Mario Masvidal: “Lo que la crítica no ve, sencillamente no existe” (Parte II y final)

Diálogo con uno de los críticos de cine cubano más versátiles en la nación caribeña.

El círtico de cine, Mario Masvidal.

Foto: Tomada de Festival de Cine de La Habana.

Daniel Céspedes: ¿Cómo tus conocimientos filológicos han repercutido en tus análisis del audiovisual?

Mario Masvidal: Ese conocimiento ha sido decisivo. Creo que muchos, tal vez la mayoría de los críticos cubanos, provienen de la Filología y la Historia del Arte. La Filología te da método, orden y amplia cultura… algo que aún estoy tratando de alcanzar.

D.C.: ¿El que escribas no muy a menudo se debe a que prefieres la crítica oral?

M.M.: No. Es casi un hecho fortuito. Escribo artículos, pero no libros. Víctor Fowler me ha señalado que yo no escribo tanto como debiera y tiene razón. Estamos hablando de crítica de cine, porque tengo otro poco de producción escrita en lingüística, estilística y análisis literario, incluyendo un libro de estilística de la lengua española como autor y compilador, y otro sobre comunicación profesional para estudiantes universitarios, solo en formato digital.

D.C.: Amén de que destaquen o no, ¿qué esperas de esos aspectos de un audiovisual que llaman tu atención?

M.M.: Que su guion no sea predecible y que haya algo de experimentación audiovisual.

D.C.: Ha cambiado la relación del público con la gran pantalla y con la manera de analizar las películas. ¿Consideras que hoy es más cómodo escribir una crítica de cine que hace treinta años?

M.M.: Debiera ser más cómodo, más fácil, pero me temo que no. A pesar de la tradición de educación cinematográfica que hay en Cuba durante estos 60 años (cine clubes; cinedebates; cine móvil; circuitos de centros con videocassetteras en las comunidades; programas de orientación cinematográfica por la radio y la TV; festivales, concursos y eventos de cine por toda la isla; el Festival Internacional de Cine de La Habana: la Muestra Joven ICAIC; los realizadores independientes; la AHS y la UNEAC), hay menos información en el público cubano de hoy sobre el arte cinematográfico en particular. Las personas ven hoy más audiovisuales que nunca antes, gracias fundamentalmente a los medios emergentes, pero muchos ven más de lo mismo y consumen acríticamente, indolentemente, mucha producción audiovisual estadounidense, surcoreana, japonesa y algo de la española. Es una opinión, no es el resultado de una investigación sobre consumo cultural. Se ven muchas series, telenovelas, animados y productos similares, lo que no es un problema; el problema reside en el bajo nivel de recepción ingeniosa que supongo tiene buena parte de ese público.

D.C.: Cuando haces tu sección en el programa “Cuerda Viva”, cuando conduces “X-Distante” o eres invitado para que entrevistes, logras mantener una espontaneidad tremenda. No te montas —como se dice— un personaje para sacar lo que sabes. Amén de seguir determinadas reglas de la comunicación, ¿en qué te apoyas, además, para hacer una suerte de crítica o comentario oral?

M.M.: ¿Me preguntas si me monto un personaje cuando aparezco en los medios? No, no me invento ningún personaje, como tú bien dices. Soy yo y punto. Trato de ser espontáneo y auténtico. No trato, sencillamente soy así. Los guiones me van mal y eso se nota mucho cuando he tenido que seguir un guion en alguna presentación.

D.C.: ¿Cuáles son las ventajas y los obstáculos de la crítica de audiovisual en televisión?

M.M.: Ventajas hay muchas: llegas a mucha gente a la vez. El medio te obliga a ser concreto, directo, sin floreos. Obstáculos pueden ser la falta de la tecnología adecuada y, en ocasiones, de las condiciones básicas para trabajar. Llevo meses trabajando en el Canal Habana sin aire acondicionado en el estudio. Nos falta la tecnología necesaria para darle más dinámica a los programas de crítica, me refiero sobre todo a efectos especiales y digitales. El espacio “Cuadro a cuadro”, que es anterior a “X-Distante” y en cierta medida su inspirador, cuenta con recursos y con la inteligencia y creatividad de sus realizadores, quienes logran hacer una presentación visualmente atractiva, inteligente y moderna. “Cuadro a cuadro” se realiza en el Instituto Cuban de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). El Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) está a años luz de hacer eso. Creo que el Canal Habana tiene mejor potencial y disposición para hacer cosas innovadoras, visualmente hablando, pero no cuenta con los recursos necesarios para dar vía libre al potencial creador de sus jovenes realizadores y técnicos.

Otro obstáculo es la censura. Me ha sucedido solamente en una ocasión, en el Canal Habana. Una película que había que cortarle un fragmento y del que no se podía hablar. Decidimos no poner el filme mutilado, después de discutir mucho sobre el asunto con los directivos y asesores del medio. En otra ocasión, teníamos un proyecto para la programación televisiva de un verano de la TV nacional en uno de sus canales y era sobre cine asiático. La idea era que varios críticos de cine presentaran cada uno un filme. No se pudo llevar a efecto porque uno de los críticos elegidos fue vetado por la dirección del ICRT. No lo sustituimos. Dijimos (el director y los demás críticos que participarían en el programa) que si ese crítico que se vetaba no participaba, entonces no había programa. Y no hubo programa.

D.C.: Dean Luis Reyes, Antonio Enrique González Rojas y antes tú son los que más escriben y promocionan la animación. Exceptuando a Aramís Acosta Caulineau y a muy pocos en rigor, ¿por qué siento que a veces la crítica menosprecia un tanto está técnica de realización?

M.M.: Creo que ya se puede comenzar a hablar en pretérito sobre eso hoy día. Cada vez más se suman críticos y público adulto a la fruición y crítica de animados. Cierto que aún la animación sigue siendo un tema que muchos ven dirigido casi exclusivamente al público infanto-juvenil, pero ya eso ha ido cambiando. La culpa la tuvo Disney… creo yo.

D.C.: Llevas ya más de diez años en “X-Distante”. ¿En qué te ha favorecido como crítico cultural?

M.M.: Me gusta eso de que me llames crítico cultural. A eso aspiro, pero aún no lo logro. “X-Distante” ha sido y es muy importante en mi vida, en muchos sentidos. Pero, sobre todo, me ha entrenado en el oficio de comentarista de cine y también, claro está, para ampliar mi cultura. Y no menos importante que lo anterior ha sido la posibilidad que “X-Distante “me abrió de conocer a un público muy especial, el consumidor de animados japoneses. Es una subcultura –no es un término peyorativo- muy dinámica, culta y crítica. Con ellos he aprendido muchísimo.

D.C.: ¿Qué has querido poner en “X-Distante” que no te han dejado?

M.M.: El largo de animación de la serie South Park, de 1999.

D.C.: En cuanto a la radio, tenías un programa en Radio Metropolitana. No sé si se mantiene. Cuéntame de esta experiencia y qué le aporta —si consideras que sí— el lenguaje radiofónico a la crítica escrita que aparece en revistas impresas.

M.M.: En la radio ya llevo 26 años. Empecé con una pequeña sección sobre comunicación en la revista cultural “Todo Terreno S.A.”, de Radio Ciudad de la Habana; luego, y simultáneamente, participé en la creación y realización de la revista cultural informativa “A esta hora”, de Radio Metropolitana y actualmente llevo ya 10 años en la revista cultural dominical “Catalejo”, de Habana Radio. En todos estos programas me entrené en el arte de escribir guiones para la radio, en el oficio de producir programas de radio y en el arte de la conducción en los medios, ya sea como entrevistador, presentador o comentarista. Todo eso me ha aportado herramientas y saberes necesarios para el trabajo en los medios en general y la crítica de cine en particular.

D.C.: Dicen algunos alumnos tuyos que eres “una bestia” en las clases. Es un elogio en este caso. ¿Cómo te ha ido en tu carrera como docente?

M.M.: Me ha ido muy bien. Aprendo tanto como enseño. Sé que ya esa frase es un cliché, pero no por ello deja de ser cierta. La docencia es un arte en sí misma. Me obliga a estudiar, a socializar, a establecer alianzas. Yo he llegado a los programas que he hecho en la TV por mis estudiantes. Son ellos quienes me han invitado o propuesto hacer programas en la TV. Han tenido confianza en mí y eso tiene un valor inmenso.

D.C.: ¿La crítica de cine se enseña?

M.M.: No. Es un don, una gracia, o tal vez una desgracia, en fin.

D.C.: ¿Cuánto en realidad una crítica influye no tanto para que se vaya al cine, sino para que se vea un material?

M.M.: Eso no lo sabe ni el médico chino. No sé si se habrá hecho el estudio en Cuba o en alguna otra parte del mundo sobre eso. Creo que es difícil de medir, pero sin dudas la crítica participa en la motivación de algunas personas de algún modo. En verdad, no me preocupa o me interesa mucho esa función orientadora de la crítica, no para un filme en particular, pero sí para orientar sobre autores y cinematografías. Creo que se insiste mucho en Cuba sobre la función orientadora de la crítica, pero ello presupone que el crítico es poseedor del “buen gusto estético” o del adecuado sentido de lo correcto, de lo políticamente correcto. Ese es un buen tema de debate, no tanto entre los críticos, creo yo, como entre los críticos (y los realizadores audiovisuales) y los directivos y funcionarios, y demás decisores de la política cultural del país, que sí creen en la existencia de un buen gusto estético universal, o socialista, o adecuado, y le reclaman a la crítica su legitimación pública… como parte de la Institución Arte que mencionaba al principio de esta entrevista.

D.C.: ¿Cuál es tu película y director cubanos?

M.M.: Soy muy tradicional, ¡qué le vamos a hacer! Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea.

D.C.: ¿Tu documental?

M.M.: Madina Boe, de José Massip.

 

D.C.: Cinco películas “viejas” de tu interés.

M.M.: Los niños del Paraíso (Marcel Carne, 1945); Los paraguas de Cherburgo (Jacques Demy, 1963); El arreglo (Elia Kazan, 1969); 2001. Odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968); e Easy Rider (Dennis Hopper, 1969).

D.C.: Los diez animados que no te puedes morir sin ver.

M.M.: Imagínate, la selección muy difícil. Dejo fuera muchos que deben estar en la lista. La princesa Mononoke, La historia de la Princesa Kaguya, Tokyo Godfathers, Ghost in the Shell, 20 años, Belladona of Sadeness, Vals con Bashir, Fritz the Cat, El cuento de los cuentos, Vampiros en La Habana.

D.C.: Dos películas del cine negro.

M.M.: El halcón maltes y L.A. Confidential.

D.C.: Tu musical.

M.M.: Los paraguas de Cherburgo.

D.C.: Tus westerns.

M.M.: Butch Cassidy and the Sundance Kid (George Roy Hill, 1969) y Little Big Man (Arthur Penn, 1970).

D.C.: De los actuales directores, ¿a quiénes consideras sobrevalorados?

M.M.: Steven Spielberg, Peter Jackson y Giuseppe Tornatore.

D.C.: ¿Qué te pareció Había una vez en Hollywood?

M.M.: Muy buena, divertida, paródica y cruel; en fin: Tarantínica.

D.C.: Tus actrices y actores.

M.M.: Luis Brandoni, Johnny Depp, Greta Scacchi, Dennis Hopper, Innokenti Smoktunovski, Zbignew Cibulski, Toshiro Mifune, Vittorio Gassman, Stefania Sandrelli, Marcello Mastroianni, Alberto Sordi, Monica Vitti, Cate Blanchett, Scarlett Johansson, Reynaldo Miravalles, Alain Delon, Klaus Kinsky, Anthony Hopkins, John Hurt, Monica Bellucci, Vincent Cassel, Catherine Deneuve, Brigitte Bardot, Fanny Ardant, Jean Paul Belmondo, Dustin Hoffman, Dennis Hopper, Hanna Schygulla, Viacheslav Tijonov, Donatas Banioni, Steve McQueen… etc.

D.C.: ¿Qué series me recomiendas?

M.M.: The Good Wife, Los Soprano, Chernobil

D.C.: ¿Crees que el cine de terror ha decaído?

M.M.: No sé si ha decaído. Te digo que el cine de terror no va mal en la animación nipona, donde es un género muy favorecido y a menudo ligado con otros.

D.C.: ¿Te crea un dilema profesional tener amigos o amigas que dirigen cine?

M.M.: No, no creo. En ocasiones he tenido incomprensiones porque he hecho críticas no favorables de videoclips cubanos, pero aun así, nos seguimos llevando bien.

D.C.: Cuéntame de tu rutina para escribir.

M.M.: Sencillo. Preparo café, me siento ante la laptop y me pongo a escribir. Antes hubo un proceso de estudio del filme o el audiovisual. Suelo verlo muchas veces, averiguar sobre las condiciones y características de su producción, busco la historia artística del creador en cuestión, etc. Reviso muchas veces lo escrito. Lo dejo reposar horas o días, depende del deadline, y lo enmiendo, lo corrijo. A veces se lo doy a leer a mi esposa y escucho su sabia opinión.

D.C.: Voy a apropiarme de una interrogante de la serie El joven Papa, de Paolo Sorrentino, para —con un añadido mío— preguntarte: ¿cómo afrontas el desencanto generalizado de los otros y las limitaciones de lo racional?

M.M.: Eso es filosofía. Primero, hay que definir qué quieres decir con el desencanto generalizado de los otros. ¿Qué significa desencanto? ¿Desencanto de qué o sobre qué? ¿Está demostrado que hay desencanto generalizado? Y si están en verdad desencantados, ¿debo afrontarlos? ¿Por qué? El desencanto (político, social, espiritual, etc.), pero con otros nombres, ha producido joyas en el arte a través de la historia. Solo un ejemplo: la mejor producción literaria de Ernest Hemingway es resultado del desencanto, del pesimismo, del angst, de la desilusión, del nihilismo. Menos El viejo y el mar, que es su única obra optimista. Y en lo referente a las limitaciones de lo racional (algo un tanto vago puesto así), asumo que existen limitaciones en lo racional y justamente es el arte el tipo de discurso que supera, o que intenta superar, las limitaciones de lo racional, que intenta explorar más allá de lo racional, en el campo de lo irracional, lo irreal, lo inefable, lo místico. También el discurso místico-religioso busca superar esas limitaciones, y en ello se da la mano con el arte en alguna medida.

D.C.: ¿Cuál es el mayor reto al que se enfrenta un crítico de cine en Cuba?

M.M.: Hacer crítica por amor al arte. Literalmente. Nadie vive de la crítica de arte. El crítico tiene que hacer o dedicarse a algo más para sobrevivir y además dedicarse a la crítica cinematográfica, donde le esperan sinsabores y algunas alegrías.

D.C.: ¿Qué es el cine para Mario Masvidal?

M.M.: El mejor cine es poesía, filosofía. El más light es entretenimiento, escapismo. Y en todos los casos, el cine es un universo paralelo. (2020)

(Segunda parte y final)

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