No queda otra que ser caballos

Rodada en blanco y negro, la película rinde homenaje al célebre fotógrafo Robert Mapplethorpe y al hito cinematográfico cubano Memorias del subdesarrollo.

Foto: Tomada de youtube.com

(…) en 1975 Robert (Mapplethorpe) le hizo a Patti la foto de la portada de su primer disco que se llamó Horses y es una foto muy famosa en la que ella parece vestida de hombre con un saco en la espalda y muestra gran androginia.

 Fabián Suárez

El guionista, director y dramaturgo cubano Fabián Suárez se dio a conocer con el cortometraje Kendo Monogatari, en 2012. Luego sintió que podía rodar más y mejor —acaso con mayor libertad― y pensó en su obra teatral Caballos, que fue publicada y hasta ganó un premio en la ciudad de Holguín, de donde es Suárez. En 2015 decide adaptarla para el cine. Como filme en construcción, Caballos pudo exhibirse en la pasada edición del Festival Internacional del Nuevo Cine de La Habana.

Un metraje de 95 minutos, rodado en blanco y negro, en homenaje al célebre fotógrafo Robert Mapplethorpe y al hito cinematográfico cubano Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, Caballos ha podido verse también por el paquete y ha vuelto a inquietar como inquieta lo inusual y lo raro, lo que se complejiza.

Robi (Carlos Alejandro Halley) es un joven fotógrafo que es querido por Salomón (Pablo Guevara), su benefactor y antiguo amante. Salomón tiene sida y está muriendo. En su casa es cuidado por un chico (Milton García), quien finge quererlo. Para Salomón, su nueva relación es mediocre y aburrida. Robi conoce a Galaxia (Linnet Hernández) y se enamora. Ella representa el ideal de belleza femenina, una belleza rara que hechiza. Los parlamentos de Galaxia son cortos y sentenciosos porque ella es un símbolo para ser más admirado que expuesto y penetrado. Ella viajará a Francia, no sin antes besarlo. No se hacen ninguna promesa. Robi, víctima constante de la soledad, parece no saber qué hacer, por quién decidirse entre Salomón y Galaxia. El del nombre bíblico representa lo más inmediato y la certeza de un apoyo material, seguro aunque condicional. Galaxia es lo espiritual y el misterio que puede ser desentrañado por el amor. Aunque Robi no se deslumbra por genitales, sino por personas, se siente por guion y por historia, incluso referida, que ya no le interesa amorosamente Salomón. Su proyección presente ni siquiera es bisexual, tampoco quiere explotar su indiscutible sex-appeal. Robi es un amante de lo bello y de la estética generalizada.

Un punto y aparte merece el personaje interpretado por Milton García, cuya psicología resalta sutilmente porque parece estar construido a fuerza del estereotipo del vividor habitual, del jinetero del Parque Central, del Payret… que finge una homosexualidad con el firme propósito de llenar sus bolsillos. Pero este chico le reclama atención y cariño a Salomón, quien ama aún a Robi. Y cuando se marcha de la casa bruscamente, luego de proferir improperios, uno como espectador casi se convence de que el nuevo amante de Salomón es un heterosexual moldeable por circunstancias. Pero el encuentro del muchacho con el pescador, en el muro del malecón, sugiere mucho porque, entre otros intereses, enfoca a un personaje realmente gay por naturaleza, jamás por pose.

Entre la sexualidad y la emigración, la posibilidad de la creación y el imperio de la cotidianidad, se debaten los personajes de Caballos, quienes están mediados por las relaciones de poder. El contrapunteo está presente en casi todo intercambio interpersonal; ahora bien, la propuesta cinematográfica de Suárez también logra interesar en tanto rezuma sutilezas alusivas a la resistencia intergeneracional, entre épocas (pasado y presente); entre el claustro y la agorafilia (el quedarse y el emigrar) desde propósitos que rebasan el acto de la comunicación.

Aunque Fabián Suárez privilegia mucho su guion, encauza hacia códigos de autoridad tanto la fotografía de Javier Labrador Deulofeu como el montaje en general de Caballos. Valga recordar El poder como valor, de Harold D. Lasswell y Abraham Kaplan, de donde pudiera traerse a colación el siguiente fragmento: “El poder es, además, una relación de tríada. No basta especificar quién ejerce poder y quién lo soporta: es preciso agregar el área de actividad con respecto a la cual se ejerce el poder (la esfera del poder)”.[1]

Caballos, el primer largometraje de Fabián Suárez, resalta además por casi todos sus parlamentos, intencionalmente artificiosos. Ello le facilita a este drama existencial debatirse a nivel de exposición general entre la realidad perturbadora y la posibilidad de la independencia creativa, ética, vivencial.

¿Un detalle para no olvidar?: Caballos sigue siendo una película cubana. (2016)

Nota:

[1] Harold D. Lasswell; Abraham Kaplan. “El poder como valor”, en Sociología del poder. Colectivo de autores. Introducción y selección de textos: Antonio Passano. Centro Editor de América Latina S.A. Buenos Aires, 1978, p.52.

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