Tony o de la constancia del espectador

Voces en la niebla. Un lustro de joven audiovisual cubano (2010-2015) es el primer libro de Antonio Enrique González Rojas, uno de los colaboradores de Altercine.

Cuando te gusta lo que escribe alguna persona, sientes la curiosidad y el impulso inmediatos de encontrarte con ella. No importa si te la presentan o la encuentras en un lugar inesperado. Es el momento de propiciar el contacto: la admiración (el desacuerdo también) te estimula a llegar al escritor.

Luego quieres constatar, por la conversación, lo que él te ha dado en sus textos. No aludo tanto a los temas, ni siquiera al tono, sino a esa imagen casi total que nos hemos figurado del personaje. Olvidamos que el interés mayor y mejor del escritor puede manifestarse única y exclusivamente en su obra. ¿Por qué querer una prolongación en su vida extravocacional?

El reclamo no puede ser más injusto por exigente. El escritor tiene una vida mundana. Por mucho que le fascine un asunto, tiene nimiedades como cualquier persona. Aun así, el admirador no tiende a perdonar. Ahora, cuando alguien conoce la extroversión oral de Antonio Enrique González Rojas (Tony), después de leer sus textos, sonríe: pocas veces se tiene la oportunidad de rememorar, para bien, el discurso escrito de alguien cuando se le escucha hablar.

A Tony lo conocemos por ser uno de los más activos críticos de audiovisual de Cuba. De sus comienzos en el oficio puede dar fe Juan Antonio García Borrero, quien lo publicó por primera vez en su blog La pupila insomne, hasta Norberto Codina, quien lo tiene en cuenta en La Gaceta de Cuba, llamada no por pocos lectores “la revista de las revistas”.

Cubierta del libro Voces en la niebla

Tony ha tenido sus secciones en espacios radiales y, como algunos colegas, se ha enfrentado a las cámaras de televisión: es el peligroso entrevistador del programa Lente joven. De Tony también uno escucha a cada rato, porque le encantan los debates preparados. Pero si te sientas un momento con él o lo saludas por un pasillo e incluso en la calle, y se te ocurre plantearle una afirmación, o preguntarle por algo que ha visto ya, cuidado: una polémica cultural puede iniciarse. Polémica cultural, aclaro, porque Tony no tiene tiempo para enemistarse con un colega de profesión. Aunque compañeros recelosos y ocultos puede tener. Que estén impresas y digitalizadas sus opiniones por doquier repercute en la de diferentes lectores.

Ahora tenemos la ocasión de apreciar a un Tony menos fragmentado y lejano, pues el proyecto de Ediciones Claustrofobias ha apostado por reunir 11 de los más recientes textos del joven crítico en Voces en la niebla. Un lustro de joven audiovisual cubano (2010-2015), el primer libro digital de crítica sobre audiovisuales de Cuba.

Lo que primero llama la atención de Voces en la niebla es la variedad de intereses de su autor: largometrajes, cortos de ficción, documental, dibujos animados. A Tony le interesa cuanto se filma o se graba profesional o espontáneamente en Cuba. Junto a Dean Luis Reyes y Mario Masvidal, es uno de los grandes conocedores visibles de la animación del patio y extranjera. Él no se pone trabas a la hora de reconocer las más disímiles propuestas: de Mundo sumergido, de Alien Ma, a Vampire Hunter D: Bloodlust, de Yoshiaki Kawajiri. De La isla y los signos, de Raydel Araoz, al Superhéroes, de Michael Barnett. Tony representa lo más distante del crítico elitista que discrimina, por ejemplo, las películas de monstruos, inspiradas en los comics o la no siempre “literatura menor”. Cuando algún que otro crítico e historiador de cine pudiera echar en cara que prefiere la ida a un zoológico, para ver a un simio, que enfrentarse —por menosprecio— a una de las versiones de King Kong, ahí está el autor de Voces en la niebla, legitimando otras expresiones genéricas del séptimo arte.

Con Voces… se cifran criterios en torno al joven audiovisual cubano, pero su discurso evidencia una asimilación aprovechada de las preocupaciones foráneas, no solo estético-conceptuales, sino antropológicas. Ello le permite a su autor explayar los marcos espacio-temporales de las obras cubanas, en virtud de paralelos temáticos y estilísticos. Tony no compara con el propósito de exhibir su mirada recolectora. Más bien ensarta apreciaciones analíticas porque los realizadores cubanos poseen también distintas referencias visuales e imaginativas. Por este método arriesgado y necesario en Voces en la niebla, es que su autor provoca y nos motiva a buscar cuanto no hemos visto. Vamos al material fílmico y volvemos sobre el texto de Tony sin asomos de duda, sino de confirmación, de aprendizaje.

En Memorias del desarrollo: La insoportable alienación del ser, se lee:

Con una compulsión casi demente, Sergio saja y anexa iconografías legitimadas/anatemizadas por el excluyente arbitrio humano, perenne ejecutoria esta casi siempre en detrimento de su prójimo, odiado por insinuar bifurcaciones inesperadas a lo largo de planificados derroteros personales o comunales. Enjuiciado es cínicamente todo matiz de rigidez paradigmática entrevisto en ambas orillas. Desgastados están todos los símbolos tras innúmeras manipulaciones, tergiversaciones, simplificaciones y definitivas anulaciones. Asqueado de tanto tira y encoge, Sergio mixtura todo este aquelarre de vanidades en el endemoniado caldero al rojo vivo de su mente, destilando inquietantes híbridos semióticos, signados por la mayor provocación.

¿Más representante de la acelerada y fragmentaria posmodernidad que de su vocación como periodista? Eso que lo responda Tony, quien sobresale por un discurso directo y copioso, embalado y afluente. Él es de comienzos sin circunloquios, de ráfagas argumentativas, de religiosos participios de pretérito, de habituales adverbios de modo y resueltas subordinadas. Pero las oraciones subordinadas aquí vienen a ser vencidas, no tanto por las atrevidas asociaciones de Tony, como por sus sabrosas ideas que, de sopetón, no se amparan en lo obvio, sino a menudo en lo irónico y sutil.

Tony no quiere permanecer silencioso. Posee incontinencia verbal. Está de más un tratamiento, porque lo suyo no es un padecer, sino un regodeo recurrente, incrementado con los años. ¿La causa? La dedicación a mirar cuanto audiovisual aparezca. ¿Cómo es su rutina de trabajo? ¿Desde cuándo está viendo cine, series, videoclips…? ¿Cuánto duerme? ¿Cómo sueña teniendo guardadas tantas imágenes?

Un detalle alarmante: Antonio Enrique González Rojas está solo en la mitad de sus treinta años. Desde el inicio, hay obsesiones que evidencian sus indudables secuelas. Lo sabe Tony y no teme. Su futuro seguirá poblándose de nuevas voces en la niebla. (2017)

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