Metatrón o No es tan difícil ser Dios

Primera aproximación al nuevo cortometraje de Alejandro Alonso (El proyecto, Duelo), cuyo estreno mundial tiene lugar por estos días en el Festival Visions du réel, pero que participa en la venidera Muestra Joven ICAIC.

Fotograma de Metatrón, el nuevo corto de Alejandro Alonso.

Foto: Cortesía del autor

Felizmente seleccionado para la competencia oficial del prestigioso festival internacional Visions du réel, con sede en Nyon, Suiza, la más reciente propuesta del realizador cubano Alejandro Alonso, intitulada Metatrón (2017), discurre por dos líneas discursivas principales. La primera aborda el más eminentemente fílmico y sempiterno dilema de la representación del “otro” (personaje) desde la óptica del “yo-creador”; además de la nunca completamente pasiva postura de este “otro”, enfrascado en estrategias y procesos de auto elaboración-auto recreación ante la mirada ajena.

La segunda línea, centrada en Ernesto, el protagonista filmado, va sobre la más existencialista, humanista y mística sublimación-disolución del ego en la creatura, que viene a sustituir idealmente el superyó o superego freudiano como estrato superior del aparato psíquico. Suerte de resonancia del accionar de la deidad creadora, del demiurgo inagotable, quien deriva de sus entrañas infinitas todos los sujetos y objetos del Universo panteísta.

Esto y más confluyen orgánicamente en el breve metraje de Metatrón, cuyo propio título reta las perceptivas, en tanto dicho término es una madeja semiótica que define, fundamentalmente, al arcángel mediador entre Yahvé y los ángeles Rafael y Gabriel; o sea, la voz de Dios. También ha sido definido por esoteristas talmúdicos como el “Yahvé menor”, poder cuasi homólogo al Todopoderoso. Entonces, por una traspolación lírica, el realizador pudiera asumirse desde la secundariedad del mediador, deviniendo amanuense audiovisual —nítidamente tangible en la diégesis de la película— de los mensajes que necesita emitir el sujeto registrado, por su particular trinidad cámara-ojo-subjetividad.

Poster del cortometraje de Alejandro Alonso, Metatrón.

Foto: Cortesía del autor

Pero, a su vez, tal subordinación no implica pasividad, ni mucho menos el engañoso “objetivismo” del documentalista, concepción largo tiempo trascendida; sino que, al también ser considerado el Metatrón un poder “más cercano al trono” —pues, acorde Robert Graves, su origen etimológico pudiera rastrearse hasta el griego meta ton thronón—, el realizador es un ente activo pero destronado del arcaico e iluso altar de la omnipotencia representacional-discursiva. Se rejerarquiza al revelar y confesar su status de obligatorio dialogante con un interlocutor lúcidamente empoderado, participante perenne de la construcción minuciosa de su imagen, ya que, a partir de una iluminación personal, epifánica, asume al cineasta como canal para transmitirse, expandirse y representarse acorde sus intereses.

De ahí la constante apelación de Ernesto al realizador que lo filma, instruyéndolo en todas sus dinámicas: desde los manejos más técnicos del foco de la cámara, hasta su reluctante voluntad de que sea su gestión en proceso —consistente en un misterioso proyecto— el protagonista del material, y nunca su rostro o su personalidad. Negación/oblación del yo en beneficio del superyó ya transmutado en obra, ergo legado. Ernesto deviene suerte de antípoda del dictador ugandés que se propuso convertir a Barbet Schroeder en un vocero libelista y apologético, durante la filmación del antológico General Idi Amin Dada: Autorretrato (1974), ofreciéndole todo el tiempo al cineasta una pulcra e idealizada imagen de su persona y su gobierno. Con los consabidos resultados finales.

Como el mismo Alejandro Alonso ha comentado, dentro de su obra Metatrón también resulta antípoda, en tanto confronta y complementa una pieza previa como El proyecto (2017), que discursa y poetiza sobre el naufragio de un tozudo “proyecto” colectivista —voluntarismo embozado bajo una máscara colectiva—, pretenciosamente forjado al fuego del holocausto de las individualidades. Mientras que el relato de Ernesto abraza la búsqueda personal, el autorreconocimiento cartesiano, como resultado primordial de las ideas y su “proyección” (propuesta) en las esferas intelectuales y públicas.

Ahora, desde los testimonios y argumentos del personaje no imaginado (para no emplear el concepto filosóficamente discutible e insuficiente de “real”), Alonso transita él mismo, como autor, del registro documental a la pura alegoría. De la imagen registrada a la imagen lírica. O mejor: de la imagen a la imaginación. Constituye así la documentación más estricta una etapa inicial de acercamiento al interlocutor filmado, que va siendo paulatinamente reformulado y redimensionado hasta alcanzar un status de entelecheia aristotélica. La singularidad se expande en una idea, se consagra en un propósito que termina predominando hacia el clímax de la película, urdido con la abstracta y pura belleza de los arquetipos geométricos sagrados.

A la par del personaje, el realizador —a quien sería más correcto recalificar como verdadero coprotagonista— se somete conscientemente a un proceso de destilación de sus funciones creativas, alcanzando también la sublimación, en tanto “intérprete” y “traductor” de esencias, y no mero registrador de anécdotas. Queda revelado el verdadero poder metafísico del cineasta como Metatrón de las voces todas, incluso de la suya propia. Por lo que, hasta ahora, este cortometraje vendría a ser la obra de Alonso más ontológicamente compleja.

Identificado y seducido por el alucinante protagonista, Alejandro parece también desencarnar y sumarse, finalmente, a la inmarcesible trascendencia, suscitada durante la apoteosis final de la obra. Por senderos paralelos y confluyentes (nunca superpuestos) de lógica no euclidiana, ambos han recorrido el sendero de la iluminación, que es una y múltiple: solo definible mediante la poesía de las formas, desde la poesía de las ideas y a través de la poesía de los sueños. (2018)

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.