El Titón de la Cuba republicana

Investigador muy bien documentado, ensayista de prosa limpia, amena, Juan Antonio García Borrero nos regala El primer Titón: una biografía de los años decisivos en la formación de Tomás Gutiérrez-Alea. El período republicano como pieza clave en ese entramado vivencial que estimuló a uno de los creadores más notables de la cultura cubana.

Titón, paradigma de cineasta y hombre de cultura.

Foto: Tomada de lahabana.com

Para citar un fragmento de una obra escrita, o incluso traer a colación un retazo de un discurso oral válido, es preciso encontrar bien aquello que resuma tanto la generalidad como la esencia de lo planteado por su autor. No se hace justicia cuando uno toma una oración o un párrafo de un libro y lo emplea al libre albedrío, desconociendo que tal vez, en unas líneas próximas, se argumenta mejor o, en el más sorprendente de los casos y por estrategia discursiva, el propio escritor decida enmendar algo que, en verdad, nunca fue una afirmación.

Que me perdone el lector por ese preámbulo, pero al recorrer las páginas iniciales de El primer Titón (Editorial Oriente, 2016), del ensayista e investigador de cine cubano Juan Antonio García Borrero, una incipiente idea sobre el género biográfico me dejó inconforme y preocupado. La transcribo ya: “(…) de los muchos inconvenientes con los que tropieza todo aquel que decide escribir la biografía de otra persona (o incluso la propia), tal vez el más intimidante sea ese que nos exige precisar a partir de cuánta una vida comienza a ser digna de relatarse a los otros”.[1]

No podía creer que García Borrero cercara los terrenos más limitados que transgresores de la biografía; hasta que, por fortuna, todo fue una primera impresión por meditar demasiado en uno de los fragmentos menos importantes. Pues, ya lo digo, las 13 páginas preliminares en torno a justificar de alguna manera por qué escribir un libro como El primer Titón valen releerse por cuanto dice el también polémico bloguero en torno a la biografía. Más temprano que tarde, rectificar tranquiliza.

La biografía se muestra como una determinada curva de interés específica que puede fluctuar entre un recorrido horizontal y otro alternado, y hasta atravesado, por otros géneros escriturales, donde el biógrafo precisa con datos y se arriesga con insinuaciones. En toda la reconstrucción, sobre todo subjetiva por lejanía epocal e intereses del investigador, llega el añadido como aporte, merecido o exagerado, de la singularidad del personaje digno de la biografía. Lo singular como cualidad alcanzada, primero al ser expuesta por el escritor, para luego quedar también revelada (que no del todo compartida) por el lector.

Así como la biografía más llamativa de María Zambrano -pensadora andaluza leída por García Borrero- uno la encuentra no solo en Delirio y destino y La tumba de Antígona, sino en casi todos sus libros de ensayos poéticos, de tal forma, como recuerda él a propósito de Tomás Gutiérrez-Alea: “su biografía yace ya, dispersa, a lo largo de todas sus películas, cartas, polémicas, acciones colectivas”.

Lo cual me permite relacionar otra reflexión a partir del intento de hacer de El primer Titón una “biografía intelectual”, asociación interesante por cuanto remite a los propósitos de un trascender psicológico que repercute, claro está, en las etapas de formación del cineasta; aunque, antes, del pensador cultural. Recordemos que un realizador y un escritor no son necesariamente intelectuales. Pero, como bien sabe Borrero, el hecho de que Titón fuera un polemista, un promotor por excelencia de lo cubano en función de lo universal y viceversa, se le consideró siempre un intelectual de mucho respeto.

Matizado por el complemento historiográfico desde acontecimientos preliminares, paralelos y posteriores al nacimiento de Gutiérrez-Alea en 1928, el autor divide el libro en 11 segmentos más un anexo que pueden ser leídos aparte. No por ello contribuimos a fragmentar una imagen que, ni aun con los varios libros sobre Titón y su cine, bastan para abarcarlo todo.

Lo biográfico comenzaría a perfilarse, entonces, no con el nacimiento biológico, que es algo demasiado común, sino en el reconocimiento que alcanzamos de nuestra trágica singularidad, y en el afán por hacer de ella algo que intenta liberarse, todo el tiempo, de las dictaduras de “los muchos”.
Juan  Antonio García Borrero

Aunque, conviene avanzar cronológicamente, pues Borrero rememora, asocia e interpreta hechos dispersos, aunque aquí muy relacionados, que van desde la creación del Cine-Club hasta la primera Cinemateca de Cuba, la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, el audiovisual El Mégano, el proyecto Cine-Revista; estos, hechos de vital importancia para el hombre y el creador. Eso sí, siempre en compañía intelectual, ya fuera por la amistad apreciable, con figuras de la posterior relevancia de Germán Puig, Ricardo Vigón, Néstor Almendros, Guillermo Cabrera Infanta y luego con Alfredo Guevara y Julio García Espinosa.

Investigador muy bien documentado, ensayista de prosa limpia, amena, Juan Antonio García Borrero nos regala El primer Titón (el título pudo ser mejor): una biografía de los años decisivos en la formación de Tomás Gutiérrez-Alea. El período republicano como pieza clave en ese entramado vivencial que estimuló a uno de los creadores más notables de la cultura cubana. (2017)

Nota:

[1] Juan Antonio García Borrero: El primer Titón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2016, p.18.

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