Promesas y dislates de Elpidio Valdés en (para) el siglo XXI

El carismático personaje sigue dando “guerra”.

La no menos que controvertida aparición en la palestra audiovisual cubana de dos nuevas producciones de dibujos animados basadas en el icónico Elpidio Valdés, a propósito del aniversario 45 de creado, convida a oportunas reflexiones acerca de la pertinencia y la legitimidad del aún popular personaje, además de su congruencia epocal, discursiva, conceptual y hasta formal.

Un llamativo anuncio fue liberado en la tira de cambio de la TV para promover el onomástico, que tuvo su “corolario” en el estreno de un nuevo ¿capítulo?, si es que a la luz de las dinámicas actuales se puede abordar la fenoménica del mambisito como una serie y no un manojo de unitarios, cuyas entregas demoraban a veces hasta años. Elpidio Valdés ordena misión especial, tal se intitula la obra.

Ahora, es inevitable establecer comparaciones entre ambas producciones, más allá de los originales cometidos. El anuncio de marras, amén su obligada brevedad y carácter efímero como “simple” promocional, propone cuatro muy particulares apropiaciones y actualizaciones que realizadores de los Estudios de Animación del ICAIC hacen de Elpidio. Lo re-crean desde códigos visuales diversos, pero nada carentes de gran atractivo, inventiva y hasta promisoria viabilidad futura.

Al estilo de series y filmes de animación que sobre cintas (Animatrix), personajes (Batman, the Gotham Knight) y juegos (Dante´s Inferno y Halo Wars) se han venido realizando desde semejante concepción del collage autoral, el anuncio segmenta una rápida acción en cuatro secuencias: inicia con una recreación bastante fidedigna del personaje en su fundacional aspecto patato (pequeño), de ojos saltones y gamberro, que identificó la primera y creo que más dorada etapa —entre 1974 y 1978—; prosigue un Elpidio cuasi realista, prefigurado con trazos gruesos, con altos contrastes de sombras y luces. Este deja lugar a una tercera recreación de nuevo volcada a lo caricaturesco pero aún de línea espigada; y termina con la más orgánica de las versiones, donde un arrojado Elpidio, de cálidas tonalidades y sino pictórico, se lanza al ataque de un cuadro español que cae bajo su machete.

Clave es aquí la hondura que se logra conferir al mambí, más el efectivo montaje que calza una espectacular puesta en escena, donde se combina la más pura animación limitada —legitimada sobre todo por el anime japonés— y el uso inteligente del 3D como recurso para composiciones panorámicas. Color y luz no traicionan esta puesta en escena a cargo de Jorge Pentón, que particularmente sugiere todo un sendero viable para el futuro de Elpidio, si es que existe la voluntad autoral-institucional de no convertir este “homenaje” en un verdadero réquiem.Spot 45 Aniversario ElpidioValdes__FINAL.avi_snapshot_00.27_[2015.09.07_19.17.35]

Tal sendero sería entonces el de una reinvención bastante a fondo, que más allá de lo visual, implica el replanteamiento del personaje como sujeto y de los estamentos ideológicos que fomentaron su mismo alumbramiento cual símbolo de intransigente propaganda (¿ultra?) nacionalista, y abierta metáfora de las capacidades del poder; además de ser atractivo puente para remontar el estudio de la historia libertaria cubana y las meras bases sociopolíticas de la nación.

¿Cómo dialogar con la niñez y la adolescencia cubanas del siglo XXI, más aún: con la sociedad toda, que es lo mismo que dialogar con el cosmos ideoestético donde esta existe y conforma su complejo sistema de valores? Hasta el cansancio se ha dicho que la preceptiva de los nativos es de una abrumadora (e inevitable) heterodoxia, que no por obligación debe conducir al desprecio total de las producciones de sentidos nacionales, aunque la misma nación de “lo nacional” ha entrado en crisis ontológica por estas épocas.

En las muchas producciones dramatizadas que siguen los públicos cubanos (junto al resto del mundo) se aprecia una relativización total de las otrora muy nítidas representaciones del bien y el mal; la violencia aparece altamente estetizada o asumida desde el puro realismo; de la distopía, el cinismo y tantos otros recursos que han preparado a las audiencias para un modelo representacional del mundo mucho menos ingenuo, con el antihéroe —o al menos los procederes antiheroicos— como patrones conductuales “ejemplares”. Los puritanismos y purismos han sido echados a un lado con total desprejuicio.

De más está decir que Elpidio ya no representa a un pueblo, a un Estado en aguerrida y comprometida construcción triunfal de un futuro luminoso, donde la victoria está al doblar de la esquina, siempre que se mantenga en alto el machete afilado del coronel Valdés. ¿Qué hacer entonces con Elpidio para que conviva y dialogue con el siglo XXI?

Tales circunstancias, factores y posibilidades que esbozo “rápido y mal” dejan al futuro del personaje y sus significados en un terreno especulativo, siendo este futuro algo igualmente especulativo. Pero si algo claro ha quedado, tras las iniciativas por el casi medio siglo del personaje, es que no puede repetirse una experiencia como la del referido corto …ordena misión especial.

Una descuidada posproducción (¿premura?, ¿impericia?, ¿desidia?) delata pifias desde el mismo título de presentación, donde se recupera el barroco marco alegórico empleado durante la última etapa de Elpidio —entre 1988 y 1992—, pero que parece como “recortado” de una imagen con muy mala resolución. Lamentable su contraste con la alta resolución del fotograma contenido, junto a la poco agraciada tipografía del título; para una composición general nada atractiva.

Consecuente es —eso sí— con la evolución del personaje en este periodo de “madurez”, donde se desplazó el humorismo, y hasta el mismo protagonismo, a otros caracteres menos marciales como el propio Palmiche, Pepe el corneta, el perrito Fito, la panda de Resóplez y los solidarios expedicionarios extranjeros. Queda Elpidio en un estatus casi pretextual respecto al resto de su universo, con la inevitable descomplejización y hieratismo. Ahora sucede igual, pese a estar realizado como “homenaje” singular. Otro elemento que hace del anuncio un producto superior: es protagonizado por Elpidio.

La historia de marras se ve protagonizada por el nuevo personaje de “El niño”, un fortachón verde, emparentado quizás con el matón Bruno de ¡Vampiros en La Habana! Resulta explícita encarnación del machismo reticente a desarrollar labores “femeninas”, representadas por una suerte de reelaboración de la anciana enfermera de Elpidio Valdés contra los rayadillos (1978). Pero ahora delata un talante ultra amable, divergente con su pose autoritaria original, aunque vuelve a ser asumida por Carmen Solar. El argumento se adentra en el tema de la reivindicación de la mujer, aunque con unos treinta años de atraso en cuanto a madurez y matices, dada la ligereza didáctica, aleccionadora y básica con que se plantea, vadeando todas las complejidades con que los estudios sobre roles de género han trascendido estas primeras (y primarias) épocas.

Amén de una animación cuyas torpezas y pobrezas visuales están injustificadas dramatúrgicamente,…ordena misión especial carece de otra de las virtudes (más bien LA VIRTUD, con todas sus mayúsculas) clave de Elpidio: el humor chispeante, orgánico y chocarrero, con tintes negros nada infrecuentes (Elpidio Valdés contra el tren militar,…en campaña de verano,…y la abuelita de Weyler), garante de algunas de sus mejores propuestas.

El relato, ya de por sí débil y deslucido, transcurre en la más absoluta y llana apatía, solo interrumpido por la voz de la anciana que, fruto de una dirección de voces inadecuada, ahora suena atorrante y chillona, con su forzadamente pintoresco canto de “en la jícara, pimienta y en la güira, quimbombó”. Y ni hablar de la ausencia tan presente de la adorable triada de villanos Resóplez, Cetáceo y el coronel Andaluz…

A la también triste serie Más se perdió en Cuba (1995), primer dead end en la evolución del personaje, y por ende alerta apremiante, se suma esta suerte de “rectificación de ruta” que niega la anterior, pero que resulta epílogo innecesario y equivocado. Segunda arrancada en falso que espero se diluya bajo el peso de las mejores e inolvidables entregas clásicas del mambí.

Escasos o ningún fruto provechoso generó esta colaboración de Juan Padrón con Ernesto Piña (acreditado como director asistente), uno de los pocos realizadores cubanos jóvenes de animación con apreciable gracejo —y habilidades narrativas, además—, y Adanoe Lima (acreditado como director de animación), otra de las voces más interesantes de los Estudios, sobre todo en cuestiones de factura y soluciones visuales. Quizás la solución esté bajo las mismas narices de los Estudios, en la forma del subvalorado anuncio que también comento aquí, y no la vean, o no quieran verla, aferrados a un atavismo insalvable.

Un comentario

  1. Federico Severino

    Estoy seguro que los niños cubanos, felices de ver esta nueva entrega de Elpido, no encontrarán “ningún problema de congruencia epocal, discursiva, conceptual y hasta formal” ni tampoco se atormentarán con sesudos cuestionamientos sobre “la voluntad autoral-institucional de no convertir este “homenaje” en un verdadero réquiem”. Keep it simple my friend. Las cosas bellas son sencillas.

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