Pasando el escalpelo sobre la 12 Muestra Joven (I): documentales

La revisión de los documentales presentes en la reciente edición del evento lleva a pensar que hay motivos para preocuparse.

Tomado de Cubacine

El documental La certeza de Armando Capó ofrece un reflejo atinado del ámbito rural cubano.

Cuando el lozano crítico Antonio Enrique González Rojas sonó las “Alarmas para la joven documentalística cubana”1 en sus apreciaciones del último Almacén de la Imagen, confieso que pensé se estaba dejando llevar por la iconoclasia o por la severidad con los contemporáneos propia de su edad. Ya en vísperas de la 11 Muestra Joven se habían escuchado gritos semejantes y, según el criterio que me forjé entonces2, no existían todavía razones suficientes para la algarabía.

De modo que ahora, al enfrentarme al visionaje de los materiales de no ficción de la Muestra 12, quise sortear la actitud paternalista típica del de mayor edad y sí juzgar con talante aristotélico, ajustado a la mesura y evitando extremos. Sin embargo… y luego de ver los cerca de 30 documentales incluidos en la selección del evento, dicho sea sin rodeos: hay motivos para preocuparse.

Si un año atrás se criticó el enfoque “reporteril” y el olvido de la especificidad de “lo cinematográfico”, no percibo a este como el lastre principal en 2013. Persisten algunos; por ejemplo: Elena de Marcelo Martín (sobre la calamidad persistente para los habitantes de un vetusto edificio de Centro Habana) y Sin metro de Ana A. Álpizar (centrado en la frustración del grupo formado en la pasada década de los ochenta para el proyecto irrealizado del Metro de La Habana). Y también los hay como Las Terrazas, boceto de un paraíso (de Ernesto Pérez, acerca de la comunidad pinareña que fue novedoso plan agrícola en los sesenta y hoy enclave turístico) y Gira (de Ernesto Sánchez, que acompaña el recorrido de una tropa de artistas por las cárceles cubanas), que intentan eludir la trampa “informativa” (el predominio de lo descriptivo y la función referencial-denotativa), pero no potencian del todo un salto hacia el valor connotativo-expresivo de un audiovisual “artístico”.

Lo que sí abunda en el presente muestrario son los ejercicios esteticistas y estériles, que desembocan en ninguna parte, o divagaciones conceptuales y propósitos inflados; además de la endeblez dramatúrgica y los titubeos de la edición. Uno lamenta que la sugerente visualidad obtenida por Aram Vidal (El latido de las burbujas) con el concurso de las nuevas tecnologías, se desperdicie por la redundancia de las voces en off y la dificultad para dejar en claro si quiso dibujar a una generación o trazar un panorama de la vida toda en Estados Unidos. ¿Por qué provocar la exasperación del espectador con La espera (Fabiana Salgado) de 17 minutos, que pudo ofrecer su mensaje con la mitad del tiempo?

Si Felicidad de Jorge de León Amador era un homenaje al clásico PM, bien pudo titularla AM y librar así a su paisaje de la cotidianidad cubana (por demás repleto de planos repetitivos) de una pretensión de alegoría existencial y filosófica que le queda ancha. En las Exhumaciones de Omar Cruz Saavedra, ¿es posible deslindar entre el registro de una práctica tradicional y el simple exhibicionismo o regodeo morboso? Volverse isla, de Lilián Broche y Claudio Parot, exquisito en ocasiones por la variedad de estrategias discursivas empleadas (las palmas por la entrevista en dibujo animado al director teatral Carlos Díaz), ¿para qué va más allá del sustancioso análisis del entorno del teatro y las políticas culturales y fuerza una trascendencia hacia el consabido metarrelato de la Nación y sus destinos?

El énfasis en las “historias de vida” viene a ser la marca de la Muestra en 2013. Esta vocación por el individuo y la microhistoria presente en Bohemio (David Pérez), Crisálida (Alejandro Alonso y otros), Diario de Yohandry y Yusniel (Juan Pablo Daranas), Él eres tú (Diana Montero), Lina baila (Liatné Dosina), Sufrimiento (Claudio Pélaez) y todavía un etc… parecería saludable de no ser por el acompañamiento efímero a sus personajes, que reduce estos perfiles a los rasgos epidérmicos. Cuando un realizador (Marcel Beltrán) apunta más lejos, hacia el documental biográfico, en Digna Guerra, e incluso trata de escapar de los estereotipos del género, entonces se le diluye el personaje mismo, ahogado en la marea de lirismos y ornamentos visuales.

Algo siempre se puede rescatar —argumentaría hasta Robinson Crusoe— de todos los naufragios. Y toca el turno de señalar aquellas obras que, desde mi particular mirada, brindan la buena nota…

Ante la ausencia (lamentable) de producciones de Televisión Serrana, da la cara Armando Capó en el reflejo atinado del ámbito rural. La subsistencia en ese contexto de formas de espiritualidad sustentadas en lo irracional o lo emotivo, como la fe en el líder religioso y en la mística de la comunión alcanzada en el templo, es el tema de La certeza. Mediante su habitual espíritu contemplativo en la fotografía y con esquema dramatúrgico de historia coral, Capó da seguimiento a tres personajes hasta su confluencia en una ceremonia sincrética (mezcla de catolicismo y espiritismo de cordón). El calado antropológico en esa situación final es exiguo, pero obviamente esto quedaba fuera de los objetivos del realizador.

Damián Saínz regresa a un personaje extravagante, aunque cambia al psicópata temible de De agua dulce por un anciano simpático en El receso. Del parlamento elevado al dicho disparatado va su personaje mentalmente extraviado por la senilidad, y este contrapunto es manejado con algo de parodia, pero nunca de burla ni humorismo barato.

Con sarcasmo más deliberado procede Alejandro Arango en su Doble impacto, que arranca en el making of y concluye en el video clip de un joven cantante de “cubatón”, la versión autóctona del reguetón. Aquí la ironía funciona como recurso de aproximación-distancia reflexiva a una subcultura o manifestación marginal.

Dejo para Crac el cierre de este repaso a los documentales de la 12 Muestra Joven. Madrid, terreno del Primer Mundo, y dos mujeres, una más joven y “moderna”, otra de formación más tradicional, que sufren la furia de sus esposos. A mi juicio, fue un acierto de Jessica Rodríguez el que prescinda del color local y exhiba desde un contexto foráneo este fenómeno de la violencia de género, que parece tener todavía ribetes universales.

NOTAS

1 Artículo publicado en El Caimán Barbudo, Edición 374, enero-febrero de 2013.

2 Ver “En la trama de la 11 Muestra Joven”, El Caimán Barbudo, mayo-junio de 2012.

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