Damián Sainz carga su Batería

Un documental que muestra un mundo ignorado por muchos: los sitios de cruising en Cuba.

Luego de documentales como Close up (2009) y De agua dulce (2012), ganadores de varios premios nacionales y el reconocimiento de la crítica, el realizador Damián Sainz culmina otro material que nos devela un mundo ignorado por muchos: los sitios de cruising en Cuba.

El metraje que ha mantenido ocupado a Sainz los últimos meses nos adentra en una antigua fortaleza o batería militar, que ha sido conquistada y readaptada por la comunidad gay para convertirla en un sitio de encuentro o sexo.

Las zonas oscuras de nuestra sociedad y los sujetos al margen son algunas de las constantes que podemos encontrar en la obra de Sainz, quien recientemente egresó de la Escuela Internacional Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV) en la especialidad de Documental. En entrevista exclusiva con La Jiribilla comentó más sobre su proyecto Batería.

“Por un amigo descubrimos que existe un lugar cerca de La Habana donde hay una fortaleza en ruinas. Este lugar ha sido tomado por la comunidad gay cubana como un sitio de encuentro, lo que se conoce como cruising. Son sitios donde las personas van a tener sexo, pero creo que también son espacios de resistencia, donde van las comunidades más desfavorecidas. Allí han encontrado un espacio para la construcción y reconstrucción de su identidad. Fui al sitio y me encantó: lo que fue una fortaleza colonial ha sido modificada por esa comunidad gay.

El lugar es literalmente una edificación militar construida en 1898. Me interesa la palabra “batería” para mi documental porque tiene muchas significaciones: es una línea que divide un espacio de otro; es un lugar subterráneo, una fortaleza y a la vez un refugio; es algo que se va gastando, pero que proporciona energía.

¿Cómo es la dinámica allí?

A mí me interesa la relación del hombre con el espacio: en De agua dulce, Close up

Esta fortaleza no es un espacio para vivir, sino de tránsito. Sin embargo, encontré un personaje que pasa mucho tiempo allí. Él es una especie de guía que me va llevando por el lugar, me cuenta historias suyas y de otras personas. Descubrimos que es una persona que ha encontrado su refugio, donde puede ser él mismo.

Estoy hablando de hombres gay que vivieron su juventud en las décadas del sesenta y setenta, una etapa dura, en la que ser homosexual en Cuba era comparado con ser delincuente.

Batería pone a dialogar esa etapa con la actual, en la que las cosas han cambiado para bien. Pero, a pesar de estos cambios, existen personas que sienten un gran peso del pasado: en Cuba se vive mucho con el peso del pasado. No por gusto escogí esta locación colonial, ese machismo que heredamos es un lastre que nos pesa. Batería habla de la relación del hombre con el espacio, y como ese espacio tiene una carga que trasciende al presente y que contiene historia.

En un contexto tan complejo e íntimo, como es un sitio de cruising, ¿cómo lograste las entrevistas?

En un principio queríamos trabajar solo con una persona. Para mí fue fácil escribir el proyecto para aplicar a fondos o para el crowdfunding, basado en los testimonios de un solo personaje. Sin embargo, en el proceso de investigación fui conociendo hombres con experiencias increíbles y con una gran capacidad para contarlas en el tono justo que buscaba. Me resistí a entrevistar a varias personas hasta muy cerca del rodaje, pero al final me di cuenta de que si basaba todo en la experiencia de un personaje no tendría la sensación de entrar a Batería y encontrarme con la memoria sonora que aún quedaba en el espacio, y para mí eso era muy importante. Así que terminé conversando con varios hombres, quienes terminaron siendo las voces de Batería.

No tengo una estrategia específica con los personajes, cambia con cada proyecto, con cada persona con la que trabajo. Lo más importante para mí es crear un espacio de confianza y transacción donde yo mismo me pueda dar el espacio para preguntar ciertas cosas y que ellos puedan compartir su experiencia sin tapujos.

Es una cuestión de compartir. Algunas personas nos dan mucho de sus vidas al cine, hay que ser muy responsable a la hora de saber qué hacer con eso que se nos entregan. Cuando pienso en eso me da temor pero, a la vez, fuerza para trabajar. Algunos hombres tuvieron reparos para colaborar en el proyecto, con otros fue de inmediato y hasta me lo pidieron sin yo decirles nada. Fue algo muy especial. Un día uno de los personajes se apareció con un fajo de billetes para colaborar con el proyecto económicamente. Por poco me echo a llorar ahí mismo. Al final lo convencimos de que lo que había hecho, entregar su historia, era de por sí más que generoso, pero fue hermoso igualmente.

A mí me encanta conocer gente, puntos de vista y vivencias diferentes. Hacer documentales o películas en general es perfecto para ello. No solo con los personajes, sino también con el equipo con el cual uno trabaja. Ahí también tuve muchísima suerte y le estoy eternamente agradecido a todo el equipo, creo que construimos algo bonito, compartimos algo muy especial en esos días de rodaje y para mí fue muy enriquecedor, como cineasta y como persona, observar que los integrantes del equipo iban descubriendo ese espacio que para muchos era algo totalmente desconocido.

La cultura queer ha sido abordada anteriormente en el audiovisual. ¿Qué propones de nuevo en Batería?

Siempre que comienzo un trabajo, busco referente; tanto para el tema como para la estética que persigo. Lo que encontré en este caso es que hay poco material sobre hombres gay; sí hay mucho sobre el mundo trans: la transexualidad, el transformismo, el travestismo… Otro dato interesante es que no existen muchos materiales sobre el cruising, algo fundamental en la cultura gay.

Batería habla de este tipo de sitios de coexistencia y resistencia en Cuba. Desde el punto de vista estético, tiene elementos de mis películas anteriores, así como del cine que me gusta. Intenta preguntarse hasta qué punto el documental habla de la verdad y no de invenciones, del mundo que la gente se imagina.

Este documental es lo primero que filmo después de terminar la escuela. Siento que estoy en un momento en que vale la pena desaprender un poco todo lo que estuve absorbiendo. Creo que es un proceso normal y muy rico, y que forma parte del propio camino de estudiar en una escuela como la EICTV, con un programa tan intenso y tan profundo.

En ese sentido, Batería está cerca de algo que no ha llegado, que se está buscando, pero es un documental en el que me siento mucho más libre y abierto a la hora de hacerlo, quizás también porque en alguna medida habla de mi experiencia como hombre gay cubano. Ese lugar me encontró en un momento decisivo de mi vida, cuando me estaba replanteando incluso no filmar nunca más, y despertó en mí un deseo muy profundo de hacer cine, de compartir mi experiencia, lo que sentía estando allí. Eso es algo que le agradeceré toda la vida a Batería, a la fortaleza y a las personas que allí conocí.

Cada vez más el crowfounding es empleado por los cineastas independientes cubanos para desarrollar o concluir sus películas. ¿Cómo fue tu experiencia con Batería?

El crowfounding que hicimos en Verkami fue más bien para poder rodar y comenzar la post-producción. Fue muy duro desde Cuba, sin internet verdadero para poder compartir a diario contenidos que pudieran atraer a los mecenas (videos, enlaces, etc.), pero aun así recaudamos casi el doble de lo que pedíamos. Sin embargo, lo bueno del crowdfunding (además del dinero que hace falta para filmar), es que genera expectativas y audiencias para el proyecto. Es una manera de dar a conocer el proyecto y encontrar posibles colaboradores.

El proyecto también lo financiamos gracias al apoyo del Fondo Noruego para el Cine Cubano. Además, entramos en coproducción con una productora independiente cubana llamada ROKA films.

Close up te colocó en el punto de mira del audiovisual joven cubano. Fue como tu carta de presentación. Luego de varios años, ¿cómo valoras este trabajo en su filmografía?

Ese fue mi primer documental. Un año antes comenzó a interesarme el género, sobre todo películas brasileñas y cubanas. Creo que Close up tuvo tanta fuerza porque estaba hablando de mí: unos años antes yo era ese vampiro, ese emo, aunque no perteneciera directamente a esas culturas. Todavía las personas me comentan sobre ese documental. Luego de hacerlo me di un voto de confianza y seguí realizando.

Close up determinó que entrara en la EICTV porque lo vieron y sintieron que tenía algo que decir y mucho que aprender. Esa fue una gran oportunidad porque conocí a los que hoy son mis maestros: Kiki Álvarez, Susana Barriga… También me dio la posibilidad de tener contacto con mi propia generación, que está apuntando para otro lado, tratando de hacer otro tipo de cine: Carlos Machado, Marcel Beltrán, Armando Capó… La escuela me conectó más con Cuba que con el exterior.

Actualmente se discute sobre una Ley de cine para Cuba. ¿Qué opinión tienes al respecto?

Yo soy uno de los afectados de que no haya Ley de cine en Cuba, como cualquier realizador que intenta hacer películas fuera de los espacios institucionales. Por ejemplo, si quiero hacer un largometraje documental, no puedo acceder a fondos porque los mecanismos legales no están creados. Actualmente estamos trabajando en un estatus de ilegalidad: no podemos hacer contratos, no tenemos cómo exigir por nuestros derechos si algo falla en un rodaje. Necesitamos regular algo que ya existe.

Tengo muchas dudas, pero creo que es el camino natural. Las cosas están cambiando en el país y le llegará su momento al cine. Me parece muy bien que trabajemos en un proyecto de ley, pues no hay nadie mejor que nosotros mismos para determinar lo que necesitamos. Construir un cuerpo legal es algo difícil, pero no se puede demorar 20 años, pues se perdería una generación completa de cineastas.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.