Cuba Libre: ¿Lecciones para el presente?

No es una obra maestra, pero muestra, sin maniqueismos, páginas poco visitadas de nuestra historia y acontecimientos que, en el futuro, pudieran tratar de amenazar de nuevo la irreversible soberanía de nuestra patria.

Foto: Tomada de cubacine

A solo unos días de la visita del presidente estadounidense Barak Obama a Cuba, la televisión nacional exhibió la película de Jorge Luis Sánchez Cuba Libre, un fresco de los finales de la llamada Guerra hispano-cubana-norteamericana ocurrida en las postrimerías del siglo XIX.

Su director y guionista insiste en que escribió este argumento en 1998 y que nada tiene que ver el filme con la situación actual de “deshielo” que se vive entre Cuba y Estados Unidos; sin embargo las asociaciones parecen inevitables, mucho más cuando es la mirada de dos niños la que prevalece por sobre las contradicciones generadas por la ocupación del ejército estadounidense.

Aun con los problemas de ritmo y la ambiciosa –pero no totalmente lograda– reproducción de época, Cuba Libre posee el mérito de ofrecer una visión nada maniquea sobre el triste episodio que impidió al Ejército Libertador de los mambises cubanos disfrutar una victoria enajenada por la intervención de una potencia cuyo verdadero propósito era convertir a la isla en una colonia o neocolonia, hecho del que no todos los cubanos fueron conscientes, como es posible apreciar en la película.cine-cubano-cuba-libre0

Las excelentes actuaciones de los niños Christian Sánchez, como Samuel y Alejandro Guerrero, como Simón son tal vez los pilares más sólidos para un argumento cuyo preámbulo resulta demasiado largo y en el que solo a mitad del filme adquiere la agilidad y el interés que cualquier espectador promedio demanda.

Hay también otros excelentes desempeños, como el de Isabel Santos en el papel de la maestra Alfonsa, el de Manuel Porto como el Padre Gabriel y el de Georgina Almanza como María Julia, la intransigente mambisa que vivió y aprendió las lecciones de la guerra del 68.

Asimismo, el actor noruego Jo Adrian Hasank brilla en su rol de jefe militar estadounidense, lo que no sucede del todo con su contraparte, el coronel mambí interpretado por un José María Armenteros que no consigue dar todos los matices que requería un personaje símbolo de  la dignidad de los libertadores cubanos.

El oportunismo de los que militaban junto a los españoles, la inocencia de los niños que ven en los estadounidenses a benefactores capaces de ofrecerles una vida mejor y un futuro más promisorio son aspectos que adquieren una candente actualidad en momentos presentes. Y aun cuando no fuera el propósito de Sánchez realizar un llamado de alerta, el filme ofrece lecciones para los hipotéticos despistados que ven en la reanudación de relaciones Cuba-Estados Unidos una simple llegada de prosperidad material al país.

Producida por el Instituto Cubano de Artes e Industria Cinematográficos y el Fondo de Bienes Culturales, la película, con pretensiones de superproducción, no pudo escapar del pobre empaque que de la falta de recursos tenía que resultar.

Este era un filme que pedía a gritos una coproducción, tal vez entonces la fotografía pudiera haber sido mucho más expresiva y la dirección artística, en lo referente al  vestuario y las locaciones, un poco más homogénea.

Pero cierto es también que el guión de Jorge Luis Sánchez rezuma un aliento patriótico que solo un cubano pudo haberle impregnado.cine-cubano-cuba-libre

Rara avis es Cuba Libre en el contexto de una cinematografía donde la crítica a la actualidad desplaza a la historia de la nación. Especialmente, cuando esa historia se nos muestra en todas sus difíciles contradicciones, incluyendo las de la racialidad, tan presente desde el punto de vista de los personajes y la identificación que se produce entre los soldados estadounidenses negros y la población y los mambises cubanos del mismo color.

Es cierto que no nos hallamos en presencia de una obra maestra. Pero la película consigue sus objetivos: mostrarnos páginas poco visitadas de nuestra historia y hacerlo sin maniqueísmos ni palabrerías moralizantes.

Los espectadores que, desde sus casas, pudieron sortear la lentitud de los primeros minutos de metraje y llegar al final de la cinta, no quedaron indiferentes ante una obra que nos ofrece sutiles lecciones y una buena hoja de ruta para soslayar los acontecimientos que, en el futuro, pudieran tratar de amenazar de nuevo la irreversible soberanía de nuestra patria.

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