La tierra más hermosa

En el 2011, al parecer por problemas económicos y casualmente tras el fallecimiento de Solás, el festival se realizó de manera figurada en Regla.

Alejandro Ménendez

Quien haya ido a Gibara sabe que tiene algo que colma y sobrecoge

Cuentan que parecía un ángel, siempre de blanco, caminando por el farallón que da al mar. Afirman que aplacaba sus demonios contemplando la tranquilidad eterna del muelle y el vaivén de los botes. Algunos, un poco en broma y bastante en serio, le llamaban San Solás de Gibara, a mi me parece más fiel decir San Gibara de Solás. Es que si lo mítico existe en algún lugar de esta isla es en ese pueblo de Oriente y así lo supo descubrir Humberto que no era más que un hombre sensible a la magia.

Es un poblado pesquero del litoral norte de la provincia de Holguín que vive y siente según el ciclo lunar. Posee antiquísimas tradiciones y una población que registra como valores propios de su cultura la hospitalidad, la candidez y la relación familiar. Demuestra una pluralísima identidad cultural y social, oscilando entre lo tradicional y la renovación.

Visito Gibara por segunda vez y me quedo en la casa de unas amistades de mis suegros, me acogen como uno más de la familia. El patrón de un barco que casualmente lleva mi nombre (el barco), vive en esta casa y me explica en muy poco tiempo todo lo que puede sobre la vida en altamar. En luna llena se pesca el tiburón y en cuarto menguante el Tatí. Es un hombre de unos cincuenta años, fornido y de piel curtida por el alcohol y el sol. Conoce a todo el pueblo y todo el pueblo lo saluda. Sentado en su portal, que da a la calle, me presenta a mucha gente que en instantes ya me tratan como si me hubiesen visto nacer y montan un debate repleto de criterios sobre todo cuanto pregunto.

Gibara no existe antes de que Humberto Solás nos la mostrara, siempre estuvo ahí, pero necesitaba que alguien se enamorara de ella lo suficiente como para brindársela al mundo haciéndola epicentro de una fiesta tan maravillosa como el propio pueblo; el festival de Cine Pobre. Cine Pobre que no significaba de ninguna manera un cine sin valía ni calidad, sino un cine de bajos recursos, de baja producción, que apostara por el argumento y el talento de sus realizadores más que por costosos mecanismos de realización, que fuera democrático y eliminara en la medida de lo posible la dependencia industrial.

La elección del lugar para el festival obviamente no fue casual, Gibara sintetiza de alguna manera el ideal de Cine Pobre de Solás. No posee amplios recursos ni una fuerte economía, pero le sobra atractivo y originalidad. Los gibareños aceptaron el Cine Pobre sin reservas, con el ánimo lúdico que los caracteriza y han llegado a tal nivel de identificación con el festival, que según sus propias palabras ya no existe Gibara sin Cine Pobre y nunca existirá Cine Pobre sin Gibara.

Los que conversan en el portal me cuentan acerca de lo que representa el festival para ellos: abrirse al mundo y a Cuba (que tampoco los conocía); a los artistas que acogieron en sus viviendas y le prepararon el café de la mañana; el intercambio cultural; de cómo pintaban las fachadas de los trabajos, escuelas y casas; del cambio de horario en la faena para salir antes y poder ir al cine; de la competencia por vender el mejor pan con lechón, la mejor comida criolla, el pescado más fresco; de cómo ganaban merecidísimos dineros para mejorar su situación y desarrollarse; de los fuegos artificiales; la música; del milagro al olvidar los problemas diarios, como el recuerdo de los devastadores huracanes de 2008; y sobre todo de su eterno amor a Solás, de su agradecimiento a él y a los que lo apoyaban a organizar y “halar” para el festival.

Por eso los gibareños tienen una herida desde que Solás murió y no saben si sanará. Llenaron un libro de firmas y hermosas frases en su duelo, para que se respetara su memoria y su voluntad. Algunos niños escribieron que lo querían como a un familiar y extrañarían mucho verlo caminar por la ciudad. Es que al morir Humberto no solo se fue el gran realizador siempre inconforme de su obra, también se fue el descubridor y protector de Gibara (decían algunos que quien descubrió a Gibara fue Solás y no Cristobal Colón que ingresó a Cuba por esta zona) y, con su partida, llegó también la incertidumbre sobre el futuro del Cine Pobre y de su permanencia en Gibara.

En el 2011, al parecer por problemas económicos y casualmente tras el fallecimiento de Solás, el festival se realizó de manera figurada en Regla, Ciudad de la Habana, con casi total desconocimiento de los reglanos que apenas vieron algún cartel de anuncio en las paredes y escucharon un concierto de Moneda Dura y otras, muy pocas, agrupaciones. La población gibareña percibió esto como una traición a sí misma, a Humberto y al festival. Si no había recursos para los premios, hospedaje y demás, el encuentro se debía haber hecho simbólico, pero en Gibara. Absolutamente todas las personas que entrevisté o con las que conversé de forma más coloquial quieren el festival de vuelta y no comprendieron, claramente, las explicaciones que les brindaron. Me propusieron las más variadas soluciones para que se realizara sin recursos, como si yo por vivir en La Habana pudiera hacer valer su opinión o conociera algo más que lo que ellos sabían. Solo pude manifestar mi interés y apoyo para que el festival no cambie de sede, de función o de actitud.

Quien haya ido a Gibara sabe que tiene algo que colma y sobrecoge, que inunda de sensaciones que no se sabe por qué llegaron y que se tiene la seguridad de no poder revelarlo en palabras luego, a quien no esté en ese instante. Gibara hace eso conmigo en cada esquina, no encuentro explicación, pero con solo caminar por ella, por el farallón, con mirar los botes en calma me descubro parte de algo hermoso y sano. Es una píldora contra la monotonía, la apatía, el enajenamiento cotidiano, un refugio contra todas las huellas que laceran. Allí todo me provoca a crear, a tomar una fotografía, a ver y a hacer cine, así descubro que es totalmente cierto: el Cine Pobre nació aquí porque no pudo haber nacido en otro lugar, aquí debe quedarse porque no hay Gibara sin Cine Pobre ni Cine Pobre sin Gibara.

Un comentario

  1. Angel

    Tras la marginación, por parte del aparato político de Cultura, y del ICAIC, de la familia de Humberto Solás, o sea de su hermana y sobrinos, quienes fueron fundadores del FEstival de Cine Pobre de Gibara (incluso les han suspendidos sus correos electrónicos para impedir que se comuniquen y digan su verdad), y de la nominacion de dedo como director de Lester Hamlet, es obvio que el evento ha perdido su personalidad e independencia.Una muestra de que en la isla “todo tiene que estar controlado”.
    Es evidentemente una manipulación por parte del gobierno, y una injusticia con la familia de Humberto, y una tración a su legado.

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