Universo de una actriz: Eslinda Núñez

AlterCine se suma a la celebración por el Premio Nacional de Cine a Eslinda Núñez.

Las fotografías del rodaje de los filmes en los que Eslinda ha trabajado develan historias que no se perciben desde la pantalla grande.

Eslinda Núñez es el Premio Nacional de Cine 2011. Todos lo saben, todos lo comentan y se alegran porque, sin dudas, es uno de los rostros más conocido y reconocido del audiovisual cubano.


La noticia del premio otorgado a esta emblemática actriz -que se inició hace casi medio siglo en el teatro y continuó su trayectoria con gran éxito hacia el mundo del cine y la televisión-  llena de regocijo a sus miles de admiradores, a sus colegas, amigos y a su familia -valga decir, que si es admirada por su vida profesional así mismo lo es por su hermosa carrera en su vida familiar-.

Eslinda es un mito, una actriz de muchos rostros que no se olvidan, de frases que hemos repetido una y otra vez y, sobre todo, es una mujer con una mirada que descubre solo lo que ella quiere que se revele y oculta todo lo que ella elige conservar en su más profunda intimidad.

Su inteligencia y su especial sensibilidad, su fortaleza, perseverancia y experiencia la convierten en referencia obligada para conocer el complejo y enigmático mundo de la creación artística, y digo creación artística porque su capacidad de observación y aprendizaje es tan intensa que sus agudas reflexiones, comentarios o recuerdos no solo se remiten a su carrera como actriz, sino que aportan muchísimo acerca del cine cubano, latinoamericano, y del arte todo.

Como parte del programa concebido para la gala de entrega del premio, celebrada el pasado 10 de junio en la sala Charles Chaplin, sede de la Cinemateca de Cuba, y en el Centro Cultural Cinematográfico del ICAIC “Fresa y chocolate” , quedó inaugurada la exposición fotográfica Universo de una actriz: Eslinda Núñez.

Las fotografías invitan a meditar en las aventuras y desventuras vividas por Eslinda junto a fundadores y continuadores de la obra del ICAIC.Las fotografías de rodaje y de producción de los filmes en los que Eslinda ha trabajado develan historias que no se perciben desde la pantalla grande y nos acercan, con otra mirada, a sus clásicas e inolvidables interpretaciones en Lucía, Memorias del subdesarrollo, La primera carga al machete, Cecilia y  Amada o a instantes memorables de Un día de noviembre, El socio de Dios, Capablanca, No hay sábado sin sol, Mina, viento de libertad, El jinete sin cabeza y El viajero inmóvil, entre otras.

En estas imágenes, piezas indispensables del patrimonio cinematográfico cubano, la realidad y la ficción quedan detenidas para siempre como testimonios de la memoria fílmica. Sus autores, los stillmen del ICAIC, conocen muy bien a la actriz y al ser humano que se desdobla en cada uno de sus personajes.

Estas fotografías, también nos hacen meditar en cuántas aventuras y desventuras ha vivido Eslinda junto a fundadores y continuadores de la obra del ICAIC -iniciada hace más de cincuenta años-, esas que no quedan registradas desde la pantalla o el set de filmación.

Asimismo descubrimos fragmentos del cine cubano que nunca llegaron a la pantalla grande como es el caso de las fotografías tomadas especialmente por Mario García Joya, a solicitud de Titón, para la “secuencia que no fue” de Memorias del subdesarrollo, en la que Eslinda Núñez debía aparecer vestida con diferentes trajes exóticos como parte de la fantasía del personaje de Sergio con Noemí, su empleada doméstica.

Los collages, compuestos con viejas fotografías del archivo personal de Eslinda, también muestran la faceta de esta actriz, trabajada con exquisita sabiduría por Saúl Yelín, como emisaria del cine cubano en el mundo, rodeada de importantes cineastas, personalidades, periodistas y los espectadores que asistían a los festivales para ver sus filmes.

De especial encanto resultan los retratos en los que Eslinda aparece en diferentes etapas desde la niñez hasta su plena madurez. Es el único espacio de la exposición que se permite resaltar la deslumbrante fotogenia de esta mujer sin reparar en nada más que no fuese la arquitectura de su rostro, ese que tanto impactó y cuidó Humberto Solás, y que con tanta precisión supo  definir Jorge Herrera cuando, en cierta ocasión, le confesó a Eslinda por qué no coincidía exactamente con Solás en cuanto a los criterios sobre su belleza y al mismo tiempo le argumentaba por qué, definitivamente, era bella. 

 

Las imágenes constituyen piezas indispensables del patrimonio cinematográfico cubano.La anécdota de Jorge Herrera es contada por Eslinda en uno  de los documentales que se exhibe como parte de la exposición, titulado Frente al espejo, en el que la voz de la actriz se escucha en off, con desenfado, espontaneidad y descubrimos a una Eslinda ocurrente, sincera y aguda -cualidades que supo exhibir magistralmente en sus palabras de agradecimiento en la ceremonia celebrada en el cine Chaplin- mientras corren decenas de fotos fijas, no solo referidas a su paso por el cine, sino también a sus incursiones en la televisión y el teatro, todas ellas muy bien articuladas con la música y el ritmo del documental.

Enhorabuena este esperado y bien ganado Premio Nacional de Cine para Eslinda Núñez, oportunidad que permite reconocer el talento y las cualidades que la distinguen.

Oportunidad para acercarnos a ella y al Cine Cubano desde esa otra imagen que constituye la Foto Fija en blanco y negro, en colores, de gran o pequeño formato, envejecida o recién impresa, no importa, lo esencial es que esa imagen detenida, conservada,  garantizará la continuidad de la historia, la veracidad de lo que aquí escribimos sobre el universo de Eslinda Núñez.

Poema leído por Enrique Pineda Barnet a propósito de la inauguración de la exposición Universo de una actriz: Eslinda Núñez.

El quitasol de la baranda                             
A Eslinda

Ella desembarca
con la punta del pie delicado apenas perceptible
desembarca todos los días
desembarca, constantemente desembarca,
el tabloncillo no cruje a su pisada
y en cambio, las gaviotas  
levantan el vuelo
y regresan a juguetear con ella.
Lleva
su parasol de encaje acrisolado
que vuela sus orlas al vientecillo de la tarde
-siempre es la tarde-
siempre es el vientecillo
cuando ella desembarca.
Entonces, ella sonríe
y ocurre el milagro
y ella se desmaya
-porque el muelle se tambalea
porque el bote la dejó anonadada
porque el viento en las velas la estremece
porque se emociona con el regreso
porque ama intensamente y eso es demasiado-
y desembarca una y otra vez
y siempre es la sonrisa
y el desmayo
y la música crece
porque yo me emociono
de verla
de saber que puede refinarlo todo
que puede convertir en gentileza
hasta mi grosería.
Y la música crece
y crece
y ella desembarca
con su pie delicado
y….-!no, no se desmaya!
porque Ella,
simplemente,
es la gaviota.

(Enrique Pineda Barnet
Diciembre, 27 de 1997)

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