Aventuras de Juan Quinquín, 50 años después

Medio siglo atrás, el 12 de febrero de 1968, se estrenaba el que iba a ser el largometraje de ficción más popular del nuevo cine cubano. Aventuras de Juan Quinquín inauguró el año mágico de la naciente cinematografía nacional.

Fotograma de Aventuras de Juan Quinquín.

Foto: Cortesía de la autora

En este mes de febrero, el cine cubano comienza a celebrar los aniversarios cerrados de varios de los títulos más importantes de su cinematografía. El primero de ellos, Aventuras de Juan Quinquín, cumple 50 años de estrenado. Se trata de un título considerado uno de los clásicos del cine cubano.

El 12 de febrero de 1968 se estrenó en las salas de cine habaneras Astral, Acapulco, Lido y Santa Catalina, el largometraje de ficción Aventuras de Juan Quinquín. Su director Julio García Espinosa, inspirándose en la novela Juan Quinquín en pueblo Mocho, del escritor cubano Samuel Feijóo, llevó a la pantalla esta comedia después de cinco años sin filmar.

El objetivo que perseguía Julio con este filme era no solo entretener a los espectadores, sino también hacerlos reflexionar acerca de la realidad de aquellos tiempos. La sinopsis original de la película la describe como:

Aventuras de Juan Quinquín narra la vida y pasión del campesino en la etapa prerrevolucionaria. No así la muerte. Juan Quinquín no muere, como no muere nunca ‘el muchacho de la película’, o el jefe de las guerrillas en Colombia, cuyo nombre hereda siempre el sucesor. Juan Quinquín es un campesino avispado al que no le arredra nada en su lucha por la vida. Lleno de agresividad, jamás se resigna a su suerte. Junto a su amigo Jachero y a Teresa, su amada, se enfrenta al medio como algo natural en él. El choque que produce ese enfrentamiento origina las distintas aventuras que cuenta el film. Porque el film no narra una historia sino muchas. Contado en dos líneas paralelas –la paz y la guerra– vemos al personaje afrontando con audacia y, sobre todo, con ingenio, un sinnúmero de situaciones que le procuran sus ocupaciones de guerrillero, monaguillo, cirquero, torero, etc., etc. Hay películas de extraordinarias aventuras, pero que nadie vive en la realidad. Aventuras de Juan Quinquín no rechaza el lenguaje mágico de cualquier película de aventuras, pero no necesita inventarlas. El mundo nuestro, afortunadamente, todavía las vive.”

Julio García Espinosa

Esta sinopsis sugiere la adscripción al género de aventuras de una película que se sirve de los modelos de la comedia, el oeste y hasta del musical, más apuntes del melodrama y guiños al cine mudo, en un pastiche inspirado en Brecht. En el libro de entrevistas que realizara Víctor Fowler a su realizador, Conversaciones con un cineasta incómodo, Julio expresaba sobre Juan Quinquín:

“Leí la novela de Feijóo, me gustó mucho y decidí hacer una adaptación convencido de que Juan Quinquín significaba para mí la posibilidad de hacer al fin una película –era mi tercer filme– en la forma que me interesaba expresarme cinematográficamente. Tomé ese personaje, que era el de más dimensión épica en esos momentos, y decidí a este personaje mayor situarlo en un género menor, y no hacer de su vida una epopeya como lo que se supone se les reserva a los grandes héroes. De manera que mi personaje es un pícaro, pero no es un pícaro; es un héroe, pero no es un héroe, y la película es de aventuras, pero no es de aventuras. No sé por qué, siempre he tenido un acercamiento mayor a los fracasados que a los triunfadores. En un mundo en donde triunfar significa acomodarse y no rebelarse jamás, me parecía que lo importante no era hacer la vida de los triunfadores, sino la de los fracasados, quienes algún día serán los verdaderos triunfadores. “

Aventuras de Juan Quinquín en la Historia

La etapa de prefilmación de Aventuras de Juan Quinquín comenzó el 6 de mayo de 1966 y su período de posfilmación terminó el 25 de junio de 1967. La película, realizada en localidades de las provincias de Las Villas (Trinidad y Cienfuegos) y La Habana, cuenta con la fotografía de Jorge Haydú. La música estuvo a cargo de Manuel Duchesne Cuzán y Leo Brouwer.

El reconocido cineasta cubano, Julio García Espinosa.

Foto: Cortesía de la autora

El filme fue presentado en el V Festival Internacional Cinematográfico de Moscú en 1967. Aunque no obtuvo premio oficial, sí recibió comentarios positivos de la prensa soviética y extranjera.

El diario Izvestia publicó: “Hay todo aquello que se puede ver en las obras de este género: lo serio y lo cómico, carreras y tiroteos, situaciones difíciles y airosas soluciones. Todo está hecho con gran maestría, inventiva, ingenio y con plena conformidad a la lógica del arte y de la vida.”

Cultura Soviética expresó: “El director Julio García Espinosa, los intérpretes Julio Martínez (Juan Quinquín), Edwin Fernández (su amigo Jachero), Adelaida Raymat (su novia Teresa), y el magnífico actor Enrique Santiesteban (en el papel de alcalde), confirmaron una vez más que la cinematografía cubana ha madurado suficientemente para crear obras notables.”

El periodista chileno Rolando Carrasco, asistente a la cita, escribió: “Después de ver las películas de Perú, México, Brasil y Argentina, lo más notable del cine latinoamericano en el Festival de Moscú lo vimos en el penúltimo día, con la comedia cubana Aventuras de Juan Quinquín.”

La película obtuvo varios premios y reconocimientos, entre estos Mención de Honor en el II Encuentro Internacional de Cine Iberoamericano de Barcelona, España (1968); Apsara de Oro a la mejor dirección en el II Festival Internacional de Cine de Phnom Penh, Cambodia (1969); y Certificado al Mérito en el I Festival Internacional de Cine de Guyana (1976).

En el libro Guía crítica del cine cubano de ficción, del crítico Juan Antonio García Borrero, el filme ocupó el lugar número 15, compartido con La  bella del Alhambra, de Enrique Pineda Barnet, en una lista que reúne lo más destacado del cine de ficción nacional. En este volumen, Borrero realizó una encuesta a 18 críticos e investigadores del país para seleccionar esos títulos imprescindibles en la historia del cine cubano.

Sobre Aventuras de Juan Quinquín se han pronunciado diversos estudiosos y críticos. Así, el cineasta argentino Fernando Birri, recientemente fallecido, expresó:

“Película nueva, con un personaje popular mitad real y mitad fábula, emparentado en sus andanzas con buscones y ‘subversivos’ de la picaresca clásica española y criolla; película donde, para contar su historia, García Espinosa echa mano de todas las posibilidades de discurso del cine contemporáneo, desde la leyenda en la nubecita que sale de la boca del personaje, con técnica de historieta, a la revalorización de la sinceridad, o del patetismo, o del grotesco del melodrama circense. Su visión resulta por todo esto sumamente estimulante, y estimulante dos veces si medimos la distancia que media entre el cansado ‘realismo socialista’ y esta propuesta nueva de una revolución nueva, en acción. Película que no temeríamos de calificar como ‘didáctica’ en el sentido más avanzado de la palabra, el sentido ‘brechtiano’…”

Francois Jalbert, para La Presse en 1969, plantearía: “Todos los procedimientos caros al estilo burlesco son utilizados. Cámara lenta, cámara rápida, subtítulos, globitos de muñequitos, etc…A pesar de la abundancia, a pesar del desorden permanente, a pesar de todas las fantasías que se permite Espinosa, el conjunto guarda una unidad sorprendente, y una vez terminada la proyección, uno sabe que ha visto un raro (¡Oh! Cuán raro) filme desbordante a la vez de juventud y de madurez.”

Para Les Lettres Francaises en 1970 escribió el destacado crítico Marcel Martin: “Su lenguaje satírico y su ritmo caracoleante lo convierten en un excelente espectáculo, en donde la gravedad sonriente resulta ser un arma muy eficaz al servicio del entusiasmo revolucionario.”

El cineasta y crítico cubano Eduardo Manet, en su texto En busca de lo cubano, comentaría: “Al romper la estructura lineal de la novela y crear un guion en que el tiempo y la memoria se mezclan, pudo temerse un rechazo al menos, una cierta incomprensión por parte del público. No sucede así: la fuerza de las aventuras (palabra mágica) se impone y el espectador denominado ‘corriente’ realiza sin esfuerzo el enlace. Es decir, sigue con atención la trama a pesar de los cortes hacia atrás. Y sólo alguna vez se alzará alguna voz para decir ‘¿Eh, y ése no estaba muerto?’, cuando sale de nuevo Jachero después de haber sido ahorcado.”

“En ese aspecto Julio García Espinosa ha logrado plenamente lo que se propone un cine de expresión libre que, sin provocar el rechazo del espectador, lo sitúe frente a una estructura no convencional y rompa con las leyes establecidas de identificación con los personajes, orden clásico de las secuencias, etc.”

El crítico cubano Rufo Caballero, en su texto Las aventuras de Juan Quinquín: la radicalización narrativa, indica: “De cualquier manera, las Aventuras de Juan Quinquín conserva con los años el encanto de un experimento radical, de una apuesta verticalísima por otra manera de contar y de establecer el diálogo con el espectador. Su sustancia última, sólo la última, había sido propiciada por una novela ingenua, igualmente encantadora, que terminaba con su héroe herido de muerte, sobre un mulo que escalaba una montaña.”

Por un cine imperfecto

Con Aventuras de Juan Quiquín, puede decirse que Julio puso en práctica sus teorías expuestas en el texto Por cine imperfecto. Con este ensayo-manifiesto, escrito en 1969, imprescindible para el estudio del cine de la descolonización, García Espinosa deja abiertas varias interrogantes.

“El cine imperfecto halla un nuevo destinatario en los que luchan. Y, en los problemas de éstos, encuentra su temática. Los lúcidos, para el cine imperfecto, son aquéllos que piensan y sienten que viven en un mundo que puede cambiar y revolucionariamente. El cine imperfecto no tiene, entonces, que luchar para hacer un ‘público’. Al contrario. Puede decir que en estos momentos, existe más ‘público’ para un cine de esta naturaleza que cineastas para dicho ‘público’…”

“El cine imperfecto es una respuesta. Pero también es una pregunta que irá encontrando sus respuestas en el propio desarrollo. El cine imperfecto puede utilizar el documental o la ficción o ambos. Puede utilizar un género u otro o todos. Puede utilizar el cine como arte pluralista o como expresión específica ..”

“Al cine imperfecto no le interesa más la calidad ni la técnica. El cine imperfecto lo mismo se puede hacer con una Mitchell que con una cámara de 8 mm. Lo mismo se puede hacer en estudio que con una guerrilla en medio de la selva. Al cine imperfecto no le interesa más un gusto determinado y mucho menos el ‘buen gusto’…”

“El cine imperfecto no puede olvidar que su objetivo esencial es el de desaparecer como nueva poética. No se trata más de sustituir una escuela por otra, un ‘ismo’ por otro, una poesía por una antipoesía, sino de que, efectivamente, lleguen a surgir mil flores distintas. El futuro es del folklore. No exhibamos más el folklore con orgullo demagógico, con un carácter celebrativo, exhibámoslo más bien como una denuncia cruel, como un testimonio doloroso del nivel en que los pueblos fueron obligados a detener su poder de creación artística. El futuro será, sin duda, del folklore. Pero, entonces, ya no habrá necesidad de llamarlo así porque nada ni nadie podrá volver a paralizar el espíritu creador del pueblo.”

No puede perderse de vista que estas ideas rondaban a Espinosa mientras planificaba y dirigía Juan Quinquín. Esta película es cine imperfecto, sobre el cual su director llamó la atención tempranamente. Julio, un adelantado de su tiempo, dejó una huella con esta película en la historia del cine cubano. (2018)

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