“Jamás abandono un sueño. Ese es el Esteban que vive en mí”

Diálogo con el director de Esteban, filme cubano de ficción que acaba de recibir el Premio Platino al Cine y Educación en Valores, en Madrid, España.

Fotograma de la película Esteban.

Foto: Tomada de www: estebanlapelicula.com

No había logrado ver Esteban, la película de Jonal Cosculluela, hasta que supe debía entrevistarlo, y aunque coincidió que pasó por Miami y Nueva York, lo azarosa de la vida cotidiana me había impedido ir a su presentación. Sin embargo, lo contacté, les contacté, porque su esposa y productora de la película Maritza Ceballo también formó parte del diálogo para que pudiera ver el filme.  Así, sentada en la tranquilidad de mi casa, pude disfrutar de Esteban, de ese niño maravilloso que lo interpreta y de las actuaciones tan orgánicas a las que nos tienen acostumbrados Yuliet Cruz y Manuel Porto. Sumado a ello, estaba la magia de la música de Chucho Valdés.

Esta película es intensa y reconozco que mi condición de madre – e las que peleó duro para que su hijo estudiara desde pequeño Artes Plásticas y teatro-  lograron que no alcanzara la distancia necesaria para un ejercicio crítico eficiente. Lo importante estaba ahí, la película me conmovió y generó las preguntas que realicé y que Jonal, con tanta premura, respondió.

Cuando esta entrevista ya estaba terminada, aparece una noticia especial: Esteban obtiene el Premio Platino al Cine y Educación en Valores. Jonal me escribe y me dice textualmente por correo: “ya es oficial la venta de la película por HBO latino y además de este premio Platino, que es realmente importante por lo rigurosa de la competencia, 850 películas iberoamericanas de altísima calidad y llegar al final con dos nominaciones y alcanzar un premio ha sido otra de las grandes satisfacciones que nos ha dado Esteban”.

Mis felicitaciones a Jonal y a todo el equipo. Creo que este diálogo es otro entre tantos que muestran los caminos que tiene el cine cubano y cuánta gente llena de talento está ahí para darle luz a la cinematografía de una isla que nunca, a pesar de los pesares, ha dejado de creer en el poder de las imágenes.

“(…) Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre (…)”.  No te detengas. Walt Whitman

DANAE DIÉGUEZ: Esteban es una película que habla de los sueños y de la posibilidad de conquistarlos. Se mueve entre la ternura y la dureza y quizás ahí radique el éxito que sin dudas ha tenido con los públicos con los que se ha confrontado. Mientras pensabas, filmabas y después editaban, ¿cómo te propusiste ese punto intermedio para evitar el exceso de ambos lados y, a la vez, lograr el instante exacto de la emotividad que, sin dudas, provoca?

JONAL COSCULLUELA: El melodrama es, a mi modo de ver, el género más complejo. Un segundo de música de más, el abuso de una cámara lenta o la duración excesiva de un plano pueden producir el efecto contrario al deseado.

Aquí verdaderamente la intuición jugó su papel, junto a un cuestionamiento constante de lo que era necesario o no para respetar al público. Me guie mucho por lo que no me gusta como espectador cuando veo una película, para no hacérselo yo al público que asistiera a ver Esteban. Sumado está el trabajo en equipo y la confianza en cada uno de los especialistas/amigos que conformaron el grupo; fue lo principal. Era la primera vez de casi todos y el deseo fue nuestro mayor presupuesto.

Escenas de filmación de la película.

Foto: Tomada de www:tvcubana.icrt.cu

Creo que otro elemento a favor fue encontrar a Reinaldito en un casting de casi 800 niños, mirarle a los ojos y descubrir que era el indicado, eso fue definitivo. La intensidad de su mirada y la fuerza del carácter que tiene ayudaron mucho. No hubo que echar mano a herramientas de banda sonora o montaje para reafirmar una u otra intención, pues él lo lograba de manera natural. Es muy difícil predecir resultados, pero ha sido muy gratificante recibir con Esteban una sorpresa tras otra. Estoy feliz.

DD: Mientras revisaba la trayectoria de la película me doy cuenta del diálogo inmediato con el público en diferentes lugares. ¿Cómo lograron hacer una película cubana que habla y muestra las carencias típicas de la isla y se aleje de estereotipos para lograr hablarle a otras geografías y costumbres, sin dejar de ser abiertamente cubana? Pienso no solo en términos de concepto, sino también de puesta en escena.

JC: Esa ha sido otra de  las grandes sorpresas: cómo ha sido recibida por públicos en diferentes latitudes. Incluidas las barreras del idioma y todo lo que implica. Desde el inicio tuvimos claro que íbamos a contar una historia muy humana, lo importante siempre fue el niño, sus deseos, aspiraciones, la relación con los demás personajes. Una historia minimalista en todos los sentidos: desde el argumento, la cantidad de personajes, locaciones, hasta el más mínimo detalle en la puesta en escena. Teníamos muy claro que el contexto no debía ser un protagonista en esta historia, nos centramos en Esteban y en la música y estos serían nuestros personajes protagónicos, por lo que todo lo demás quedaría relegado a un segundo plano.

Creemos que contar la pobreza también se puede hacer desde la belleza y eso, a veces, puede ser hasta más cruel. En el entorno de Esteban y su madre, aunque claramente pobre, queríamos que primara la humildad en todos los aspectos, no la miseria. Las dificultades pueden llegar a unirnos más allá de diferencias políticas o económicas. No debemos perder la fe, siempre hay un camino mejor hacia delante y esto es lo que siento necesidad de compartir, es momento de abrirse a nuevos sueños, de retomar la capacidad de soñar.

Pensamos en una historia que pudiera sucederle a cualquiera y en cualquier parte del mundo, eso hace que el diálogo con el público sea más sencillo. La verdadera pretensión que tuve fue saber que podía dialogar con el público y entretenerlo, que para eso van al cine. Después se puede buscar que intercambien experiencias y emociones.

Uno de los elogios más interesantes que hemos recibido fue de parte de nuestro amigo estadounidense Jeremy Arnold, escritor y crítico de cine: “He visto la película en el Festival de La Habana sin subtítulos y no los he necesitado para entenderla.”

DD: Has comentado que, inicialmente, es una película pensada para la TV. ¿Qué cambios más importantes crees que se produjeron en la transición del lenguaje televisivo al cinematográfico?

JC: Aunque las líneas que dividen el cine de la televisión se desdibujan cada vez más, creo que para quienes nos formamos en la televisión siempre va a existir esta preocupación. Cuando Amílcar Salati (guionista) me trajo el proyecto, lo habíamos conversado para televisión: tenía más personajes; Miriam, la madre, era totalmente diferente; el tempo en general de la película era otro; los valores de planos y su duración. Los diálogos fue lo que más trabajamos. Se minimizaron y convirtieron en acciones y emociones que otorgaran más fuerza, especialmente a la actuación de Reinaldito. La asesoría dramatúrgica de Sheyla Pool tuvo un peso muy importante y la mirada muy cinematográfica de Lianed Marcoleta, (directora fotográfica), otro tanto.

Creo que el cine sigue conservando la magia de que la gente va y se entrega solo a la película, a diferencia de la televisión, que se inserta en tu vida diaria.

Jonal Cosculluela: ” La entrada del maestro Chucho Valdés al proyecto fue una bendición”.

Foto: Tomada de www:tvcubana.icrt.cu

DD: En términos de producción ¿cómo lidiaste entre la institución y la independencia? ¿Dónde te sientes más cómodo trabajando? ¿Cuándo comienza una y acaba la otra -y viceversa?

JC: Esteban nunca fue una obra por encargo. Maritza Ceballo (la productora) y yo fuimos con el proyecto a tocar muchas puertas y no todas se abrieron. Era una ópera prima. Al final logramos financiamiento, principalmente de instituciones que, ante la imposibilidad de otorgárnoslo directamente, como operan los fondos para el cine internacionalmente, se unificaron en RTV, pues yo era de la televisión y esta es su empresa comercializadora.

Tuvimos la suerte de haber sido un experimento. Así que los fondos otorgados por el Instituto Cubano de la Música (Colibrí), Asociación Hermanos Saíz (AHS) y luego el propio Radio-Televisión Comercial  (RTV) se gestionaron desde allí. Todo el mecanismo de producción se montó en una plataforma que permitió la contratación de los servicios en el sector privado. Siempre va a ser mucho más cómodo hacer cine independiente. Las instituciones responden a estructuras y mecanismos que tienden a ralentizar los procesos más simples.

Esteban es la historia que quise contar, sin censura, ni presiones de ningún tipo y, por sobre todas las cosas, un cúmulo de experiencias negativas y positivas que la han convertido en un viaje inolvidable que siempre tendré presente en próximos proyectos.

DD:   Me interesa mucho en la película la edición. Siento que editaron con la intención muy clara de evitar las obviedades y lograr decir lo exacto, sin caer en escenas que nada aportan. Si estoy equivocada, rectifícame… ¿Cómo se plantearon el corte final?  ¿Qué crees podías haber dejado o quitado de tu película definitiva?

JC: El proceso de edición fue largo, el primer corte tenía dos horas de material. La vimos completa y la realidad fue que no me gustó para nada. La sentía reiterativa por momentos y extremadamente larga y lenta.

Dejamos pasar algo de tiempo y lo retomamos con la mente fresca, conscientes de que una película es la del guion, una la del rodaje y otra muy diferente la que está en la mesa de edición. Así que desde esta perspectiva afrontamos la nueva historia. Algunas escenas que me encantaban quedaron en el camino porque detenían la progresión de la trama. La finalización de la postproducción se la debemos a MEDIAPRO y especialmente a Jaume Roures, quien decidió apoyarnos también con la distribución internacional, que se ha manejado de forma muy inteligente, con un recorrido por varios festivales internacionales donde hemos sido multipremiados e incluso se logró la venta a HBO Latino este año, otra sorpresa que nos llenó de mucha alegría.

Aún hay escenas que quitaría, otras que pondría o cambiaría, pero creo que eso me va a pasar siempre, uno nunca piensa que terminó.

DD: Sin dudas, la música es un personaje y muy importante. Trabajar con Chucho Valdés es un privilegio que lograron aprovechar con mucha sensibilidad. El trabajo sonoro final de tu película y la fotografía son dos acápites que rescato con fuerza. Cuéntame de esos dos aspectos, la selección de quiénes lo harían y cómo se articularon para lograr el producto final.

JC: La entrada de Chucho al proyecto fue una bendición que rodeó desde ese momento nuestra película de un aura mágica, mística. Los espacios para la creación musical los encontramos en el área de las emociones y los sentimientos. Allá en el estudio de Málaga de Chucho nos sentamos a ver escenas y a conversar sobre lo que transmitían y lo que queríamos reforzar. Utilizaríamos poca música, para que fuera más efectiva. Sería solo a piano, ¿para qué más?, si ese piano sonaba como toda una orquesta con sus 101 integrantes. Y desde allí y con la libertad creadora de Chucho, nacían los temas que complementaban y llenaban las escenas. Todo lo improvisó en el momento, casi toda la música es primera toma y aún no estaba escrita. Chucho me comentó que interpretaría el tema principal en el Festival de Jazz y que iba a tener que escribirla.

Para la banda sonora contamos con Sheyla Pool, quien estuvo muy ligada al proyecto desde su nacimiento. Tenía mucha claridad con el tono de la película. La dosis exacta de música y la habilidad para manejar los diferentes espacios sonoros. Es una película minimalista en muchos sentidos y desde el principio estuvimos en la misma frecuencia.

La fotografía, a cargo de Lianed Marcoleta, es algo con lo que estoy muy contento. Estudiando en la FAMCA (Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual) fui a ver la tesis de graduación de Lianed y hubo imágenes que me impactaron. Evelio Manfred Gay, a quien conocía de la escuela (habíamos cursado juntos hasta tercer año de la carrera), tenía una reputación como excelente realizador de sonido y fue uno de los primeros a quien convoqué para el equipo. Tuvimos algunos encuentros y salió a relucir su esposa Lianed, recordé esas imágenes, nos reunimos y enseguida surgió la empatía personal y profesional.  Disfrutamos toda la película, pero en especial las escenas en casa de Hugo fueron las que más regocijo nos dieron por fotografía. Es una persona con mucha  sensibilidad y lo transmite a las imágenes.

DD: Te conozco desde que estudiabas y si algo sé de ti es que sin dudas algo de Esteban está en Jonal, y si no me equivoco es tu perseverancia. Está ahí tu voz en el filme y casi seguro de que esa pasión definió el resultado final ¿Cómo hiciste para separarte de ti mismo y trabajar con el director que eres? ¿Dime en qué perseveras ahora? 

JC: La verdad nunca he sido buen estudiante, pero a las clases de Apreciación Literaria nunca faltaba porque a todos nos cautivaba la pasión de la profe Danae. Jamás abandono un sueño. Ese es el Esteban que vive en mí y ojalá nunca me abandone.
Creo que uno de los mayores impulsos fue lo identificado que me sentí con la historia; no intenté separarme, al contrario, me acerqué más a este niño y a mi propio niño interior para conocer las emociones por las que atravesaba en cada circunstancia.

Yo, como Esteban, provengo de un hogar humilde y quise convertirme en cineasta. El camino no ha sido fácil, pero soy un cabeza dura.  Sigo siendo un niño que se resiste a crecer, me encanta jugar con mis hijas; no las llevo al parque, yo voy con ellas al parque. Veo animados con ellas y me conozco los personajes. De hecho, estamos preparando un animado de ficción inspirado en un tema de Chucho Valdés y El sobre amarillo, otro largo de ficción que es una deuda con el pasado que debo saldar. Y aunque cada vez es más difícil acceder a fondos y hacer cine, no pienso abandonar ninguno de estos sueños. (2017)

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