Operación Alfa

En la producción nacional cubana, la presencia de falsos documentales es todavía muy escasa.

Tardíamente, pero el falso documental ha aparecido en nuestras pantallas y ha empezado a conmocionar a los espectadores cubanos. Diversos espacios televisivos se han hecho eco de este género, muy viejo en la historia del cine1, aunque más de moda en los finales del pasado siglo e inicios del XXI. Por solo citar dos ejemplos recientes, vale la pena citar la presentación en el espacio “Pantalla documental” de Paul McCartney Really Is Dead: The Last Testament of George Harrison (Joel Gilbert. 2007), el pasado año, o los dos filmes sobre la existencia de las sirenas, presentado y discutido en el programa “Pasaje a lo desconocido”2 a inicios del presente.

En la producción nacional, la presencia de falsos documentales es todavía muy escasa, quizás porque el género se constituyó en Cuba como máxima expresión de autenticidad3, de vínculo directo e inviolable con la realidad y de registro audiovisual acerca de lo que estaba aconteciendo en la isla. No por gusto, las modalidades de representación más comunes en la documentalística cubana han sido las interactivas y expositivas que, al decir de Bill Nichols, se convierten en comentarios dirigidos al espectador. En la primera, la expositiva, “… hace hincapié en la impresión de objetividad y de juicio bien establecido”, mientras que la interactiva convierte a la audiencia en testigo del mundo histórico, por medio de actores sociales situados dentro de él4.

El mockumentary está más relacionado con la modalidad reflexiva, aunque puede hacer uso de otras formas de representación. En el falso documental, la relación se establece entre el creador y sus espectadores, pues la realidad es manifiestamente producida, no reproducida, y por ende, su objetivo principal es tentar la credibilidad de quien la observa, es decir, retar su enciclopedia, sus capacidades intelectuales. Su sentido productivo está dado en una nueva reutilización y semantización de escenas de archivo y el uso de actores que pretenden ser considerados por el público como testimoniantes o participantes activos de lo que se está contando, aunque su razón de ser final es lúdica. O, en el caso de una cinta de ficción, emplear la “naturalidad” de las imágenes y las formas de representación del otro género, para armar una historia que pretender ser leída como algo ocurrido efectivamente, lo cual separa a esta forma de narración de los textos que declaran en sus créditos “basados en hechos reales”. La película de ficción creada como mockumentary busca una autenticidad cómplice que no posee.

En ambas formas de manifestarse creativamente, el falso documental pretende ser un juego transtextual, otra forma de contar la verdad, pues detrás de un buen texto de este tipo, existe un posicionamiento de sus creadores sobre el acontecimiento reelaborado.

Un documental puro dentro de la modalidad reflexiva de representación no tiene que ser necesariamente un mockumentary. El mundo histórico puede ser absolutamente existente, solo que –como plantea Nichols- el creador hace un metacomentario sobre la situación abordada. Desde obras como David (Enrique Pineda Barnet. 1967), Coffee Arábiga (Nicolás Guillén Landrián. 1968) hasta La época, el encanto y fin de siglo (Juan Carlos Cremata. 1999), lo reflexivo ha estado presente en la cinematografía cubana, aunque, insisto, con menos presencia que otras modalidades. Sin embargo, el falso documental ha tenido que esperar más.

Hace apenas unos años, en 2011, el director y productor Ricardo Figueredo Oliva terminó Operación Alfa, obra en la cual reconstruye, en un tono pretendidamente verídico, un hecho ocurrido durante los ochenta nuestros.

Este cortometraje cuenta los conflictos que se produjeron en la isla a finales de esa década, debido a una señal electrónica que interrumpió las comunicaciones inter-espaciales de las más poderosas potencias mundiales, y cuyo origen se detectó en Cuba, debido a un invento realizado por un ciudadano de estas tierras.

El primer mérito de este corto es, precisamente, su ubicación temporal, pues se remite a un etapa de la historia nacional durante la cual los habitantes de este país vivimos en lo que podría considerarse –utilizando un símil meteorológico- una “sensación térmica de prosperidad”, pues dicho decenio se caracterizó por una solvencia económica y una impresión de bienestar a nivel social. Aunque también fue una etapa de grandes contradicciones, tanto en el plano nacional como en el de las relaciones internacionales, sobre todo, por la participación activa de Cuba en diferentes campañas bélicas relacionadas con los movimientos de liberación que se estaban originando en el orbe.

El distanciamiento de más de 20 años entre la fecha de producción y el marco histórico en que coloca Figueredo los hechos, le permiten conseguir ese reto con su audiencia, pues para los que vivieron la época, la relación con el texto deviene un juego paródico y sarcástico, mientras que para el público más joven, que ni siquiera había nacido, lo reta en su credibilidad, sobre todo, porque ese decenio está envuelto en el imaginario popular –quizás como ningún otro momento– en un halo nostálgico, de constante referencia a un lapso de bonanza. Además, le permite colocar, dentro del argumento, algunos anacronismos históricos que casi pasan inadvertidos, al insertarse coherentemente dentro del discurso narrativo.

Operación Alfa construye el primer segmento de su trama aprovechando, como contexto, el posicionamiento estratégico de Cuba y su dirección política en el intríngulis de las relaciones entre los dos regímenes que regían, en buena media, los destinos del mundo en ese instante, forjadores de lo que se denominó “la Guerra fría”: los Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS); así como los desacuerdos políticos de este último país con la República Popular China. Pero con un detalle: el acontecimiento que desencadena el conflicto de la obra ocurre durante el año 1987, fecha en que la URSS estaba sumida en los cambios políticos preconizados por Mijail Gorbachov con la perestroika, y cuyos primeros aires llegaban a la isla y se transformaban en lo que se conoció como “el periodo de rectificación de errores y tendencias negativas”.

Para construir su relato, el filme emplea el modo de representación expositivo, muy cercano al estilo empelado por el Noticiero ICAIC Latinoamericano, lo cual confirma su intención de conquistar una verosimilitud en sus espectadores. En el transcurso de sus primeros ocho minutos, aproximadamente, y mediante el empleo de fotos y fragmentos de documentales, el tono narrativo de la cinta imita el ritmo periodístico de su referente hipotextual. Sin embargo, en ese instante se produce un giro en la historia y empieza a indagar sobre las epidemias que en ese tiempo hicieron mella en Cuba, en especial el dengue hemorrágico, y centra su atención en la desaparición del ganado vacuno.

En este punto es donde la obra hace empleo de uno de los significados del vocablo inglés mock, el cual puede traducirse como “burlarse de”. Sin perder la compostura documentalística, en cuanto al uso de fuentes que mantienen el anclaje con el periodo histórico en que debieron ocurrir los hechos contados, la cinta asume una inflexión ambigua, cada vez más subversiva, pues el espectador se siente retado, por un lado, a no admitir como cierto lo que está siendo narrado; mientras tampoco puede desmentir el origen de las imágenes proyectadas ante sus ojos, las cuales se imbrican, congruentemente, dentro del cauce de la trama.

Cuando se pone sobre el tapete argumental quién es el culpable de todo lo que ha estado ocurriendo (el subtítulo del filme es “lo que le pasó a Benito Manso”), la audiencia comienza a comprender que todo ha ido girando en torno a esa mirada satírica con que, por lo general, asumimos nuestro pasado más reciente. En este caso, rozando con el mejor tratamiento del choteo criollo.

Operación Alfa5,como mockumentary, obtiene el tono reflexivo característico de esta manera de contar, debido a que logra ser convincente como un verdadero documental expositivo, a partir de los recursos narrativos que emplea; pero igualmente es interesante por la fábula ficcional que arma en el contexto histórico de los ochenta. Por tal motivo consigue, cuando transcurren los créditos finales, que todos permanezcamos meditando y quizás hasta debatiendo –casi seguro con una sonrisa en los labios- sobre la alucinación nacional que fue aquella década, donde pocos podrían negar la existencia de “la operación internacional de inteligencia más intrigante de los últimos 20 años” y hasta el destino fatal del genio Benito Manso.

Notas

1-Aunque el término de falso documental o mockumentary o mockdocumentary comenzó a emplearse, en la pasada década del ochenta, por el cineasta inglés RobReiner, se conoce que la manipulación de imágenes, para hacerlas pasar como auténticas al espectador, se remonta a las obras de Georges Méliès, quien en 1898 filmó varios cortos supuestamente documentales, entre ellos Explosion du cuirassé Le Maine, en el cual reconstruyó la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana y lo exhibió como si sus camarógrafos hubieran estado en el lugar y el momento del suceso.

2- Taladrid presentó y debatió los dos documentales: Mermaids: thebodyfound (Sid Bennett. 2011) y Mermaids: The new evidence (Christina Bavetta. 2013)

3- “El nexo indicativo de las imágenes fotoquímicas y electrónicas con lo que representan, cuando se ha formado a través de lentes ópticas que imitan las propiedades del ojo humano, ofrece un encanto infinito y una garantía de autenticidad, aparentemente irrefutable. La autenticidad surge del propio proceso de formación de la imagen (…) Lo más importante de esta cualidad indicativa de la imagen fotográfica… no está tanto en la autenticidad inexpugnable entre imagen y referente como en la impresión de autenticidad que transmite al espectador”. Nichols, Bill: La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental. Ediciones Paidós Ibérica, S.A., 1991. España, p. 199.

4- Nichols, Bill: ob. cit., pp. 68 y 93.

5- Operación Alfa obtuvo una mención especial, tras haber integrado el cuarteto finalista, en la 3era. edición del Festival Internacional del Cortometraje FIC- ESMI, celebrado en Argentina en 2012.

 

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.