Sueños y avances de una comunidad rural

El caserío y la UBPC ubicados en el municipio cienfueguero de Cruces, comparten el nombre Jova, su suerte y aspiraciones de mejorar sus vidas.

Jorge Luis Baños - IPS

El proyecto

CIENFUEGOS, Cuba, ago (IPS)  – El día que al poblado cubano de Jova llegó la energía eléctrica hubo gritos, risas y llantos, incluso entre los incrédulos que inicialmente desconfiaron de que aquello fuera posible. “No sabía qué hacer, me puse muy nerviosa”, confesó Carmen Carvallosa.

Hasta ese momento, los habitantes del caserío tenían por las noches como única opción una sala de televisión comunitaria que existe desde que hace unos 10 años se instaló un panel solar. “Ahora, cuando falla la corriente, todo el mundo va para allí”, contó Carvallosa.

“Yo también, porque soy la directora del lugar”, agregó a IPS esta mujer que optó por comprar un refrigerador en vez del televisor para su casa.

Esta comunidad rural de 32 viviendas está unida a una Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) por un pedraplén (camino empedrado) de unos dos kilómetros y medio, que se convierte en barrizal intransitable cada vez que llueve.

El caserío y la UBPC ubicados en el municipio cienfueguero de Cruces, comparten el nombre Jova, su suerte y aspiraciones de mejorar sus vidas.

Un proyecto en que confluyen varias agencias de cooperación internacional, denominado “La comunidad de Jova por un manejo sostenible de sus recursos naturales”, anima actualmente tanto a los pobladores como a los productores de la cooperativa cañera, que hace unos tres años estaba al borde de la bancarrota.

“Tuvimos una situación muy tensa, con momentos en que no había dinero ni para pagar a los trabajadores”, dijo Jesús Ruiz, administrador de la UBPC productora de caña de azúcar. Entre los problemas mencionó inestabilidad administrativa, una plantilla de trabajadores abultada y baja productividad, desorganización y graves problemas financieros.

La aplicación de varias medidas internas de organización y el aporte de la cooperación abrieron el camino para mejorar. “Se redujo el personal de más de 200 a 123 trabajadores y se reorganizó el sistema de producción para aprovechar mejor la jornada laboral. Logramos estabilizar el pago de salarios y hemos ido abonando deudas”, afirmó Ruiz.

En su opinión, esas medidas, la llegada oportuna de los insumos para la producción cañera, como abonos y fertilizantes, y las mejores condiciones de trabajo que propició la colaboración externa contribuyeron a que se elevaran los rendimientos de 9.763 toneladas de caña en la cosecha pasada a 14.101 en la de este año.

El proyecto “La comunidad de Jova” busca contribuir a la conservación y uso sostenible de la biodiversidad agrícola y ecológica de esa región, cuyos suelos y hábitat en general están seriamente dañados por muchos años de cultivo extensivo azucarero, deforestación indiscriminada, incendios y sobre exploración de maderas preciosas, entre otras causas.

Para ese empeño se cuenta con la participación de residentes de Jova y productores de la UBPC,  quienes al cabo de dos años disponen de recursos y alternativas para reducir las presiones sobre el entorno, a la vez que elevaron su calidad de vida. El proyecto también incluyó cursos y talleres de capacitación, educación ambiental, género y otros.

La electrificación de la comunidad, inaugurada el 10 de octubre de 2010 y financiada por la francesa Asociación Cuba Cooperación, decidió el regreso de algunas familias que se habían marchado en busca de otros horizontes.

“Mejoramos mucho. Antes nos alumbrábamos con chismosa (lámparas rústicas de keroseno) y gastábamos 120 pesos (unos cinco dólares) cada mes solo en combustible para cocinar. Nos cambió la vida, todo ahora es mucho más fácil”, aseguró Carvallosa, quien aún se emociona al hablar del tema.

Como la mayoría de los residentes en el asentamiento trabaja en la UBPC, se logró además mayor estabilidad y disciplina laboral. “La gente está más estimulada”, comentó Ruiz, a la hora de sustentar su tesis de que, a partir del proyecto, la “cooperativa se vio fortalecida” y no solo elevó sus rendimientos cañeros sino que extendió sus producciones al sector alimenticio.

“Los campos ociosos estaban llenos de marabú (planta invasora). Los limpiamos y hoy tenemos en  producción de alimentos unas 48 hectáreas. Ya el pasado año consumimos del Estado nada más que sal, azúcar (refinada) y uno que otro producto más, lo otro salió de nuestras cosechas”, agregó Ruiz, en referencia a la merma en el uso de la libreta de distribución normada de alimentos.

Las siembras incluyen arroz, maíz, plátano, frijoles y otros granos, viandas (tubérculos y raíces). Un total de 1.389 hectáreas siguen dedicadas a la caña de azúcar, el cultivo principal, y unas 102 hectáreas quedaron destinadas al plan ganadero, que contará en el segundo semestre de este año con apoyo de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude).

“El proyecto va bien. Lo fundamental se ha ido cumpliendo, se sembró y las cosechas fueron buenas, se ha reforestado y avanzan los planes para llevar agua a las hogares de la comunidad”, avaluó para IPS Fabio Fajardo, coordinador nacional del Programa de Pequeñas Donaciones (PPD), del Fondo para el Medio Ambiente Mundial.

Entre los cofinanciadores del proyecto figura el Programa de Desarrollo Humano Local, estrategia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo dirigida a potenciar el trabajo descentralizado en el  país, con acento en el municipio.

Los vecinos de Jova esperan ansiosos que ahora que tienen luz eléctrica también llegue el agua hasta sus hogares.

Según Fajardo, ese plan hídrico que apoya el PPD está casi a punto, pues solo faltan algunos accesorios para las conexiones, que habrá que importar. Como parte de este programa, uno de los pozos del poblado se convirtió en un pequeño acueducto rural, con sus aguas debidamente potabilizadas para el consumo humano.

La cooperativización agrícola

Las Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) surgieron en octubre de 1993 a partir de la subdivisión de empresas estatales agrícolas, inicialmente del sector cañero, que poseían grandes extensiones de tierra y alto nivel de recursos por área.

A sus trabajadores les fue entregada la tierra bajo condiciones de usufructo indefinido, sin pago de renta hasta el presente.

Sin embargo, el hecho de que se les vendiera el resto de los bienes de producción, aunque en condiciones de créditos blandos y un período de gracia, hizo que nacieran “con una importante deuda económica y en una situación extremadamente difícil” debido a la crisis de los años 90, advierte el economista Armando Nova en un artículo sobre las cooperativas.

Al ser creadas las UBPC, se estableció que serían dueñas de su producción, parte de la cual venderían al Estado. También tienen personalidad jurídica y operan cuentas bancarias. Empero, carecen de la autonomía necesaria para un desempeño exitoso. Actualmente poseen 29,9 por ciento de la superficie agrícola del país, mientras en 2007 tenían 36,9 por ciento.

Mientras tanto, las Cooperativas de Crédito y Servicios (CCS), junto a un sector privado que creció con la adjudicación de tierras en usufructo a partir de 2008, trabajan 35,3 por ciento de las áreas cultivables, casi el doble de las que operaban en 2007, con 18,5 por ciento, según los estimados de Nova para 2010.

A su vez, las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) mantienen en esos dos años el 8, 8 por ciento de la superficie agrícola, Esta forma de cooperativización surgió en la década del 70, a partir de campesinos propietarios que aportaron la tierra y restantes medios de producción, bajo el principio de la voluntariedad.

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