Un novio para Dorian

Aún falta esa película certera, definitiva, que nos muestre de una vez y por todas a los homosexuales libres de maniqueísmos.

Tomado de Cubarte

Fotograma de For Dorian


La vida moral del hombre forma parte del material del artista, pero la moralidad del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto.

Oscar Wilde
«El retrato de Dorian Gray»

Erotismos castrados, cuerpos ausentes, personajes construidos desde la alteridad y el estereotipo: he aquí algunos de los lugares comunes que han caracterizado al tratamiento de los homoerotismos masculinos en el cine cubano contemporáneo.

Si bien es cierto que el sujeto gay como objeto de la mirada fílmica ha ido ganando protagonismo gracias a producciones como Fresa y chocolate, Barrio Cuba, Chamaco y Verde verde, aún falta esa película certera, definitiva, que nos muestre de una vez y por todas a los homosexuales libres de maniqueísmos, imposturas y destinos trágicos que, marcados por el auto rechazo o el peligroso concepto de tolerancia, desembocan invariablemente en la soledad, el exilio o la muerte. No obstante, entre tanta hojarasca, vale la pena destacar algunos intentos, y mientras aguardo el estreno de Vestido de novia, primer largometraje de la realizadora Marilyn Solaya, pienso que pocos audiovisuales del patio han tratado el tema con tanta fortuna como For Dorian, cortometraje de Rodrigo Barriuso, estrenado en 2012.

La línea argumental que sostiene este significativo corto es sencilla: cierto día, Oliver Baum (interpretado por Ron Lea) descubre que su hijo Dorian (Dylan Harman), síndrome de Down, es gay. Este descubrimiento se produce de forma gradual: el señor Baum primero repara en los lazos que unen a Dorian con su amigo Marco (Víctor Pereira), después encuentra las fotos del weatherman (Jerald Bezener) que el adolescente guarda en su computadora… Tras resistirse brevemente a la idea, y escudado por una sencilla pregunta (Want me to tape the weather report?) el padre acepta la orientación sexual del hijo, a quien ama tanto que llega a sobreproteger e impedirle desenvolverse por sí solo en el espacio hogareño.

Los elementos a destacar en esta emotiva película son varios. De un lado, el abordaje de sujetos con necesidades especiales, una línea de trabajo poco explorada en la historia del audiovisual cubano, y hasta For Dorian, totalmente inédita si hablamos de personajes discapacitados homosexuales. Por otro, el tratamiento de las nuevas masculinidades que rompen con la heterosexualidad hegemónica sin caer en generalizaciones ni burlas. Así, al construir el personaje de Dorian desde una visualidad masculina tradicional, Barriuso echa a un lado toda frivolidad (entiéndase brillo y purpurina, recursos que, desgraciadamente y en muchas ocasiones, banalizan productos audiovisuales interesados en el tema) para mostrarnos a un adolescente complejo y seguro de cuanto quiere, sin importar su trastorno genético.

Con respecto al señor Baum, estamos ante una suerte de «mapá» heterosexual que ha perdido el miedo a la libertad implícito en toda paternidad responsable y asume sin rodeos la crianza del hijo. Incluso ha contratado a Lorna (Tova Smith), una suerte de niñera que cuida de Dorian cuando él está trabajando. Sin embargo, el personaje referido de la madre ausente no es demonizado ni el adolescente sufre visiblemente por el hecho de no tenerla a su lado, a pesar de conservar en su escritorio una fotografía de ella mientras lo aúpa. En uno de los diálogos que el muchacho sostiene con Marco, este le pregunta: She left becase of your dad, or because of you?, a lo que Dorian responde: She left because of her, atisbando con ello un abanico conductual que solo podría valorarse a carta cabal tras escuchar las razones de todas las partes implicadas en dicha separación.

El corto destaca también por una acertada dirección de arte que prefiere los ambientes sépticos y monocromos, a veces fríos e impersonales, donde la formación académica como historiador del arte de Barriuso introduce notas de color mediante obras pictóricas y fotográficas ejecutadas por reconocidos artistas cubanos, entre ellos Roberto Diago, Esterio Segura, Glenda León, Carlos Garaicoa, René Francisco Rodríguez y Elsa Mora. No obstante, la frialdad de los interiores donde se desarrollan las escenas, e incluso el gélido clima que envuelve a los personajes, buscan ante todo concentrar al público en el conflicto interno que involucra a ambos protagonistas.

Muchas de las obras plásticas seleccionadas se integran de manera coherente a la narración aportando valor simbólico, de forma tal que, y por solo citar dos ejemplos, mientras vemos por primera vez a Dorian absorto en el parte meteorológico, su cabeza queda enmarcada por un mapamundi elaborado con nubes, o su habitación (ese espacio íntimo, donde el adolescente «descubre» la sexualidad) incluye en el decorado unas fotografías de manos enguantadas. A su vez, la excelente banda sonora, compuesta e interpretada por Michael Vincent, aporta una nota melancólica libre de excesos melodramáticos que muevan a la compasión o la lágrima fácil.

Quizás a un espectador demasiado mojigato puedan parecerle excesivas, e incluso innecesarias, las escenas donde Dorian se auto complace frente al televisor. En mi opinión, esa es una de los momentos más hermosos y útiles del cortometraje, no por la belleza de ese cuerpo que se arquea y contrae al experimentar placer, sino por el sumo cuidado que pone el director al esquivar cualquier atisbo escatológico o pornográfico, mientras nos demuestra que su propietario tiene y asume el derecho al goce como cualquier otra persona. En este sentido, vuelvo a las palabras de Oscar Wilde cuando aseguraba que ningún artista es morboso jamás, pues el artista puede expresarlo todo. El kid está en hallar el tono ideal para hacerlo y, con respecto a dicha secuencia, Rodrigo Barriuso parece haberlo encontrado.

¿For Dorian puede considerarse una película cubana, a pesar de haber sido rodada en Canadá, con staff y elenco locales? Imagino que, desde su estreno, haya suscitado más de un debate en ese sentido. Sin embargo, y ante posibles reticencias, quiero advertir que hoy los que vivimos y trabajamos en la isla no debemos darnos el lujo de apartar ex profeso una película como esta, transgresora en muchos sentidos, e igualmente necesaria, capaz de poner el dedo sobre la llaga y demostrarnos en poco más de 16 minutos cuánto camino aún nos falta por recorrer cuando de homoerotismos y cine se trata.

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