¿La debacle en la joven animación cubana?

A debate la producción de cine de animación en Cuba, con la venidera Muestra Joven ICAIC como horizonte.

Yesapín García, personaje creado por Víctor Alfonso Cedeña.

Foto: Cortesía de la autora

Hace un año, compartí en el blog El cine es cortar  un texto sobre los desafíos que a lo largo de toda su historia ha tenido la animación cubana, haciendo un acercamiento a la evolución del género en nuestro contexto, hasta la actualidad. Ahí expresé una preocupación que, por desgracia, terminó sucediendo: la nueva edición de la Muestra Joven ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos) llega con una exigua cantidad de obras seleccionadas, lo que demuestra ese “abandono del barco” que preví tras los polémicos premios del año pasado.

Como bien dijimos, no es una cuestión de buscar culpables, porque en realidad han sido muchos los factores que van más allá del evento en sí. Algo sucede con la animación en Cuba y, sin vocación fatalista, creo que ya podríamos hablar de una crisis latente, digna de ser analizada. Así que nada mejor  provocar al debate y la discusión sobre el tema. Después de todo, en eso consiste el ejercicio de pensamiento y acción que el arte, en todas sus expresiones, debe suscitar.

El post oficial del festival anunciando los trabajos seleccionados para la décimo séptima entrega no pudo dejar de impactar. Pre-ver el futuro no siempre es tan cool como algunos piensan. Por suerte no soy gurú, ni adivina (eso me sacaría de más de un apuro); pero era una realidad posible si analizamos el contexto y la historia reciente que se va tejiendo, en la que poco a poco se desdibuja un género repleto de riqueza expresiva y creatividad. El crítico y semiólogo Mario Masvidal, en una entrevista concedida durante el 39 Festival Internacional de Cine Latinoamericano de la Habana, introduce la problemática como un fenómeno no solo nacional, sino de toda la región. Pero hablemos un poco del caso cubano…

Si nos quedamos con las cifras de la Muestra, diríamos que se está haciendo muy poco en temas de audiovisual animado en Cuba. Cinco animaciones seleccionadas, de las cuales dos participan en la categoría Bonus, nos deja con tres trabajos concursando para 2018. Mirando desde fuera, cabe la pregunta: ¿no se hace animación en Cuba? Pues la respuesta es sí. ¿Es esta una reacción al premio desierto de 2017? No podría aseverarlo, ya que no conversé recientemente con ningún animador ni miembro del comité del festival. Pero sí puede intuirse una especie de desencanto y la búsqueda de exhibición alternativa al evento que fue la casa de todos durante tantos años.

Los dos príncipes, de Yemelí Cruz y Adanoe Lima

Foto: Cortesía de la autora

De un tiempo a esta parte, la mega red interna de distribución irregular llamada “el paquete semanal” ha ganado su espacio como uno de los principales sitios de exhibición para esta producción “independiente”. No obstante, vemos ahora desde las redes sociales a Víctor Alfonso Cedeño, quien junto a El Muke, Anabel Moya, Gretell de la Torre, Rogelio Bernal, Javier Hernández, Yasmani Concepción en la producción, con el personaje de Yesapín García, una serie que ha tenido en vilo a la comunidad consumidora del trabajo de este creador desde Dany y el club de los berracos y que discursa de maneja jocosa sobre temáticas actuales, como puede ser el exilio, el acceso a internet en Cuba o la dinámica capitalista para el inmigrante.

Por su parte, Ernesto Piña logró materializar en la televisión La peña de Piña, un programa que, en palabras de su director, “ha sido creado para darle promoción y valor, en primer lugar, a las animaciones cubanas, las que apuestan por lo creativo y hacen mover las neuronas, o las que tienen un valor histórico.

No menos importante es la propuesta de Yemelí Cruz y Adanoe Lima, quienes presentaron a principio de año su corto Los dos príncipes, nacido de la mano de los Estudios de Animación del ICAIC y que ha tenido muy buena crítica por el uso del stop motion como técnica discursiva y que fuera premiado en el pasado Festival de Cine. Si bien estos ejemplos no son todo lo que se ha hecho, sí permiten rastrear contenidos variados entre sí, pero con un mismo fin: hacer muñequitos en/para Cuba.

Por su parte, más caliente y con bastante tela por dónde cortar ha sido el debate suscitado por Juan Antonio García Borrero en las redes, fruto de una reflexión que compartió del director Wim Wenders sobre los jóvenes cineastas, su relación con el videoclip y los anuncios publicitarios, así como acerca de la falta de interés (o no, porque con todo lo discutido ya ni sé) por contar historias en sus propuestas fílmicas. Compartir  las opiniones emitidas me llevó a repensar esta línea de análisis desde la animación como eje central dentro de estos formatos audiovisuales. Así fue que, desde la pesquisa, obtuve un texto bien interesante del crítico Antonio Enrique González Rojas, titulado “Pacto de caballeros entre la animación y el videoclip en Cuba”, donde examina varias de las obras existentes sobre este tema, acompañado de valoraciones pertinentes que bien podrían responder a la interrogante que hace García Borrero. Así, define el fenómeno:

“Fértil terreno de búsqueda estética y conceptual es, entonces, el videoclip para quienes optan por la animación en sus más amplias dimensiones, como principal lenguaje expresivo. En otro sentido, los amplios recursos de esta ofrecen al videoclip nacional grandes posibilidades creativas, de riqueza e impacto visual, redundantes en una promoción más efectiva. Se establece así un pacto, una verdadera simbiosis, beneficiosa para ambas partes.”

Queda en el aire la pregunta: ¿en qué campo se juzgan los valores estéticos de estas obras, más allá de los obligados premios Lucas, si es una producción supeditada al terreno de la música? Hace unos años Fly, el videoclip de los realizadores Ermitis Blanco y Yolanda Durán, participó de la 12da. Muestra Joven ICAIC, resultando no solo una grata propuesta artística, sino también un buen motor para el debate durante la mesa de animación. Ahí se discutió cómo las categorías establecidas en el evento a veces terminan encasillando forzosamente en los géneros convencionales a obras con características morfoconceptuales distintas; algo sentido muchas veces con materiales más experimentales o provenientes del videoarte que han participado del encuentro en otras ediciones.

Por solo poner un ejemplo: las reflexiones críticas en torno al corto Uvero, de Arián y Ariel Pernas, en la 11na. Muestra. Es ilusorio seguir hablando en esos términos cuando hoy se producen películas rodadas con un celular; existe la tercera, cuarta y hasta quinta dimensión; hay festivales de cine online o temáticos; se cuestionan los propios límites del cine y del audiovisual o ya se identifica una movida bastante interesante hacia el creciente resurgimiento de laboratorios fílmicos que acuden al analógico y a los procesos tradicionales de la imagen filmada, en busca de sus valores expresivos.

Se precisa moldear el discurso, pero ello no depende solo de un Comité Organizador. Existe un engranaje institucional anquilosado que sigue sin apostar por el cine joven cubano, el que se hace dentro y fuera del país, que se autogestiona y produce sus trabajos, para luego no tener dónde exhibirlos y terminar siendo aceptados por el mundo antes que en su casa. Es este el panorama donde nadan a contracorriente la animación nacional y sus creadores. La falta de formación y el acceso a una pobre tecnología, comparada con los grandes desarrolladores a nivel mundial, se siente. Se siente en las historias que se proponen y en la factura de algunos de los materiales que no quedaron a medio camino entre las trabas y los pocos recursos. Más, sin lugar a dudas, debe seguirse creando.

Me pregunto qué habrá pasado con todo el movimiento de animadores que se estaba gestando fuera del habanerocentrismo. El grupo de Villa Clara (más allá del Muke); los estudios Anima y Nodo de Holguín, de los que ya poco o casi nada se oye hablar, cuando tienen una producción alucinante engavetada esperando a ser reconocida; el propio Arián Pernas en Cienfuegos; el grupo de Ciego de Ávila (pienso en las “pinchas” de René Alejandro Díaz, por ejemplo); la obra de Marcos Menéndez, proveniente de las Tunas, con un trabajo impresionante, y muchos otros que no menciono y estuvieron haciendo durante mucho tiempo.

A fines de 2017, un grupo integrado por Ivette Ávila, el propio Harold Díaz Guzmán (el Muke), Cyntia Cazañas Clarín y Amed Alexander Bueno Rodríguez participaron en el Animae Caribe Festival en Trinidad y Tobago, donde pudieron interactuar con realizadores de talla internacional y aprender técnicas poco conocidas en el país. Si seguimos la pesquisa mucho más, encontraremos que también falta sistematización de los realizadores que hicieron y hacen animados cubanos[1].

Continuaremos estas reflexiones, fruto de una posible investigación más seria. Por ahora dejamos la puerta abierta al diálogo, a la interacción con el texto y a las varias referencias propuestas. Asimismo, esperaremos del 3 al 8 de abril, cuando se llevará a cabo la 17ma. Muestra Joven ICAIC. En su sección Haciendo Cine para la realización de proyectos futuros, aparecen nombres reconocibles para los amantes de la animación cubana. Dejemos que los trabajos seleccionados nos develen buenos hallazgos sobre los cuales hablar…(2018)

Nota:

[1] Fruto de mi anterior texto, se generó un debate interesante a partir de animadores y de profesionales vinculados al género, quienes fueron los fundadores y quedaron fuera de los estudios académicos en el país. Es de esta falta de sistematización que adolece la animación cubana, con muy pocas investigaciones serias desde la Academia. Ver: http://www.elcineescortar.com/2017/08/02/apuntes-sobre-la-joven-animacion-de-cine-en-cuba/.

 

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