Las elecciones de Jesús

Viva, un filme que se aleja de una mirada turística y simplona, no solo de La Habana sino de otros sujetos que condicionan las realidades cubanas.

Foto: Tomada de youtube.com

La mirada de Jesús (Héctor Medina) en los inicios de Viva, del irlandés Paddy Breathnach, te evidencia primero que el personaje ama los shows de drag queens y luego insinúa que, en cualquier momento, se travestirá. De manera que el espectador se prepara para un viaje emocional y de cambios no solo físicos, viaje aparentemente discontinuo ante un padre referido, quien deja de serlo cuando hace su entrada en una historia que también se percibe de reencuentros, o mejor, de reconocimientos y tolerancias.

Cuando el padre, Ángel (Jorge Perugorría), otrora boxeador, le deja en claro a Jesús que regresa a su casa, cabe advertir la expresión del joven y su posterior andar agitado como buscando entender el cambio de fortuna “para mal” que la vida le ha impuesto. El protagonista ansía continuar con el cambio de imagen, con la construcción de una identidad que, no por gustarle representar en el cabaret nocturno, pretende extenderla a toda hora. Pero, a decir verdad, no nos queda claro si Jesús quiere ser un travesti a tiempo completo, aunque esto no es importante para él como homosexual o para su Viva. Él necesita concretar lo que ha empezado y no por gusto acude a la Mama descomunal de Luis Alberto García. Mientras intenta ir, su progenitor desconocido regresa, lo cual supone un seguir indiferente o un reafirmarse contra el machismo e imposición paternas. Jesús no necesita examinarse y a esta figura nueva no puede soslayarla.cine-cubano-Viva-01

«Tenemos que estar juntos o tratar, ¿entendiste? Yo voy a ser más civilizado. Me vas a respetar», le dice el pugilista fracasado, en un intento de hacerse sentir y “rescatar” al hijo de su interés de convertirse en diva noctámbula. Este es uno de los tantos parlamentos de Viva que, como espectador, pudiera celebrar; si bien la frescura y la sinceridad de todo el guion agracian la película de Breathnach, alejándola de una mirada turística y simplona no solo de La Habana, sino de otros sujetos que condicionan las realidades cubanas, al tiempo que son determinados por estas. Mark O´Halloran es el guionista y demuestra que se ha empapado del lenguaje y ciertos contextos excluidos de la sociedad cubana.A propósito, uno de los diálogos preferidos por emotivo y significativo para quien esto escribe es el que transcribo a continuación.

Ángel: ¿Estabas bailando?

Jesús: Traje comida para la casa.

Ángel: Yo estaba allá abajo en el gimnasio. Parece que va a llover… (T) ¿Quieres ser duro?

Jesús: No.

AMBOS FORCEJEAN (ANGEL PRESENTA ALGUNOS GOLPES Y JESUS SE LO TOMA EN SERIO)

Ángel: (APACIGUANDO) ¡Jesús, Jesús!, Jesús cálmate cojones, cálmate.

Jesús: Pinga, esta es mi casa. ¿A ti te pagan?

Aquí sobran las acotaciones.

En la dramaturgia de Viva, sobre todo en la propia trama, tal vez tenga que reconocer, como otros críticos, que el director le dedica mucho tiempo a la reconciliación entre el padre y el hijo. Ahora bien, todo lo queer de esta propuesta fílmica puede y por ello viene a calzar la pluralidad familiar de ayer, de hoy y de siempre que toda sociedad moderna exhibe y precisa para sobrevivir. Utopía y posibilidad para pocos en este contexto, ya abriéndose a las diferencias individuales, pero aún harto complejo y complicado para la aceptación de otras maneras de ser cubanos y universales. No es casual que Jesús, pudiendo irse con Mama, elija quedarse con su padre. En el fondo, ambos tienen que (re)conocerse, ayudarse y vivir. Pero Jesús aspira a que Ángel lo acepte y no precisamente porque este último se está muriendo.

Viva no depara grandes sorpresas a nivel de historia, aunque sí de personajes. No es el primer papel de gay y travesti que emprende Héctor Medina, quien, por cierto, logra una vez más proyectarse como un homosexual alejado de estereotipos. La Cecilia de Laura Alemán y el Don de Luis Ángel Batista se agradecen mucho. En sentido general, la dirección de actores es admirable, pero no sorprende: la película está secundada a nivel de casting por la experiencia de Libia Batista. De celebrar, además, la Habana lluviosa captada por el fotógrafo Cathal Qatters y la música, sutil y esperanzadora, de Sthepen Rennicks, así como los personajes de Jesús y Viva.

Y por muchas razones, Viva, de Paddy Breathnach, es una obra trasnacional. Lo de su transcurrir solo en La Habana es aparente, como su protagonista, ese chico cubano que, no por gusto, se llama Jesús. (2016)

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