Después de Rogelio soy mejor padre y persona

Confesiones de Omar Franco a propósito del premio al mejor actor de reparto en el Festival Internacional de Cine de Nueva York.

Cortesía de Susana Méndez

Este diálogo con el actor Omar Franco se produce, finalmente, luego de varias conversaciones telefónicas. Hace pocos días ha regresado de Estados Unidos, donde obtuvo el premio al mejor actor de reparto por su personaje de Rogelio en el largometraje Pablo.

Nos encontramos en el Pabellón Cuba. Aprovechó una pausa en su trabajo para conceder esta entrevista, pues ahora mismo se encuentra en la grabación de la tele novela La otra esquina, dirigida por Ernesto Fiallo.

Omar Franco es ingeniero en Control Automático, pero en Cuba es más conocido por sus personajes humorísticos. La actuación dramática es otra faceta suya en la que también ha cosechado premios y reconocimientos, con la aprobación del público y la crítica especializada.

Precisamente su debut en las tablas se produjo con la obra Santa Camila, bajo la dirección del Premio Nacional de teatro Armando Suárez del Villar.

Para el teatro ha interpretado personajes antológicos como Freddie, de Abilio Estévez, dirigido por el maestro Carlos Díaz; el Mario Conde, de Leonardo Padura, llevado a la escena por Tony Díaz y su grupo Mefisto teatro.

En 2004 recibió un Premio Caricato por el papelmde Pepe, el personaje de Penumbra. Recientemente tuvo la suerte de darle vida otra vez a Pepe el posadero, en la ópera prima para el cine de Charlie Medina.

La cinematografía cubana le ha abierto las puertas en películas como Habanastation, El cuerno de la abundancia, El premio flaco y Kangamba, entre otras.

¿Cómo tuviste conocimiento del personaje de Rogelio en el filme Pablo?

Yosmani Acosta andaba buscando un actor para el personaje de Rogelio. Aramís Delgado le propuso que fuera yo. Yosmani no me conocía. Las pocas referencias que tenía eran sobre mi labor como humorista. El único día en que podíamos establecer contacto fue en una actividad de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) donde iba a presentar unos números de humor.

Esa tarde nos conocimos. Él me dio el guión. Le pedí dos días para leérmelo. Antes de eso había visto un documental realizado por el actor y director de teatro peruano Javier Valdés sobre los niños en las guerras del Congo, Uganda y Colombia.

Además, en Haití había visitado con Kcho (Alexis Leyva Machado) a los niños huérfanos. Yo me preguntaba: ¿cuándo voy a poder poner mi granito de arena en historias de ese tipo?

La oportunidad se me pintaba de oro, aunque fuese con el personaje antagónico, el malo de la historia. El guión me gustaba mucho. Llamé a Yosmani. Se lo comenté y él me dio el papel de Rogelio.

Este es un personaje muy duro. En mi opinión, el más duro que te ha tocado hacer en el cine cubano. ¿Cómo lo preparaste? ¿Qué referencias tuviste?

Tuve la oportunidad de conversar con personas que han tratado asuntos legales con menores de edad. También he tenido la coyuntura social de vivir en barrios periféricos, donde siempre pueden aparecer casos similares a los del filme. A pesar de que soy de la barriada de Santo Suárez, llevo muchos años en Mantilla.

Me inspiré en algunas personas que conozco del barrio. Otros referentes fueron los personajes escritos por Leonardo Padura –quien es mi vecino en Mantilla–, como su inspector Mario Conde, que en sus investigaciones se relaciona con personas problemáticas como Rogelio.

Cuando estábamos en la preproducción, Aramís y yo empezamos a buscar la forma de crear un personaje muy creíble, sobre todo despojado del humor. En la película solamente aparece un chiste, de muy mal gusto por cierto. Ese era el único momento en que podía intentar provocar la risa del público.

Fue un personaje muy duro para mí. No solo por haberlo hecho, sino porque me costó trabajo desintoxicarme de él. Estuve un mes y medio pensando como Rogelio.

De regreso a casa, me encontraba con mi hijo, quien siempre ha tenido el criterio de que soy un buen padre, y le daba algunas respuestas que se asociaban más a Rogelio que al Omar padre. Agradezco el personaje porque muchos de los que han visto la película ahora son mejores padres. Yo también lo soy.

¿Cómo fue la relación con el niño Pablo (Javier Díaz Varona) al cual tenías que maltratar y violentar durante el rodaje de la película?

Hoy día Javier es prácticamente como otro hijo para mí. Me gustó mucho haberlo conocido. Las relaciones en la película eran muy malas, pero fuera del rodaje son excelentes. Primero porque a los niños los aprecio mucho. En segundo lugar porque es un muchacho muy talentoso e inteligente; sé que va a tener un futuro promisorio en la actuación.

Desde el primer día en que nos conocimos le aconsejé que se concentrara en la actuación porque es muy hiperactivo. En la película había escenas muy duras, sobre todo la de su llanto. En dos horas y media terminamos el rodaje, pues él supo entregarse con toda la concentración que se le había pedido.

En realidad esa violencia que se refleja en la película se evitó por todos los medios. Tratábamos de montar las coreografías antes del momento en que tenía que agredirlo físicamente.

En una entrevista anterior Yosmani comentaba que le gustaría que Pablo despertara un debate social en torno a la violencia intrafamiliar. ¿De qué forma ha reaccionado el público que ha visto la película?

El cine no se hace con carácter didáctico, pero indiscutiblemente siempre trae diversas enseñanzas, que cada cual ve desde diferentes aristas. He tenido la oportunidad de participar en cine-debates en centros de trabajo y creo que la recepción del tema ha sido muy positiva.

No es menos cierto que el arte amplifica los problemas. Para regocijo mío, nadie me ha dicho que le gustaría ser como Rogelio. Todo el mundo rechaza categóricamente ese personaje. Pasa algo similar con la actitud antipedagógica de la profesora.

Es bueno que se lleve a la pantalla el tema de la violencia doméstica. Pienso que el cuchillo es un símbolo de la violencia en el área nuestra. En otras regiones geográficas sería más normal la presencia de una pistola. Las personas han entendido la importancia de ese triángulo formado por familia, escuela y sociedad.

Pablo es el primer largometraje rodado por Yosmani, de manera independiente, fuera de la industria. También es una película hecha fuera de La Habana. ¿Cómo resultó esta experiencia?

Rodar fuera de La Habana siempre es un problema desde el punto de vista técnico. Eso entrañaba un riesgo grande. Fue la ópera prima de casi todo el equipo. No todos los actores eran profesionales.

Yosmani había ensayado bastante con los actores. Tenemos que agradecerle al pueblo de Camagüey por la ayuda que nos brindó. Hubo muchos problemas durante el rodaje, pero al final se logró un resultado que el público ha agradecido.

¿Cuál fue tu reacción al conocer de la participación de Pablo en el Festival Internacional de Cine de Nueva York?

Desde que me llegó la invitación y pude visitar el sitio web en Internet, donde vi mi nombre entre los nominados a los actores de reparto, me alegré muchísimo.

En Cuba he recibido cuatro premios Caricato. El último fue en el cine (2012), pero que te nominen en un festival internacional donde competían actores de tantos países, para mí era casi un premio.

Desde que llegué me decían: “qué buena actuación, qué buena película” y yo pensaba que era parte del protocolo del Comité Organizador.

Como he sido miembro del jurado en festivales del humor, sabía lo difícil que resulta que cinco personas se pongan de acuerdo. Aunque sin muchas expectativas preparé algunas palabras, estaba un poco preocupado por el tema de la ropa para ese momento tan protocolar.

De pronto anunciaron mi premio. Éramos cuatro cubanos y parecíamos 100 en el auditorio. Justo después anunciaron el de mejor director y volvimos a formar la algarabía porque, de tres nominaciones, obtuvimos dos lauros.

¿Qué otros personajes de Omar Franco llegarán a la pantalla?

En el primer semestre de este año he participado en tres rodajes. La ópera prima de Fernando Timossi titulada La espuma del día, donde hago pareja con Mariela Bejerano y trabajo junto al actor argentino Gastón Pauls.

Arturo Sotto me invitó a su película Bocaccerías Habaneras, a partir de tres cuentos del Decamerón. Es una comedia donde me desquito de los personajes malos. Nos reímos cuando los leímos, ensayamos y filmamos. Debe estar lista para el Festival de Cine de La Habana.

Tuve la suerte de ser pareja de Isabel Santos en la ópera prima de Marilyn Solaya que se titula Vestido de novia, con una mirada a la transexualidad. Los protagonistas son Laura de la Uz y Luis Alberto García. Es otra película que también dará mucho de qué hablar.

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