Imago 2018, otra mirada al audiovisual cubano desde los bisoños

Valoración de la más reciente edición del Festival Imago y de sus obras premiadas.

Fotograma de La sed humana, de Danilo C. París y Gabriel Alemán.

Foto: Cortesía del autor

El Festival Imago, organizado por la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA), es otra de las vitrinas que permiten conocer los rumbos por los cuales se mueve la producción audiovisual cubana realizada por jóvenes. Este año el eslogan que acompañó al evento fue “De mano en mano”, aludiendo a la principal forma de distribución y consumo en nuestro país: los dispositivos digitales móviles, léase, memorias flash, discos duros externos, tablets o teléfonos celulares.

El Imago no solo presenta los trabajos realizados por los estudiantes de FAMCA en La Habana, sino que convoca a sus filiales de Camagüey y Holguín, así como a cualquier estudiante de las universidades del país que haya dirigido una obra audiovisual.

En esta XVIII edición entraron en competencia 19 obras: 11 cortos de ficción y ocho documentales, los cuales fueron acompañados por otros 16 filmes no concursantes. Llama la atención de la muestra presentada la ausencia de dibujos animados (uno solo, fuera de concurso), video arte, spot- trailer y programas radiales, géneros puestos en convocatoria. Esa no presencia podría explicarse, de alguna forma, debido a que –con la excepción de los programas radiales- dichos géneros no forman parte de los ejercicios de clase de los estudiantes, los cuales están centrados, fundamentalmente, en las dos formas narrativas predominantes.

El Gran Premio fue para ¿Qué Remedio? La Parranda, un documental escrito, fotografiado y dirigido por Daniela Muñoz Barroso, que va completando sus presentaciones en diferentes espacios nacionales, ya que se pudo ver en el pasado 39no. Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano; la 17ma. Muestra Joven ICAIC, en la que obtuvo Mención, entre otros reconocimientos[1]; las Romerías de Mayo del presente año; el espacio “Cine bajo las estrellas” en la Real Embajada de Noruega; además, por supuesto, en el propio Remedios, lugar donde ocurren los hechos narrados por el texto.

Póster de ¿Qué remedio? La parranda, de Daniela Muñoz Barroso.

Foto: Cortesía del autor

El filme no solo visualiza esa tradición festiva, existente desde hace muchos años en la ciudad de Remedios, sino que dialoga con personas que han vivido consagradas toda su vida a ellas y con la población en general, sobre los posibles destinos de las Parrandas desde el presente, a las cuales se les plantea, como un reto, mantener tan bello espectáculo.

El relato del documental está muy bien estructurado, pues va construyendo la historia de las fiestas, su preparación y los festejos durante su celebración, sin abandonar el punto de vista crítico, interrogador, que la directora nos ha señalado desde su título con la pregunta encabezadora: ¿Qué Remedio?, la cual juega con el nombre de la ciudad fundadora de ese tipo de espectáculo y los desafíos que la sociedad cubana contemporánea le impone a la tradición.

Obra muy cercana al reportaje y por momentos moviéndose en la crónica, no sucumbe al documental periodístico al uso en Cuba, precisamente porque Daniela mantiene esa mirada escrutadora que no busca dar fe de la permanencia de la tradición, sino de señalar los peligros que pueden convertirla en otra cosa, y esto lo consigue focalizando y participando en lo que ocurre “detrás de las bambalinas”.

¿Qué Remedio? La Parranda obtuvo también en el Imago los premios de mejor edición para Frank Luis Velázquez, mejor producción para Daniela, así como los colaterales otorgados por el ICAIC, la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y el Centro Memorial Martin Luther King Jr.

Otra obra premiada e igualmente vista y galardonada en la 17ma. Muestra Joven ICAIC fue La sed humana[2].

En el Imago, este corto de ficción, de 17 minutos de duración, cuya historia narra las viscisitudes de tres familias que luchan por sobrevivir en una ciudad en guerra, obtuvo nuevamente el premio a la mejor fotografía y el de mejor dirección para la dupla de realizadores Danilo C. París y  Gabriel Alemán.

Contado a través de tres historias: “La manzana”, “Esteroscopio” y “La tempestad”, el centro del filme es el análisis de los efectos de las contiendas bélicas en las familias y su carácter desvastador. Lo primero destacable es la síntesis en la narración, que no recurre a los diálogos (solo uno breve, casi prescindible en “La tempestad”), para concentrarse en las acciones de los personajes.

También es de destacar, en lo narrativo, el continuum que consigue el relato, a pesar de haberse planteado la historia dividida en tres momentos, pues la focalización establecida en la pérdida de la inocencia de la infancia ante la necesidad imperiosa de sobrevivencia (“La manzana”), el suicidio de la madre ante la ausencia de esperanza que la motiven a mantenerse viva (“Esteroscopio”) y el sacrificio del padre para garantizar la vida de su prole (“Tempestad”), aportan, cada una, elementos que permiten construir las circunstancias de esa guerra. En la primera, el flashback que une a la niña con el desconocido que invade la casa donde se oculta su familia, recurso retrospectivo terminado con el paso de un avión de combate anunciador de la conflagración; en “Estereoscopio”, aparecen los soldados y su nivel de represión contra cualquier civil, incluida las mujeres y los niños; y en el último, conjuntamente con el efecto que ha producido el desastre bélico en la naturaleza, se nos muestra la division social originada, separadora de los militares y el resto de los sobrevivientes.

En conclusion, 17 minutos muy bien aprovechados, con excelentes actuaciones, fotografía y dirección de arte, que convierten a La sed humana en una excelente carta de presentación para sus noveles directores, cuya obra estará en concurso, nuevamente, en el Festival Internacional de Cine de Gibara.

El otro corto de ficción más premiado fue Cine en construcción de Ángel E. Suárez, el cual ganó los premios de mejor guion y dirección, único filme en competencia perteneciente a una de las filiales de FAMCA, en este caso, Holguín.

Cine en construcción es, dede mi punto de vista, uno de las obras sobrevaloradas por los premios recibidos. Cuenta la historia de tres jóvenes reunidos en un cine destruido, dentro del cual sus deseos e imaginación están condicionadas por el mundo místico que aún conservan las paredes y las estructuras del local.

El empleo de las imágenes de Soy Cuba (1964, M. Kalatozov) y la inercia de los tres muchachos protagonistas puede leerse, en un nivel connotativo, como una alegoría al desencuentro entre esa generación y su mundo real social.

Destacable el uso del blanco y negro para marcar esa diacronía y el aprovechamiento por la fotografía de los espacios donde suceden los acontecimientos, especialmente aquellos que refuerzan la sensación de vacío.

En documental, fue reconocido Aves del paraiso, dirigido por Regis Guedes, quien recibió también el colateral entregado por la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV).

Aves del paraíso se mueve dentro de lo que podría llamarse el documental poético, pues Guedes regodea el universo alrededor de los ómnibus urbanos de La Habana mediante la ralentización del tiempo, los primeros planos y el uso de la voz acumatizada, es decir, aquella que oímos sin ver su fuente, con lo cual nos muestra los vehículos públicos como locus que implican muchas historias.

Cuando escribió sobre los espacios heterotópicos, El filósofo francés Michel Foucault ponía como ejemplos a los barcos y escribía sobre ellos: “…la nave es un espacio flotante del espacio, un espacio sin espacio, con vida propia, cerrado sobre sí mismo y al tiempo abandonado a la mar infinita”[3].

Con este mismo criterio presenta el realizador a sus ómnibus. Ellos se desplazan por la ciudad alejados del frenesí que los acompaña diariamente y ahora existen en otro tempo, el que permite leer pensamientos, frustraciones, cansancio, en los rostros de sus pasajeros, aquellos que dejan sus voces y, por ende, parte de sus vidas para siempre en el interior de los vehículos, como cápsulas de infinitas capas acústicas.

Cada año el Imago premia el mejor corto de un minuto de duración, ejercicio que los estudiantes realizan en su primer año de estudios, formato de creación este también estimulado en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, como parte del Festival Temático Audiovisual “60 segundos”, evento que, lamentablemente, no tuvo ninguna representación, por lo menos este año, en el concurso organizado por FAMCA.

El jurado consideró la obra breve de mayor calidad a Impuntualidad, dirigida por Josué García, quien empleó la clave satírica para contar lo ocurrido a un balsero arribante a los Estados Unidos de América en el mismo momento en que la radio está anunciando la eliminación de la medida de “Pies Secos, Pies Mojados”.

La buena actuación de Mario Guerra, quien pasa de la euforia al estupor, y el empleo inteligente de la banda sonora, con el breve momento de suspenso que crea la interrupción de la noticia por culpa de la lamentable situación de la radio que ha acompañado al navegante en su viaje, consiguen un texto casi sarcástico.

Por ultimo, Lobos, realizado por Camila Carballo, obtuvo el reconocimiento de mejor sonido, a manos de Emilio Polo, dentro de las especialidades técnico- artísticas.

El corto centra su historia en dos parejas de jóvenes que tienen cuartos contiguos con un señor mayor. El punto de giro argumental principal se produce cuando uno de los muchachos anuncia el fallecimiento de esa persona. La reacción inmediata es invadir su espacio, lo cual significa, para ellos, romper violentamente la puerta que se los impedía. El acto expone el mundo del occiso, por medio de objetos, libros, que aluden a un ser humano con una vida feliz, instruida, para nada cercana a las dos parejas. La expropiación del espacio y su repartición va poniendo de manifiesto las diferencias entre los dos varones de cada pareja, hasta llegar a la agresión de uno al otro.

Desde mi punto de vista, el corto posee dos elementos significativos. Primero, la transtextualidad de su relato, manifestado desde las imágenes iniciales a través del homenaje-cita que hace a la secuencia de apertura de Hiroshima mon amour (1959, Alain Resnais), así como por la apropiación de códigos provenientes del cine de vampiros y licántropos.

El segundo aspecto distintivo es su fotografía, a cargo de Kalet Polo y David Cruz como asistente, quienes logran aprovechar muy bien una iluminación de luz reflejada para transmitir ese universo oscuro, donde viven sus protagonistas, cuyas miserias humanas terminan transformándolos precisamente en lobos.

Lobos estará en la sección competitiva del Festival Internacional de Cine de Gibara. (2018)

Notas:

[1] Ganó dos premios colaterales, el de la Televisión Serrana y el de la Red de Realizadoras Cubanas “Sara Gómez”.
[2] Mención en el género ficción, premio del público y el de fotografía para Gabriel Alemán. Además de otras dos menciones: Dirección de arte (Ariel Corrales, Yanisel Duthil), y de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica (ACPC).
[3] Foucault, Michel: “Of other spaces”. Diacritics. Spring. Vol. 16. No.1, 1986, p. 24.

 

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