Antonio Enrique González Rojas: “No he dejado de ser ese niño omnívoro” (Parte II y final)

Entrevista a uno de los críticos cubanos más activos y agudos del panorama actual.

Antonio Enrique González Rojas

Foto: Cortesía del autor

 ¿Cuál es la película cubana de tu preferencia?

Me gusta mucho La primera carga al machete (Manuel Octavio Gómez, 1969). Pero también Coffea Arábiga (Nicolás Guillén Landrián, 1968). Y también El elefante y la bicicleta (Juan Carlos Tabío, 1994). Pero también La última cena (Tomás Gutiérrez Alea, 1976). Pero también Superstición (Bernabé Hernández, 1964). Pero también Memorias del desarrollo (Miguel Coyula, 2010). Pero también Los perros de Amundsen (Rafael de Jesús Ramírez, 2017). Pero también Osain (Hernán Henríquez, 1966). Pero también Los incrédulos (Hernán Henríquez, 1970). Pero también Papobo (Hugo Alea, 1986). Pero también El proyecto (Alejandro Alonso, 2017). Pero también Molina´s Culpa (Jorge Molina, 1993). No las enumero en orden cronológico, sino como fueron emergiendo de la memoria. Pura asociación de ideas.

Entonces, ¿quién se supone sea tu director de cine cubano favorito?

Aquí sí tengo una opción preeminente. Creo que Nicolás Guillén Landrián es el genio del cine cubano del siglo XX. Un creador sin concesiones, radical, sincero, honesto, complejo, provocador y sedicioso. Sus obras alcanzan tales grados de libertad expresiva, que quizás solo se comparen con otro genio trágico y atormentado como el pintor Fidelio Ponce de León, otro de mis favoritos. Nicolasito tal vez haya sido el cineasta que más comprendió y abrazó la esencia mutable del arte, así como el rol que la “realidad” juega para esta: el de amalgama completamente maleable, siempre subordinada. Y no viceversa. Era militante solo de su consecuencia. Y eso le costó mucho. Es casi el mártir del cine cubano, como hasta cierto punto Tarkovsky lo fue del cine soviético. También lo comparo con el Bosco (otro de mis favoritos), un surrealista adelantado en tiempos del naturalismo representacional.

Visionar cada obra de Guillén Landrián es una experiencia muy completa y compleja. Emoción, razón, obsesión, desgarramiento, provocación. Todo junto y viceversa. Me identifico mucho con él, pues así mismo abordo la creación crítica, sin que alcance su genialidad, claro.

¿Cuál es la serie de Tony?

Twin Peaks, de David Lynch. Y casi ni puedo explicarlo. Irónico, ¿no? Lynch se siente, no se explica.

Tu actriz

Imposible quedarme con una: Marlene Dietrich, Antonia Zegers, Charlote Gainsbourg, Hanna Schygulla, Sigourney Weaver, Juliette Lewis, Jeanne Moreau, Jessica Lange, Tilda Swinton, Emmanuelle Seigner, Eva Green, Cate Blanchet…

Un actor que te impresiona

Imposible quedarme con uno: Klaus Kinski, Walter Huston, Song Kang-ho, Christian Bale, Charles Laughton, Wagner Moura, Jack Nicholson, Alfredo Castro, Charles Chaplin, Buster Keaton, Jim Carey, Fernando Fernán Gómez, Viggo Mortensen, Paul Dano, Daniel Day Lewis, Daniel Jiménez-Cacho, Min-Sik Choi, Mario Guerra…

(No me preguntaste por mi director favorito, pero igual te enumero algunos, sin orden cronológico tampoco: Todd Solondz, Terry Gilliam, Fritz Lang, Park Chan-wook, Satochi Kon, Stanley Kubrick, Andrei Tarkovski, Werner Herzog, David Cronenberg, Max Ophuls, Alex de la Iglesia, Ed Wood Jr., John Waters, Guy Maddin, David Lynch, Hitoshi Matsumoto, Billy Wilder, Giorgos Lanthymos, Samuel Maoz, Takashi Miike, Juan Orol, Carlos Reygadas, Jiri Menzel, Karel Zeman, Roy Andersson, Alexander Sokurov, Nicolás Guillén-Landrián, Alexey Fedorchenko, Jan Svankmajer, los hermanos Quai…)

Una frase dicha en alguna película que te gusta

“REDRUM!”. Casualmente lo dice un personaje fantasmal llamado Tony.

¿Qué crees de los críticos que solo ven materiales premiados y clásicos y soslayan la oportunidad de descubrir no solo en lo nuevo, sino en el pasado, joyas cinematográficas?

Bueno, es una pregunta tendenciosa, pero al final pensamos igual. Guiarse ciegamente por el palmarés de los festivales o de los premios glamorosos sin sospechar, sin advertir todo el tiempo que son constructos esquemáticos de personas tan subjetivas como uno, con más o menos imaginación, creo que es una comodidad, un esnobismo y, sobre todo, una pobreza total de criterio. Es dejar que otros piensen por uno. Tampoco se trata de despreciarlos por completo, pero sí de asumirlos críticamente. Pues de la noche a la mañana, un premio puede transitar del riesgo al conservadurismo, de la imaginación a la reacción. Y arrastrarnos con él a esas simas.

Los premios pueden orientar qué ver y también qué no ver. El valor en negativo es muy importante también. Los premios son síntomas políticos, epocales, socioculturales, más que los fanales en la niebla que pretenden ser. A veces es mejor perderse un poco en la niebla y darse de narices con sorpresas inesperadas. Pues todo canon termina oliendo mal. El descubrimiento del arte audiovisual lo prefiero emprender como una aventura bastante solitaria e íntima.

No tengo jerarquías rígidas, aunque tampoco acepto todo, pues soy un ser de la finitud y discrimino, excluyo, evado e ignoro. Pero trato de estar alerta y listo para que una película, un videoclip o un serial cambien toda mi concepción del audiovisual estructurada hasta ese momento. Y otro. Y otro…

¿A qué se debe que en Cuba muy pocos críticos de cine atiendan el dibujo animado?

Por culpa, en gran medida, de hegemonías culturales como el canon Disney, la animación (el dibujo animado es solo una mínima parte de esta), uno de los lenguajes audiovisuales más complejos, padece a escala global de subestimación desde la perspectiva de los analistas cinematográficos. Mientras que en el contexto de las artes visuales ha sido y es abrazada por creadores y críticos con mucho mayor desprejuicio.

Específicamente en Cuba, el sendero que remontaron durante los años sesenta los estudios de animación del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) —donde se realizaron admirables obras de alta búsqueda estético-discursiva— fue truncado como tantas cosas, por el telón gris de los setenta, cuyo despliegue redujo técnicamente la animación al dibujo animado, limitó su influencia a los públicos infanto-juveniles y le endilgó exclusivos propósitos didácticos y propagandísticos, con algún que otro acierto las menos de las veces. (La historieta pasó por una criba muy semejante). Todo con el consecuente reduccionismo perceptual, con el empobrecimiento creativo que subordinó completamente el lenguaje a los mensajes “altos y claros”, anclados generalmente en una facilista visualidad Disney, a favor de seguir perpetuando el canon. Esto también recrudeció la desatención de los críticos, concentrados en el “cine con mayúsculas”, o sea el cine de corte autoral, “real”, donde se operaban búsquedas un poco más arriesgadas.

Amén de eso, persiste un apego al registro realista entre los críticos, quienes incluso asumen erróneamente la animación como un género, que considero en gran medida fruto de la falta de imaginación y la incapacidad de trascender prejuicios heredados o enquistados. Claro que tienen derecho a no gustar de la animación y, por opción consciente, evitarla. Pero quienes así piensan están desconociendo un campo creativo infinito, donde se pueden hallar no pocas imprescindibles obras de todo género, intención y experimentación.

Como te comenté, la animación forma parte orgánica e imprescindible de mi cultura audiovisual desde mis primeros años y no he permitido que deje de serlo en ningún momento, so pena de mutilar mi percepción.

¿Qué ha representado la Muestra Joven para la cultura nacional?

La Muestra Joven es una plataforma que me despierta sentimientos muy encontrados, sobre todo a raíz de los acontecimientos suscitados en marzo de 2018, detonados por la divergencia de su dirección con órdenes regulatorias del ICAIC, su innegable “superior”. Esto marcó quizás el punto de no retorno en la decadencia de este espacio alternativo, devenido zona de contención institucional de las oleadas de creaciones audiovisuales independientes que demarcan ritmos ideoestéticos de una fílmica que hace rato decidió echar a andar, allende las bardas de una entidad cada vez más administrativa y castrante, cada vez menos fomentadora y facilitadora como fue concebida en sus orígenes. Fundado por artistas lúcidos, apenas es ahora una tribuna de burócratas oscuros limitados a regular el arte con muy pobres raseros.

La Muestra fue casi el último intento por dialogar con una generación que se le escapaba de las manos, con preocupaciones divergentes de la agenda institucional. Y ha pervivido casi como el único espacio de promoción y confrontación de estas obras. Cada vez más evidentemente limitada por su puntual existencia en dos salas de cine con magra asistencia de público. Y esto es remarcado por las posibilidades que han ido hallando los creadores para estrenar, exhibir y promocionar sus películas en el mundo, casi siempre en festivales, pero que implican una visibilización apenas soñada hace unos pocos años. Entonces, la Muestra va perdiendo su jerarquía en los intereses de los realizadores, pues ya no basta con “mostrar” sus obras y luego apagar la luz hasta el año siguiente.

Aun así, la Muestra fue sin dudas un espacio importante en sus primeros años, como aglutinadora y sistematizadora de las voces creativas cubanas más contemporáneas. Pero ya hace falta más y esto va quedando en el limbo nostálgico y romántico.

A tu entender, ¿cuáles es el pro y el contra del Paquete para los cubanos?

El Paquete es un canal alternativo que nos permite sincronizarnos un tanto con el mundo respecto al cual permanecemos bastante aislados. Es una plataforma bastante inclusiva (aunque de su redil escapan aún muchos productos, de manera inconsciente o de manera consciente), que compensa de modo leve, pero a la vez definitoriamente, la falta de acceso pleno a la Sociedad de la Información, con todas las luces y sombras conspirativas que se le quieran señalar. Esto llegará en algún momento, pues la vida se abre siempre camino entre todos los obstáculos que se le ponen con pretensiones regulatorias y hegemónicas. Y esta es la nueva sociedad que ya se filtra en Cuba, por mil grietas.

El único contra que le hallo es que aún no lo abarca todo, por lo que carga con ciertos atavismos de la era broadcasting. Hace rato que renuncié a tratar de decirle a las personas qué ver y cómo ver. Apenas me limito a provocar reacciones críticas a los que me lean u oigan. Hablo y escribo de lo que veo y considero significativo, y que los demás hagan lo propio. Tampoco la solución es dosificar, fiscalizar y cribar los flujos de contenidos en nombre de una educación de los públicos masivos, pues lo único que se obtiene es una esfera perceptiva falsa que explotará como una burbuja al menor contacto con productos más afines con las naturales inclinaciones de las personas.

En este terreno cundido de opciones, cada uno encontrará de alguna manera sus afiliaciones, pues no le queda más remedio. Yo las encontré y las encuentro, y no soy mejor ni más perfecto que nadie. Gracias al Paquete estoy en gran medida al tanto de una gran parte de lo más contemporáneo del cine mundial.

¿Qué te ha aportado un espacio televisivo como Lente Joven?

El programa ha sido y es una aventura. Es una oportunidad de ser parte del medio de comunicación que por excelencia contribuyó a mi formación como consumidor. Así homenajeo el espíritu inquieto de espacios muy importantes para mí, que ya te mencioné: Prismas, En Video, TV en TV, 24 x segundo. De hecho, hasta hace poco el programa estuvo ocupando el mismo día y horario que Prismas tuvo en algún momento: jueves a la medianoche. Incluso, en unos anuncios que la conductora hacía en la cartelera de Teleavances, incorporé la muletilla “poco antes de la media noche”, como homenaje directo. Ya llevo casi cinco años escribiéndolo y conduciendo la sección “Plano/contraplano”. Pensándolo precisamente como la puerta perceptual que Prismas y En Video fueron para mí y para otros de mi generación. Intentando, dentro de los límites de la política editorial de la TV, mostrar en lo posible las zonas más singulares del audiovisual cubano, las más arriesgadas y por ende las más interesantes. Y buscando salirme lo más posible de los rediles de lo fílmico, hacia el videodanza, el videoclip, hasta el spot, el videoarte. Nunca lo logro lo suficiente, pero ahí vamos tratando. Claro que soy parte de un equipo liderado por el director Julio César Wong y la asesora Jezabel Rodríguez (además del productor Juan Eriel Noris), quienes me soportan con santa paciencia los días soleados y los días nublados, desde una verdadera amistad y un alto respeto profesional.

Si tuvieras la oportunidad, ¿dirigirías un audiovisual?

Nunca. Apenas he contemplado esta idea. No tengo paciencia y desconozco la alquimia de la realización. No soy un cineasta frustrado, como casi siempre se dice de mi profesión. Soy un crítico “puro” (a veces duro, otras no tanto) y estoy muy feliz de serlo. Aunque quisiera ganar más dinero con lo que escribo, pero ese también es el precio de hacer lo que se desea y no lo que otros quieren que hagas…

Cuéntame de tu rutina laboral, cuando tienes el tiempo del mundo frente a una pantalla y un teclado. ¿Primero es la escritura y luego ves algo, o vas mirando, paras y luego escribes?

Indistintamente. A veces visiono y la crítica emerge. A veces necesito par de días para que los argumentos y criterios se cimenten en el subconsciente y luego afloren las líneas conceptuales básicas, el título y el siempre difícil primer párrafo. A veces tengo que recurrir a la película entre oraciones o entre párrafos para precisar líneas, planos, detalles, secuencias. No tengo un esquema rígido.

¿Crees que una buena crítica depende de las veces que se vea una película?

No es algo tan determinista. Casi siempre me gusta ver dos veces la misma película. A veces no tengo una copia en mi poder y la urgencia del texto no me permite esperar por otro pase (en el caso de las exhibiciones en festivales), o sencillamente se trata de una presentación especial y a forzar la memoria. Igual, a veces se ve una película en varias ocasiones, pero no se mira bien. Otras solo basta una sesión para mirarla a cabalidad. Otras cintas sencillamente no requieren de una segunda vuelta. A veces visiono fragmentos específicos para precisar detalles, como te dije.

¿Qué sientes cuando te publican?

Me encanta. Me realizo en cada ocasión. Siento el mismo placer que la primera vez en que vi mi nombre en letras de molde (fue en 2001, en el periódico provincial de Cienfuegos). Es puro onanismo ególatra. Para qué negarlo.

¿Tienes algún proyecto de libro en estos momentos?

No, pues soy muy hiperquinético como para sistematizar a largo plazo los conocimientos. Espero que a Voces en la niebla le siga otra compilación de mis textos sobre audiovisual independiente cubano, que ya tengo bastantes. Quizás algún amigo me ayude a compilar los amagos de ensayos que he estado escribiendo últimamente, que pudieran articularse en un volumen. Me gustaría, pues a uno lo leen (y uno se lee) de otra manera. Eso sí, con Raydel Araoz estamos preparando un libro colectivo sobre audiovisual cubano del siglo XXI.

Sueño con otros proyectos que quizás nunca se realicen, como una guía crítica del cine de ciencia ficción y otro del audiovisual basado en historietas, otra de mis pasiones. Pero esto requiere mucho tiempo y de la holgura económica que no tengo, para dedicarme a tiempo completo.

¿Qué es el cine para ti?

Sabes que me gusta hablar de audiovisual, pues resulta una categoría más inclusiva. Pero te digo que para mí es la sublimación de ese movimiento que resulta la gran y verdadera constante universal. No evolutivo, ni progresivo por obligación, sino perenne y dialéctico, y sobre todo infinito.

Pues este campo artístico existe, precisamente, en el movimiento, en la transición, en el cambio constante de un estado al otro, en la revolución. Aunque su finitud permita reproducir las obras una y otra vez, es como tener en cada material un perpetuum mobile que siempre está en movimiento por los siglos de los siglos.

Esto es solo una noción, nunca una definición cerrada. Y sobre todo es movimiento. (2018)

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