Cine (in) dependiente en Cuba

Desde hace algunos años, se escucha hablar con frecuencia del cine independiente cubano.

IPS Cuba

Abel Arcos, guionista; Carlos Machado, director, Sebastian Barriuso, productor; Danil Massip, fotógrafo de La Piscina, película ganadora del proyecto Haciendo Cine, en la 7 ma Muestra de nuevos realizadores

Es un hecho, que la entrada en la isla de las nuevas tecnologías digitales y las facilidades que estas brindan a los que desean explorar el mundo de las imágenes, han venido fragmentando y diversificando notablemente el espectro audiovisual del país.

Con ellas, “hacer cine”, se ha vuelto una posibilidad real. Contar una historia, representar los sueños, mirar la vida y hurgar en sus contradicciones, ya no son solo posibilidades expresivas para aquellos que trabajan en el ICAIC o la Televisión Nacional, los dos centros tradicionales, de producción fílmica y audiovisual.

En Cuba, no es fácil disponer de una cámara de video digital, son costosas y no abundan en las tiendas, tampoco las ofertas de computadoras, software, aplicaciones, portátiles, equipos de sonido o luces, son habituales, aun así, son cada vez más numerosos los que disponen de estos medios importados al país, por las más disímiles vías. Junto a ellos, aparecen numerosos sellos productores de nombres singulares como Alpecho, Nuevo ángulo, Carnes y huevos, El Central, Matraka, Bajo Costo, etc que aunque no cuentan con un depósito legal, son tolerados. Y es que, la figura del productor o creador audiovisual independiente no existe de forma oficial, entre los permitidos bajo el régimen de cuenta propia. Su aceptación está siendo discutida desde hace al menos dos años en el parlamento.

A los bancos, empresas o ministerios del estado tampoco les está permitido financiar con ayudas la producción fílmica del país. Solo el Ministerio de Cultura puede hacerlo.  A pesar de ello, proliferan los grupos de producción alternativa, conformados por amigos, estudiantes de cine, universitarios, vecinos, diseñadores o incluso técnicos y artistas de la propia industria oficial, que alternan su labor habitual en ésta, con rodajes paralelos, a ratos más lucrativos e interesantes.  Suele entonces definirse como “independiente”, a toda esa obra realizada fuera, o en las márgenes de la industria, sin un claro control estatal, compuesta por películas, cortos, documentales, clips musicales y publicitarios filmados “por amor al arte” con esfuerzo y dinero privado.  

La madeja es bien compleja pues tras esa extensa y heterogénea producción “alternativa” podemos también encontrar, la mano de  la propia industria oficial, en cuyos espacios se realizan diferentes procesos de posproducción, edición, correcciones de luces, doblajes y mezclas sonoras.  Resulta curioso como muchos de estos independientes ven su horizonte dentro del propio sistema que ahora suelen denostar, deseando el éxito y la promoción nacional de sus obras, como pasaporte inmediato a su inserción en el ICAIC o la Televisión.

Angélica Salvador, editora de Larga Distancia de Esteban Insausti y de otros largometrajes de ficción, entre ellos, NADA del director cubano Juan Carlos Cremata.Claro que existen cada año, decenas de filmes rodados  o grabados en la isla de manera artesanal, a bajos costos y de forma privada, pero la clasificación de Independiente se ha convertido también en una suerte de acto simbólico, un certificado que legitima ciertas obras, de cara a un mercado de circulación alternativa, excitado por el significado literal del concepto y a una lectura internacional de nuestra realidad, que pondera la “independencia” como virtud, dejando a un lado cuestiones artísticas o estéticas, los rigores en la puesta, o la fuerza en los relatos, como si intentar hacer un cine o audiovisual de calidad, fuera un estigma, una manera de vender su alma al diablo de la oficialidad.          

La pregunta sería: ¿independientes de quién o de qué? ¿Ofrecen estas obras una perspectiva estética diferente a la tradicional, una postura artística radical, un estilo propio, un tratamiento formal claramente experimental? ¿Se oponen ellas, incluso al pensamiento o discurso oficial? Si bien encontramos en muchos documentales un acercamiento hacia nuevos asuntos y sujetos, focos de atención no abordados por los medios oficiales, su concreción fílmica suele reproducir los mismos esquemas del cine más convencional, donde las cabezas parlantes, las entrevistas y la pobre investigación o graficación visual comprometen el alcance artístico de las mismas. Así que en definitiva y salvo unas pocas y memorables excepciones, todo parece ser asunto del financiamiento. Quién aporta el dinero y como éste se distribuye.       

Se sabe, que la Muestra de Nuevos Realizadores, ha devenido desde el 2001 en el espacio final donde encuentran exhibición los trabajos de “los independientes”. Hallar un hueco en la programación  de la principal sala de cine del país es ya una forma de legitimación, aunque más tarde, una vez finalizado el evento, posiblemente nunca más sea visto.  Llamó la atención que en su reciente edición, el festival cambió su nombre por el de Muestra Joven dejando claro que bajo ese concepto encontraran cabida en ella, solo aquellos realizadores menores de 35 años. Aquí tenemos otro punto a discutir: ¿se es joven por edad, por vitalidad o por concepción artística? Realizadores como Fernando Pérez, Jorge Molina, Gustavo Pérez y Juan Carlos Cremata, pasan de los 45 años, tienen poéticas diferentes y sus películas muestran una gran energía y búsqueda creativa.

Del lado contrario nos encontramos en la Muestra con decenas de jovencitos que con sus 20 años, apenas  experimentan con el lenguaje y los temas, dejando en el aire la interrogante de si no debería ser ella, un espacio real para el otro cine, en cualesquiera de sus acepciones y géneros, un lugar ideal donde confluyan todos los talentos que trabajan con las imágenes en movimiento, no importa si estas son filmadas con una cámara de video, un celular, siguiendo la estética del video arte o el cine más experimental, rodadas por un chico de 15 años o por un consagrado de 50. El comité de selección no debería olvidar que en el mundo de hoy y gracias al avance de las tecnologías, los relatos visuales se pueden encontrar en cualquier formato, soporte y formas artísticas, y que muchos de los mejores creadores del mundo se desplazan por diferentes manifestaciones que van desde el cine tradicional, la publicidad, la televisión, el video arte, el performance y los espectáculos multimedias.     

¿Qué es hacer cine hoy? Desde luego que no estamos en los 50, ni siquiera en los 80, cuando para convertirse en director o fotógrafo de una obra debían los aspirantes, pasar por todos los entresijos de la industria, rodar miles de planos y esperar décadas para ser “evaluados” como directores u editores.  Las apariciones en Cuba de las escuelas de cine en San Antonio de los Baños y el Instituto Superior de Arte, redujeron ese tiempo, trastocaron el sistema y forzaron los cambios en la industria. Las nuevas tecnologías también hicieron lo suyo haciendo trizas viejos preceptos como el de que las mujeres no podían ser directoras de fotografía, por aquello de que las cámaras pesaban mucho ¡!!!, que el verdadero arte estaba en el celuloide y las grandes pantallas de las salas, o que el cine y la televisión eran enemigos irreconciliables.    

Muestra de Nuevos Realizadores, 2011Durante la pasada década se fueron introduciendo en los festivales y eventos de la isla, secciones e ideas, gestadas desde entornos financieros y productivos asociados al cine. Cualquiera que tenga una idea interesante puede probar suerte con estas fórmulas de producción, desde las que se obtienen las ayudas o el dinero necesario para iniciar proyectos.  Las presentaciones de cortos en diferentes estados de realización, los concursos de guiones, las exhibiciones de obras terminadas pero necesitadas de una ayuda final en el complejo proceso de digitalización, los rodajes de teaser, trailers o making of, devienen propuestas atrevidas de cara a la producción audiovisual , nunca antes experimentadas. El cine o el audiovisual contemporáneo se mueven en otras dinámicas y espacios, la excesiva centralización de otras décadas, los proyectos gigantes y costosos que involucraban a una gran cantidad de artistas y técnicos han quedado atrás. La industria ha tenido que cambiar sus maneras de concebir y realizar sus filmes y en este sentido el empuje de los jóvenes y los creadores independientes ha sido incuestionable.        

Observando de cerca los temas tratados por este cine “otro”  encontramos que  la falta de esperanzas, la nostalgia, la crítica social, o el vacío existencial pueblan sus historias. También la necesidad que tiene el ser humano de una vida mejor o por lo menos más digna. En esencia hablan de su realidad, miran su mundo con ironía e irreverencia pero al mismo tiempo sus creadores no se sienten en la  vanguardia de nada, pues ni siquiera se ven como una generación unida y consciente de sí misma.

Desde hace años los “nuevos” creadores  no piensan en dejar una huella, entregarles una obra a las futuras generaciones o marcar pautas de orden estético. La pragmática del día a día es la que se ha impuesto como norma. Rodar, producir, filmar, hacer y por supuesto ganar dinero con ello, con sus historias o con las de otros, son motivos suficientes para mantenerse ocupados, sin importar mucho la naturaleza del proyecto, el género o la fuente de producción. Hoy trabajan con el ICAIC y mañana con un grupo de amigos. Ya se encargará la Historia o el tiempo de la trascendencia. Quizás esa certeza sobre lo efímero es un elemento que los caracteriza y los legitima como generación “independiente”. El hoy, el ahora, el presente, es lo que importa. Es un signo que va marcando el arte y la relación de los artistas con su contexto y así serán también sus propuestas.

Pero lo esencial aquí no es si son independientes, si trabajan de lleno en la, y para la industria, o al margen de ella, si le venden su alma al diablo, o si hacen el cine con el diablo en el cuerpo, si consiguen manejar un proyecto de miles de dólares, o si ruedan con el dinero de sus padres, lo verdaderamente esencial aquí, lo que realmente debe importarnos es que estemos hablando de cine, de imágenes y de Cuba.

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