Para presentar un acto inaugural

Entrevista a Raydel Araoz, realizador y guionista.

Cortesía del autor

Dean Luis Reyes y Raydel Araoz

Raydel Araoz (La Habana, 1971) ha estado trabajando en el más remoto silencio desde que egresó de la especialidad de guión de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Siempre por su cuenta, ha dirigido video clips, documentales, cortos de animación, más un mediometraje (La escritura y el desastre, 2007) y un largo de ficción (La estación de las flautas, 2009).

Araoz es además un narrador con premios y publicaciones y antologador de un volumen dedicado a la poesía experimental cubana. También, cabeza intelectual de un grupo de música afrocubana. Sus intereses creativos son extraños al contexto audiovisual cubano, así como la lógica de producción de sus películas. Tanto en las ficciones como en la animación se decanta por una aproximación familiar al cine estructural y experimental. Los documentales portan toda clase de hibridaciones y un estilo lejano de los discursos de sobriedad.

Tratándose de un todoterreno, Araoz ha sido visto como una opción rara para merecer el premio del capítulo cubano del proyecto regional de fomento al documental DOC TV Latinoamérica de 2014. Cosa extraña, si se mira de cerca. En la primera convocatoria del DOC TV, Araoz codirigió junto a Tupac Pinilla el documental Una pelea cubana contra los demonios y el mar (2007). El proyecto premiado este año, dedicado al escritor cubano Samuel Feijóo, es, por otro lado, una consumación de su trabajo de años en torno a universos donde se encuentran y dialogan, como en su obra, experimentación, literatura, etnografía y cine. Un gesto de coherencia, digo.

Por estos días, mientras recibías el premio DOC TV, finalizabas la producción de un documental dedicado al cineasta cubano Nicolás Guillén Landrián. ¿Qué te llevó a abordar a tan ilustre desconocido?

Guillén Landrián es una de mis influencias cinematográficas. Desde que vi sus documentales, marcaron un camino, en especial Coffea Arabiga (1968), Desde La Habana, ¡1969¡ Recordar (1969), y Taller de Línea y 18 (1971). La idea del documental visto desde la subjetividad del documentalista, donde quien registra el hecho documentado deja su huella visible, interviniendo en la imagen, desde una edición que no pretende ser un montaje invisible. Esas primeras pistas que hallé en Guillén, su experimentación cinematográfica, me llevaron poco a poco a intentar fusionar en mis trabajos el video arte con el documental y a regresar constantemente a la obra de Guillén Landrián.

En ese andar, en ese conversar con otros fascinados por el cine de Guillén, di con Julio Ramos, que conocía mi trabajo y tenía el proyecto de hacer un documental sobre Guillén Landrián. Ambos estábamos conscientes de la importancia de su obra dentro del panorama del cine cubano y lo poco estudiado que ha sido, por eso nos fue fácil unirnos en el empeño de armar un documental sobre su vida y obra, tratando de incorporar temas y periodos de la vida del cineasta no abordados en los pocos documentales que nos precedieron en este intento de sacar de las sombras a Guillén Landrián.

¿Qué has descubierto durante esa investigación y realización? ¿Qué versión de Landrián veremos allí?

A Julio y a mí nos interesó dar la visión de un Guillén íntimo, ver su vida y obra desde la intimidad de la vida cotidiana. Por eso es un documental armado con el testimonio de la viuda, Gretel Alfonso, donde Gretel narra su vida al lado de Guillén y lo que él le contó sobre las etapas de su vida antes de conocerla. En estas conversaciones con Gretel emergió la gran papelería de Guillén, sus apuntes, y yo al menos descubrí a otro Guillén, el pintor, el poeta, incluso el guionista, que es algo en lo que me he detenido a pensar y que espero plasmar en un pequeño artículo que con suerte se pueda publicar.

Justamente vuelves a otro desconocido ilustre en tu proyecto recién premiado por el fondo DOC TV Latinoamérica en su edición de 2014: Samuel Feijóo. ¿Cuál fue su origen?

El proyecto sobre Feijóo ha sido por diez años un sueño, se ha alimentado y madurado a lo largo de ese tiempo. Su origen es mi investigación sobre poesía visual, que comenzó en 1998, cuando junto a los poetas y pintores Enrique Enriquez y Adrián Valdés creamos el grupo Confluyensi@rt. Un grupo interesado en la experimentación poética, pero inclinado hacia las fronteras del texto y el dibujo. En una búsqueda de referentes en la poesía cubana –porque casi toda la información que teníamos era extranjera (de Brasil, de Italia, de España, de Uruguay, de México, etc.)– llegué a Signos, la revista de Samuel Feijóo. Ahí comenzó mi camino por el universo feijosiano.

Lo primero que hice fue escribir un artículo sobre poesía visual, publicado en el 2000 en Signos. Luego vinieron otros que publiqué en Cuba Literaria, ya sobre libros de Feijóo, sobre la propia revista Signos. Pero no fue hasta que entré en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños que se me ocurrió hacer un documental sobre Feijóo usando la estética de la revista Signos.

¿Por qué escoger a un personaje como Samuel Feijóo, una de las figuras más ricas del canon literario nacional, pero del cual se sabe poco menos que su labor etnográfica y su novela Juan Quin Quin en Pueblo Mocho?

Feijóo es un personaje estudiado en un solo sentido y una gran parte de su obra aún permanece desconocida, especialmente la zona más experimental, tanto en la poesía como en la plástica.

Dados los años que has dedicado a investigar este tema, ¿qué has descubierto de novedoso acerca del personaje?

Yo entré a investigar a Feijóo por una de sus aristas novedosas: su proyecto de incorporar la mitología y la tradición del centro del país a los movimientos de vanguardia. Entonces no lo sabía, vi sus dibujos, sus textos, y para mí eran claros referentes de la poesía visual, pero vi que eran referentes del letrismo, del art brut, hasta que me di cuenta que era en otra neo-vanguardia, que no era solo Feijóo, sino un grupo de dibujantes del centro del país, encabezados por él, y que esa vanguardia dialogó con distintos movimientos underground y de la neo-vanguardia de los sesenta.

Feijóo fue, como le gustaba decir, un “mariposón de muchas mieles”: uno de nuestros grandes poetas, narrador poderoso, dibujante, editor, antropólogo cultural, puente entre culturas, fundador de revistas, crítico… ¿Cómo piensas manejar esa proliferación amenazante?

Tomaré como eje la propuesta de la revista Signos, que es un centro laberíntico, para que todos esos discursos puedan transitar. En Signos, Feijóo llegó a plasmar su universo total. La revista es una revista antropológica, un libro de viajes, una antología poética, una compilación de partituras musicales, es caos y es sentido, porque todo tiende a un fin: mostrar el folklor de los pueblos, no a través de una lupa, no desde un laboratorio, sino apropiarse de ese folklor y devolverlo como algo propio.

En mi caso, el sentido estará en contar la vida y obra de Feijóo apropiándome de la estética de la revista y devolverla a través de mi respiración. En mi estudio sobre la revista, he encontrado que el elemento cohesionador del caos es el diseño. El diseño de Feijóo deja una marca estilística, que le da una coherencia y una belleza a los 36 volúmenes de Signos. En mi trabajo será también esencial ese aspecto, por ello en el equipo técnico está incluida una diseñadora, Pilar Fernández Melo, con la cual he trabajado en varias ocasiones. Espero entonces poder hacer buen uso de la diversidad feijosiana.

Has tratado de echar adelante esta producción antes, incluso por tu cuenta. Ahora que tienes recursos privilegiados, ¿cómo será su producción?

La producción será difícil, porque el proyecto llevará las complejidades de una película documental y las de una de ficción. Tengo pensado incluir animaciones, trabajar con actores para algún que otro cuento de Feijóo, filmar en las zonas que recorrió por el centro de Cuba, filmar algunas fiestas populares. Los recursos del proyecto permitirán que mi sueño, alimentado por años, se visualice y deje de ser ya el sueño de hojas rezumbando y estallando en el aire.

Teniendo en cuenta que te enfrentas a un modelo de documental de formato eminentemente televisivo, ¿cómo negocias tus intereses y vocación autoral con la necesidad de cumplir cierto modelo a priori?

Para mí el que sea televisivo solo tiene que ver con una forma exterior, que se refiere al tiempo, a las pausas que impone la televisión para sus comerciales, no al contenido, ni a la visualidad (la forma interior). Esto yo lo sabía antes de enviar el proyecto a este concurso; por tanto, no creo que tenga problemas con ello. De todas formas, cuando el proyecto termine, te podré responder esta pregunta con más certeza.

¿Qué estilo tendrá la puesta en escena?

Será muy cercano a la forma visual de la revista Signos. De hecho, mi interés es que parezca una revista, con mucha gráfica, con secciones, con ilustraciones, pero con un carácter audiovisual, dinámico, irreverente, con la libertad del video arte.

Dada tu vinculación con movimientos de arte experimental y la inclinación de tu obra audiovisual hacia tratamientos híbridos, ¿cómo imaginas el producto final?

Como un documental experimental, del tipo de documental que construye universos y provoca al espectador para que los visite. Quizás como el documental que a Feijóo –que odiaba el protocolo– le hubiera gustado que le hicieran en sus 100 años.

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