Entre la distancia intelectual y el desquite femenino

En 19 minutos, este audiovisual, estrenado en la reciente Muestra Joven ICAIC, se adentra en una convivencia atravesada por la incomunicación y los lugares comunes.

Páginas blancas, corto de ficción del realizador camagueyano Hugo Navarro Ramírez.

Foto: Cortesía del entrevistado

Durante la recién celebrada Muestra Joven ICAIC 2017, Páginas blancas estuvo entre las piezas de ficción que, provenientes del activo grupo creativo de Nuevitas, Camagüey, participó de la competencia. En esta entrevista, Hugo Navarro, su director, dialoga con Daniel Céspedes en torno a sus motivaciones.

Hugo Navarro Ramírez es uno de los integrantes más activos y optimistas del Movimiento Audiovisual en Nuevitas (MAN). Como realizador, este camagüeyano es el autor de Rey de bronce —en codirección con Geordanis Santana—, La flor de Dany, Alma y La pira… En la 16ta. Muestra Joven ICAIC, Navarro propuso los cortos de ficción Out 27 (en la sección “Bonus”), otra vez en coautoría con Santana, y Páginas blancas.

A propósito de Páginas…, audiovisual de 19 minutos que nos adentra en una convivencia atravesada por la incomunicación y los lugares comunes que pueden atormentar cualquier relación fresca y de años, conversé durante una jornada de la Muestra con el joven director en el Centro Cultural Fresa y Chocolate.

Hugo, ¿por qué si ya tienes una puesta en escena interesante por el logro de una atmósfera íntima y opresiva al mismo tiempo, te arriesgas a contravenir la imagen más acostumbrada de un intelectual, aquí demasiado concentrado en llenar unas páginas, y sin embargo muy metrosexual —sabes lo que ello implica—, y caes en el estereotipo de conformarlo con espejuelos, cigarros y cierta pose altiva y machista?

Realmente fui consciente en la selección de los actores. A la chica la quise descuidada, desmejorada por la rutina en la casa, por servirle a él, un escritor, un intelectual muy preocupado por su imagen. De ahí que haya buscado a un actor que diera la sensación de interesarse no solo por su escritura, sino también por su imagen. Que diera el egoísmo por todas partes y que fuera un chico atractivo. Eso fue lo que busqué.

Bueno, lo encontraste, pero resultó un tanto contraproducente.

¡No me digas!

Mira, no creo que si ella se viera mejor que él a ojos heterosexuales e incluso homosexuales, cambiaría mucho su concentración en cuanto lo que el personaje quiere: escribir. Vamos, Hugo, no es una pugna de lucir bien lo que los enfrenta; es que él ha cambiado a su esposa por su instrumento de trabajo o, si se quiere, por su vocación. De manera que la vanidad se da en Páginas… por creerse él superior a ella. Te hubiera bastado ese nivel de insinuación. Y, sin embargo, redundas en una extroversión estereotipada de un tipo que se cree mejor que su mujer hasta en lo físico. Un detalle innecesario, Hugo, innecesario.

Admito que sí, pude haberle construido otra imagen al actor. En esto te doy la razón.

Dramatúrgicamente, la narración tiene que romper la rutina de cuanto nos va presentando. El chico va a lograr terminar algo que le satisfaga desde el punto de vista escritural y luego, tal vez, salve una relación en crisis porque, aunque el escritor necesita tiempo, soledad para crear, necesita realizar otras actividades con su esposa. Claro, es contra el machismo que va también Páginas…; pero, como tú bien lo logras, el muchacho ha dependido siempre de sus atenciones y eso es algo que dejas caer desde el inicio. Sin embargo, hacia el final, resuelves el conflicto de esta pareja matando al varón.

En más de una ocasión, muchas personas se me han acercado para expresarme sus puntos de vista sobre el final del corto. En el caso de algunas amigas mías, que son muy feministas, les ha gustado el final porque aprecian a la protagonista como una mujer victoriosa, que dejó de estar en la sombra, que se opuso a esa lamentable rutina que estaba acabando con sus posibilidades como mujer, como ser humano…

Pero, ¿sabes que también pudiera interpretarse la muerte de este escritor en ciernes, ya sea por envenenamiento o porque fumaba demasiado, como un desquite de ella o un regalo del destino, respectivamente; no solo porque él la ignoraba, sino por no entender ella de qué va la vocación del escritor? Entonces, Páginas… presenta implicaciones fuertemente sexistas y hasta contraintelectuales, ¿qué crees?

Bueno, no había pensado en eso. Pero la temática del corto que quería plasmar es la rutina en que cae una pareja discordante porque ya no hay comunicación entre sus miembros y por eso es que ella tiene que tomar una decisión al final. Inicialmente, no era un escritor lo que tenía concebido para el personaje, sino un músico, un trompetista para ser más exacto. Pero como se me hizo difícil conseguir la trompeta y preví también que surgieran otros problemas como el doblaje y buscar quizás a un músico que actuara también, me decidí al final por un escritor. Era más fácil que me diera la enajenación ante sus funciones y deberes como hombre, marido, amante. Cualquier profesión que hubiera buscado tenía que ser desempeñada por un chico que fuera una suerte de agresor pacífico, sutil si se quiere y que, en este sentido, violentara a su mujer con el silencio, la indiferencia y que luego ella respondiera.

La muerte de él, no importa cómo muere sino lo que hay detrás de esa muerte, es lo llamativo, a mi entender. En primer lugar, ¿crees resuelto el sufrimiento de esta chica rechazada, sumisa… a través de la más drástica de las venganzas? ¿Crees que sumarle más soledad a ella es una buena salida de Páginas blancas, cuando ella lo que busca es lo contrario? ¿Y no puede asociarse esta muerte a un complejo de inferioridad y a una puesta en entredicho del universo creativo que proviene del varón, ese que ha frustrado el desarrollo personal de una mujer joven, hermosa… que solo intenta ser correspondida?

Estás de madre. Me estás acribillando. Me has hecho como tres preguntas. Así que te voy a responder a mi antojo. En primer lugar, nunca pretendí que ella diera la sensación de sufrimiento cuando él muere y menos que ella quisiera desempeñar el rol de él —como alguien me ha dicho por ahí—, porque, digamos, tendría que admitir que ella también es una creadora en el fondo. Cuando ella se sienta y toca algunas teclas de la máquina de escribir, juego con ese detalle, el cual pudiera interpretarse de varias maneras o más, algo así como: “me hiciste sufrir porque no me atendiste en los últimos tiempos por estar tratando de que te saliera algo digno. Merecías joderte, pero no hasta ese punto de morirte”. Otros me han dicho esto.

Sin embargo, al tocar la máquina y escuchar que ahora ese medio de trabajo y de mucha expresión aquí en la trama, depende de si a ella le da la gana de que se escuche a partir de la muerte de su ex novio, ex marido, ex amante, posee otro significado. Escuchar la máquina se había convertido para ella en una rutina y, al no tener de un momento a otro a su hombre, se percata de que, sin él, el silencio es más seguro, perturbador. Se le presentan dudas y puede que hasta cuestione si de verdad quería ese final para su hombre. Llora porque el sonido de la máquina de escribir se ha convertido en una lamentable necesidad. Yo no quería al hombre ganador, pero tampoco a una chica inquisidora. Simplemente, quise plasmar una relación donde ella fuera la víctima, pero tuviera la opción de poder manejar la situación de su entorno a su modo: acabar con su chico, por ejemplo. Aunque lo resuelvo de manera explícita, no descarto la connotación simbólica de esta muerte.

Si tuvieras que elegir otras dos palabras para referirte por oposición, tal vez, a Páginas blancas —y con ello no quiero decir que tu título sea desacertado, sino todo lo contrario—, ¿cuáles serían?

Dime tú… Por supuesto, no son esas. Deja ver… ¡Amor y compensación! Sí, serían estas dos. (2017)

Un comentario

  1. Enrique Pineda Barnet

    DANIEL CESPEDES RESULTA INQUISIDOR Y NO UN CRÍTICO. ¿UN REALIZADOR FRUSTRADO? DIRIGENTE CULTURAL?

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