Amilkar Feria, entre la visualidad y la literatura

Diálogo con el videoartista Amilkar Feria

Hombre nuevo (video de Amilkar Feria)

Decisivamente, quien esté de jurado en un evento de videoarte no puede distraerse un instante, ya que una obra puede ser muy breve y al mismo tiempo contundente. Yo solo me había ausentado por unos segundos de la presentación de los videos concursantes pero alcancé a escuchar el rotundo aplauso a la pieza que se me había escapado.

Tuve que buscarla luego en los archivos y me di cuenta de que el aplauso fue bien merecido, por su nivel de síntesis y capacidad comunicativa. Fue de esta manera que conocí la obra de Amilkar Feria en el III Festival de Videoarte de Camagüey.

Luego me acerqué más a su trabajo por su exposición  La percepción de la realidad en el Miramar Trade Center, pero mi motivación a entrevistarlo se hizo más urgente cuando hace muy pocos días conocí su más reciente producción audiovisual (también bajo la responsabilidad de fungir como jurado  para un evento que próximamente se inaugurará y sobre el cual la ética demanda, por el momento, un absoluto silencio).

La empatía creció cuando supe que este artista no solo se desarrolla en el terreno del audiovisual sino también en el campo literario; su experiencia como ilustrador es un ejemplo de ese nexo entre  palabra e imagen que singulariza su obra.

Ángel Alonso: ¿Cuándo te atrapó el audiovisual?

Amilkar Feria: Siempre me llamó la atención la imagen en movimiento; es como la consumación de todas las artes El televisor y el Cinecito de San Rafael fueron los primeros brochazos de esta historia. Luego descubrí los cines de ensayo, que por los años ´80 eran numerosos en La Habana. Empecé la realización de audiovisuales  por la literatura pues quería, no graficar, pero si acompañar de imágenes y sonido algunos textos que se prestaban para ese tipo de manejo. Después me aconsejé, y el hecho mismo de la visualidad, como suceso descriptivo o de registro, empezó a tener más peso que la palabra misma. La visualidad es un fenómeno muy poderoso, y al que le rinde justico sentido ese aforismo, que se presume chino, que dice: “Una imagen vale más que mil palabras.”

A A: ¿Qué sentiste cuando viste en pantalla los primeros resultados?

A F: Cuando vi mi primera obra en la pantalla grande (pues fue exhibida en la sala de proyecciones del multicine Infanta) todo el trabajo de muchos meses cobró inmediato significado. Y por si esto fuera poco, ese mismo trabajo fue galardonado con una mención de guión en el Premio Nacional de la Asociación Nacional del Audiovisual, el Premio Vitral. Después fue imposible detenerme.

A A: En tus videos coexisten elementos típicos del cine y del videoarte.  Aunque todo se esté fusionando en cuanto a lenguajes (también utilizas, por ejemplo,  recursos inherentes al spot publicitario) considero que hay en el momento de la creación una actitud diferente según el destino al cual esté dirigida la obra.

¿Sientes que actúas desde la perspectiva de un cineasta o desde la de un artista plástico?

A F: …A estas alturas en la evolución de los lenguajes de la visualidad no veo la diferencia. También creo que los orígenes de estos géneros están muy ligados entre sí, como manifestaciones enriquecidas de los soportes tradicionales de la plástica. Pienso que los primeros retazos de cine: los Lumiere, George Mellies, Fritz Lang… forman parte de la más genuina producción de videocreaciones. Estamos hablando de hace más de un siglo y ya se advierten trazas de postvanguardismo, que no es otra cosa que la universalidad intrínseca que arrastra el arte verdadero.  Un perro andaluz, por ejemplo, o Berlín, sinfonía de una ciudad, emplean códigos visuales que muchas décadas después utilizó Godfrey Regio en Koyaanisqatsy y su saga experimental.

A A: El ejemplo de Buñuel del que hablas implica una reflexión interesante, una vez escribí que tanto La edad de Oro como Un perro andaluz, de haberse creado en estos tiempos y con las tecnologías actuales, bien pudieran estar en una muestra de videoarte. Estas obras contienen las típicas características de la narración no aristotélica que caracteriza gran parte de las producciones actuales de los videoartistas. ¿Dónde está la frontera entonces entre el cine experimental y el videoarte?

A F: En la práctica no pienso mucho en esas fronteras; es como una “zona franca”. Al final, sin demasiados rodeos curatoriales ni críticos, pienso más en el tipo de ideas que enlazan las obras, que en el modo de apropiarme de tal o más cual lenguaje para su ejecución.

Como todos esos “cajoncitos” continúan trazados en el consciente colectivo, los organizadores de eventos y festivales son los que definitivamente deciden a qué espacio estará dirigida cada obra.

A A: Cierto, y me parece exagerado el poder de los curadores de los eventos, pero al parecer es el propio desarrollo tecnológico el que desdibuja los contornos trazados en el inconsciente colectivo, como ocurrió con la fotografía con respecto a la pintura.

Contraofensiva (video de Amilkar Feria).A F: La fotografía, otro arte consagrado desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, fue resultado de un progreso tecnológico, científico, rápidamente absorbido por la plástica, dando corto paso al cine. El óleo y la tela jugaron igual rol revolucionario en las postrimerías de la Edad Media  con relación al fresco y la pintura sobre madera y… ¡ya ves!. Yo nací con una pantalla del televisor delante de las narices cuando aún el cine, como espectáculo social en la sala grande, no había declinado como lo ha hecho en los últimos veinte años. De manera que los códigos que empleo son el resultado de un emparedado evolutivo en materia de visualidad. Luego fui descubriendo, retrospectivamente, con carácter historicista, cuáles eran los límites de estos “géneros”.

Mira, viéndolo mejor, me parece que la dualidad de mis códigos siempre ha estado más deslindada entre la visualidad, en sentido general, y la literatura. Experimento un fuerte conceptualismo en mi trabajo, que se deriva de apretados espacios reflexivos, casi siempre literarios. Pero aun así, bien cansado de trasegar de un arte al otro, encuentro que la poesía escrita pudiera ser la antesala o el guión de una obra de videocreación, por el libre manejo de las imágenes y por su capacidad de sugerencia. Las primeras cosas que hice fueron audiovisuales para acompañar mis poemas.

A A: Los recursos digitales han favorecido mucho las posibilidades de la imagen en movimiento ¿Crees que aún sin estas facilidades te hubieses dedicado a realizar audiovisuales? ¿Cómo te imaginas que sería tu obra sin las posibilidades técnicas actuales?

A F: No seré muy extenso en mi respuesta porque, en mi caso, no me lo imagino. También comencé a escribir seriamente cuando conté con una computadora. Antes tenía algunos garabatos por ahí, metidos en files, pero ese artefacto es un regalo de la evolución tecnológica…; es una pena que para llegar a él tuviésemos y tengamos que quemar tantas toneladas de carbón, además de talar medio mundo.

Es probable que, de no contar con estas ventajas digitales, y si la picazón fuera verdaderamente intensa, hubiese seguido el mismo camino del soporte celuloide, quizás al estilo de Norman McLaren…, no sé, sería elucubrar sobre algo que no me tocó experimentar. Simplemente me cayó esta posibilidad entre manos, y pa´lante. Tal vez de aquí a un siglo la modalidad sea hacer hologramas ciber-interactivos, y ya no estaré aquí para hacerlo.

Lo que sí puedo decirte, genéricamente, es que esta revolución informática ha cuantificado sustancialmente el fenómeno de la creación en todas las manifestaciones, algo que constituye un verdadero quebradero de cabeza para críticos y curadores, porque la proporción cualitativa no es simétrica con respecto a la cuantitativa. Al mismo tiempo, los nuevos programas y procedimientos alimentan de nuevas opciones el diapasón creativo, facilitando mucho las cosas.

La actual avalancha derivada de la creación contemporánea, diría que casi masificada, reconvierte el criterio tradicional de los límites, no ya de la videocreación, sino del arte mismo; por lo que los conceptos con los que lo sopesábamos, hace apenas veinte o treinta años, deben ser revisados continuamente.

A A: Casi todos los autores, aunque trabajen diferentes temas, edifican una propuesta central que rige su obra. También ha sido así en el caso de los video artistas, desde los pioneros de Fluxus que subvertían el tradicional uso de la imagen televisiva (llegaron al extremo de balear literalmente aparatos de televisión) hasta ese arquetipo contemporáneo que es Bill Viola con su especial tratamiento del tiempo y el espacio.

¿Existe en tu caso, más allá de las particularidades de cada trabajo visto individualmente, algún presupuesto central que delimite tu obra?  Y en caso de que no sea así ¿Qué  elementos dentro de tu trabajo pudieran apuntar a una definición de tu universo semántico?

A F: Puedo reconocer un eje, cómo no: es el hombre y sus percepciones de la realidad (cualquier arista de la realidad). Pero, en medio de tantas apetencias intelectuales, voy llenando los espacios de mi creación en la medida en que van apareciendo las posibilidades de producción. Al final, yo mismo puedo ir completando el mapa de las diferentes parcelas de trabajo.

Existen perfiles bien definidos, entre los que aparecen el del cuestionamiento de la realidad socio-cultural y político-económica; otro, manifiestamente filosófico, inquisidor de múltiples aspectos de mi confrontación con la realidad y la posibilidad de cambio; uno más reciente, que busca en el intercambio con entrevistados aspectos de corte más sociológico, antropológico si se quiere, pero definitivamente filosófico.

Los precedentes que me comentas son bien interesantes, creando espacios reconocibles. A mí no me sale eso, ¿tú sabes? casi todas las cosas que hago están trazadas desde dobleces muy peculiares, consustanciales con el tema y la estética discursiva que emplee en cada caso. El otro punto super loco de toda esta historia es que yo no edito mis materiales; por eso creé la productora virtual “Duramadre”, que es una suerte de sombrero en el que muchos amigos dejan caer sus contribuciones, sobre todo como editores, o músicos. Hasta la fecha debo haber trabajado con media docena de gente: Irina y Rodrigo, Erian y Loreta, Alejandro Loisi, y otros que, de modo aún más fortuito, me han tirado el cabo. ¿Recuerdas Tengo una idea?

A A: Por supuesto, ese fue el video por el cual conocí tu trabajo. Cuando lo proyectaron en La Plaza del Carmen escuché la reacción del público, el comentario que llegó a mis oídos fue de otro videoartista (Yunior, también galardonado en aquel evento). Él dijo: “Bueno… y corto sobre todo”. Es muy difícil lograr en unos segundos tal impacto.

A F:…Bueno, ese videíto es, entre otras cosas, una deuda de gratitud a mis amigos, así como a mi necesidad de compartir este tipo de creaciones. Siempre llevo la idea, las imágenes filmadas, un pequeño boceto de guión, la música o el sonido que sea, y ellos me ayudan a empatar todo eso.

Al principio, cuando empecé a hacer video-poemas, siempre era tremenda jodienda para conseguir una cámara, grabar las voces en off y todas esas cosas, hasta que decidí grabar las imágenes con mi propia cámara  de turista, una Kodak C 613 de 6,2 MP. Desde luego que las imágenes quedan con una calidad de ya tu sabes pa´lante, pero sirven para lo que necesito, así como emplear el sonido ambiente que haya en el momento de registrar las imágenes.

Creo que en buena medida esto ha marcado una manera de hacer, un discurso y una estética muy específica, ajustada al precario resultado que pueda dar algo como lo que te cuento. Vaya, que todo es muy casuístico.

A A: Conozco que ejerces como profesor en escuelas de arte (San Alejandro y el ISA) ¿Sientes que la pedagogía ejerce alguna influencia en tu labor como creador?

A F: Decididamente. Es el camino de reciprocidad más fecundo que haya transitado nunca. Por supuesto, dependiendo de cuanta libertad creadora les des a los estudiantes; si los coges por el cuello y les administras un batido preconcebido de dogmas y estructuras rígidas de conocimientos, estarás pendiente de cómo entra el pie de un adulto en un calzado para niños, nada más parecido a “meter la pata”.

El aprendizaje es un proceso dilatado y flexible: todo cabe (como le quepa a cada cual) con el consentimiento de las particularidades del estudiante. Por la parte que me corresponde, pues aprendo de los felices errores que el candor del aprendizaje trae consigo; algo que con los años, los trucos y los clichés que nos hacemos, tiende a perderse. Con ellos aprendes a equivocarte otra vez, o sea, desaprendes. Es como si, sin perder del todo tu autoridad, que obviamente deberás ganarte con sus confianzas, y no con la imposición, emprendiéramos juntos un viaje en el que uno sugiere y corrige; al tiempo que participas del ejercicio como uno más, demostrando el margen de posibilidades que tienen a su alcance, mientras te redescubres en ese trance, algo así como un “dejá vu”.

A veces, debiendo ser uno tan voluble como para impartir a cada cual lo que le toca, y no un solo bloque de materia dura e indigesta, encuentras que muchas de sus soluciones son, literal y humanamente hablando, mil veces mejores que la tuyas. Entonces sobreviene la revelación del carácter colectivo del conocimiento, del libre empleo de lo que se tiene como bien común: “…una idea para compartir”.

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