Relaciones que singularizan al cine cubano

Reseña del libro de reciente publicación Diseño sonoro en el cine cubano de ficción (Ediciones ICAIC, 2018), de Dailey Fernández González.

Cubierta del libro Confluencias de los sentidos

Foto: Tomada de La Jiribilla

El cine nunca fue tan silencioso, ni en sus orígenes. Las primeras imágenes registradas por los hermanos Lumière, en el ya lejano 1895, poseían la fuerza suficiente para privilegiar algún sentido sobre otro. No hacía falta dar oídos ante la novísima experiencia. Vista hizo fe. Y aún así, el asombro no pudo contenerse por aquellos treinta y tres espectadores que, gracias a la memoria auditiva, estaban al tanto de lo que sus ojos atendían. La sinestesia hizo de las suyas, gracias a la nueva mediación frente a lo cotidiano.

Invento, técnica, accidente, espectáculo de feria, negocio, arte ¿Ante qué se estaba en realidad? Ver al semejante en pantalla motivó la casi total simpatía. Reconocer el mundo mediaría en l adelante hasta en la manera de soñar.

Desde El caballo en movimiento de Muybridge hasta Simulacro de incendio de Gabriel Veyre, a galope tendido, asumió el cine los calificativos de séptimo arte y audiovisual. Y, sin embargo, por mucho tiempo, cinéfilos, historiadores y especialistas continuaron anteponiendo la imagen al sonido. Desde hace pocos años hasta esta fecha, viene atendiéndose la música, pero se olvida cuánto engloba en realidad la llamada banda sonora (voces, efectos y música) de una propuesta cinematográfica.

¿Qué es el sonido cinematográfico o la realización sonora? ¿Desde cuándo hay conciencia de lo que es el resultado audible de una película? ¿Tiene que limitarse estrictamente el diseño sonoro al guion o hay un margen de libertad para improvisar, hasta la posproducción de sonido? Con su libro Confluencias de los sentidos. Diseño sonoro en el cine cubano de ficción (Ediciones ICAIC, 2018), la joven profesora Dailey Fernández González responde a estas y otras interrogantes, con frecuencia desconocidas o soslayadas por los críticos de cine.

Licenciada en Historia del Arte con una tesis sobre el sonido en el cine, la autora ha tenido a bien confinar, en apariencia, estos vínculos al contexto nacional. Luego, por insistencia de José Galiño Martínez —prologuista de Confluencias…— y de otros amigos, decidió mudar de aires el tono y el lenguaje de su decisorio texto universitario. Integrar criterios convenientes a los pedidos de la academia para consentir las rectitudes de lo historiográfico, sin menospreciar, por suerte, las subjetividades del ensayo, no siempre se logra. El recato, cuando no la frigidez de algunas tesis, desalienta las cercanías ensayísticas más donjuanescas. De ahí que imaginar determinadas tesis como libros ya es un total desvarío. Lo que no sucedió con Confluencias de los sentidos.

Uno de los aportes de libro es localizar, estudiar y confrontar a los responsables del diseño sonoro del cine cubano. Si el libro hubiera respondido solo a este propósito, reconoceríamos la importante faena de rescate de hechos y figuras. Pero al examinar un trayecto de posturas plurales, Dailey Fernández necesita enjuiciar. La historia del diseño sonoro singulariza efectos en las tramas, detalla personajes y condiciona ganancias estéticas que acompañan diferentes procedimientos de la narración. Ella lo sabe y por ello no ha dudado en declarar:

“Desmontar algunos mitos con respecto al sonido cinematográfico del cine cubano fue otro de los propósitos, como también derribar la barrera de desconocimiento que rodea a esta especialidad de la realización cinematográfica. Es imprescindible que, a esta edad del séptimo arte, los críticos, los espectadores y hasta los cineastas comprendan el diseño sonoro como un trabajo creativo y no como simple tecnicismo, para poder extraer de él la mayor cantidad de sentidos posibles[1].

Para no quedar mal con cuanto reclama en su prefacio, es muy significativo reparar entonces en los criterios de la autora acerca de todas las películas analizadas, porque —y he aquí otro mérito— advertimos razonamientos que contemplan otros elementos de las obras cinematográficas. Es por ello que, después del preciso y técnico Capítulo 1, (“Principios teóricos de la narrativa sonora”), este volumen se enriquece con esa suerte de reseñas y comentarios críticos comprendidos en los dos capítulos subsiguientes: “Antecedentes del diseño sonoro en Cuba” y “Diseño de la banda sonora en el cine cubano”.

Léase “De lo poético declamatorio en el diseño sonoro de Madrigal”, “Aprehender con los sentidos. José Martí: el ojo del canario” y antes “Conducta, diseño sonoro de sensaciones”, “La riqueza simbólica de los sonidos: Papeles secundarios”, “Iniciativas para eliminar limitaciones: La primera carga al machete”… Son piezas críticas de cine.

Estando de acuerdo o no con algunos de sus juicios, el lector agradecerá de todos modos la amenidad de un discurso que respalda la voluntad analítica. Por notables que sean las muchas lecturas y la disposición escritural de Dailey Fernández González, es de celebrar la labor de una editora de peso como Silvia Gutiérrez González. Se exige a quien tiene para dar. El excelente saldo no se hizo esperar.

Confluencias de los sentidos. Diseño sonoro en el cine cubano de ficción, con diseño de Pilar Fernández Melo, representa una sorpresa tan rigurosa como ineludible en el panorama editorial cubano. Queda familiarizarse de inmediato con sus páginas. (2019)

Nota:
[1] Dailey Fernández González: Confluencias de los sentidos. Diseño sonoro en el cine cubano de ficción, Ediciones ICAIC, La Habana, 2018, p. 11.

 

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