Amplia muestra de animación en el Salón de Arte Contemporáneo

La muestra de animación más desprejuiciada realizada en Cuba fue inaugurada en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam.

Jorge Luis Baños - IPS

Las mayoría de las muestras de audiovisuales suelen ser tendenciosas, en algunas no se admite el lenguaje del video arte por tratarse de programaciones “cinematográficas”.

Lo contrario ocurre en el campo de las artes visuales, cuyos eventos tienden a rechazar aquellas producciones “narrativas” por considerarlas propias del cine; ciertas obras son híbridos con características de ambos campos y no encuentran cabida ni en la galería ni en la sala oscura, quedan en tierra de nadie, como si Buñuel no hubiese demostrado –hace ya un siglo– la posibilidad de un cine no aristotélico.

De haber sido realizada en nuestros días, la película surrealista Un perro andaluz pudiera ser catalogada, indistintamente, bajo la etiqueta de cine experimental o la de video arte. En la animación, los prejuicios son mucho más fuertes, a causa del encierro en el que se encontraba como género menor del cine y cuya única función (salvo raras excepciones) era la de entretener a los niños.

Rompiendo los esquemas, dinamitando todas las fronteras, la exposición Las otras narraciones, la muestra de animación más amplia y desprejuiciada que se haya realizado en Cuba, fue inaugurada la noche del 13 de septiembre de este año en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, como parte del 6to Salón de Arte Contemporáneo Cubano que organiza el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales. Contiene todos los lenguajes donde los procesos de la animación resultan protagónicos o, al menos, indispensables; una verdadera cartografía de los diferentes modos en que estas posibilidades expresivas se manifiestan en el audiovisual cubano.

El fenómeno, ya no tan nuevo pero reciente desde el punto de vista histórico, ha sido posible gracias a la democratización de las tampoco tan nuevas tecnologías –el subtítulo de la muestra reza “Una década de animación independiente”– porque han pasado alrededor de 10 años desde que la animación trascendió en nuestro contexto su función convencional y se extendió a campos insospechados con anterioridad, como es su presencia en el arte interactivo, en el llamado Net Art y hasta en obras de carácter abstracto.

Se ha vuelto obsoleto su concepto como “dibujo animado”, sus aplicaciones rebasan la mera noción del “muñequito” para instalarse en muchos otros campos del arte y de la vida. Es actualmente un recurso –o una serie de recursos– para gestar disímiles productos, pues participa en el anuncio, en el video clip y en casi todos los lenguajes visuales sean artísticos o no (obsérvese su uso en los teléfonos celulares y en las computadoras).

Hace algún tiempo hablaba del nacimiento de una animación doméstica , me refería en aquel entonces a la posibilidad de realizar una animación desde la casa, sin obedecer a una institución, operando con la misma independencia de un escritor que escribe una novela o un pintor que realiza un cuadro. Esa libertad se hace evidente en la muestra. La mirada de Las otras narraciones es horizontal, hace valer la pérdida de las fronteras, distingue los lenguajes pero no los jerarquiza, conviven en un mismo espacio un largo cinematográfico concebido para la sala de cine (como Memorias del Desarrollo de Miguel Coyula) y una video instalación con objetos y proyecciones (como La culpa o Construcción de-construcciones de Reinier Nande).

Es un atrevimiento beneficioso la presencia aquí de obras de creadores que, normalmente, acuden a otros medios de difusión como la televisión o el cine. La propia curadora, Caridad Blanco, en sus palabras al catálogo refiere: “Ese mundo de imágenes que es parte del cuerpo de la cultura visual del presente, es tomado aquí como un espacio de comunicación de ideas, narraciones y estados sensoriales, y se define esencialmente en la muestra de manera heterodoxa a partir de la presencia de video arte, spots, mensajes de bien público, dibujos animados, documentales, videoclips, instalaciones, arte en la red, obras interactivas, videojuegos, así como diferentes producciones cinematográficas, y también efectos visuales, mapping y performance audiovisual”

La exposición despliega todas las variantes, las cataloga pero no las jerarquiza, actúa sin prejuicios y sin juzgar, es una concientización de un fenómeno que se ha ido revelando poco a poco y que ha estado presente en diversos debates; lo mismo en las mesas teóricas del Festival Cinepobre de Gibara que en los coloquios del Salón de Arte Digital organizados por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Es una respuesta a la obsoleta discusión de los géneros y la constancia de que las fronteras entre estos son cada vez más borrosas y de que la animación participa indistintamente en todos ellos.

La investigación resulta satisfactoria, pero ella misma da pie a otras cuestiones todavía no resueltas, su misma amplitud genera nuevas preguntas que podrían ser interesantes para nuevos proyectos, quizás menos democráticos pero igualmente necesarios para profundizar en temas como son, por ejemplo, la uniformidad formal de ciertas aplicaciones y los estereotipos que de ellas emanan.

Las imágenes nunca se edificaron desde cero, pero en el mundo virtual sus construcciones no parten de la casi nula piedra del escultor ni del lienzo en blanco del pintor; suelen ser reciclajes de otras representaciones ya existentes que se tergiversan hasta personalizarse y hacerse irreconocibles.

Hasta aquí todo está bien porque el acto de elección es un acto creativo, la limitación (detrás de una aparente ausencia de límites) comienza cuando en dicho proceso el artista aplica, digamos, un filtro que selecciona entre un centenar que le sugiere determinado programa o una deformación de la imagen, entre otras muchas posibles. Se trata de una elección entre lo que antes ya ha sido seleccionado y prefabricado y, como son los mismos programas en todo el mundo, germina entonces una globalización de imágenes cuyo aspecto se repite.

Esto está presente en algunas obras que –aunque contienen fuertes e interesantes ideas– descansan en formas preconcebidas, garantizadas y poco sorprendentes, esto es: uniformadas. Y mientras más asombroso es el recurso que ofrece el medio, más se tiende a abusar de él. Los artistas que utilizamos el ordenador caemos con frecuencia en esas trampas porque actuamos en soledad, no nos ocurre esto cuando trabajamos en un taller de grabado donde coexistimos con los colegas y presenciamos sus experiencias, sino que tendemos a trabajar en el aislamiento de la pantalla y nos hacemos la idea de que somos los únicos en el mundo utilizando las ventajas de ciertos recursos.

Es interesante que algunos de los expositores de esta muestra parodian el propio universo digital y hasta revierten los clichés a que nos hemos referido: el uso del 3D en la obra de Fernando Rodríguez es una evidencia de esta posición irónica. Muchos de estos artistas han superado el maniqueísmo de las recetas de los programas de animación recurriendo al origen no digital de sus imágenes o a las secuencias fotográficas del stop motion, otros explotan al máximo las posibilidades de la computadora y superan las soluciones elementales con virtuosismo y rigor técnico.

Una de las salas más atractivas contiene una pieza que rompe todos los moldes, me refiero a la instalación “Máquina para contar historias cíclicas”, de Ismary Gonzales, quien construyó un auténtico praxinoscopio. Una obra de participación en la que hay que mover una manivela para poder ver su animación hecha cuadro a cuadro. Porque el animador comenzó así, como un juglar que cuenta historias.

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