“Soy de lo más ecléctico”

Entrevista al guionista español Rafael Cobos.

    Con un buen guión, un buen director puede hacer una obra maestra; con el mismo guión un director mediocre puede hacer una película aceptable; pero con un guión malo, ni siquiera un buen director puede hacer una película buena.
Akira Kurosawa

El mundo está lleno de historias que contar. Todo lo que gira a nuestro alrededor es una historia potencial que clama por ser atrapada y plasmada sobre el papel. Pero abramos los ojos de una buena vez: no todos somos capaces de contarlas bien. Y ni hablar de “historias originales”: eso es apenas un eufemismo para no dar el nombre que bien  merecen las utopías. Todas las historias ya están contadas. Pero es el buen guionista quien las hace diferentes.

En la actualidad parece existir una crisis de creatividad (valga la cacofonía con tal de que abandonemos la palabra originalidad, cuyo significado resulta un tanto engañoso). De ahí que veamos aparecer en la pantalla, una y otra vez, adaptaciones de obras literarias e incluso de guiones anteriores, esos infinitos remakes que se han hecho tan populares y que, en la mayoría de los casos, nos dejan un amargo sabor.

Si a ello -o tal vez por ello- sumamos el hecho de que muchos directores se hayan convertido en guionistas de sus propias obras, el panorama se torna un tanto desesperanzador para quienes intentan dedicar su vida a esta profesión: escribir para el cine. Y es que, lamentablemente, podemos contar con los dedos de las manos los directores a quienes les sirve el sayo de guionista; muchos se lo ponen aunque les resulte extra-talla. Las consecuencias no se hacen esperar. Como reza el antiguo proverbio (salvo honrosas excepciones): “Zapatero, a su zapatos!”

Sin embargo, el guionista es una de aquellas figuras pocas veces valoradas, pero de gran importancia para cualquier obra audiovisual. Comenzando, tal vez, por pensar en los muchos esfuerzos que requiere la escritura de un guión: la transformación mental de una idea, las horas de voluntaria soledad frente a la computadora, las muchas reescrituras e incluso, como le escuché una vez a alguien decir: “…cientos de discusiones con tu productor (si lo tienes) y muchas frustraciones (si no lo tienes).” 

Pero si nos adentramos en el espinoso terreno de los méritos, la pendiente se torna aún más escabrosa. El escritor, aunque comparte muchos puntos de su labor con el guionista, posee otros horizontes una vez terminada la obra. Ambos se enfrentan a sus propios demonios durante el proceso de creación, moldean y transforman a su vástago literario. Pero una vez ocurrido el alumbramiento, el fruto respeta a su creador…hasta en el peor de los escenarios posibles. Él, y sólo él, es EL AUTOR, alguien de quien no se puede prescindir. La obra es una sola: la que él ha escrito. Si el resultado ha sido exitoso, recibe todos los lauros. Pero incluso si la obra no alcanza los estándares de calidad, la autoría resulta indiscutible y la crítica reserva espacio para el análisis de la obra y hasta de la trayectoria literaria del autor, unas veces de manera constructiva, otras tantas no…pero ahí está.

El cine es harina de otro costal. Salvo contados casos en la historia del séptimo arte, el guionista ha sido una figura subestimada. Primeramente, su obra es susceptible de recibir (a veces grandes) transformaciones al ser llevada a la pantalla. Si consigue el éxito, no hay cabida para el ego del guionista: invariablemente ha de compartir lauros con director, actores y una larga lista de etcéteras. Y en una gran mayoría de los casos, es el director quien se lleva todos los méritos. Por el contrario, si el resultado es malo, muchos se lo achacan a la historia: se habla entonces de una ineficaz conducción diegética, personajes mal construidos, irregularidades en el ritmo narrativo… En fin, que la culpa recae en el “incompetente” guionista.

Es por ello que debemos aprovechar la ocasión, cuando la vida o las circunstancias ponen ante nuestra puerta la posibilidad de compartir con uno de esos guionistas que ha logrado sortear los disímiles obstáculos de la profesión y crearse un prestigio en el ámbito cinematográfico. La visita de Rafael Cobos a La Habana, el pasado mes de abril, me dio esa oportunidad. Bajo el auspicio de la Sociedad General de Autores Españoles (SGAE) y como invitado principal de la Muestra Joven del ICAIC, el guionista español impartió un taller sobre escritura de guión a jóvenes realizadores cubanos, como parte de las actividades del evento.

Con una fructífera trayectoria como autor teatral y de guiones televisivos, Cobos ha preferido asentarse en el séptimo arte y su elección no ha resultado para nada errada: cuenta con tres nominaciones a los premios Goya por los filmes 7 vírgenes (2005), After (2009) y Grupo 7 (2012). Además, recientemente recibió el Premio ASECAN-SGAE al Mejor Guión, otorgado por la Asociación de Escritores Cinematográficos de Andalucía, en colaboración con la Sociedad General de Autores.

Su estancia en La Habana me permitió conocerle y compartir con él. A quienes esperamos encontrar a un guionista circunspecto, tal vez un tanto obnubilado por la fama, realmente nos tomó por sorpresa. De andar jovial y aspecto desenfadado, Rafael “el profe” se paseaba por las oficinas como uno más del equipo organizador del evento. En la sala de proyección donde se desarrolló el taller, tampoco encontramos al conferencista sobrio que pudimos esperar. En cambio, asistimos a un encuentro íntimo, plagado de debates (muchas veces, como solemos decir: “a camisa quitada”), en el que se creó un clima de familiaridad que propició el análisis de varios proyectos de los jóvenes allí presentes, en una suerte de disección cinematográfica de esas que nos abren nuevos horizontes visuales desde una crítica inteligente y bien intencionada.

Y en un acto más de sencillez y buena voluntad, en un ICAIC convertido por aquellos días en hervidero cinematográfico, donde encontrar apenas un espacio para sentarse con cierta tranquilidad resultaba una quimera, surgió nuestra entrevista. Todo lo informal que seamos capaces de imaginarla: sentados “cómodamente” en las escaleras del 5to. piso del ICAIC.

Sin ánimos de caer en un frívolo intento reivindicativo, sirva esta –digámosle- conversación amistosa para reconocer la labor de tantos hombres y mujeres que, desde el semi-anonimato, tejen los hilos dramáticos de esas imágenes que nos hacen temblar frente a la pantalla, en la intimidad de la sala oscura.

(Entrevista realizada a Rafael Cobos el viernes 5 de abril de 2013)

Después de su primera experiencia en la Muestra Joven ICAIC, cuéntenos un poco qué le ha parecido el evento.

Me parece maravilloso. Por una parte está ayudando, está permitiendo que muchísima gente que está intentando tener un futuro profesional relacionado con el audiovisual, logre exhibir lo que está haciendo. Tienen un sitio, un lugar donde hacerlo, donde mostrar, donde al mismo tiempo reunirse con gente que está en la misma tesitura, que tienen la misma situación, los mismos intereses. Por otra parte, creo que habéis conjugado esto muy bien con la formación, cosa que lo hace mucho más interesante, lo convierte en una herramienta casi en estéreo. Me parece un evento, llamándolo de alguna forma, muy a tener en cuenta, muy reproducible, muy a realizar en muchos sitios, desde luego.

¿Qué tal su experiencia en el Taller de escritura de guión que ha impartido esta semana?

Pues muy buena también. Por un lado, porque me he encontrado con gente que piensa de forma distinta a como suelen pensar los alumnos que he tenido antes. Gente a las que les preocupan otras cosas y, por tanto, que piensan de otra forma. Creo que en general había bastante interés y han sido bastante receptivos a la hora de enfrentar el controvertido mundo del guión. Los he visto con ganas, los he visto también con sus pequeñas crisis, pero lo valoro como muy positivo.

¿Habrá posibilidad de un reencuentro con Rafael Cobos en la Muestra Joven o en algún otro espacio de la cinematografía cubana? 

Sí, me encantaría, desde luego. Me ha encantado la Muestra, insisto, y claro que volvería, volvería encantado. Me parece que habéis hecho un trabajo más que encomiable.

Saliéndonos del evento, quisiéramos saber un poco más sobre Rafael Cobos. ¿Cuál es su formación real?

Pues mira, mi formación es muy muy heterogénea. Empecé estudiando Medicina. De Medicina me fui a Derecho. De Derecho pasé a Dirección Escénica, dirección de teatro, de ahí me especialicé en Dramaturgia. Y terminé escribiendo cine y televisión. Es decir, que soy de lo más ecléctico (risas). Pero siempre he estado escribiendo y de forma paralela formándome como escritor, leyendo mucho. Cuando empecé a descubrir que me interesaba no solo el teatro, sino el audiovisual, viendo muchísimas películas, analizando muchas películas, asistiendo a cursos también…Es decir, que soy una mezcla de distintas disciplinas, que al final son muy útiles, ¿no? Al final uno “tira” de todo.

¿Qué significado tiene el teatro en su carrera profesional?

Bastante. Creo que fue una decisión casi premeditada; semi-inconsciencia o semi-consciencia, no sé cómo llamarlo. Siempre mi idea era el audiovisual, el cine, pero lo veía tan difícil, tan complicado, que decidí hacer una primera parada en el teatro. Monté una pequeña compañía, porque por otra parte yo quería que se montaran mis textos, los textos que estaba empezando a escribir. De repente escribía un texto y me lo publicaban en un sitio, luego escribía otro y me lo publicaban en otro sitio. Hasta que gané uno de los premios más importantes que había para escritores menores de 30 años en España y dije “coño, parece que funciona”. Y el teatro es, por tanto, la primera luz, el foco originario de mi formación; todo lo que he ido arrastrando y todo lo que he ido aportando al audiovisual, todo lo que ido trayendo al guión cinematográfico ha venido del teatro. Y no solo eso, sino conocer cómo trabajar con un actor, ponerse en el lado del actor. Cuando hablábamos esta mañana de dinamizar los diálogos, de hacer que los diálogos sean “interpretables”, todo eso se lo debo, mi momento actual en el guión, se lo debo a mi formación teatral.

¿Cómo llega entonces Rafael Cobos al cine… o el cine a Rafael?

Pues llegué al cine después de una errática carrera televisiva, donde hacía cosas que no eran muy apetecibles. Y, aunque estuviera escribiendo, aunque tenía guiones cinematográficos en el cajón, fue por medio de un amigo, que a su vez tenía un amigo que conocía a un director que estaba buscando un guionista para escribir sobre un tema muy en concreto. Y fue así, con mucha suerte, que la cosa empezó a funcionar. Y una especie de prueba se convirtió en un éxito brutal de taquilla como lo fue 7 vírgenes[1] .

Pero coincidirá conmigo en que el cine es uno de los campos más complicados; las productoras reciben miles de guiones cada día y el proceso de decantación se hace inevitable y excluyente. Hoy día, la televisión ofrece muchas más posibilidades para los guionistas, por la diversidad de espacios con que cuenta. ¿Qué tal su relación actual con el mundo del guión televisivo?

No tengo ninguna. En este momento no tengo ninguna. Después de que me ha ido bien en el guión cinematográfico, he tenido muchas ofertas de televisión y de momento no he cogido ninguna. Mientras que pueda hacer lo otro, me parece que entrar en el estrés de la televisión, en el “todo vale”, en el no cuidar, no mirar, no detenerse, no ser puntillista con el guión, me costaría tanto trabajo. Si ya lo tengo (digo, el estrés): ahora mismo estoy inmerso en una entrega y me han dicho que tengo dos meses para entregar una primera versión, mes y medio, prácticamente sin argumento, es decir, “a pelo”. Si ya me echo para atrás, imagínate tener que escribir un guión de un capítulo de 55 minutos en 10 días. Ahora mismo, si puedo, prefiero evitarlo.

Por estos días se está estrenando en España su último filme Ali[2] . ¿De qué va esta historia y qué acogida piensa que puede tener en el público?

Se estrena ya, se está estrenando en España. Yo creo que es una película muy bonita, es la antípoda de las películas anteriores que se han estrenado escritas por mí. Antes de estrenarse, estuvo en el Festival de Málaga, donde ganó un premio[3]. Muy contento. Yo estoy muy pegado a la realidad y mis guiones son muy de realismo social. Ali es otro “rollo”; está muy cercano al cine independiente estadounidense. Yo creo que está mucho más cerca del divertimento de imagen que de la historia dura y “pegada”, de la historia esta telúrica, crítica, donde se intenta meter el pecho adentro en cuestiones que nos rodean. Es una historia de una chica adolescente, cuya vida ha estado muy vinculada a una madre con problemas emocionales, y ella ha tenido que hacer de madre de su madre y  la madre ha sido la hija, y como ocasión de que se enamora por primera vez toda su vida, todo lo que la rodea  y lo que ha vivido hasta ese momento se tambalea. Es una historia de amor adolescente.

Va más hacia lo existencial, ¿no?

Sí, pero lo existencial visto como nada sesudo.

Muy al interior del ser humano.

Es como si mezcláramos a June[4] con, no sé, con cualquier película del cine independiente estadounidense. No había hecho nunca antes eso y me gusta mucho, y tenía un director amigo que quería hacer eso y… adelante.

¿Por qué? ¿Es una idea original del director?

No, no es una idea original del director. El director me encarga escribir con él una historia que eran tres historias. De esas historias desaparecieron las tres y quedó una nueva y de ahí sale Ali. Ha mutado y mutado y mutado hasta llegar a esto.

¿Pero al final los ha complacido a ustedes, luego de tantas mutaciones?

Sí, creo que es muy bonita y sobre todo muy emocionante. Yo diría que lo que tiene de emocionante es que es una película muy femenina (las anteriores son muy masculinas) y es una película muy especial.

¿Le parece que puede tener una buena acogida en el público, a pesar del cambio temático del guionista?

Sí, creo que sí.

¿Cómo ve el panorama cinematográfico español de estos momentos? ¿Cuál es la situación real de los guionistas?

España está atravesando un momento extremadamente difícil, porque la coyuntura general económica es bastante complicada y lo primero que está notándolo es la cultura. Yo pienso que la cultura es un bien necesario y estamos sufriendo muchísimos recortes. Estamos condenados a que las películas de clase media, digamos, las películas de presupuesto medio, están muy muy cerca de empezar a desaparecer y quedan películas de presupuesto altísimo y películas muy pequeñas, con una distribución mínima. Y la figura del guionista tiene que reinventarse porque Internet ha supuesto una revolución, sí, ¿pero una revolución a qué precio? ¿Que el guionista no pueda vivir de esto? Una situación con respecto al cine bastante peliaguda y con respecto al guionista, tanto de lo mismo. Por ejemplo, en España hemos sufrido unos recortes altísimos, el gobierno ha eliminado todas estrategias que habíamos logrado implementar. El Instituto -digamos el homólogo del ICAIC en España- ha reducido las ayudas a producción y, por tanto, a la creación de películas. Y también ha erradicado completamente las ayudas que ofrecía al desarrollo, las ayudas que otorgaban antes a guionistas para que pudieran vivir mientras escribían un producto. Una serie de logros que habían costado muchísimo tiempo y esfuerzo, y que se están cayendo ahora mismo, haciendo que la situación y el panorama sean muy negros. Significa que hay que seguir trabajando e intentado protestar para que las ayudas que tenemos no desaparezcan. De hecho estamos cerca de que vuelvan a instaurar algunas de las que han erradicado, pero la verdad es que no soy muy optimista al respecto.

¿Tiene algún proyecto en mente ahora mismo? ¿Cuáles son sus planes o compromisos de trabajo para un futuro cercano?

Terminé hace muy poco, unos meses, un proyecto bastante ambicioso, con un presupuesto muy alto (es de las películas de las que estábamos hablando) y que está en período de financiación. Tiene detrás una productora española bastante potente, pero se está buscando también coproducción internacional y se prevé el rodaje para el año que viene. Y al mismo tiempo estoy con otro proyecto que se rodará, probablemente, a finales del verano, comienzos del otoño. Y el estreno de otra película -además de Ali, que es la que se estrena ahora-, que calculo yo será también para el otoño.

¿Cuál es su título?

El amor no es lo que era. El director es Gaby Ochoa, un valenciano. Es una película muy pequeñita, con un presupuesto muy bajo. Por el momento, con todo esto tengo más que suficiente. No puedo quejarme: trabajo no es lo que me falta.

 



[1] 7 vírgenes/ España/ 2005/ Dir.  Alberto Rodríguez/ Int. Juan José Ballesta, Jesús Carroza, Vicente Romero

[2] Ali/ España/ 2012/ Dir. Paco R. Baños/ Int. Nadia de Santiago, Verónica Forqué, Adrián Lamana

[3] Festival de Málaga: Premio Asecan – Mejor Ópera Prima. Además, ha obtenido otros premios y reconocimientos en diferentes festivales: Premio Especial del Jurado (Festival de Tudela); Mejor Actriz , Mejor Director, Premio del Público (Festival de Ourense); Mención Especial (Atlantida Film Fest); Sección Oficial (Festival de El Cairo); Sección Oficial (Festival de Seattle)

[4] June/ Canadá-EUA/ 2007/ Dir. Jason Reitman/ Int. Ellen Page, Michael Cera, Jennifer Garner

 

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