Esta película no contiene Omega 3

Entrevista con el cineasta Eduardo del Llano, a propósito del estreno de su largometraje más reciente.

Eduardo Rodríguez

Eduardo del Llano y Carlos Gonzalvo

Omega 3, título del más reciente largometraje de Eduardo del Llano con fecha de estreno próximo, confirma la relativización del saber humano. Más allá, su dramaturgia toma provecho de formaciones dietéticas futuristas para, haciendo una balance en la “dieta fílmica” del cubano, hablar de intolerancia y desintoxicar de cotidianidad.

“No somos lo que comemos” y “somos iguales, pero diferentes” son dos buenas tesis que guardan en un filme de ciencia ficción una disquisición honda. Más profunda que el continente engañoso de la cápsula que da –aparentemente- título a la película. Sobre este y otros particulares nos comenta su realizador.

En Vinci vienes de un viaje al pasado y ahora, en tu segundo largometraje, te ocupas de uno al futuro, ¿por qué en tu vida “largometrada” te ocupas de estos saltos que pudieran corresponderse con momentos evasivos de la realidad? ¿A qué responde esta narración “retro” y también flashforward?

No es que uno se aleje de la realidad. Creo que esta realidad es parte –aunque una parte que se mira al ombligo– de la realidad mundial y si yo logro en mi vida decir algo que le sirva no solo a un cubano del siglo XXI, sino a un noruego del siglo XXII para entenderse con una mujer, o para regalarle algo a un mendigo en la calle o para entrarle a puñaladas… algo que contribuya a la condición humana, eso es lo máximo a que un artista puede aspirar. Creo que todo lo que me viene a la mente y todas las historias que creas tienen un contexto geográfico e histórico donde son idóneas. Hacer esta historia en Cuba en el futuro no hubiera sido igual, por eso es que hay que hacerla en un país “x”.

De hecho, Omega 3 es un cuento de ciencia ficción inédito. Este es un cuento que escribí en 2010, que tiene que ver con la intolerancia, básicamente, a nivel más universal. Es una historia en la cual, en un futuro cercano, hay un conflicto que pone de manifiesto esta intolerancia entre personajes que, además, no son cubanos ni están en un país determinado. Incluso los únicos nombres topográficos que aparecen son dos ciudades, que se llaman San José y Santa Fe. Es así a propósito, porque puede ser en Estados Unidos, Cuba, México, España, Chile, Costa Rica…

A mí me hizo muy feliz, hace unos meses, cuando Lechuga me dijo que su próxima película será de vampiros y que la más inmediata, probablemente, de Daranas , será una ambientada en Cuba, pero un oeste, con elementos del cine del oeste, incluidos los duelos. Entonces me parece muy bien porque eso no es alejarse de Cuba ni de sus problemáticas, es no circunscribirnos solo a ellas. Tampoco sería bueno que, simplemente, se empezara a hacer cine solo de ciencia ficción, fantástico y erótico, y nos olvidáramos a lo mejor de los contextos sociales que se verifican aquí, pero no limitarnos solo a ellos.

¿Por qué retomar a un humorista –Carlos Gonzalvo- como protagonista de tu segundo largo?

Retomo a Gonzalvo porque para mí es uno de los mejores cinco actores que hay en Cuba. Ya son cuatro las ocasiones en las que he trabajado con él: Vinci, Casting, Omega 3 y en No somos nada, donde también es protagónico. Aparte de ser mi amigo, creo que es uno de estos tipos que, como otros, ha sido encasillado en un género, con un personaje que ha tenido tremendo éxito, pero él mismo está loco por abrirse. Fue Jorge Luis Sánchez el que primero le dio un chancecito al hacer Fontinelli en El Benny. Un personaje tan pequeño que mucha gente no se da cuenta de que es él. Después Cremata en El premio flaco le dio un papel dramático, donde la gente vio por primera vez que Gonzalvo no era solo el profesor Mentepollo, sino tronco de actor. Creo que es un actor extraordinario. No es un tipo bonito, pero en pantalla tiene una imagen interesante, difícil de olvidar y, además, da antihéroe. O sea, no es el galán típico. Es alguien con el que te puedes identificar. Justamente por eso, porque es un tipo flaquito, no es Brad Pitt. Cuando lo vean en estas dos: Omega 3 y No somos nada, asumiendo personajes diferentes, no van a creer que se trata del mismo actor.

Cuando escribes historias, ¿el generador es cinematográfico o literario, ante todo? ¿Cómo se entiende entonces la conciliación entre el cuento que da génesis a Omega 3 y la puesta en escena?

En el caso de Omega 3 surgió porque la mamá de mi pareja tenía, en ese momento, una situación médica –que por suerte rebasó-, pero que en ese momento implicaba que tenía que revisar mucho su dieta y ser medio macrobiótica. No lo hice para burlarme de la que era mi suegra, pero la gente en ese momento se pone muy fundamentalista: “Esto tiene el ph tal y aquello que te comes te hace daño ¿Y tú te vas a comer eso? ¿Tú sabes lo que eso le hace a tu intestino?” – “Ni tengo la menor intención de mirarme mi intestino por el microscopio para enterarme. Me gusta. Es rico. Vete para el carajo”. Esa militancia casi fanática, casi religiosa que coge la gente muchas veces con las recetas, con las dietas correctas, como si estuvieran descubriendo la manera en la que el ser humano debe ser y que hasta ahora durante diez mil años no ha sido… “mejor me arrolla un carro en la esquina”. Entonces eso me pareció un tema interesante. Además de que no me vino a la mente –ni me viene ahora- ninguna película que trate específicamente sobre eso, sobre todo de ciencia ficción y menos en clave de una especie de comedia disimulada.

En sus audiovisuales se respira un fuerte trazo en personajes y cadenas dialógicas, propiedad de los escritores; sin embargo, con Omega 3 se plantea la experimentación visual por el cine de género que trata. ¿Cómo resultó el reto de producir visualmente los contextos de Omega 3 para un escritor y guionista? ¿De qué modo se verificó el engranaje arte-fotografía-efectos especiales?

Omega 3 es complicada. Incluso con ella tengo un temor inevitable y que tampoco me hace feliz, y es que la gente vaya al cine solamente a ver los efectos visuales y los termine comparando con los de las películas norteamericanas. Una película norteamericana de ciencia ficción tiene, generalmente, 800.000 planos de efectos; la mía tiene 42, pero son los que lleva. Meterle más sería caer en una vocación de: “Miren todas las cosas que se pueden hacer…”. A mí me parece que la película no lo necesita. Más me interesaría que la gente –además de apreciar los efectos especiales, que creo que quedaron muy bien- se detenga en la música, la fotografía, el vestuario, el diseño escenográfico…

Cuando estaba buscando al director de arte me entrevisté con dos o tres: uno no podía, el otro no estaba muy convencido, el tercero estaba convencido, pero no yo. Y este muchacho cuando vino, Salsa, de pronto me trajo dibujos que él había hecho, dibujos que tenía de cuando uno se pone en quinto o sexto grado a dibujar héroes, robots y entornos como los de Alien. Nada más vi sus cosas, supe que ese tipo estaba en la cuerda. Y pasó así con mucha gente. Con Celia, la segunda diseñadora de vestuario, que fue un hallazgo. Pero también el músico –que es el mismo de Vinci– Osvaldo Montes, que de repente saltó de la música renacentista, del barroco de Vinci, a música con sonoridades de rock, blues, reggae, alguno que otro tango, pero básicamente rock.

Pepe Riera, el director de fotografía, también sentía con Omega 3. No solo por el género, sino porque lo hicimos a 4K, una definición que aquí normalmente no se había empleado. Con excepción de Fátima, de Pichy. Pero la mía es la primera que saldrá con ese formato. De hecho, se filma a 4K y después se trabaja a 2K y aun así sigue siendo una resolución increíble. Riera se esmeró mucho trabajando con este medio en crear iluminaciones, texturas, claroscuro, un poco en la cuerda de Alien. Creo que, realmente, lo que se logró es impresionante y no es la película para decir: “Bueno, para ser en Cuba”, aunque siempre habrá alguien que lo diga. Es una película de ciencia ficción competitiva, que puede ser buena, regular o mala, pero el hecho de haberla realizado en Cuba no le quita. Considero que logramos lo que queríamos. Pienso que la gente se va a impresionar no solo con los efectos visuales, sino –espero- con el vestuario, con la escenografía, la música, las actuaciones, la puesta en escena, con la animación.

Hay una secuencia animada que dura casi 4 minutos. Animación-animación. Básicamente en 2D, aunque tiene algunas cositas en 3D volumétrico (no estereoscopía). No es que haya que verlo con gafas. Es una animación en rotoscopía que es cuando se filma con actores y después los dibujan, pero que sean reconocibles los actores. También tiene otras técnicas que no se habían hecho aquí en Cuba prácticamente. No sé por qué, la verdad.
Es impresionante, además, porque se trata de una secuencia que se desarrolla en un supermercado del futuro y que eso, aunque lo hubiéramos filmado en un supermercado en Nueva York, no hubiéramos logrado este resultado. Primero porque en cualquier supermercado que fuéramos –que se pensó en algún momento hacerlo en Venezuela- no hubieras podido evitar “Adidas”, “Coca Cola”, no solo por un problema con las marcas, sino porque quería mostrar un mundo futuro como yo lo deseaba… en fin, hubiera sido bastante más complicado. Entonces, que se le ocurriera a alguien del equipo –no a mí, de hecho– la variante de hacerlo en animación fue como una luz. Lo filmamos con actores sobre un cuarto eje, pero después todo el lugar lo construimos como un mercado futurista. Había traído algunas fotos de supermercados fuera de Cuba, otras las tomé de internet. Fue un resultado que, a la larga, no fue solo para solucionar un problema, sino que lo hizo mejor que lo que hubiéramos podido hacer con cualquiera otra vía.

En fin, Omega 3 tiene una serie de cosas de las que estoy bastante orgulloso, pues son bastante insólitas en el cine cubano. No solo el tema, y sí. El tema y la historia son mi principal apuesta, aunque no sea con lo que la gente vaya a sentirse más impresionada en algún momento. Todo lo demás, incluidos los efectos especiales, está en función de eso.

Es decir, tu propuesta fílmica discursa contra la intolerancia, en principio. ¿No persigue más allá la coartada de combatir, transnacionalmente, a omega 3 y toda la generación farmacopea afín?

No. El nombre no está vinculado directamente con el producto que conocemos, salvo en el hecho de que se relaciona con la nutrición. Pero no es exactamente sobre ese producto, sino del producto como especie de emblema. No sé si te fijas que hoy muchos productos en el mercado dicen contener tal cosa y “omega 3”. Entonces ese omega 3 como panacea, como receta para tener una vida sana, es falaz. Por cierto, hace poco me dijo un médico respetable que ya han salido artículos afirmando que el producto no hace nada malo, pero tampoco tiene el efecto benéfico que le suelen achacar. Eso a la película no le afecta. Todo lo contrario. Como todas esas cosas que ocurren a cada rato, que de pronto la leche es buena y de pronto un veneno. Que el café es bueno y a ratos malo.

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