La Habana, esa ciudad que amamos todos

En La ciudad, película del director cubano Tomás Piard, la visualidad excelsa del Capitolio en restauración funciona como metáfora del estado de la identidad de la sociedad cubana contemporánea.

Foto: Tomado de Cuba Si

La diáspora cubana, la amistad que la distancia no anula, la añoranza, la fe, el amor y el desengaño son algunos de los tópicos que aborda La ciudad, película escrita y dirigida por Tomás Piard.

La cinta narra tres historias y, según ha confesado su director, cada una de ellas está basada en sus vivencias personales. Así, los dos primeros relatos, que muestran una conexión evidente, se remontan a sucesos del pasado de Piard que tiene nexos ineludibles con ciertas vivencias ocurridas en Cuba, más específicamente con cierto contexto político social después del triunfo de la Revolución. Mientras que el tercero, cuya referencia es el tiempo presente, está basado en la experiencia del director Tomás Piard con sus alumnos de la Facultad de Medios Audiovisuales (FAMCA).

Acontecidas en La Habana contemporánea y marcadas por la emigración y la prevalencia de los lazos de amor y amistad sobre ella, La ciudad cuenta con las actuaciones de Luisa María Jiménez, Dania Splinter y Herminia Sánchez en la primera historia; Patricio Wood, Omar Alí y Héctor Echemendía en la segunda, y los jóvenes Carlos Solar, Martha Salema y Aidana Febles en la tercera y última narración.

Los dos primeros relatos de La ciudad muestran una conexión evidente y se remontan a sucesos pasados de la vida de Piard y a sus consecuencias. Mientras que el tercero, cuya referencia es el tiempo presente, está basado en la experiencia del director con sus alumnos de Facultad de Medios Audiovisuales (FAMCA).

Al contrario de la estética que prevalece desde Fresa y Chocolate (Tomás Gutiérrez Alea-Juan Carlos Tabío, 1993), en el cine cubano la representación visual que ofrece La ciudad de La Habana es una pletórica de belleza, de gracia arquitectónica y esperanza social. Contrario al cine cubano que suele hacerse en la contemporaneidad, en esta cinta se le huye a reflejar solares, vulgaridad y miseria, lo cual resulta, de tan atípico, un logro de la película.

Tomás Piard –Los desastres de la guerra (2012), la adaptación teatral Si vas a comer, espera por Virgilio (2013)- enmarca a La Habana como escenario idóneo para dramas de alta hondura espiritual, lo cual implica una significativa transición temática, genérica y conceptual en su trayectoria.

Se trata de un largometraje cuyo guión posee una estructura circular. Las tres historias, aun siendo inconexas entre sí, abordan el tema del éxodo, la emigración y el dilema y las consecuencias de dejar Cuba, pero lo enfrenta desde distintas generaciones, sexos, e incluso, inclinaciones sexuales.

El guión del filme, también de Tomás Piard, asume a La ciudad como una posible muestra de la aventurada esencia de la isla que, en estos momentos, se encuentra en proceso de transformación. La película se desarrolla hoy día, es muy actual y versa también sobre el proceso de restauración del espíritu del cubano.

El Capitolio en restauración, una de las locaciones recurrentes de La ciudad, funciona como metáfora al estado de la identidad y de la sociedad cubana contemporánea. La visualidad actual de El Capitolio, devenido personaje más en el filme, representa un paralelismo con lo que vive hoy el país: un escenario en el que -aunque lentamente, como el mismísimo Capitolio- Cuba entera se restaura y se levanta de sus cenizas.

En conferencia de prensa, la actriz Luisa María Jiménez, protagonista de la primera historia de La ciudad, afirmó que para conformar su personaje -alguien que carga en su conciencia con haber juzgado a una compañera de aula por sus creencias religiosas- se basó en una experiencia personal. El actor Patricio Wood, quien asume el protagónico del segundo relato, apuntó: “Tomás es uno de los directores que da miedo, porque tiene un cine diferente y cuando uno se enfrenta a algo diferente siente temor, pero al ver el guion me alegré muchísimo porque es un historia posible, con personajes palpables. Tomás tiene el don natural de dimensionar las cosas y que cada detalle pueda tener un significado en el proceso de creación, cada cuento se ensayó independiente con su momento de trabajo; el hilo conductor era su alegría”.

La ciudad, que implica en la obra de Tomás Piard una ruptura con su trabajo previo, desecha la estética a la que el cine cubano de la última década hace reiterada referencia, y asume una en que, ante todo, prima la belleza. Así, los exteriores de esta cinta enaltecen la belleza citadina y sitúan a La Habana como una maravilla contemporánea… no exenta de conflictos universales. Esta es una película que muestra una Habana visualmente ilustre, que no tiene miedo de mostrarse, que está orgullosa de sí misma, sin demasiadas desdichas ni desventuras que lastren su capacidad para incentivar historias bellas.

La ciudad, una película con exteriores ilustres, que no tiene miedo de mostrar a una ciudad orgullosa de serlo, sin desdichas ni desventuras que lastren su capacidad para incentivar historias bellas.

 

 

5 comentarios

  1. tito

    Ya era hora de que se mostrara una ciudad diferente. Aunque creo que las nuevas pelíuculas que estan haciendose en el icaic vuelven a mostrar la ciudad de siempre, la que se esta cayendo.

  2. raulito

    lo mejor de tomas piard.

  3. nandi

    todo el cine latinoamericano se parece, auque siempre hay excepciones que confirman la regla

  4. ahme

    La visualidad actual de El Capitolio es siempre un escenario en el que Cuba entera se restaura y se levanta de sus cenizas! Aleluya

  5. etc dire

    No creo ya que nadie pueda ser feliz ni en la habana ni en ninguna parte del mundo. la vida es demasiado dura. esta ciudad es verdad que la amamos pero es demasiado dura

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