Vitroplantas pueden impulsar la producción agrícola

En Cuba existen 11 fábricas para la reproducción de semillas biotecnológicas, un método aplicado en el país desde hace más de 20 años.

Estas plantas son el resultado de un largo proceso que multiplica una célula u órgano mediante el cultivo de tejidos.

Estas plantas son el resultado de un largo proceso que multiplica una célula u órgano mediante el cultivo de tejidos.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 28 jul./ –  Las plantas de plátano de Jorge Mazo, cooperativista de la provincia central de Villa Clara, crecen sanas y uniformes, lo que vaticina una buena cosecha. Todas fueron producidas a partir de vitroplantas, una tecnología poco conocida y aplicada en las fincas de este país altamente importador de alimentos.

Circunstancias personales hicieron que este ingeniero agrónomo asumiera la finca La Fortaleza, de cinco hectáreas, donde une sus conocimientos profesionales con los saberes aportados por el contacto con las vitroplantas y los campesinos que las emplean.

Estas plantas son el resultado de la multiplicación de una célula u órgano mediante el cultivo de tejidos, de manera que salen fenotípica y genotípicamente (en apariencia y genética) idénticas a la planta que les dio origen, indicó Allán Ramírez, director de la estatal Empresa Provincial de Producción y Comercialización de Semillas, en este territorio a 268 kilómetros al este de La Habana.

De un ápice, es posible obtener de 10.000 a 12.000 vitroplantas. Por espacio de ocho meses son multiplicados los cultivos, que representan un mejoramiento genético y fitosanitario de las producciones agrícolas.

El proceso de micropropagación se realiza en varias fases: establecimiento, multiplicación, enraizamiento y adaptación, con personal especializado en cada una de las cuatro etapas.

“En el plátano, se va al campo, se selecciona la planta con racimo y se extrae un hijo. En el laboratorio se le hace proceso de desinfección y cuando tiene unos 30 centímetros comienza el proceso de multiplicación”, explicó Ramírez.

Un trabajo minucioso de los técnicos que laboran en la biofábrica, en medio de estrictas medidas de bioseguridad y climatización, garantizan los precisos cortes, que resultan necesarios para el éxito de la reproducción.

Desarrollada la planta, pasa a un medio de multiplicación con hormonas y macro y micronutrientes –similares a los que tendría en el campo-, para que comience a dar hijos, durante unos tres meses.

Una vez alcanzada la talla indicada, pasan entonces en bolsas a viveros protegidos donde se les prodiga igual cuidado, por otros dos meses, en dependencia de la época del año.

La comercialización de las vitroplantas tiene efecto cuando alcanzan las cinco hojas y una extensión comprendida entre los 12 y 15 centímetros.

Una de las principales ventajas de este método de reproducción es que los cultivos generados a partir de su utilización crecen uniformes, lo que propicia al productor realizar cosechas más sostenibles, eficaces y ágiles.

Entre las fortalezas de esa tecnología, Ramírez señaló que se reduce el riesgo de diseminación de plagas y enfermedades, disminuyen los volúmenes de semillas a transportar, se puede producir y comercializar durante todo el año, y aumentan los rendimientos agrícolas entre 20 y 40 por ciento y hasta 50 por ciento en condiciones óptimas de riego.

“Otra virtud es que puede obtenerse mayor cantidad de semillas biotecnológicas de calidad en un tiempo más breve”, resumió.

Desde 2007, la biofábrica de Villa Clara se encuentra en planes de completa renovación tecnológica, que prevé para el bienio 2015-2016 un mantenimiento general.

Aquí se multiplican varias especies como el plátano y árboles frutales y maderables como la teca, el eucalipto y la caoba.

En la vecina provincia de Cienfuegos, en el centro sur de Cuba, el equipo de la Fábrica de Vitroplantas garantiza 350.000 de estas unidades al año, con distintos destinos, entre los cuales cobran fuerza los bancos de semilla y las fincas municipales.

Pese a las múltiples ventajas de esta tecnología y su bajo precio –una planta de plátano que tiene hasta 80 por ciento de supervivencia, cuesta 1.10 pesos cubanos (unos cinco centavos de dólar)-, los sembradores de este territorio apenas compran 50 por ciento de las semillas generadas in vitro. Por eso, se capacitan a los productores para divulgar las posibilidades de esta tecnología.

“A las empresas esto no les resulta rentable, sin embargo, pueden servirles como semilla básica que garantiza calidad para abarcar mayor área”, consideró Ramírez. (2015)

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