Revisitar los 3D y el futuro de la exhibición en Cuba

¿Qué se necesita para regular y ordenar las muestras cinematográficas en la isla caribeña?

Sala de cine 3D en Cuba.

Foto: Cortesía del autor

Hace cinco años, en 2013, escribí dos artículos para IPS Cuba en los que meditaba sobre un fenómeno que se dio por esa época: el surgimiento y pronta desaparición (más bien, extinción abrupta) de los cines 3D, en manos de pequeñas empresas personales. Los trabajos aludidos fueron: “3D y las audiencias cubanas” (julio de 2013) y “Los 3D y el futuro del cine cubano” (noviembre de 2013). Un lustro más tarde, me gustaría volver sobre el tema, porque en aquellos dos trabajos planteaba, entre otras preguntas, mi preocupación por la exhibición nacional.

El primer trabajo lo escribí en el momento de auge de las salas de exhibición de 3D en casi todo el país, como una variante cuentapropista. Después de aceptar la llegada de la “novedad” tecnológica como una variante para disfrutar el séptimo arte, me preguntaba:

“¿Triunfará definitivamente el gusto masivo por una filmografía convencional, etiquetada principalmente en Hollywood, acompañada por productos televisivos que entronizan la banalidad y el entretenimiento más ramplón? ¿Podrá disfrutar alguna vez el espectador medio cubano de una proyección fílmica, con todas las ventajas técnicas que ha logrado esa industria en la actualidad, sentado en una sala de su país?”

A la primera pregunta me responde un artículo encontrado en el semanario 5 de septiembre, escrito por Julio Martínez Molina, publicado en septiembre de 2017, titulado: “La fallida experiencia de las salas 3D en Cuba”. Martínez Molina se quejaba de la programación ofrecida por las salas de marras, en las cuales el cine estadounidense, estilo Hollywood, campea por sus derechos bajo la excusa de que es lo que se puede conseguir y que, además, es el idóneo para “desconectar”. Incluso el autor propone una lista de directores de prestigio, poseedores de títulos en ese formato.

Por lo tanto, parece que sí. El gusto del espectador cubano continuará marcado por ese tipo de filmes, aún con la nueva forma de exhibición.

En cuanto a la posibilidad de que el ciudadano o ciudadana medio del país pueda disfrutar del cine en ese formato, lo que ha sobrevenido —después de la clausura de las salas particulares— es replicar el mismo estilo de aquellos, es decir, abrir, en distintas partes de la isla, locales con condiciones mínimas para el “disfrute” de una proyección 3D doméstica, con la excepción, quizás, de la abierta como parte del proyecto Circuito para la exhibición, el desarrollo y la investigación de nuevos medios (Cedinm), en Camagüey, con una capacidad de 400 asientos.

Lo preocupante es que esos espacios se están convirtiendo en “un logro” para la recreación en las provincias, pese a que casi todo el mundo se queja de la falta de títulos importantes y del abuso de un mismo tipo de filmografía. Pero como “logro” al fin, sus aperturas son promovidas en las primeras planas y sitios digitales de los diarios y semanarios locales desde 2015. Un botón de muestra: Nuevas salas 3D en La Habana, Cine 3D en Santiago de Cuba, Ciego de Ávila abre la primera sala de cine 3D, Cine 3D para la familia guantanamera, Verano de Cine 3D en Cienfuegos [1].

En una de las tantas informaciones sobre el tema esparcidas por la web, corroboro que este es un proyecto a nivel nacional dirigido por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), a partir de la adquisición de tecnología china: “La reapertura de estas instalaciones en Granma y en otras provincias del país, responde a una proyección del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), que ha dotado de tecnología china estas instalaciones para la proyección de filmes en 3D; cada una con capacidad para 20 personas”[2].

Por lo tanto, quedó aclarada una de las preguntas del segundo artículo aparecido en IPS Cuba:  “¿El Estado va a crear y a mantener en cada provincia, como mínimo, una sala de exhibición 3D o algo similar?” Pues sí, es la solución asumida, y el ICAIC continúa como centro gestor y controlador de la política cinematográfica nacional.

Pero… (¡Y siempre tiene que regresar el maldito pero!) ¿qué ocurre con las otras salas de exhibición? ¿Son atractivas para los públicos potenciales? Y aclaro que lo de atractivo no se limita a la climatización y a lo confortable de sus asientos, sino a otros muchos factores que incluyen calidad de proyección y sonido, selección de filmes, su promoción y comodidad de los horarios.

En estos momentos existe una generación de cubanos y cubanas que nunca o en muy escasas ocasiones se ha sentado a disfrutar un filme en una sala de proyección y, en algunos casos, ya no prefiere esta forma de ver cine por distintos motivos. Es un consumidor de cine minimalista, que se ha acostumbrado a ver cualquier filme en su tablet, laptop, computadora personal o, a lo sumo, en un televisor, no importa lo espectacular que sea su puesta en escena. ¿Tenemos que darlos por perdidos?

El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano ha tenido que enfrentrse, en sus más recientes ediciones, a la disyuntiva de mantenerse o desaparecer, debido al reto de las tecnologías, pues ya casi ninguna película se mueve en estos eventos si no existen los mecanismos para descargarlas desde Internet o proyectarlas a través del formato DCP (Digital Cinema Package), que garantiza una alta calidad de imagen y sonido, así como impide su copia por otros usuarios. Incluso ha tenido que enfrentar dificultades durante su funcionamiento, debido al desencuentro de los técnicos con una tecnología que no han utilizado a menudo.

Y lo más triste es que esto solo ocurre durante las dos primeras semanas de diciembre. El resto del año, la exhibición cinematográfica en Cuba es caótica en prácticamente todo el país, regida igualmente por el “ICAIC-centrismo”. Ese organismo intenta darle a la programación alguna coherencia en los pocos cines hábiles de la capital y de todo el territorio nacional, en constante contraposición y sin defensa con respecto a los modos alternativos de distribución, léase, Paquete, Mochila… y la propia televisión cubana.

Nunca he entendido qué se necesita para regular y ordenar la exhibición en nuestro país. No creo que haya que esperar a la soñada, preterida y cada vez más necesaria Ley sobre el audiovisual cubano, para determinar una jerarquía con respecto a cómo se van a mover los filmes en las salas, circuitos alternativos y canales de televisión.

Comentaba en mi artículo sobre los 3D y el futuro del cine cubano la existencia, permitida oficialmente, de la figura del vendedor de CD y DVD, una especie de patente de corso aprobada a nivel de timbiriche, que se ha extendido a los “cargadores” de memorias.

Esta figura insólita, amparada por una política de piratería injustificada a nivel institucional, sobre todo cuando protestamos porque a nuestros productos les aplican el mismo rasero, podría evolucionar hacia un distribuidor-exhibidor con un verdadero sentido empresarial y no oportunista, como ocurre en la actualidad.

En mi artículo aventuraba la posibilidad de que un cubano o cubana emprendedor(a) le propusiera a la directiva del Festival de Cine de La Habana la autogestión de todo el complemento tecnológico de las proyecciones previo contrato, como actualmente hacen grupos de realización, los cuales han invertido en equipamiento de filmación, iluminación, edición… hasta convertirse en autosuficientes e incluso más suficientes que las instituciones estatales. Entonces, ¿no sería posible —como pregunté hace cinco años—que surja la figura de un gestor no estatal insertado en la política de distribución y exhibición nacional y extranjera, con competencias suficientes y respaldo legal para todas las manifestaciones del audiovisual?

En la sesión del evento Caracol de la UNEAC, citado en mi artículo de noviembre de 2013, decía que Roberto Smith, como presidente del ICAIC en aquel momento, dejó entrever la posibilidad de convertir los cines en cooperativas. Dicha eventualidad ponía sobre el tapete nuevas interrogantes: ¿cómo se articularía la exhibición audiovisual a lo largo de nuestro país? ¿De qué mecanismos se valdrían los nuevos exhibidores para adquirir los materiales que ocuparían las pantallas? ¿Cómo se regularía el tiempo de pantalla para la producción nacional?

Las respuestas inmediatas, de ahora mismo, volverían a pasar por el “ICAIC-centrismo” y sus organismos rectores en las provincias: los centros de cine. Sin embargo, lo que está llamado a ocurrir es una necesaria desagregación de la distribución y la exhibición, regulada por una legislación que no sea abatida por decisiones arbitrarias o coyunturales en cualquier rincón de la isla. Un cuerpo legislativo que apoye a esas nuevas figuras, pero al mismo tiempo ponga en claro a qué altura estará el listón para la programación cinematográfica o audiovisual en Cuba.

¿Utopía? Puede ser. Lo cierto es que no podemos continuar con una programación basada en la piratería vergonzosa. Hay que organizar la visualización de obras nacionales o extranjeras en cualquier medio, mediante un correcto establecimiento de prioridades en torno a dónde se van a exhibir primero y por cuánto tiempo, antes que los otros puedan o deban hacerlo, o incluso antes de decidir comercializarlas. Es imprescindible recuperar las tandas en los cines, hacerlos más atractivos como espacios sociales, mejorar las condiciones de proyección y pensarlos menos como lugares para obtener dinero a través de una multivalencia dudosa, provocada por la ineficiencia de la institución que las tiene que hacer valer para su función genésica. Debemos defender la producción nacional y validarla desde la calidad de la obra en sí, promocionarla tanto en Cuba como en el extranjero, teniendo este último elemento como rector, y no regirnos por condicionantes políticas o de cualquier otro tipo, siempre extrartísticas.

El disfrute del audiovisual en espacios públicos no ha desaparecido en el mundo. Las pequeñas salitas en 3D, expandidas a lo largo de la isla, están muy lejos de ser la solución a la recuperación del gusto por compartir una obra audiovisual como acto social. Creo que se impone, desde hace rato, una nueva visión sobre la exhibición en Cuba. (2018)

Notas:

[1]Sitio digital de Radio Ciudad, publicado el 19 de agosto de 2015, http://www.radiociudadhabana.icrt.cu/2015/08/19/nuevas-salas-de-cine-en-3d-en-la-habana/; Semanario Sierra Maestra, publicado el 22 de octubre de 2016, http://www.sierramaestra.cu/index.php/cultura/10508-cine-3d-en-santiago-de-cuba; Revista Bohemia, publicado el 20 de julio de 2016, http://bohemia.cu/cultura/2016/07/ciego-de-avila-abre-la-primera-sala-de-cine-3d/; Semanario Venceremos, publicado el 1 de febrero de 2017, http://www.venceremos.cu/guantanamo-cultura-noticias/8454-cine-en-3d-para-la-familia-guantanamera;  Sitio digital de Perlavisión, publicado el 28 de julio de 2017, http://www.perlavision.cu/verano-3d-cienfuegos-disfrutan-jovenes-adultos-infantes/.
[2] Anaisis Hidalgo Rodríguez y Zeide Balada Camps: “Granma se acerca al cine del futuro con las salas 3D”, 27 de agosto, 2015, http://lademajagua.cu/granma-se-acerca-al-cine-del-futuro-con-las-salas-3d/.

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