En buena compañía

Una comisión de expertos en Cuba seleccionó El acompañante para que nos represente ante la Academia de Hollywood y otros certámenes.

Foto: Fotograma de la película

El acompañante, el más reciente estreno del patio  —a su vez el filme cubano de mayor y mejor andadura internacional en el último año, con varios premios en festivales importantes— fue dirigido por Pavel Giroud y aborda el tema del VIH sida.

En esta misma cuerda, ya se introdujo su colega Gerardo Chijona (La cosa humana) en 2010, con su Boleto al paraíso, como quiera que se enmarca en los inicios del VIH sida en nuestro país, concretamente en Los Cocos, residencia capitalina que internaba a las primeras víctimas de la enfermedad, cuando esta, por recién descubierta, era prácticamente un enigma y acarreaba todo tipo de prejuicios -padres y familiares que abandonaban al pariente contagiado; incremento de la homofobia, aun cuando se demostró desde el principio que la patología no tenía ni rostro, ni género, ni orientación erótica…- algunos de los cuales tiene a bien focalizar y pulverizar el filme.

La  relación, al principio tirante y después creciente entre un joven que vive con VIH y un boxeador al que sancionan y destinan como una suerte de cuidador de aquel, da pie a una historia en la que también se reflexiona en torno a valores humanos, a preconceptos que superaban con mucho los de la patología, a crisis sociales y de valores.

Cierto que Pavel (La edad de la peseta) no puede evitar el tránsito por caminos trillados y, en la conformación caracterológica, llega al maniqueísmo, como en el diseño del médico perverso. Quizá hubiera sido pertinente también desarrollar un poco más los personajes secundarios, pero amén de esas limitaciones hay que reconocer que su historia tiene garra y un aura de sensibilidad que entabla diálogo con una amplia y diversa masa de espectadores.

La cinta resulta bien contada, dentro de su estructura clásica, como quiera que responde a un montaje bien articulado, que empalma las diversas subtramas con el hilo narrativo central; también descuella la fotografía de Ernesto Calzado, responsable de una imagen limpia y comunicativa, que no olvida ciertos claroscuros reveladores en las escenas de interiores.

Así como la música, a cuatro manos entre Ulises Hernández y Sergio Valdés, quienes diseñaron una partitura tan discreta como adecuada en su rol dramático, sin molestos subrayados ni redundancias.

Excelentemente actuada, El acompañante se apoya, sobre todo, en el dueto de sus protagonistas: Armando Miguel Gómez (Melaza, Conducta) sigue perfilándose como uno de los sólidos valores entre las nuevas hornadas de actores cubanos, aquí en un nuevo desempeño matizado y sutil; el cantante Yotuel Romero se muestra no menos convincente en el tipo duro por fuera, boxeador “tronado”, quien va sensibilizándose con su aparentemente ingrata labor; el resto del elenco los secunda con suficiente precisión.

Todo ello en esencia salva al filme de los “pasos perdidos” que implica introducirse en este tipo de canon fílmico, donde aparentemente -como en el cine todo, ¿no?- hay ya poco nuevo qué decir.

Giraud encuentra el modo de que su historia se conecte con el público mediante un producto digno, en lo cual sale suficientemente airoso. Sea nominada o no al polémico Oscar -dentro de la reñida categoría de filmes no hablados en inglés-, y a otros certámenes a donde también será enviada -el Ariel mexicano o el César francés-, lo más importante es que en ellos estaremos bien representados.

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