Marianao, zona para el horror audiovisual

Diálogo con Edgardo Pérez, director del largo Sangre cubana, producción del audiovisual cubano “espontáneo”, aficionado, underground, que ha despertado el interés de espectadores y especialistas durante los pasados meses.

Póster del filme Sangre cubana.

Foto: Cortesía del autor

Un amigo intelectual me explica enervado que naif es un término fuera de lugar para definir una obra o a su creador, ya que el artista jamás es ingenuo.

Pero en Marianao hay un realizador audiovisual, o cineasta aficionado, underground, al que no le molesta que lo etiqueten así. Se llama Edgardo Pérez (Marianao, La Habana, 1987) y realizó un largometraje de horror titulado Sangre cubana (2017), desatino estético que compite con Siervos, de José Armando Estrada, en el puesto de “la peor película cubana filmada en el siglo XXI”.

Ahora Edgardo se encuentra enfrascado en la producción de su nueva película, Si te ríes pierdes, codirigida con Leonardo Vargas (La Habana, Marianao, 1996), un cortometraje de 30 minutos que se sumerge en el mundo de los youtubers habaneros. Su trama refiere una guerra ególatra entre varios de ellos y tiene un tour de force que me recuerda a Scream, de Wes Craven, y también a Urban legend, pues uno de los personajes es un asesino en serie que tiene como objetivo supremo eliminar a estas “alimañas” creadas por las redes sociales.

Edgardo Pérez, realizador cubano.

Foto: Cortesía del autor

Hemos llegado hasta su bunker en Marianao, la casa de un vecino reguetonero, donde en un cuarto hay armado un estudio sicotrónico. Allí se edita la obra de “El Piquete”, nombre de la productora audiovisual que reúne a Leonardo Vargas, Edgardo Pérez y Alex Alday.

Debido al revuelo que Sangre cubana provocó en El Paquete audiovisual cubano, y al posterior “chismorreo” en los círculos del medio cinematográfico, en esta nueva producción colaboran algunos estudiantes de la FAMCA (Facultad de los Medios de Comunicación Audiovisual), en los roles de director de fotografía, sonido y productor de rodaje. Helmo Hernández, presidente de la Fundación Ludwig de Cuba, ha aportado un modesto presupuesto que cubre los rubros de alimentación y alquiler de locaciones, ya que se ha encariñado con estos muchachos.

Precisamente allí, en la sede de la Fundación Ludwig del Vedado, en marzo de este año, tuvo su premier Sangre cubana.

EMMANEL MARTIN: Edgar, ¿cuándo comenzaste en la realización audiovisual?

EDGARDO PÉREZ: En 2012, cuando hice un corto de 30 minutos: Los demonios del corazón, un melodrama.

EM: Veo que tienes preferencia por los géneros cinematográficos, ¿cierto?

EP: Es que veo que en Cuba casi no se hacen pelis de horror…

EM: ¿Cuáles son tus mayores influencias o fuentes de inspiración?

EP: El cine americano de terror, pero llevado a la cotidianidad del cubano… Marianao como zona de horror, jaja.

Después realizan Tacón(50 minutos, 2016, Marianao), esta vez dirigido por Alex Alday, sobre un asesino en serie e inspirada en Viernes 13. El grupo se siente confiado y se lanza a realizar Sangre cubana, cuyo proceso demoró un año, ya que solo filmaban los fines de semana. Fueron 31 llamados. ¿El resultado?: un largometraje sobre vampiros de 110 minutos, donde en cierto momento hay un flashback a la manigua mambisa del siglo XIX, y el protagonista es llamado por Gómez y Maceo a luchar por la independencia de Cuba…

“La película la hicimos aquí en casa de Martica, en Marianao. Su hijo es reguetonero y tiene un estudio, y aquí la doblamos completamente; sin los vecinos jamás la hubiéramos podido hacer”, cuenta Edgardo.

EM: ¿Por qué en Sangre cubana ni ahora, en Si te ríes pierdes, no hay actores profesionales?

Edgardo duda varios segundos en responder. Dice:

EP: Porque no teníamos un peso. ¿Qué le íbamos a ofrecer al actor profesional?

Su duda de hace un minuto me ha hecho pensar que a Edgardo no le interesa trabajar con actores profesionales, se siente más cómodo con sus amigos y vecinos. Siento que él confía demasiado en sus ideas ingeniosas y supone que solo con buenas ideas llamará la atención de los espectadores; vestigios de realizador naif.

Cuando Helmo Hernández organiza la premier en la sede de la Fundación Ludwig, le pregunta a Edgardo a qué personalidad del cine cubano le gustaría invitar, y este responde sin titubear: ¡Jorge Molina!

Estoy seguro de que entonces Edgardo no conocía bien a esta rara avis del cine cubano, un adorador enfermizo de Orson Welles y quien afirma con sapiencia que el director de Sed de mal es el más grande artista que jamás pisó la Tierra.

Molina es un cultivador del cine de horror, uno de sus escasos exponentes en Cuba; y también paradigma del cine independiente. En 25 años de carrera, jamás ha conseguido un peso de las instituciones culturales cubanas para realizar su obra. Es, además, el coprotagonista de Juan de los muertos (Cuba, Alejandro Brugués, 2011). Todas razones más que suficientes para que Edgardo vea en Molina al único realizador cubano con pedigrí en este género a quien solicitar ayuda.

Molina ha visitado el set hoy. Al maestro no le gusta la nueva historia que está contando el discípulo de Marianao, considera que “eso de los youtubers” es estúpido, muy de “esta era” de zombis de Internet, enloquecida y de mal gusto, pija, chip, esnob… pero aún así ha venido a sujetar el boom de sonido, o el rebotador de luz, o lo que haga falta hacer. Sorprende la humildad de esta figura, que no se siente ultrajado ni menospreciado por ayudar a estos chicos. Él, profesor de la FAMCA y de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, actor versátil de cine y TV y realizador incansable, demuestra una vez más su pasión absoluta por el séptimo arte.

EM: Molina, ¿por qué estás ayudando a estos muchachos?

JORGE MOLINA: Son buenos chamas, de buen corazón, tienen más pasión y vocación que muchos de mis estudiantes de la FAMCA y la EICTV, quienes siempre se están quejando: “que si no tengo un peso, que si no tengo buenos recursos, que si esto o lo otro”.

EM: Edgar, ¿qué sueña “El Piquete” para años posteriores?

“Nosotros queremos seguir avanzando y avanzado”, concluye con mucha tranquilidad. Con la sorna de alguien que no piensa ni se atormenta con el futuro. Parece más un Roger Corman sonriente y sin prejuicios, divertido y sin tormento, que un Andrei Tarkovski martirizado y sufrido, quien cree con fanatismo pueril que el arte es el más sagrado objetivo de la raza humana.

Tal vez Edgardo no alcance los primeros puestos estéticos en la historia de la cinematografía cubana, pero parece que será uno de los que más se divirtió haciendo películas. (2018)

Un comentario

  1. Azucena Plasencia

    ¡Excelente trabajo! Me gusta mucho lo oportuno de las entrevistas: el maestro Molina y el cineaficionado Edgardo Pérez. Buena actualización de lo que se hace hoy, ahora mismo en el cine nacional. ¡Felicidades a Enmanuel Martin! ¿Crítico? ¿Periodista?

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