La cosa ¿fílmica? o Gerardo Chijona´s The Thing

La cosa humana ¿Es seria, es cómica? ¿Es tan consciente y tortuosamente ambigua que tiende perennes trampas perceptuales al receptor?

Foto: Cartel de la película

¿Qué cosa es La cosa humana? ¿Sátira? ¿Parodia? ¿Comedia? ¿Corrosiva mordacidad anti intelectual? ¿Fustigante deconstrucción del artista y el arte, cual guiño cómplice al renacentista Elogio de la Locura, donde Erasmo de Rotterdam practica un inefable y socarrón harakiri a la persona del intelectual, siendo él mismo epítome de la erudición?

¿Coqueteo ingenuo con un mundo escritural cubano del que Gerardo Chijona delata conocer menos aún que el cosmos “friki” noventero que trató de recrear maniqueamente en Boleto al Paraíso (2010) —para terminar en un moralista callejón ciego, sin resolución dramatúrgica alguna? ¿Es que algún concurso literario de este mundo entrega simultáneamente premio y texto editado a un autor ganador, sin que siquiera se le haya consultado previamente la edición de su obra? ¿Hasta dónde llega la licencia poética y hasta dónde esta violación de un protocolo como este aporta algo a la historia de marras?

¿Es La cosa… coqueteo light con géneros como el cine negro, con el que se muestra aún más superficialmente familiar a la hora de bocetar el bajo mundo habanero, lleno de capos, matones, ladronzuelos, pillos y violadores?

¿Tímido (pacato) y básico acercamiento al erotismo fílmico, donde el sadomasoquismo se reduce a dos pañuelitos atados a las muñecas de Justo Morales (Vladimir Cruz) y al travieso buzz de un consolador que nunca se avizora?

¿Incursión arriesgada en el humor “negrísimo”, so pena de caer estrepitosa e irresponsablemente en terrible sima misógina que termina legitimando la violación?

¿Malabares arriesgados con la fraseología kitsch y un muy bien nutrido arsenal de lugares comunes como el bocadillo “Tú no conoces la angustia del escritor”, “Tú eres esa presencia invisible que está en mi literatura”, “Quién toma té: los intelectuales, la gente refinada…”?

¿Juego caótico de caricaturas y estereotipos que van desde la más machista y misógina encarnación que de la vamp/femme fatale hace Miriel Cejas, en otra de sus desafortunadas incursiones en la fílmica cubana (a pesar de un talento en el que no dejo de creer), hasta el mafioso gruñón Suave, que representa el retorno de Enrique Molina al estereotipo, tras sus refrescantes detours en Exit (Eduardo del Llano, 2011) y Esther en alguna parte (también de Chijona, 2013)?

¿Es empeño consciente en lograr que actores como Osvaldo Doimeadios, Amarilis Nuñez y el mismo Molina actúen mal, a pesar de sus talentos (prueba esta superada solo por Mario Guerra, quien continúa brillando no importa cuán mala sea la cinta en que se desempeñe)?

¿Pedante e indiscriminado paso de lista de referentes fílmicos y literarios como Terminator 2, Tren de las 3 y 10 a Yuma, 1984, El Padrino, Hemingway, Guillén, Martí, Tolstoi?

¿Errática parábola sobre la redención psicosocial a través del arte?

¿Guiño al agridulce mafioso dramaturgo Cheech de Balas sobre Broadway (1994), interpretado encantadoramente por Chazz Palminteri, en la excelente clase de humor negro que Woody Allen da con esta cinta?

¿Es seria, es cómica? ¿Es tan consciente y tortuosamente ambigua que tiende perennes trampas perceptuales al receptor, que no sabe si Morales espeta cursilería tras cursilería en serio o en broma; o que nos presenta a un atormentado, antiheroico, lastimero y trágico Maikel Hernández (Héctor Medina) de acuosos ojos y voz gangosa, que no delata un ápice de comedia en lo absoluto?

¿Es que el humor se filtra en una trama “seria”, a fuerza de costumbre, para el caso de un cineasta casi monocorde, concentrado en la comedia durante décadas, excepto la moralizante (aunque mucho más coherente) Boleto…? ¿Es que el humor no llega a concretarse en un descalabrado relato, más confusamente editado aún hasta el irremediable desequilibro dramático?

¿Quizás es todo esto a la vez, o nada de esto? ¿O viceversa? ¿Alguien puede contestar? Yo me rindo…

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