Cine cubano: ¿De qué se ríen?

No se trata de rehusar la carcajada, pero tampoco de encasillar la filmografía cubana.

Escena de Omega 3

Recién las salas de cines cubanas estrenaron Omega 3, la última película de Eduardo del Llano, que bien vale una crítica, o bien vale ponerse a hablar sobre la ciencia ficción en la cinematografía de la isla, pero ahora mismo no es eso lo que me preocupa con los estrenos cinematográficos del país. Más que analizar el cine cubano, que siempre está presto a debate, críticas, investigaciones y demás, creo que es hora de analizar los públicos cubanos.

En testimonio reciente publicado en la revista cultural La Jiribilla, el actor Osvaldo Doimeadiós opinaba que el cubano se ríe más de lo que debiera. Yo me suscribo a su pensar y agrego: en el cine, el cubano se ríe cuando no debe.

Ir al cine ¿a qué?

Durante el decenio de los noventa, los cubanos iban al cine a reírse. Bastante se lloraba con las carencias materiales en la calle, como para también entrar a ver una película de miserias; esto fue lo que exigió el espectador cubano, y esto fue lo que le dieron la mayoría de los cineastas del patio, para no ser absoluta.

Ahora bien, las películas cubanas actualmente van por otros derroteros, y volvemos a del Llano y su Omega 3. Intentan los cineastas abrir el diapasón de temas y género, en una historia cinematográfica marcada por lo autoral, casi desde el documento fundacional del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Crean obras fílmicas intentando que sean populares a la vez que digan algo, intentan burlar censuras imaginarias o reales y, después de todo esto, parece ser que sus productos ya han sido catalogados incluso antes de proyectarse: películas cubanas=comedias.

Costaría muchísimo delimitar en qué punto exacto los cineastas acomodaron al espectador a la risa fácil, ligera y despreocupada, o viceversa; en cuál momento los espectadores decidieron que si la película cubana no era cómica, no la verían o, peor aún y en su fase más actual, se reirían aunque no tuviera gracia.

En este último fenómeno tenemos desde el encasillamiento del público a determinados directores, tal es el caso del ya antes citado Eduardo del Llano, cuyo personaje Nicanor O´Donell lo ha marcado en la preferencia del público, y por el cual podría decirse que los espectadores se ríen en su película Omega 3 aun cuando no hay chistes, ni muletillas graciosas; hasta un caso más preocupante y aberrante, ocurrido hace dos años con la película Melaza (2012), que es a todas luces un drama social y político, y las personas se rieron a carcajadas en un final que tenía de todo menos gracia.

Usos y gratificaciones, o lo que es lo mismo: la gente hace lo que le place

Para analizar estos conflictos siempre me ha servido la teoría de usos y gratificaciones. En estos tiempos de nuevas tecnologías y nuevos medios, muy poco sirven estas teorías sin su investigación sistematizada, además de que el cine es comunicación, pero también es arte. Sin embargo, los usos y gratificaciones de los medios, por ser los primera teoría que analiza y le da cierto protagonismo al receptor, en el caso del cine, espectador, se aplica perfectamente aquí para no perder de vista que el público consume muchas veces lo que quiere y como lo quiere.

Pero, en el condicionamiento de gustos y consumos, el espectador cubano se ha separado de esa complicada y añeja relación emisor-receptor/director-espectador, ha buscado la risa fácil, casi nerviosa e histérica, pujada y diría que hasta fingida.

Lo cómico, lo gracioso, el chiste y lo humorístico son elementos bien distintos utilizados en las películas cubanas, a veces con menor o mayor acierto. Y sí es una realidad que muchas veces el humor se usa como ventana para la crítica, lo que sucede actualmente con el público cubano es que se quedan en la risa y la mayoría de las veces no llegan a la crítica.

Y entonces, ¿de qué va esto?

No se trata de rehusar la carcajada, pero tampoco de encasillar la filmografía cubana. Ya suficientes estereotipos se han impuesto culturalmente para que ahora se le agregue el de que todas las películas son cómicas.

No es pretender menospreciar el humor o lo ligero, igualmente válido cuando se hace con calidad. Se trata de que, una vez más, no se acuda a lo fácil por no analizar lo difícil. El entretenimiento contiene muchas aristas y cuando se va a las salas cubanas, en estos días, tal pareciera que tiene una sola: soltar una carcajada. Y que conste, no todos se ríen y es por ellos que sale este artículo, porque justo cuando han pasado los cinco primeros minutos de Omega 3 se escuchan las carcajadas y alguien pregunta bajito: ¿de qué se ríen, si eso no dio gracia?

Un comentario

  1. angel

    Mayté, por favor, parece que no vives en la isla.
    La gente se ríe en partes de los filmes que no debía reírse, porque tienen como arma el cinismo. Es la única manera de disentir de lo que ocurre.
    Es una forma de escapismo de la situación en que viven.
    Es la respuesta a un discurso que dice una cosa y hace otra.
    Pregúntate por qué se ríen y no trates de dictar normas.
    Lee el ensayo de “Indagación del choteo”, escrito por Jorge Mañach, en 1928, para que veas cómo el cubano desde tiempos atrás, utiliza la risa y la burla como arma defensiva.
    Gracias

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