Sara Gómez detrás del lente

Sara Gómez destaca por su trayectoria indiscutible dentro de la historia del cine cubano.

IPS Cuba

“A Sara le hubiese gustado hacer cine sin cámaras, sin micrófonos: directamente […]”

Tomás Gutiérrez Alea [1]

En marzo de 1959 Alfredo Guevara redactaría el documento legal que diera por constituido el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), la primera institución de la cultura revolucionaria, surgida con el apoyo económico e ideológico del Ejército Rebelde, y alrededor de la cual se agruparon intelectuales de la avanzada cultural de ese momento. El ICAIC, que intentaba descolonizar las pantallas y, por lo tanto la mente de cubanos y cubanas, les abrió paso a jóvenes con intereses disímiles en la creación cinematográfica.   

Una de aquellas jóvenes fue Sara Gómez, quien procedía del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana. La admisión en el ICAIC requirió el vencimiento de una entrevista de temas culturales. Finalmente, en agosto de 1961 comenzó a trabajar en esa institución cultural. Al mismo tiempo, continuó colaborando con las principales tareas sociales que le fueron designadas, entre ellas: la estimulación a jóvenes para que participaran en la Campaña de Alfabetización.

Sara Gómez fue destinada al departamento de corte de negativos y luego al de edición. Más adelante, el director Roberto Fandiño la pidió como asistente de dirección para Tiempos de pioneros (1962). En ese mismo año trabajaría con Agnès Varda en Salut les cubains! (¡Saludos cubanos!), documental en el que sale vestida de miliciana bailando chachachá. Posteriormente, pasaría a trabajar con Tomás Gutiérrez Alea a quien asistió en Cumbite (1964) y con Jorge Fraga, en El robo (1965). En el caso de la primera, vale la pena destacar que Sara también participó activamente en el rol definitivo que ocuparía la música dentro de esta obra.[2]

Plaza Vieja (1962), Solar habanero (1962) y Piratas de la América y luz a la defensa de las costas de Indias Occidentales (1963) fueron las breves didácticas que Gómez realizó para la Enciclopedia Popular (dirigida por Octavio Cortázar), serie de notas informativas de la cuales se produjeron 38 entre los años 1961 y 1963. La confección de dichas notas solía ser un proceso de aprendizaje para los nuevos cineastas.

Seguidamente pasó al departamento de documentales en el que desarrolló una labor creadora destacada al punto de ser registrada, junto a Nicolás Guillén Landrián y Octavio Cortázar, como la vanguardia de los documentalistas cubanos; jóvenes que vivieron el triunfo revolucionario y participaron con sus obras en la representación de los acontecimientos y en el cuestionamiento de las principales problemáticas emergentes. En esta etapa realizaría las siguientes obras :

Sara Gómez, a pesar de su juventud, pudo crear todas estas obras en las cuales plasmó su visión1.    Iré a Santiago (1964)/ 35 mm/ 15’/ B-N
2.    Excursión a Vueltabajo (1965) / 35 mm 10’/ B-N [3]
3.     Guanabacoa: crónica de mi familia (1966) / 35 mm, 13’/ B-N
4.    … y tenemos sabor (1967) / 35 mm / 30’/ B-N
5.    En la otra isla (1968) / 35 mm 41’/ B-N
6.    Una Isla para Miguel (1968) / 35 mm/ 22’/ B-N
7.    Isla del Tesoro (1969) / 35 mm/ 10’/ B-N
8.    Poder local/ poder popular (1970) / 35 mm / 9’/ B-N
9.    Un documental a propósito del tránsito (1971) / 35 mm /  17’/ B-N
10.    De bateyes (1971) / 35 mm / 24’/ B-N [4]
11.    Mi aporte (1972) / 35 mm / 33’/ B-N
12.    Atención prenatal (1972) / 35 mm / 10’/ B-N
13.    Año Uno (1972) / 35 mm / 10’/ B-N
14.    Sobre horas extras y trabajo voluntario (1973) / 35 mm / 9’/ B-N

En 1974 dirigiría  De cierta manera [5] su única obra de ficción, cuyo proceso de edición dejó inconcluso: la sorprendió una temprana muerte, a los 31 años de edad, el día 2 de junio de ese mismo año.

Vale la pena detenernos un instante en lo que sucedía en el contexto cultural cubano.  Recordemos que el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura de 1971 había dejado evidencias de un concepto estrecho sobre el “arte revolucionario”, que impuso de manera  progresiva un marcado dogmatismo. Los sucesos relacionados con los premios UNEAC, en específico el caso Padilla, dejarían sus huellas más allá del concurso literario. Los presupuestos de la pedagogía tradicional inundarían el terreno de la creación artística y literaria, convirtiendo a esta última en un espacio de poder político, donde quedaron marginadas diversas expresiones culturales;  lo que se expresó en la reiteración del carácter histórico de la cinematografía nacional y el empobrecimiento del debate intelectual. [6]

La “parametración” en el teatro y la persecución de muchos intelectuales por sus conductas morales, comportamientos u opiniones fueron los fenómenos que identificaron al Quinquenio Gris. Como dijimos anteriormente, Sara también fue interpelada en relación con la cuestión racial. Ella misma relataría como fue citada a una reunión con el entonces Ministro de Educación José Llanuza junto a Alberto Pedro Díaz, Rogelio Martínez Furé y Tomás González.

Precisamente en este entorno Sara escribió y filmó De cierta manera (1974), a pesar de ser estas las condiciones reinantes que ciertamente enrarecieron la capacidad creadora de muchos artistas e impusieron fórmulas estrictas para hacer arte revolucionario. Sin embargo, ella pudo construir este filme mostrando la heterogeneidad de la sociedad cubana, justo cuando se creía en la homogenización y la uniformidad como condicionantes de la sociedad socialista.

Quizás le quedaron algunas cosas por hacer, como el documental que quiso dedicarle a Haydé Arteaga como forma de inmortalizar sus muchos largos años dentro de la narración oral. Cuenta Haydé que Sara la llevó al ICAIC y le sacó varias fotos ella misma, cámara en mano, vistiéndola con una bata blanca que aún puede recordar. Asimismo, si aquella asma no le hubiese jugado tan mala pasada, ella habría llevado a cabo el proyecto que le comentó a Mario Balmaseda, una especie de continuación de su primer largometraje, pero centrado en la vida de Mario (el protagónico de De cierta manera), muchos años después.

Es interesante notar como Sara Gómez a pesar de su juventud pudo crear todas estas obras en las cuales plasmó su visión, sus consideraciones éticas, sus preocupaciones sobre los sucesos de la sociedad cubana en los primeros años de la revolución social y su repercusión en la cultura cubana; evidentemente su formación etno-antropológica orientó su capacidad de cuestionamiento, estimulándola a dar respuesta a las preguntas que ella misma se haría a lo largo de su corta existencia.

Notas:

1. Intervención de Tomás Gutiérrez Alea en el conversatorio realizado en la UNEAC por los quince años de la muerte de Sara Gómez recogido en Frank Padrón: «Retrato múltiple de Sara», en Cine Cubano No. 127,  p. 39.

2. Para obtener una ficha técnica más amplia véase Producciones del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, Cinemateca de Cuba, ICAIC, 2004.

3. Este documental no aparece registrado en ninguna guía cinematográfica cubana, sin embargo nosotros tenemos esta obra en nuestros archivos personales, por lo tanto fue incluida en esta investigación.

4. Este documental no aparece registrado en ninguna guía cinematográfica cubana, sin embargo la obra se encuentra en los archivos del ICAIC y fue visionada por nosotros, en octubre del 2007, durante la realización de esta investigación.

5. Sara Gómez: De cierta manera (1974) 79’/ 35mm / B-N/ ficción.

6. Véase Juan Antonio García Borrero: “Las aporías del gris”, en La edad de la herejía, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2002, p. 103. Acá el autor destaca como Cine cubano, una de las revistas más polémicas hasta entonces, a partir de este momento comenzó a  realizar números monotemáticos donde no primaban precisamente el debate y la reflexión.

Nota del editor:

Esta sección está dedicada al cine hecho por mujeres y a la mirada de género en el cine cubano. Comenzar con un texto sobre Sara Gómez es la posibilidad de rescatar una trayectoria de mujeres directoras en nuestra cinematografía. Una ojeada necesaria para hacerle justicia a la historia del cine cubano.

Danae Diéguez

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