluqueros

A la entrada del callejón, está ubicada una obra de arte dinámica e interactiva. Se trata de la escultura Fundidos en un solo corte, del artista Alberto Matamoros.
A esta herramienta típica de la profesión, hecha en metal, se le han soldado tijeras enviadas por profesionales de la peluquería y la barbería de todas partes del mundo.
Hasta el momento, se han añadido unas 370 tijeras y se espera la llegada al país de otras 400.
Las personas interesadas en sumarse pueden comunicarse con el proyecto mediante el correo electrónico: proyectoartecorte@gmail.com

A la entrada del Callejón de los Peluqueros, se observa la escultura con cientos de tijeras de varios países.

Según Camilo Condis, integrante de Artecorte, están tratando de revitalizar las primeras dos manzanas de la calle Cuba, “lo primero que se ve cuando se entra a la bahía y no se encuentran en las mejores condiciones”, con el apoyo de la oficina del Plan Maestro.

La idea es convocar a artistas para crear un mobiliario urbano interactivo: bancos que sean obras de arte, así como rescatar el edificio de Cuba no.8.

En esa edificación estuvo el taller de bicicletas más famoso de La Habana, creado en 1942 y cerrado a finales de los años 70, para promover el uso de la bicicleta como la forma menos agresiva de moverse dentro del Centro Histórico.

En una parcela hoy usada como almacén de materiales de construcción, se tramitan permisos para crear un parque para patinar, pues los patinadores “están destruyendo el Paseo del Prado, por desconocimiento, no saben el daño que le están causando a la ciudad”.

Otra idea es retomar la bodega-museo de las cajas registradoras, para que las y los clientes puedan apreciar ese patrimonio, además de un centro cultural local, “con teatro y gimnasio, entre otros, para la gente del barrio y al que se puede sumar el turismo”, enfatizó Valladares.

Lo más ambicioso que sueña Artecorte es convertir todo el barrio en peatonal, donde las cargas se muevan en triciclos.

Esto “va a ayudar a que sea un espacio más seguro para quienes transitan, estimular el turismo y revalorizar las propiedades”, adelantó Condis.

A largo plazo, en el barrio podría crearse “el hostal urbano, una forma de gestión, una conexión entre los negocios locales, no una competencia, donde los descuentos para los clientes que estén viviendo en el barrio, generen un mercado seguro y beneficios al resto”.

El proyecto

Todo comenzó como un pequeño negocio privado y museo vivo de la peluquería y la barbería, uno de los primeros que se abrió en el país.

Pero su dueño (Valladares) no quiso tener beneficios de manera egoísta, sino que decidió compartirlo con su comunidad y comenzó a trabajar con ella, explicó Condis.

Además del impacto económico que ha generado el proyecto para el barrio, es innegable que tiene también un fuerte componente social.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

En 1999, en la cuadra solo existía ese salón. Hoy, en menos de 70 metros, hay 23 negocios, entre ellos casas de renta, restaurantes, cafeterías, galerías de arte y tiendas de artesanías.

Pero el desarrollo no se ha limitado a la pequeña calle peatonal donde se ubica el negocio de Papito y la escuela de peluquería y barbería.

Según Condis, censos informales realizados por el proyecto arrojan que desde 1999 a la fecha, han surgido en los alrededores 166 casas de renta, 29 centros gastronómicos, 23 galerías y otros seis negocios.

Se estima que así se generaron 1.100 empleos directos y al menos tres indirectos por cada trabajo directo, en su mayoría orientados al turismo.

Todo ello, sostuvo, ha ayudado al trabajo de compromiso social de Artecorte, que ha desarrollado actividades sociales y culturales para niños, adolescentes, jovenes y ancianos.

“Artecorte va de lo económico a lo social, cultural y al desarrollo local. Lo más importante que tiene es el capital humano, el barrio, la historia, su gente, lo que lo hace un proyecto sin límites; el día que el proyecto deje de generar, transformar y contagiar a otros barrios, muere”, dijo Valladares.

Ganar, ganar

El Salón de Artecorte, la semilla que dio origen al proyecto comunitario.

Foto: Archivo IPS Cuba

Papito enumeró múltiples ventajas alcanzadas con el proyecto: “se generan divisas para el Estado (pago de impuestos), la OHC y la economía local; y se promueve la preservación y conservación del patrimonio local tangible e intangible”.

Por su parte, Condis consideró que “la comunidad se ha integrado a las actividades turísticas: un vecino alquila una habitación, el de al lado, sin condiciones para arrendar, obtiene un trabajo limpiando esa casa de renta, cuidando por la noche, brindando servicio de taxi o hasta vendiendo hielo a los restaurantes”.

Los turistas internacionales “vienen a conocer nuestra experiencia, a ser parte de nosotros, no hacemos un circo para ellos”, aseveró.

El impacto ambiental es notable. Esa parte de la ciudad se ha convertido en uno de los barrios más limpios: “los vecinos quieren sus calles limpias, pues necesitan atraer visitantes”, valoró.

“El barrio sufría de deterioro, varias casonas se estaban destruyendo pues quienes las vivían no tenían economía para repararlas, las han vendido, han venido otras personas con ánimo de invertir y han rescatado ese patrimonio, movidos por el interés revitalizador del turismo”, dijo. (2018)

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