El lado oscuro de la Fuerza

Una entrega que discursa sobre la ley del más fuerte, la adaptación, la sobrevivencia y más.

Sexta entrega de Dany y el Club de los berracos.

Víctor (Vito) Alfonso finalizó la primera temporada de Dany y el Club de los berracos con su capítulo 6, titulado Selección natural (2016). Resulta quizás la más agria y oscura de todas las entregas hasta ahora, aunque de un primer vistazo el relato parezca sencillamente regresar a los originarios y púberes avatares sentimentales del personaje protagónico. De hecho, viene a resultar una suerte de espejo invertido o antípodas de Dany, qué tempranito… (2010), capítulo piloto que introdujera a los personajes y su universo conflictual, siempre desde una preeminente humorada, cargada de gags ingeniosos, cuyo gracejo le ha ganado numerosos adeptos.

Pero todo siempre con un trasfondo trágico, que no ha escapado a las percepciones más agudas y que se ha mantenido como una constante —más o menos subyacente, más o menos in crescendo— en los posteriores capítulos; dígase la disolución de la pureza y la ingenuidad en un mundo nada amable. O sea: la tragedia de crecer.

Quizás esta sea la clave definitiva para comprender que este serial “de adolescentes” se haya impuesto sobre otras propuestas cubanas, animadas o no, y dialogue tan estrechamente, amén distancias temporales y creativas, con otro seriado nacional “clásico” como Blanco y negro ¡No! (Charlie Medina, 1994); obra que, sin abandonar la frescura juvenil, ahondó en estratos complejos de la adolescencia y su transicional naturaleza de umbral hacia una adultez dolorosa.

Luego del desvirgue de la inocencia (social y sexual) experimentado por otro de los protagónicos en el capítulo 4 —La noche del Chino (2014)– y el inicio de una crisis de ideales igualmente inocentes del tercer “berraco” (Mauricio) en el capítulo 5 —Calixto presidente (2015)–; Dany ve aquí finalmente resquebrajado su sendero personal, que transitaba en busca de la felicidad a través del amor de pareja, del primer y puro amor.

Consecuentemente con estas derivaciones dramáticas que venía emprendiendo Vito, cada vez más lejos de cualquier moralismo o teenploitation rala, este primer ciclo cierra con una anagnórisis del héroe que produce gran expectación. Súmese el agresivo post crédito, que da continuación a su homólogo de Dany 5 y abre más interrogantes aún, de manera paralela, respecto a la historia del inefable Calixto, cuarto protagonista —pero nada “berraco”.

Aunque no carente de momentos chistosos —ahora con muchas más trazas de ironía y sátira—, Selección natural los reacomoda en una categoría accesoria, y diverge sin temor hacia el desarrollo de un romance muy teen entre Dany y Lily. Anécdota casi de manual, que será reivindicada por un clímax y una conclusión muy alejados de un happy ending edulcorado y aleccionador; aunque con unívoca revisitación de los códigos del melodrama como esquema dramatúrgico y como tono general. Vito suma un nuevo género a su marco referencial audiovisual.

El (orgánico) moralismo que impregna, sobre todo a los cuatro primeros capítulos —donde paralelamente a las divertidas aventuras, siempre se escurría una enseñanza sobre los valores de la amistad, el auto respeto y el auto aprecio—, también termina por desaparecer completamente, y casi que son negados todos los consejos anteriores. Dany es “lanzado contra las cuerdas” y responde de la única manera humana posible, pues dista de ser un ente supra moral. No pone la otra mejilla, sino que restructura su sistema de valores de una manera aun incógnita, que próximos capítulos posiblemente develarán.

Ya desde el nada gratuito título, esta entrega discursa sobre el darwinismo social, sobre la ley del más fuerte que nunca ha dejado de imperar entre la especie, más allá del campo moral. La adaptación y sobrevivencia implican entonces la depredación de quienes no corren con la suficiente celeridad.

No hay felicidad ni tampoco hay final definitivo en Selección natural; por eso es un seriado con la continuación al doblar de la esquina. El desencanto ya no es simple traspiés de niños, cuyo dolor puede quitarse con un maratón de Donkey Kong o de la saga de Parque Jurásico. Al fin y al cabo, …el Club de los berracos sigue dejando enseñanzas sueltas: el dolor es el legado de turno. Dany parece abocarse a las puertas de un antiheroísmo muy diferente al de Calixto, y quizás frise la misoginia. Él y sus amigos nuca fueron, ni buscaron ser, ejemplos de nada. Son unos berracos en pura lucha por la supervivencia del más apto. (2017)

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