Los frutos de la “mala semilla”

El legado de Nicolás Guillén Landrián en los realizadores cubanos de hoy

Nicolás Guillén Landrián

Nicolás Guillén Landrián

Foto: Nicolás Guillén Landrián

La obra cinematográfica de Nicolás Guillén Landrián ha influenciado a una generación completa de cineastas cubanos. Su marca está en el cine de Jorge Luis Sánchez, Juan Carlos Cremata, Raydel Araoz, Gustavo Pérez, Esteban Insausti y Susana Barriga, entre otros.

Muchos descubrieron sus documentales gracias a la Muestra Nacional del Audiovisual Joven, hoy Muestra Joven ICAIC, que se realizó en La Habana entre el 31 de octubre y el 3 de noviembre de 2000. Allí se proyectaron varias de sus películas. Este 2015, a década y media del redescubrimiento, la 14 Muestra Joven rindió homenaje a su obra, no solo cinematográfica, sino también pictórica.

En aquel primer encuentro que tuvo el público del siglo XXI con la obra de Landrián, fueron exhibidas, dentro de la muestra titulada “Con los ojos de ayer”, Ociel del Toa (1965) y Coffea Arabiga (1968). En la II Muestra de Nuevos Realizadores, celebrada del 19 al 22 de febrero de 2003, como parte del programa denominado “Premios a la sombra”, se proyectaron: En un barrio viejo (1963), Los del baile (1965), Reportaje (1966), Desde La Habana ¡1969! Recordar (1972) y Nosotros en el Cuyaguateje (1972).

En 2004, la III Muestra de Nuevos Realizadores incluyó, como parte del programa titulado “Premios a la sombra”: Retornar a Baracoa (1966), Taller de Línea y 18 (1971) y Para construir una casa (1972). En el segmento Homenaje: Reencuentro con Nicolás Guillén Landrián, que realizó la 14 Muestra Joven, se proyectaron nueve de sus documentales: En un barrio viejo (1963), Los del baile (1965), Ociel del Toa (1965), Reportaje (1966), Retornar a Baracoa (1966), Coffea Arabiga (1968), Desde La Habana ¡1969! Recordar (1972), Nosotros en el Cuyaguateje (1972), Para construir una casa (1972).

Nicolasito realizó un total de 13 cortos, producidos entre 1962 y 1972, y en 2001 Inside Downtown, en codirección con Jorge Egusquiza Zorrilla. Sus filmes fueron guardados en el Archivo Fílmico del ICAIC y fue la Muestra Joven quien los sacó a la luz.

“Pude ver casi la totalidad de su obra en el formato en que habían sido concebidas y en la sala más paradigmática de nuestro país: el cine Chaplin. De allí salí con la impresión de haber asistido al descubrimiento de la vanguardia del audiovisual cubano”, contó sobre ese estremecimiento el documentalista Gustavo Pérez.

Raydel Araoz, director de cine, poeta y narrador, conoció primero acerca de los documentales de Landrián de forma verbal, en conversaciones con Walfredo Piñera. Pudo verlos en las proyecciones de la Muestra de Jóvenes Realizadores y, por último, en las revisiones que hizo de la videoteca de la EICTV, en su etapa de estudiante allí. “Primero, por el impacto que tuve con su obra Coffea Arabiga, Desde La Habana ¡1969! Recordar, y Taller de Línea y 18; estos fueron los primeros documentales que vi de él, en un momento en que, deslumbrado con la experimentación vanguardista y neovanguardista que había ocurrido fuera de la isla, comencé a buscar referentes nacionales”.

“Esta segunda etapa en su filmografía, donde lo irracional, el collage y la fragmentación del discurso inundan su obra, proponiendo un discurso más alegórico que lógico, me sirvió para vislumbrar un camino, una manera de hacer, que se alejaba del reportaje naturalista que ya imponían los medios. La desaparición de lo que fue hasta los noventa el referente del documental cubano, el Noticiero ICAIC, dejó el camino libre para que la televisión se volviera el nuevo difusor del documental, y creo que esto homogenizó el referente de lo que se consideraba un documental. En ese panorama, Nicolás Guillén Landrián era como volver al grito de los futuristas y de los dadaístas por la palabra en libertad. Parafraseándolos, diría la imagen en libertad.”

A partir de la interrogante de cuánta influencia reconocía de la obra de Nicolasito, el director de cine y teatro Juan Carlos Cremata declaró: “Creo que Nicolás Guillén Landrián no solo me ha influenciado a mí, sino a toda la generación que hace, hizo y hará cine después de él. Es una figura imprescindible. Lamentablemente, no lo conocí personalmente; solamente nos contactamos antes que muriera vía e-mail. Tengo el gran honor de que me respondió un mensaje y supo de mi fascinación por su obra. Me habló también de las obras mías que había visto. Creo que Nicolás Guillén Landrián debería ser objeto obligado de estudio, no solo en las escuelas de cine cubanas, sino en las de todo el mundo”.

La Época, el Encanto y Fin de Siglo (2000) es un cortometraje en el que Juan Carlos Cremata Malberti plantea su preocupación por el pasado, presente y futuro de su país. Utilizando como coartada la historia de tres de las tiendas por departamentos más célebres de la capital cubana, Cremata trata de captar el estado del espíritu humano en la Cuba de fines del siglo XX.

En esta película, el pasado y sus ruinas están representados a partir de la transformación de esos edificios. La mirada angustiada del cubano anhelando el bienestar de ese pasado, señalando la incertidumbre del presente y la esperanza por el futuro de su país son elementos que forman el verdadero centro de su indagación y la motivación de su realización. Pretende mostrar la agonía del habitante de una isla, rodeado por un mar que es entendido como culpable de su encierro. El director juega con los contrastes de color y de signo geográfico al oponer un paisaje gris y blanco, de un bosque bajo la nieve del invierno (en un territorio evidentemente extranjero), a las marcas del ambiente cubano. En este corto se utiliza el texto sobre pantalla, reproduciendo estrofas del himno nacional, además de frases sueltas y palabras que se desea subrayar.

Cremata cuenta sobre la influencia de la obra de Nicolasito en su cine: “Está en todo, absolutamente en todo. Puedo decirte que no solo está presente en mi primera película. En cada proyecto que realizo, trato de revisar la obra de Nicolasito, porque siempre descubro algo nuevo. Lo busco, lo estudio. Lo más interesante es que Nicolasito no se agota; o sea, uno descubre nuevos elementos en su cine cada vez que lo ve y eso es lo que lo hace imperecedero, vigente, increíblemente moderno, joven de espíritu. No se agota ni creo que lo haga nunca. Cada día su obra es más actual, incluso más que cuando se hizo. Jorge Luis Sánchez, que creo es el fanático número dos, o uno, de Nicolasito, lo ha defendido y ha hecho mucho por mostrar su cine. Es importante como cineasta joven, alternativo, negro, injustamente tomado a menos, y habría que lamentar lo que dejó de hacer, lo que no le dejaron hacer.”

Por su parte, Gustavo Peréz agrega: “Ante la tradición cinematográfica, me ha tocado estar de paso, siempre con apremio. Llegué tarde al ámbito de la creación y con la desventaja de vivir geográficamente al margen. Muchas veces, deambulando por Camagüey, también la ciudad natal de Nicolasito, me imagino sentir la cuerda de su primera cámara de 16 mm viendo lo que yo veo, sintiendo lo que yo siento. Pero prefiero no hacer mucho caso a la conciencia del antecedente, aunque me declaro profundamente identificado con su obra.”

Sola: la extensa realidad (2003) y Despertando a Quan Tri (2004) son dos cortos documentales que Gustavo Pérez realizó en Camagüey. En ambos trabaja sobre los espacios sociales. La primera, una escuela en el campo del municipio Sierra de Cubitas, en la provincia de Camagüey, que ha dejado de funcionar como centro docente. Ahora la soledad y el abandono habitan los espacios que antes fueron el núcleo de la vida de cientos de jóvenes y el paradigma de la vinculación del estudio con el trabajo.

Sola… reflexiona sobre la soledad en la que quedan los objetos cuando pierden su valor de uso. Visitar junto con la cámara los lugares de la escuela, pero que en su momento estuvieron habitados por estudiantes y profesores; escuchar sus voces, el agua caer de las duchas del baño, el dribleo de la pelota en el área deportiva, estos son los elementos que llenan de sentido y sentimientos este documental.

En el segundo caso, los habitantes del poblado de Quan Tri ya no recuerdan el origen de ese nombre, heredado como homenaje a una aldea vietnamita asolada por la invasión estadounidense. El sentido de pertenencia a una nueva circunstancia ha reemplazado motivaciones previas. La pérdida de la memoria de los habitantes de este pueblo, marcada por el deterioro del tiempo, es una constante que explora Pérez trabajando desde la poesía, el ritmo, el tiempo, la atmósfera del relato, lejos de las características formales del documental expositivo tradicional.

Gustavo reconoce que la obra que realiza tiene características del estilo y preocupaciones similares a las que tuvo Landrián: “Nicolasito construyó sus obras bajo la asimilación de la cultura como un todo. Traducía sus preocupaciones éticas con un alto valor artístico. Abordaba temas áridos como si estuviera trabajando con la materia más dúctil en términos poéticos. Tenía la capacidad para estructurar con atrevimiento, pero sin estridencias. En su obra es indiscutible la preocupación por dialogar con las zonas más conflictivas de la sociedad. En una época en que los discursos apologéticos y triunfalistas estaban a la orden, su obra se salva de visiones panfletarias. Tener ese referente me ha servido para encontrar mis propios caminos de expresión.”

No solo para la historia del cine cubano es importante la obra de Landrián, sino que debe tener su lugar dentro de la historia del cine latinoamericano. Gustavo piensa que “para calificar su obra en el contexto latinoamericano, prefiero decir que es esencialmente desconocida. Los que amamos el cine tenemos la responsabilidad de ubicarla en un lugar más visible y de más influencia en la conformación de un imaginario continental, para luego valorar su significado y la provocación que ella podría generar dentro de ese contexto y más allá de él. Nicolasito fue un adelantado, nos miró por dentro y desde una postura lúdica que tiene mucho de lo mejor de nuestra identidad, entre risueña y transgresora.”

Para Cremata, la obra de Landrián es “única, esa es la palabra. No hay nadie que se le parezca porque, además, no es solamente una obra única, sino que cada obra suya es única dentro de su propia producción. Descubrí a una documentalista joven llamada Susana Barriga, quien increíblemente, siendo blanca, joven, no sé si conoce su obra, estoy casi seguro que sí, pero su cine es como el revivir de Nicolasito. Ella lo ha asimilado muy bien; por supuesto, con sus características, su feminidad. Es como que Nicolasito fue para muchos, en un momento, una mala semilla, pero ahora están germinando muchos buenos frutos. Para mí fue una semilla que está, sigue y va a seguir dando frutos en otras miradas. Te pongo el fenómeno de Susana, pero hay muchos realizadores cubanos de hoy, como Esteban Insausti, Pavel Giroud y el mismo Jorge Luis Sánchez, o lo que trato de hacer yo.”

Apunta Raydel: “Si nos referimos a dónde se ubica la obra de Guillén Landrián, sin duda habría que ponerlo dentro de lo que se llamó el Nuevo Cine Latinoamericano. Sin embargo, esa clasificación, que engloba las obras que surgieron en un contexto y un periodo histórico concreto, no deja ver las diferencias de muchas de estas obras. Para el caso de Guillén, habría que crear un segundo acápite dentro de ese Nuevo Cine Latinoamericano, que lo coloque dentro del cine de la neovanguardia de esa época, al menos por sus obras más experimentales.”

Raydel Araoz y Julio Ramos, profesor y crítico puertorriqueño, realizaron el documental Retornar a La Habana con Guillén Landrián en 2013. Allí, Gretel Alfonso, viuda de Nicolás Guillén Landrián, regresa a Cuba con los restos del cineasta para cumplir sus últimos deseos. Al poner una lápida en su tumba, sobre los primeros planos del filme escuchamos el repiqueteo de un cincel que pareciera insistir en la necesidad de recordar. El filme reconstruye la vida y obra de este documentalista, pintor y escritor en Cuba y en EE.UU, narrada por la dulce voz de Gretel, que evoca sus recuerdos y vivencias con mucho amor. Retornar a La Habana con Guillén Landrián es un buen ejemplo de homenaje y respeto a la obra de Nicolás.

Agrega Raydel: “En realidad no me he puesto a pensar cuál ha sido la influencia de Nicolasito en mi obra, aunque doy por sentado que debe haber bastante de él en mí. Siempre que hablo de lo que significó para mí como cineasta, me refiero al ámbito de lo sensorial. Así que, pensándolo ahora, rápido y mal, y seguramente olvidando cosas esenciales, creo que el uso del collage y la ruptura de sistema que hay en mi obra le deben mucho a Nicolasito. También a otros, pero Guillén Landrián estaría entre los que más influyeron en permitirme explorar estructuras circulares y desvíos que se resisten a la linealidad del discurso. Curiosamente, con el tiempo me he ido inclinando hacia un lirismo antropológico que, quiero creer, está cercano a las preocupaciones de aquellos documentales iniciales de Guillén Landrián, como Ociel del Toa o Retornar a Baracoa.”

Raydel Araoz explica que su documental Retornar a La Habana con Guillén Landrián lo acercó más a la obra de Nicolasito. “Este documental –reconoce- me permitió ver no solo la obra cinematográfica de Guillén, sino su obra plástica, e incluso, literaria. Creo que descubrí a un Guillén total, humano, con virtudes, con defectos. Y pude ver con más claridad la manera en que Guillén encaraba el proceso de creación del documental. Gracias a la gentileza de Gretel Alfonso (viuda y albacea de Nicolasito), que me permitió hurgar en la papelería de Guillén Landrián, pude ver un guión entonces inédito –porque ya se pudo publicar en la revista Cine Cubano, junto con un ensayo mío sobre la obra cinematográfica de Landrián– de un documental que nunca rodó. Este hecho me acercó a los procesos de elaboración de la idea, a su trabajo de investigación, algo que generalmente permanece oculto”.

La influencia de la obra de Landrián en directores del cine cubano es puesta en blanco y negro por Dean Luis Reyes en su libro La mirada bajo asedio. El documental reflexivo cubano. La publicación es el resultado de años de estudio por parte de su autor sobre la vida y obra del documentalista cubano. Bajo el sello de la Editorial Oriente, el libro consta de dos momentos. El primero realiza un recorrido por la obra de Nicolasito, analizando sus documentales a partir de las preocupaciones que manifiesta el realizador por reflejar la configuración del mapa social cubano. El segundo, indaga en aquellos realizadores de los años 2000 en cuyas obras se encuentran marcas o influencias del cine de Landrián y de eso que el autor denomina “documental reflexivo cubano”.

En palabras de Reyes, La mirada bajo asedio. El documental reflexivo cubano “es un intento por dejar ver la reflexividad del documental cubano, rasgo que suele ser apenas considerado, pues se le califica antes por su cualidad retiniana y su valor testimonial. Este atributo ha implicado en la no ficción local cuestionarse cómo se mira al otro, cómo se refleja el paisaje social, tematizando las operaciones de representación. Algo que Nicolás Guillén Landrián hizo como nadie en los años 60 y que otros realizadores activan en sus obras de los 2000 en lo adelante”.

La obra cinematográfica de Nicolás Guillen Landrián indaga en las marcas de la identidad nacional y en los elementos constituyentes de la idiosincrasia social cubana. Ello permite decir que su cine se aloja dentro de los cauces de la continuidad expresiva de la tradición cinematográfica en Cuba. E indica, además, que la suya es una obra única debido al tratamiento de cuestiones imprescindibles para la gestión de una cinematografía con atributos de nacionalidad.

Tal parece que Nicolasito atraviesa la pantalla con su cámara; sus protagonistas te hacen cómplice de los hechos que están sucediendo. Participamos de su creación y disfrutamos de ella como nuestra. Sentimos el sudor, el olor, la mirada de esos individuos que invitan a entrar y a formar parte de la realidad fílmica.

Será por ello que la suya será siempre una obra del presente.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.