Dany… 5: Calixto presidente o la consagración del antihéroe necesario

No busca este antihéroe reconocimiento social, ni hacerse de un liderazgo, ni ser abanderado de nada o en lo absoluto alcanzar una estatura moral.

«…encárgate tú de la parte “justa y digna”, que yo me encargo de mover las cosas pa´ que tó funcione…»

Calixto

Durante toda su historia conocida, la humanidad se la ha pasado debatiéndose entre lo ideal y lo real, entre idealismo y pragmatismo, entre el “deber ser” y el “es”, entre lo justo y lo necesario; echando mano a medios no tan lustrosos como los fines que buscan facilitar al final de la jornada. Ahí está el Mefistófeles que en el mito fáustico no deja de conseguir el bien practicando malas artes.

Aunque en los predios educativos, religiosos y legales se siga insistiendo en la maniquea e irreconciliable dualidad entre los rígidos conceptos de Bien y Mal, solo hemos conseguido existir gracias a la relativización constante de ambas nociones morales y su uso herramental. Amén de que, per se, son fluctuantes en extremo, dada la apropiación que cada cultura y época hace de ellas, en pos de enaltecer sus valores particulares y satanizar cualquier disidencia, hasta extremos donde el “bien”, con su caterva de virtudes, huele a rancio y el “mal” emerge bajo los colores de la alternatividad. O más bien de la inevitabilidad pragmática ante el fracaso del mundo inmaculadamente moral.

Hacia todo este caos de sentidos contradictorios y desvirgue total de la inocencia son arrastrados los tres protagonistas iniciales de la serie Dany y el Club de los Berracos en el recién finalizado quinto capítulo: Calixto presidente, por este cuarto personaje que desde la segunda y la tercera entregas (El plan de Calixto y Eso es jugando…) viene escalando a puro tranco en la jerarquía dramatúrgica y dramática, por obra y gracia del creador Víctor (Vito) Alfonso Cedeño. Y por derecho propio, de guest star, ha pasado al starring definitivo y axial.05 Calixto presidente.mp4_snapshot_23.22_[2015.11.13_11.37.46]

Suerte de mixtura entre un científico loco, un detective privado noir y el Michael Douglas de Wall Street (Oliver Stone, 1986), Calixto ha revelado el inevitable y seductor carisma que emana el antiheroísmo pletórico de mordacidad, cinismo, agudeza, pericia y la lucidez necesarias para urdir las más complejas tramas y resolver cualquier entuerto que, más que a los berracos, represente un desafío para su propia y particular inteligencia.

Positivista inveterado, emprendedor proactivo y lúcido estratega en vías de maduración, Calixto no deja de ser tan outsider como Dany, Mauricio y el Chino, pero por motivos completamente diferentes y de una manera más peligrosa; ver si no el pos crédito de la entrega referida. Mientras los berracos originales son debiluchos nerds de pura cepa, —tímidos, feminofóbicos, inseguros, cándidos—, Calixto discurre peligrosamente tangencial a un orden de cosas, serpea entre los cimientos y quimeras del status quo y lo desafía ya abiertamente con sus astucias. Es un visionario tan lúcido que no cree en visiones ni alucinaciones, solo en sus habilidades de planificación y gestión para sobrevivir y triunfar en la jungla de asfalto cubana. Eso suena a eso de “caminante no hay camino…” ¿no? pero al revés, que no es lo mismo pero es igual.

¿Calixto, revolucionario? Quizás si vamos a la etimología no sectaria del término y comparamos su dinámica con el estatismo enquistado y conservador de sus principales oponentes en el capítulo cinco, su capítulo, sus verdaderos 15 minutos de fama. Más bien pudiera considerarse revolucionador de unas circunstancias encartonadas, tan vacuas como el comunicado que se lee al inicio de la reunión de la UJC donde suplanta a un desmadejado Mauricio, el verdadero secretario (Vito lo recalifica de “presidente”. Pura y perdonable licencia poética).05 Calixto presidente.mp4_snapshot_23.28_[2015.11.13_11.38.57]

¿Calixto, honrado? Sin dudas. Pone todo su esfuerzo en que la escuela sea remozada con vistas a una visita ministerial. Sus habilidades están al servicio de su casi obsesivo sentido de la eficiencia y de su innegable amistad con el quijotesco Mauricio, cuya honra como líder juvenil político es salvada a puro golpe de negociación y conciliación de intereses. Los honorarios que reserva al final son digna paga para su labor, pues sí que no se contenta con alabanzas. Esas no alimentan y la plusvalía sí.

No busca este antihéroe reconocimiento social, ni hacerse de un liderazgo, ni ser abanderado de nada o en lo absoluto alcanzar una estatura moral. Eso lo hace más peligroso aún en el contexto en que vive y lo envuelve, en medio de su inevitable destartalamiento.

Pero a la vez, el pesimismo no es el sabor prevaleciente al final de la historia. Calixto ofrece una alternativa viable, próspera y sostenible al propio status quo en peligro de “desmerengamiento” en manos de falsos acólitos. Dialoga con él aunque esta no sea su intención prístina, o al menos consciente. Brinda soluciones efectivas y coherentes con las circunstancias reales. Redundan estas en el resultado esperado, en la reafirmación de ideales esperada, donde la alegría triunfalista por una vez es sincera en los jóvenes que aguardan por las recompensas prometidas a cambio de un trabajo eficiente. No solo de ideas parece vivir el hombre.

Con Calixto presidente, Vito trasunta definitivamente el contexto de cuitas adolescentes que caracterizaron los primeros capítulos. Los berracos alcanzan mayores dimensiones simbólicas, sin abandonar la fluida comicidad, ahora con intenciones paródicas e iconoclastas conscientemente asumidas en la persona de Calixto —ser marginal, aún con muchos enigmas más por dilucidar alrededor de su vida—, quien se resiste a la misantropía signada por la norma segregacionista y conservadora a los de su clase.

Singular rebeldía la suya, llena de intensa energía, que se debate en un contexto denso e inerte como una piscina repleta de leche condensada. Definitivamente, ¡Calixto presidente!

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