Un encuentro con el atormentado de México (Parte 1)

A propósito del 120 aniversario del nacimiento del director soviético Sergei Eisenstein, que se ha celebrado esta semana, Pedro Noa evoca el encuentro entre el cineasta y el crítico cubano José Manuel Valdés-Rodríguez, a propósito de la estancia del primero en México.

Sergei Eisenstein

Foto: Cortesía del autor

Tengo delante de mí la página 124 de una revista Close Up[1]. No se puede determinar a simple vista el número ni año de su publicación, pero pertenece a la edición de junio de 1933[2]. En la parte inferior está escrito, con una letra muy suelta, desdibujada la caligrafía pero en perfecto español: “Para el amigo Valdés Rodríguez, Sinceramente, Sergei M. Eisenstein” y, entre paréntesis, “El atormentado de México. Moscú, 2 de agosto de 1934”.

Este autógrafo es el único testimonio gráfico del encuentro entre dos figuras importantes en la historia del cine en Cuba y la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.): el profesor y crítico cinematográfico José Manuel Valdés-Rodríguez Villada (1896- 1971) y el director, teórico y profesor Sergei Mijailovich Eisenstein (1898- 1948).

Valdés-Rodríguez no fue el primero ni el único cubano que conoció al realizador. Anteriormente, el novelista Alejo Carpentier (1904- 1980) lo había encontrado en París en 1930 y lo acompañó por diferentes lugares de la Ciudad Luz, junto al poeta Robert Desnos (1900-1945), quien le servía de guía. El encuentro fue rememorado como una entrevista en la revista Social durante marzo de ese mismo año, en la cual dejaba sus impresiones sobre él:

“Estamos en la terraza del café Les Deux Magots. Hay sol de invierno, claro y frío (…) Junto a una larga mesa reconozco los rostros de Roger Vitrac, Ribemont-Dessaignes, Robert Desnos, Prevert, Leiris y otros suprarrealistas disidente[3]. En medio del grupo hay un desconocido para mí: un hombre pequeño, chato, fuerte como un nibelungo, con el rostro a la vez voluntarioso y guasón de esos malos alumnos, cazadores de moscas, domadores de pajaritos, irreverentes y desmemoriados, que bastan para desencadenar la anarquía en las aulas más apacibles”[4].

El Eisenstein que entrevistó Carpentier y acompañó “… por los lugares más raros y menos visitados de París”[5] se consideraba un joven triunfador, con cuatro largometrajes terminados y un reconocimiento internacional inmensurable. Desde 1928, viajaba fuera de la U.R.S.S, dictaba conferencias y era tan admirado como temido por la intelectualidad occidental. Por ejemplo, durante esa estancia en la capital francesa, impartió una conferencia en la Sorbona en febrero, pero la exhibición de su filme más reciente, La línea general (1929), fue prohibida por el Prefecto de París. La persona que conoció Valdés-Rodríguez, cuatro años después, había cambiado completamente.

José Manuel Valdés Rodríguez en sus años de juventud.

Foto: Cortesía del autor

¿En qué entorno se produjo este encuentro? En agosto de 1934 se organizó en la U.R.S.S. el I Congreso de Escritores Soviéticos, primera reunión de la recién fundada Unión de escritores de esa nación, creada desde 1932 por una disposición del Comité Central, que en sus primeros tres puntos orientaba:

  • Liquidar las asociaciones de escritores proletarios (…)
  • Unificar a todos los escritores que sostienen la plataforma del poder soviético y que aspiran a participar en la construcción socialista en una única unión de escritores soviéticos que incluya una fracción comunista (…)
  • Realizar cambios análogos en las demás disciplinas artísticas[6].

Este Congreso ha pasado a la historia, entre otros tópicos, por la implantación oficial, dentro de la política cultural del país de los soviets, del llamado “realismo socialista”. Su principal ejecutor y más fiel cancerbero fue Andréi Aleksándrovich Zhdánov (1896- 1948). En su discurso durante el evento dejó claro cuáles iban a ser las exigencias del poder soviético sobre el arte y la literatura:

“El camarada Stalin ha llamado a nuestros escritores ingenieros del alma humana. ¿Qué significa esto? ¿Qué deberes os impone esta denominación?

Esto significa, en primer lugar, conocer la vida, para saber representarla fielmente en las obras artísticas, y representarla no de modo escolástico, exánime, no simplemente como ‘realidad objetiva’, sino como realidad en su desarrollo revolucionario.

Así, la veracidad y la concreción histórica de la representación artística deben combinarse con el deber ideológico de reformar y educar a los trabajadores en el espíritu del socialismo. Este método aplicado a la literatura y la crítica literaria es lo que nosotros llamamos método del realismo socialista”[7].

A este congreso capital asistieron, como delegados, Sergei Mijailovich Eisenstein, quien prácticamente pasó inadvertido, y José Manuel Valdés-Rodríguez, por el Partido Comunista de Cuba, corresponsal, además, de la revista Bohemia y el periódico Ahora.

¿Qué circunstancias personales habían modelado la vida de ambos, antes y durante ese verano de 1934?

Empecemos por el cubano. José Manuel Valdés-Rodríguez Villada estaba viviendo sus años de mayor activismo político. Desde 1930 se había incorporado a la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado.

Junto a Juan Marinello (1898- 1977) y el poeta José Zacarías Tallet (1893- 1989), integró la Liga Antiimperialista de Cuba en 1931. Dos años más tarde, durante los últimos días de 1933, participó en el entierro de las cenizas de Julio A. Mella, veladas, precisamente, en el local de la Liga Antiimperialista. Al año siguiente, fue nombrado Secretario de esa organización e ingresó en el Partido Comunista.

Su labor como periodista había comenzado en 1927, al publicar sus primeros trabajos de crítica literaria y cinematográfica en las Revista de Avance, América Libre y Atuey.

En 1928, se encargó de la crónica social de El Mundo. Allí colaboraba como crítico literario y de cine, a la vez que atendía la columna “Vista Fija” en su suplemento dominical, dirigida por Tallet. Este período se extiende hasta 1935, durante el cual sus artículos sobre teatro y el séptimo arte estuvieron presentes en importantes revistas de La Habana. Pero también escribía para publicaciones de filiación abiertamente política, como el periódico Ahora y la revista Masas.

La admiración del cubano por la filmografía del soviético se remonta a 1927, cuando se estrenó en Cuba su obra más reconocida: El acorazado Potemkin (1925). El suceso fue narrado por él, varios años después:

“Asistimos a la primera presentación de Potemkin. O mejor, a lo que de ella dejó ver la policía que a palo limpio acabó la proyección poco después de empezada.

Fue allá por 1926 ó 27 en el teatro Nacional…

Después hemos visto muchas veces Potemkin, estudio indispensable y gustoso de una creación básica de la historia del cine. Y siempre, como en 1927, la emoción nos ha calado hasta lo profundo de la sensibilidad”[8].

El primer elemento importante a tener en cuenta con respecto a su posterior encuentro con Eisenstein fue su colaboración con Experimental Cinema, una revista de corta duración (1931-1934) editada en los Estados Unidos de América, con apenas cinco números, dedicada a la crítica y la teoría cultivada por especialistas de izquierda y al cine de vanguardia. Los trabajos aparecidos en sus páginas tenían la firma de personalidades como Alberto Cavalcanti, Leon Moussinac, Bela Balazs y el propio S. M. Eisenstein, entre otros.

Es de destacar que, en su breve aparición, diferentes obras del director soviético ilustraron cuatro de sus portadas y que todas las ediciones contenían un trabajo elaborado por él y/o sobre su obra fílmica.

Por lo tanto, Experimental Cinema pudo ser un punto inicial para el conocimiento mutuo, por lo menos nominalmente. Valdés-Rodríguez se publicó en el número 4, de febrero de 1933, con un artículo titulado: “Hollywood: Sales agent of American Imperialism” (pp. 18-20), y su nombre apareció como corresponsal para América Latina, junto al mexicano Agustín Aragón Leyva[9].

Esta no sería la única ocasión en que el nombre del periodista cubano se vinculó a los avatares de vida del soviético, durante el primer lustro de 1930. Pero hablemos primero sobre qué estaba ocurriendo con Eisenstein y por qué había agregado a su firma el epíteto de “El atormentado de México”. (2018)

Continuará…

Notas:

[1] 1.- Close Up fue una importante revista trimestral, con oficinas en Londres y Suiza, publicada entre 1928 y 1933, dedicada a los estudios sobre el cine. En sus portadas se puede leer: “A Quartely devoted to the art of films”. Su colección completa se encuentra digitalizada y a disposición de los lectores en la dirección: https://archive.org/stream/closeup10macp#page/n117/mode/2up
[2] A esta conclusión inicial pude llegar gracias al propio testimonio de Valdés-Rodríguez, el cual contaré más adelante, y gracias a una nota al pie contenida en el libro sobre Eisenstein de Marie Seton, que reza: “Los artículos propuestos por Eisenstein subsecuentemente aparecieron en Close Up bajo los títulos ‘Un detective trabaja en el Gik’ (fechado en octubre de 1932), publicado en diciembre de 1932; ‘Un cinematógrafo con lágrimas’, marzo de 1933, y ‘Una tragedia americana’, junio de 1933”. Seton, Marie: Sergei M. Eisenstein. A biography. Grove Press, Inc. New York, Estados Unidos de América. 1960, nota al pie, p. 257.
[3] En sus memorias, Eisenstien proclamó su proximidad con “el ala democrática de izquierda de los surrealistas, la cual había roto con la facción de Breton. Ellos son mis amigos”. Rebecchi, Marie: “Sergei Eisenstein and Jean Painlevé: science is animation”, en: Critical Quarterly. Volume 59, Issue 1, Versión de registro online: 25 Apr 2017. http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/criq.12321/pdf
[4] Carpentier, Alejo: “Con el creador del Acorazado Potemkin”, en: Arias, Salvador (Compilador): El cine, décima musa. Ediciones ICAIC, 2011, p. 56.
[5] Idem, p. 60.
[6] “Disposición del Comité Central del Partido Comunista de los Bolcheviques de la Unión Soviética sobre la reconstrucción de las organizaciones literarias y artísticas”, 23 de abril de 1932, pp. 40-41. Tomado de: Gómez Gutiérrez, Juan José: Crítica, tendencia y propaganda. Textos sobre arte y comunismo, 1917- 1954. Ediciones ISTPART. Sevilla, España, 2004.
[7] S. A.: “75 años del primer congreso de escritores soviéticos”, publicado en el blog La Espina Roja, viernes, 21 de agosto de 2009.  http://espina-roja.blogspot.com/2009/08/75-anos-del-primer-congreso-de.html
[8] Valdés Rodríguez, José Manuel: “’Potemkin’, hoy como ayer obra genial”, en: “Tablas y Pantalla”. El Mundo. 13 de febrero de 1960, p. 6.
Tanto María E. Douglas como Arturo Agramonte y Luciano Castillo corroboran que el estreno se produjo el 1ro de septiembre de 1927 en el Teatro Nacional y que fue prohibida por el Gobierno de Gerardo Machado. Douglas, María Eulalia: La Tienda Negra. El cine en Cuba (1897- 1990). Cinemateca de Cuba. 1997, p. 50; Agramonte, Arturo y Luciano Castillo: Cronología del cine cubano I (1897- 1936). Ediciones ICAIC. 2011, p. 288.
El desaparecido investigador Raúl Rodríguez dedica un fragmento de su texto El cine silente en Cuba a la repercusión que tuvo en la prensa la prohibición de la película en Cuba. Rodríguez, Raúl: “La exhibición. Llega a Cuba el cine soviético”, en: El cine silente en Cuba. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1992, pp. 133-44.
[9] Agustín Aragón Leyva aparece en este número como Secretario general del Cine Club mexicano. Fue uno de los asistentes de Eisenstein durante la estancia del director en México.

 

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.