El lugar merecido de Chinolope

El tío Alberto, un documental de Marcel Beltrán, saca del olvido a este maestro del lente y amigo de José Lezama Lima.

Chinolope, un hombre que ha contribuido mucho a la visualidad mayor de Lezama y, con ello, a su indiscutible trascendencia.

Foto: Tomada de El Estornudo

Ese es el problema de la ética. Yo pensé que me habían interpretado.
Fernando López Junque

A propósito del centenario del natalicio de José Lezama Lima en 2010, se efectuó un coloquio internacional en el cual participaron muchos especialistas y amigos del escritor. Durante el evento se entregó “la moneda conmemorativa que se acuña y se entrega por primera vez”, según el reportaje del Noticiero Nacional de la Televisión Cubana. El lugar escogido fue el Instituto de Literatura y Lingüística porque, como se sabe, en una de sus oficinas trabajó Lezama de 1962 a 1969.

La reciben personalidades aún lúcidas de la cultura cubana, como Fina García Marruz, Margarita Junco, Roberto Fernández Retamar, Reynaldo González, César López, Pablo Armando Fernández y los intelectuales extranjeros Alain Sicard y Julio Ortega. En el artículo “Fiesta innombrable por Lezama”, de la autoría de Madeleine Sautié Rodríguez, publicado en el periódico Granma, aparece una foto realizada por Raúl López donde apreciamos de pie a Abel Prieto junto a Julio Ortega y, ahí, en un segundo plano, muy evidente, advertimos sentado a Fernando López Junque (Chinolope), otro de los grandes amigos de Lezama, además de haber sido uno de los artistas que más fotografió al autor de Paradiso.

Es una realidad: casi ningún libro publicado sobre Lezama Lima y que cuenta con documentación gráfica puede prescindir de la obra de Chinolope, “Hijo Ilustre de Marianao”, quien irónicamente es el autor, además, de esa famosa fotografía, donde aparecen sentados en torno al maestro Lezama, Antón Arrufat, Pablo Armando Fernández, Mariano Rodríguez, Heberto Padilla, Sigifredo Álvarez Conesa, Roberto Fernández Retamar y Víctor Cassaus, o sea, muchos de los homenajeados en el centenario del máximo gestor de Orígenes están en la fotografía de Chinolope.

En la imagen que acompaña al texto de Granma está sentado, sin ningún aparente reconocimiento pero con una ligera sonrisa, el hombre que ha contribuido mucho a la visualidad mayor de Lezama y, con ello, a su indiscutible trascendencia. Tranquilo y sin reclamar porque “a veces uno trabaja y el tiempo es que el que decide”. Esto ocurre en el minuto 49 y algunos segundos del documental El tío Alberto (Producciones Largas luces, 2016), de Marcel Beltrán, quien es también su guionista. Solo falta para que acabe, un poco más de 11 minutos. Luego sí, Chinolope nos muestra que también se le entregó la referida moneda, a propósito del centenario del natalicio de Lezama. Pero en el material informativo de la televisión no se mencionó su nombre.

En El tío Alberto, obra presentada en la Muestra Joven del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) 2016, pudiera cuestionarse el proceder de su realizador, por el hecho de concebir un documental donde deja que su protagonista diga cuanto le viene en gana, si bien Beltrán maneja la curva de interés del audiovisual por cuenta de varias preguntas que le hace a Fernando López Junque. No hay un problema ético en permitir que este hombre se exprese: Fernando tiene sus características, pero no está fuera de todos sus cabales. Al contrario, uno de los grandes valores de El tío Alberto consiste en darle la libertad a Chinolope de manifestarse, así exagere o tenga razón en algunos de sus reclamos en torno al pasado y a su contemporaneidad.

Aunque Beltrán sabe lo que quiere y lo demuestra como autor también del montaje de esta obra, su protagonista va condicionando la dramaturgia del documental, casi por sí solo, con variedad de matices y a través de las declaraciones cuando no de la conversación con el director. No obstante, es preciso decirlo, hay una labor rigurosa de investigación tras de El tío Alberto, siendo el mérito para María Laura García.

Se ha prescindido de una habitual voz en off perteneciente a un locutor de marras e incluso poco conocido, presente en el documental tradicional, porque no es un material biográfico del protagonista lo emprendido y pretendido antes por su director, sino el reconocimiento del lugar a un hombre que, para muchos, se había ido de Cuba o ya estaba muerto. La sorpresa mayor ha sido rescatar la figura de un testigo vivo de la importancia de Chinolope, quien sugiere que la fotografía no es solo testimonio cultural sino reconstrucción de nuestra memoria. Eso lo sabe muy bien Román Lechapelier, quien tuvo a su cargo la fotografía del documental.

Hacia el final de El tío Alberto, Marcel Beltrán propicia que la voz de José Lezama Lima se escuche y prepare la despedida de uno de sus personajes de ficción, relacionado aquí con la existencia kafkiana y algo caótica de Fernando López Junque: Chinolope.

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