Crónica para un tercer Encuentro de la Crítica cinematográfica en La Habana

Aproximación a las tres jornadas de discusiones que implicaron a críticos y estudiosos del audiovisual cubano.

Una de las sesiones del 3er Taller de la Crítica de Cine.

Foto: IPS_Cuba

Apenas han pasado unos días desde que culminó el tercer Encuentro de la Crítica Cinematográfica, celebrado entre el primero y 3 de noviembre en la sala Terence Piard de la Muestra Joven ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos) en La Habana. Organizado por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, el evento tuvo como tema central “1968 y el cine cubano y extranjero.”

Fueron tres días de mucho trabajo, pero de satisfacciones, porque, en primer lugar, se cumplió el programa que se había planificado, aunque –también debo escribirlo– hubo sus afectaciones con el horario y los programas académicos estuvieron demasiado apretados, por lo cual no siempre se contó con el tiempo necesario para propiciar el intercambio entre ponentes e interlocutores.

El tema convocado había despertado el interés de un grupo de profesores, investigadores y críticos, lo cual permitió contar con 12 trabajos, todos promisorios por las aristas que (revisado el resumen) prometían abordar, y la verdad, en todos las expectativas fueron sobrepasadas. En este punto hay que señalar la presencia de personas provenientes de las provincias y el extranjero. No tantas como se hubiera deseado y ameritaba el tema; pero tanto unos como otros dieron un matiz muy interesante a los acercamientos teóricos.

 

Pedro Noa dialoga con Ann Marie Stock en una de las sesiones del 3er Encuentro de la Crítica

Foto: IPS_Cuba

La conferencia inicial estuvo a cargo de Rafael Acosta de Arriba, quien abordó un tópico que viene estudiando desde hace mucho tiempo: el Congreso Cultural de La Habana, realizado en enero de 1968. Acosta de Arriba hizo un análisis tanto del contexto muy particular en que se forjó este evento, como de sus peculiaridades internas, para demostrar por qué había nombrado su propuesta: “El Congreso Cultural de La Habana, expresión de un camino que no fue”, y cerró su exposición con un fragmento de un Noticiero ICAIC dedicado a cronicar aquellos días en la capital cubana, donde se reunieron varios centenares de intelectuales de todo el orbe.

Así, quedó abierto el camino para el primer grupo de ponencias. Lo inició el crítico de arte Antonio Enrique González, con un estudio sobre el baile en varios largometrajes de ficción cubanos desde Cuba Baila (1960, Julio García-Espinosa) hasta Memorias del subdesarrollo (1968, Tomás Gutiérrez Alea) y Coffea Arábiga (1968, Nicolás Guillén Landrián). La tesis sostenida por Antonio Enrique durante su exposición fue que el “bailable popular”, como ritual social de distensión inofensivamente hedonista y disfrute del ocio, terminó en gran medida estigmatizado en los sistemas de representación audiovisual cubanos hasta el presente.

Berta Carricarte, profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, abordó uno de los filmes estrenados en 1968: Aventuras de Juan Quin quín (Julio García-Espinosa). Carricarte propuso su tema como una provocación, pues analizó la obra desde el neorrealismo italiano (defendido por García Espinosa), en confluencia con características de géneros provenientes del cine estadounidense como el western, el cine de aventuras y la comedia. Por tal motivo, tituló su trabajo: “Entre neorrealismo y western. Aventuras de Juan Quin Quin”.

Las dos presentaciones siguientes tuvieron como centro a dos documentales estrenados también en 1968: Hombres de mal tiempo (Alejandro Saderman) y La Odisea el General José (Jorge Fraga). Ambos tienen en común el tema de la Guerra de los 10 años y la construcción de la memoria por parte de sus realizadores.

El primer documental fue analizado por Daniel Céspedes, crítico de arte y director de la Mediateca de la Escuela Internacional de cine y TV de San Antonio de los Baños (EICTV), quien destacó –en este corto prácticamente olvidado– la construcción de un diálogo entre presente y pasado, a partir de la recreación que hace su director por medio de la confrontación entre veteranos de aquella guerra aún vivos y actores profesionales, quienes fueron recreando los acontecimientos que los primeros narraban. Por tal motivo, Daniel Céspedes plantea que en dicho filme también están presentes los pares de tradición y modernidad, espontaneidad y manipulación, o autenticidad y simulación. En fin, testimonio e iniciativa, a partir de la Historia que se recrea/reconsidera/reconstruye a sí misma.

En la misma cuerda de la producción de la memoria, Astrid Santana Fernández de Castro, profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, partió de dos presupuestos teóricos importantes para su acercamiento a La Odisea del General José: la representación de la memoria, en tanto narrativa sobre el pasado histórico desde anclajes y propósitos discursivos configurados en el presente de la enunciación; y la memoria conmemorativa, a partir de la importancia del año 1968 en Cuba, y la conmemoración del centenario del inicio de las luchas por la independencia, denominado como “Cien años de lucha”.

Desde estos puntos de análisis, Astrid Santana estudia el texto en el marco de la conmemoración, para llegar a la conclusión de que Jorge Fraga, su director, explora, ante todo, las figuraciones imaginativas del pasado que servirán para anclar el “tiempo de la revolución en curso”.

La culminación de la primera jornada de presentaciones en el tercer Encuentro de la Crítica Cinematográfica ocurrió con la ponencia de Carlos Alberto Castro García, especialista del Centro Provincial de Cine en Sancti Spíritus. Castro García propuso un análisis de tres obras estrenadas en 1968: Memorias…,Lucía (Humberto Solás) y Coffea Arábiga. Él llamó a su investigación: Tres filmes unidos por hilos invisibles” y basó su tesis en la relación establecida entre aquellos largometrajes y el documental, su vínculo con el entorno y la forma en que lo reflejaron.

En la tarde del jueves primero de noviembre, además de la presentación y exhibición del filme Nido de Mantis, la más reciente creación de Arturo Sotto, se produjo un encuentro con la profesora estadounidense Ann Marie Stock, quien explicó un proyecto que viene desarrollando desde hace varios años en su universidad, ubicada en el Estado de Virginia, Estados Unidos de América. El proyecto se nombra Cuban Media. Sobre él conversó con los presentes acerca de la labor que despliega con sus alumnos para ayudar al desarrollo y divulgación del cine cubano en esferas como la promoción, el subtitulaje, etc. Esta labor quedó recogida, desde 2015, en su libro Rodar en Cuba, publicado por Ediciones ICAIC, en el cual está el testimonio de su relación de trabajo y colaboración con cineastas de la isla.

El segundo día del Encuentro, viernes 2 de noviembre, toda la mañana se dedicó al trabajo académico. Se leyeron un total de ocho ponencias. Las cinco primeras todavía enfocadas en las relaciones entre 1968 y el cine cubano, las restantes, sobre el cine mundial y ese año.

La sesión fue abierta por Arturo Arango, escritor, guionista, profesor de la Maestría en guion de la EICTV, quien ofreció el texto “Claves para 1968”, desde el cual refrescó muchos de los puntos de vista abordados el día anterior por Rafael Acosta de Arriba; pero ampliados al contexto mayor de todo el año y su repercusión en la cultura nacional, hasta llegar a afirmar que ”la mejor evidencia de lo que fue la década inicial de la Revolución, es la extraordinaria vitalidad de la cultura cubana, cuyos gestores mostraron, fundamentalmente entre 1967 y 1968, una mezcla inusual de madurez, transgresión y coherencia”.

 

Antonio Enrique González Rojas, Daniel Céspedes y Berta Carricarte (izq a der) en uno de los paneles del Taller

Foto: IPS_Cuba

Le siguió un grupo de ponencias que tenían como punto en común la trascendencia en el tiempo de los largometrajes Lucía y Memorias…. De este modo, Karina Paz, crítica de cine y profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, hizo un acercamiento al primer cuento de la cinta de Humberto Solás desde la perspectiva de los estudios de género. Específicamente, analizó el comportamiento de la protagonista dentro de la diégesis y su relación con el personaje coprotagónico masculino.

A continuación, Jorge Luis Lanza, especialista del Centro Provincial de Cine en Cienfuegos, formuló las relaciones intertextuales entre dos filmes que tienen una continuación desde textos escritos por Edmundo Desnoes: Memorias del subdesarrollo y Memorias del desarrollo, esta última dirigida por Miguel Coyula en 2010. Su aproximación a dichas películas se basó –según el criterio de Lanza– en las relaciones dialógicas que establecen ambas cintas, el tratamiento del tema migratorio y los conflictos identitarios, como el exilio interior.

El último trabajo que abordó el vínculo entre 1968 y la filmografía nacional correspondió a Joel del Río, crítico de cine y profesor de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA). Él relacionó dos filmes de Tomás Gutiérrez Alea: la varias veces mencionada Memorias del subdesarrollo y Fresa y chocolate (1993). Desde el título de su presentación: Ansiedades habaneras de un cineasta: De Memorias… a Fresa y chocolate” quedaban sentadas las premisas de su mirada sobre estos textos audiovisuales: “el intento de desentrañar, explicitar, la complicada relación entre un cineasta inconforme y su ciudad natal, a partir de la elucidación de escenas clave en dos filmes separados por casi treinta años de permutaciones y desgastes”.

Ya muy cerca del mediodía de ese viernes, Luciano Castillo, director de la Cinemateca de Cuba, inició el breve grupo de trabajos dedicados al cine internacional. Con un “travelling sobre una buena parte de los filmes extranjeros estrenados en 1968, donde no faltó el señalamiento crítico. Castillo dejó claro por qué llamó a su intervención: “1968: un año parteaguas también en el cine”.

El trabajo que le siguió pertenece a Mario Espinosa, especialista de la Cinemateca de Cuba. Espinosa rastreó los vasos comunicantes entre cine y música de los sesenta, desde el concepto de la psicodelia como manifestación cultural de la década.

Los ponentes subsiguientes volvieron a coincidir en su objeto de estudio: el documentalista Santiago Álvarez. El realizador cubano sería puesto en la palestra desde su documental LBJ (1968) y 79 primaveras (1969). El primero, le sirvió a la profesora Jennifer Hosek, de la Universidad de Queens, Canadá, para presentar sus investigaciones sobre por qué el filme más experimental y arriesgado de Álvarez no había alcanzado la Paloma de Oro en el Festival Internacional de Leipzig, un certamen donde el documental cubano había obtenido importantes triunfos durante los sesenta, muchos de ellos, gracias al talento de este director. Hosek se apoyó en sus indagaciones en los archivos del festival, por eso tituló su trabajo:“LBJ de Santiago Álvarez en el Festival de Leipzig 1968: Estética, activismo, archivos”.

79 primaveras, uno de los filmes de Álvarez sobre la guerra en Vietnam y un homenaje a Ho Chi Minh, fue tomado por Miguel Alfonso Bouhaben, profesor de la Escuela Superior Politécnica del Litoral en Ecuador, para establecer una comparación entre la película cubana y Le gai savoir, realizada en 1969 también por el realizador francés Jean-Luc Godard. Su propuesta se basa en conceptos teóricos surgidos al calor de la revolución de pensamiento ocurrida en Europa, con Francia como epicentro, donde la fragmentación del texto, su estudio como una unidad dividida, era posible. Por tal motivo, Alfonso Bouhaben nombró su ponencia: “El año después. Dislocación y deconstrucción de la imagen en 79 primaveras y Le gai savoir”.

La tarde del viernes 2 de noviembre trajo lluvias y la presentación de dos libros y una revista. Ediciones ICAIC cedió la primicia de presentación al Encuentro de la Crítica Cinematográfica de Con ojos de espectador. Críticas y ensayos de Eduardo Manet, compilado por Carlos Espinosa y presentado, en esta ocasión, por Daniel Céspedes, quien destacó la calidad de las críticas reunidas en el volumen, escritas por Manet durante los años sesenta, casi todas en los números iniciales de la revista Cine cubano.

El otro texto fue Confluencia de los sentidos. Diseño sonoro en el cine cubano de ficción, escrito como tesis de Licenciatura por la joven Dailey Fernández. Lo presentó José Galiño, una persona de amplia experiencia en este rubro técnico-artístico dentro el Instituto de Cine cubano. Él destacó la importancia de su publicación, debido a la escasez de tratados sobre esta imprescindible parte de la producción de una película y su estudio desde la teoría.

Después fue el turno de la revista La Siemprevivanúmero 27/ 2018, contenedora de un dossier llamado “La Cinelitura o el cine en libros”. La promoción estuvo a cargo de su director Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura 2003, y de José Antonio Baujín, editor. Reynaldo González recordó su relación muy personal con el cine y el tiempo que estuvo al frente de la Cinemateca de Cuba, y dijo que ahora que estaba al frente de La Siempreviva, dedicada solamente a la literatura y los libros, habían decidido que el cine tenía que aparecer, pero solo mediante su manifestación literaria, el análisis de las obras o el trabajo de sus creadores, de ahí el dossier incluido, que pretendía ser también un homenaje a las editoriales de todo el país que habían abierto sus puertas a la divulgación del séptimo arte.

La jornada de ese viernes concluyó con un encuentro con tres Youtubers cubanos. Dina Fernández, Jhan Oscars y Adriano López, desde hace varios años se dedican a subir videos realizados por ellos mismos a esa plataforma de Internet.

¿Por qué propiciar una reunión de este tipo dentro de un evento de crítica cinematográfica? Primero, el trabajo realizado por ellos es una manifestación del audiovisual; segundo, han alcanzado una gran influencia con sus piezas en un sector etario muy importante: la juventud. Por lo tanto, era imprescindible, para un crítico cubano, en pleno siglo XXI, conocer su modus operandi, sus inquietudes y las peculiaridades de ser un youtuber en este archipiélago del Caribe. Además, debía servir como antesala a la actividad que clausuraría el evento al día siguiente.

El sábado 3 de noviembre ocurría la última jornada. La sede no era, en esta ocasión, la sala Terence Piard de la Muestra Joven ICAIC, sino un aula de los Estudios de Animación. Allí se realizó el panel “Institucionalidad, modelos de producción y el futuro del cine cubano”, en el cual participaron Ramón Samada, presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos; Susana Molina, directora de la EICTV; Liván Magdaleno Cruzata, decano de la FAMCA; Ricardo Miranda, presidente de la Asociación Cubana del Audiovisual; y Helmo Hernández, presidente de la Fundación Ludwig de Cuba. El moderador, Víctor Fowler, poeta, investigador, crítico de arte.

De todas las intervenciones de las personas integrantes del panel, las de Samada tuvieron una repercusión especial, pues informó sobre los nuevos giros propuestos para la industria del cine cubano, los cuales deben ocurrir a finales de 2018 y durante el próximo año.

Entre los anuncios, que después fueron motivo de debate por parte de los asistentes, estuvo la creación del Registro del Creador, la posibilidad de formar lo que se llamará el colectivo de creación audiovisual y cinematográfico, el cual podrá tener personalidad propia, pero no jurídica. Colectivo que podrá operar una cuenta bancaria colectiva como empresa, brindar y recibir servicio de personas e instituciones.

También se pondrán en vigor nuevas figuras para el trabajo por cuenta propia relacionadas con la labor audiovisual, entre los que estará el operador de equipos y el seleccionador de casting.

Ya dentro de las reformas que irá implementando el propio Instituto estará el Fondo de Fomento para todas las producciones nacionales, incluidas las independientes, el cual estará respaldado por el presupuesto del Estado cubano; una Comisión Fílmica y los Comités técnicos asesores.

El tercer Encuentro de la Crítica Cinematográficafue clausurado después de varias preguntas, intervenciones y respuestas por parte de los asistentes, en un espacio donde la duda, el escepticismo y la esperanza en un cambio que renueve la institución cine en Cuba se dieron la mano entre los artistas (la mayoría jóvenes) y críticos allí presentes.

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