Manual del cinéfilo cubano a la altura de 2013

Los últimos años en Cuba han entregado una cartelera de estrenos cada vez más rica y abundante.

Jorge Luis Baños-IPS/jlbimagenes@yahoo.es

Memorias del desarrollo, de Miguel Coyula, ha sido uno de los filmes recientes de más éxito pero sin muchas oportunidades de exhibición nacional.

El Instituto Cubano de Artes e Industria Cinematográficos (ICAIC) ha sido, desde su fundación en 1959, el principal centro de producción y el rector de la política de exhibición y distribución de cine en las salas cubanas. Si bien su dinámica de producción casi se detuvo a mediados de la década final del siglo pasado y comenzó una lenta recuperación durante la primera del XXI, en los últimos tiempos la cartelera de estrenos es cada vez más rica y abundante.

Hacia mediados de los años 2000, la cantidad de largometrajes de ficción producidos y estrenados en Cuba comenzó a estabilizarse en un promedio de cinco títulos anuales. Mas, justo en 2005, la mitad de las cuatro producciones nacionales del año se acogieron a formas no tradicionales de producción: la realización independiente de los centros habituales y la coproducción entre distintas entidades de carácter cultural o no. Son los casos de Viva Cuba (Juan Carlos Cremata), largo realizado con un diseño de producción alternativo, y Frutas en el café (Humberto Padrón), primer largo cubano realizado con capital privado y sin vínculo en general con las instituciones estatales.

Desde entonces hasta hoy, los largometrajes cubanos se han visto beneficiados por intercambios y colaboraciones entre diversas fuentes de financiamiento y patrocinio. La tecnología digital facilitó los esquemas flexibles y baratos de producción y el panorama de creación se ha visto inundado por decenas de nuevas voces que destacan en el cortometraje de ficción, el documental (cuya producción de mediometrajes crece, no solo a manos de los jóvenes, sino también de creadores de experiencia como Gloria Rolando y Enrique Colina) y la animación.

Pero a inicios de esta década se produce un incremento notable de nuevos filmes cuya circulación no sigue la ruta crítica natural para encontrar su público. El modelo tradicional de premier en festivales (sobre todo el de diciembre o la Muestra Joven), estreno en salas y paso al circuito nacional de salas de video y, con suerte, un pase por la televisión nacional, no se cumple para todos los títulos por igual.

En 2010, por ejemplo, de los seis estrenos cubanos, dos de ellos ni siquiera merecieron estrenos nacionales. Molina´s Ferozz (Jorge Molina, 2010), no pasó de competir en el Festival Internacional del Nuevo Cine latinoamericano de La Habana. Por su parte, Memorias del desarrollo (Miguel Coyula, 2010), que mereciera el lauro principal del Havana Film Festival de Nueva York y luego arrasara con los premios de ficción en la Muestra Joven, ni siquiera tuvo algún pase o estreno posterior. También en 2010, una producción independiente como Afinidades (Jorge Perugorría y Vladimir Cruz), sí fue estrenada en Cuba como Dios manda.

Así que he hecho un poco de tarea en casa. Me he dedicado a revisar las Carteleras de Cine y Video que el ICAIC publica mensualmente con la información de los estrenos en salas de cine nacionales para tratar de entender. Y para explicarme mejor. Tomé como marco temporal de indagación el último año y un tercio de este. Veamos.

En enero de 2012 solo hubo un estreno: Vinci (Eduardo del Llano), ópera prima que siguió el rumbo habitual de las películas cubanas: estreno de gala en el Chaplin (por mucho, la mejor sala del país), con mucha promoción desde los medios de difusión. Entre el 14 y el 18 de enero estuvo en esa sede y de ahí pasó al circuito de estreno (léase la mayoría de los cines que permanecen ofreciendo una programación estable en la ciudad capital: Yara, Acapulco, Payret, Alameda, Lido, Ambassador, Regla, Continental, Carral, Sierra Maestra), además de la sala 1 del Multicine Infanta, donde permaneció hasta el primero de febrero.

En febrero, el estreno cubano fue Fábula (Lester Hamlet). Entre el 3 y 8 estuvo en el Chaplin (ojo: esto supone una ración de dos tandas diarias solamente: 5 y 8 pm). Extrañamente, de ahí pasó a la sala 1 del Multicine Infanta, donde permaneció entre el 9 y el 22. Durante ese mismo período, en el susodicho circuito de estreno (salas populares, algunas de considerable aforo y hasta cinco tandas diarias) se estrenaba Un cuento chino (Argentina), Vers le sud (Francia) y Drive (EE.UU.), a razón de una semana para cada una.

Extrañamente, ese mismo febrero Verde verde (Enrique Pineda Barnet) recibía un limitadísimo estreno: primero, en el Chaplin entre el 16 y el 22; luego, en el cine 23 y 12, donde permaneció entre el 23 y el 29 –este último cine solo ofrece dos tandas diarias entre lunes y viernes, pues los fines de semana tiene programación para niños y actividades no cinematográficas.

En marzo hubo un solo estreno nacional: el documental de Enrique Colina Los bolos en Cuba (del 1 al 7 en la sala 1 del Multicine Infanta, con dos tandas diarias: 5 y 8 pm). En abril se produjo el lanzamiento más dispendioso del cine cubano del año: Y sin embargo… (Rudy Mora). Entre el 3 y el 25 de mayo estuvo como título central del circuito de estreno, más la sala 1 del Multicine Infanta (del 12 al 26) y otra temporada en el 23 y 12 (del 24 de abril al 9 de mayo).

Justo en mayo ocurrió el esperado estreno de la película cubana más reconocida de los últimos tiempos en el mundo: la realización de Producciones de la 5ta Avenida y la española La Zanfoña Juan de los Muertos (Alejandro Brugués). Se puso solo en los dos principales cine del circuito de estreno (Yara y Payret) entre el 17 y el 30 de ese mes. Extrañamente, no se exhibió más, ni siquiera cuando, a la altura de febrero de 2013, obtuvo el Goya a la mejor película iberoamericana estrenada en España.

En junio vio la luz en el Chaplin (del 7 al 10) la ópera prima de Carlos Machado La piscina; de ahí pasó al Multicine Infanta –siempre en la sala 1, entre el 14 y el 20. Mientras, en el Yara se estrenaban por esa misma fecha La piel que habito (España) y Sherlock Holmes 2 (EE.UU.). Un caso mucho más raro es el de Chamaco (Juan Carlos Cremata), cuya premier en el Chaplin cubrió entre el 12 y el 17, para de ahí pasar al 23 y 12, del 18 al 27.

En julio, el único largo cubano de ficción fue Amor crónico, la segunda película de Jorge Perugorría (entre 14 y 18 en todo el circuito de estreno). Al mes siguiente, Irremediablemente juntos (Jorge Luis Sánchez) compartió el circuito de estreno y la sala 1 del Multicine Infanta entre el 2 y el 15. Verde verde tuvo una reaparición en la bendita sala 1 entre 16 y 22.

En septiembre, Los desastres de la guerra (Tomás Piard) fue al Chaplin (entre 26 y 30), para exhibirse entre el 4 y el 10 de octubre en los cines Yara y Acapulco. Del 11 al 17 estuvo en la sala 4 del Infanta. En octubre ocurrió el estreno de Penumbras (Charlie Medina) como sigue: Chaplin (9 al 11), circuito de estreno (11 al 17) y sala 4 del Infanta (18 al 21 y también el 27).

Entre noviembre y diciembre no hubo largos de ficción cubanos, aunque sí una larga lista de estrenos de cortos y mediometrajes, sobre todo documentales, acompañando títulos extranjeros como The Amazing Spiderman (EE.UU.), Citizen Gangster (EE.UU.) o El adversario (Francia). Ello redundó en una presencia más diversa para el audiovisual cubano actual. Entre los títulos exhibidos están El otro Lezama. Crónicas (Miguel Torres), Uno al otro (Milena Almira), Cuba roja, capítulo 1 (Ismael Perdomo), La conjura de Aponte (Regino Oliver), 1912: voces para un silencio (Gloria Rolando), Luneta nro. 1 (Rebeca Chávez), Un siglo del Vedado (Cristina Fernández, Carlos León), Copa y espada (Lourdes de los Santos), La certeza (Armando Capó), Habana del Centro: ensueño de sombras (Lourdes Prieto), La luna en el jardín (Adanoe Lima, Yemelí Cruz), El camarón encantado (Olivia Cordovés), Las Terrazas, boceto de un Paraíso (Ernesto Pérez Zambrano), así como varios documentales de la serie coordinada por Rigoberto Senarega Ojos que te miran.

Aparte de las calidades dispares de esta selección, su presencia sobre todo en alguna de las salas del Multicine Infanta por períodos cortos o medianos ha ofrecido la oportunidad de apreciar obras que, fuera de tales marcos, no encuentran espacios de exhibición. Es conocido el descontento generalizado de muchos creadores locales que consideran un gueto la sección “Hecho en Cuba”, del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, donde su obra se pierde entre una oferta inmensa para apenas 10 días.

De lo anterior se desprende la importancia de esta clase de ventanas de exhibición. La intensidad de la producción audiovisual cubana justifica incluso que en el Multicine Infanta se programara, justo después del Festival de diciembre de 2012 y en su sala 1 (dónde si no), una muestra titulada “Cita con el (re)encuentro”. Entre el 11 y el 14 se repusieron títulos nacionales recientes, como Los desastres de la guerra, Vinci, Y sin embargo…, La piscina, junto a otros de años anteriores, como José Martí, el ojo del canario (Fernando Pérez), Habanastation (Ian Padrón), Marina (Enrique Álvarez), Boleto al Paraíso (Gerardo Chijona), Casa vieja (Lester Hamlet), Larga distancia (Esteban Insausti), En el cuerpo equivocado (Marilyn Solaya), El premio flaco (Juan Carlos Cremata), Ciudad en rojo (Rebeca Chávez), El cuerno de la abundancia (Juan Carlos Tabío) y Los dioses rotos (Ernesto Daranas). Y por último, ¿adivinen cuál?: Verde verde.

Comenzando 2013, se produjo el estreno masivo de La película de Ana (Daniel Díaz Torres), como sigue: Chaplin, circuito de estreno y sala 1 del Infanta (del 17 al 30), más un período del 30 de enero al 6 de febrero solo en Yara, Payret y Acapulco. Casi de inmediato, el 21 de febrero se estrena Esther en alguna parte (Gerardo Chijona): hasta el 20 de marzo en el circuito de estreno –todo un mes- y sala 1 del Infanta. El 25 de marzo el Chaplin acogería el estreno del último largo cubano que anoto en mi pesquisa: Si vas a comer, espera por Virgilio (Tomás Piard), el cual permaneció hasta el 12 de abril en el Infanta.

De este recorrido salen varias conclusiones:

1. La catedral del cine cubano es ahora mismo la sala 1 del Multicine Infanta. Allí se exhibe todo –o casi- y ante su reducido lunetario muchos directores de documentales y animados tienen el chance de verle la cara a su público.

2. La exhibición y circulación de cortos y mediometrajes se va convirtiendo en una realidad. Justo en febrero, la sala 1 del Infanta estrenaba De agua dulce (Damián Saínz), El Evangelio según Ramiro (Juan Carlos Sáenz) y Gira (Ernesto Sánchez), tres documentales de realizadores muy jóvenes, al igual que el animado El maestrico (Isis Chaviano).

3. Solo tres títulos merecieron un estreno vigoroso en el período analizado: Y sin embargo..., La película de Ana y Esther en alguna parte. Otras obtuvieron una ventana reducidísima (Chamaco, La piscina, Fábula). Y con otras no hay cómo explicar su exhibición dispersa y sin criterio: Verde verde volvía a reaparecer (sí, no hay que asombrarse) en marzo de 2013, entre los días 7 y 13, en la sala 4 del Multicine Infanta.

Algunos criterios invocan la racionalidad comercial para esta clase de criterio de programación, algo difícil de asegurar ante las salas de cine en Cuba, cuyo impacto económico es ínfimo. Luego, si ese fuera el juicio dominante para bajar y subir películas de cartel o dar a unas un mes en salas y a otras apenas una semana: ¿qué justifica el estreno de Juan de los Muertos –el título coronado en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana de diciembre previo como “Filme más popular”- justo antes de las vacaciones de verano, para sacarlo el mismo mayo de las salas? ¿Y la exhibición exigua de Fábula, después del impacto público que había tenido el título anterior de su director, Casa vieja –que sí se mostró una temporada en el Yara? Si pensamos en el público como un animal hambriento de transgresiones, ¿por qué no se estrenó entonces Molina´s Ferozz, con su carga de violencia y sexo?

Si bien no es mi interés establecer un análisis comparativo de la calidad del cine cubano que se exhibe, sino hacer visible el panorama real de acceso de esos títulos a su público natural, nótese que obras de calidad precaria han disfrutado de circulación amplia, en detrimento de otras más redondas.

De lo anterior se desprende que la política de exhibición cinematográfica que impera hoy en Cuba es inarmónica con el panorama de producción que tenemos. Me permito incluso sugerir que la excepción cultural que esta pretende defender es dudosa: algunos de los títulos legitimados por la crítica cubana –y algunos festivales extranjeros: véase el caso de La piscina o Camionero (corto de Sebastián Miló)- de los últimos tiempos no encuentran acomodo merecido en ningún programa. Al director de Memorias del desarrollo ni siquiera se le propuso en su momento estrenar en Cuba. A Carlos Lechuga le ocurre otro tanto hoy mismo con su opera prima Melaza.

Y si se piensa que mi análisis es tendencioso o sesgado, véase la lista de películas que, más allá de la geografía capitalina o vedadense, han circulado a través de las redes estatales de todo el país –o sea, circuito nacional de estreno y red de videotecas- entre enero de 2012 y marzo de 2013. Adviértase en ella algunas de las ausencias que aquí noto (empezando por Verde verde, faltaría más). La relación es como sigue, en orden cronológico: Vinci, Los bolos en Cuba, Y sin embargo…, La piscina, Amor crónico, Irremediablemente juntos, Los desastres de la guerra, Penumbras, Larga distancia, La película de Ana y Esther en alguna parte. Además, los cortos y mediometrajes El otro Lezama. Crónicas, Copa y espada, De tal Eduardo tal Arocha, La certeza, Mi vida en una guitarra, Habana del Centro, elogio de sombras, María Eugenia Barrios: la voz lírica de Cuba, El camarón encantado, Las Terrazas, boceto de un Paraíso, Ojos que te miran (capítulos “Manos a la obra” y “Entre-redes”), El maestrico, La luna en el jardín, De agua dulce, Gira, El Evangelio según Ramiro, Un siglo del Vedado e Historia de un ballet.

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