Marina: entre familia, emigración y patria

La construcción de la madre a través de la mirada de un extraño.

Foto: Cortesía de la autora

Marina, largo documental presentado en la Muestra Joven ICAIC 2016, no puede ser descrita con tema generales y generalistas. Si se fuera a hacer este ejercicio se diría que es un largo sobre la emigración, sobre la Patria, o sobre la memoria.

Ópera prima de Haliam Pérez, convergen en el material su familia devenidos en personajes: su abuela, Caridad Marina Pérez; su tía Odalys Pérez; y sus tíos Jacinto Pérez y Arturo Pérez.

La mirada de este documental inevitablemente se convierte en la mirada de Haliam no solo por la relación intrínseca establecida entre los dispositivos cinematográficos referentes a la dirección y a la cámara, sino porque realmente Pérez no mira a una familia cualquiera sino a la suya, y aunque esta subjetividad queda declarada desde el mismo principio del audiovisual, la misma se le escapa al propio realizador, que aunque no aparece en cámara, propiamente dicho, se torna así mismo en personaje a analizar.

No es un recurso original, ni inexplorado, que el cineasta se convierta en personaje de lo que filma. Pero en Marina la relación establecida entre cámara y director toma ciertamente matices aún más tristes. Los personajes de los documentales suelen reaccionar ante la cámara de diversas maneras, pero lo más usual es que se empoderen e intenten exponer sus puntos de vista o incluso sacar beneficios, cuando el material adquiere cariz de denuncia; o que se intimiden por esta y representen una realidad ideal. Este vendría siendo el último caso para los personajes de Marina, quienes aparentemente recrean una “normalidad” ante cámara, pero más avanzado el metraje se muestra que la representación no es solo para el dispositivo fílmico, sino para el director/familiar/personaje.

Es en este sentido donde se planeta uno de los problemas más auténticos: las personas emigran, ¿pero qué pasa cuando regresan a reencontrarse con su familia? Esta relación de extrañeza, de construcción de una realidad que no existe desplaza al familiar al rol de visitante. El alejamiento muchas veces respondido con un extrañamiento del emigrante queda reflejado en Marina en una secuencia de planos medios donde se infieren calles vacuas, niños jugando pelota…

En una ambivalencia ética transcurre el material, incluso en enjuiciamientos hacia determinados miembros de la familia. Así vemos que Pérez no tiene ningún problema con mostrar gráficamente el alcoholismo de uno de sus tíos, pero se rehúsa a exhibir visualmente la depresión del otro. Hay en esta diferenciación, una identificación personal e individual con el conflicto que le produce a este último la depresión: la emigración de su hija, lo cual remarca el tema principal del material: emigrar y todo lo que significa.

En este sentido su hija (Odalys) no muestra ningún conflicto, ella es “feliz” con el trabajo que tiene y además ocupa “naturalmente” el rol de cuidadora de su madre.

Marina: madre-mujer versus mujer-patria

Marina, va transformándose de una mujer anciana que necesita cuidados, a la madre siempre veladora de los demás. Esta dualidad está marcada por las relaciones de género entre sus hijos. Para su hija (Odalys Pérez) es aquella anciana venerable a la que se le ayuda abañar, peinar o teñir, llevar a los ejercicios y de la cual escuchar historias de amores a primera vista. Si bien a nivel visual no se erige ante su hija como una matrona, si se naturaliza una vez más el cuidado como una tarea asignada a la mujer.

También Marina aparece como la viuda respetable, aquella que eligió no volver a tener una relación después de su viudez, e incluso puede llegar a inquirir someramente a aquellas mujeres que lo hacen.

Alternando este rol, la abuela de Haliam, vista por él más como una madre o matriarca en un sistema androcéntrico, mantiene la “natural” relación de cuidadora para con sus hijos varones. Ella es quien dispone cuando buscar los alimentos, ella los sirve, e incluso es capaz de sacar a uno de sus hijos de la depresión. Se mantiene así la casa como lugar/espacio donde las mujeres ejercen un “control” en vez de un sistema de cooperación donde todos jueguen roles más equitativos. La tradicional asignación de los deberes domésticos son mostrados en el material como rutina diaria.

Marina es quien a través de cartas, durante todos estos años ha mantenido la historia familiar. El hecho de que tres de sus hijos aún vivan con ella y el nieto de uno de ellos retorne, la sitúa claramente dentro de un sistema madre-patria, donde regresar a ella es la eterna vuelta a casa.

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