Manuela “antipatriarcal” todavía en sus cincuenta

Con esta película, Humberto Solás inicia un recorrido que pone en los primeros planos (fílmicos y sociales) a la mujer cubana.

Humberto Solás

Foto: Tomada de lahabana.com

El antológico cortometraje del fallecido cineasta cubano Humberto Solás cumple 50 años y el Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara 2016, recientemente concluido, le rindió merecido homenaje.

Fue en 1966 cuando el entonces muy joven Solás iniciara con este filme toda una obra donde el protagonismo de la mujer cubana adquirió la más alta visibilidad en la historia de la producción artística posterior a 1959. Por entonces, en otras manifestaciones predominaba todavía una mentalidad patriarcal.

La historia de una joven campesina, convertida en guerrillera para vengar la muerte de su familia a manos de un teniente del Ejército de Batista, se convirtió más que en un documento épico, basado en hechos reales, en una película donde la poesía y la exploración del mundo interior de la protagonista eran el eje central.

Adela Legrá y Adolfo Llauradó en los protagónicos del filme Manuela.

Adela Legrá y Adolfo Llauradó en los protagónicos del filme Manuela.

La obra convirtió en actriz a una mujer de pueblo, con apenas segundo grado de escolaridad, la sin par Adela Legrá, que breve tiempo después sería también la protagonista del tercer cuento de la que se considera la obra mayor de Solás: Lucía, un canto también a las potencialidades y el rol de la mujer cubana en la historia.

De Manuela ha dicho Adela Legrá: “es mi película más querida. Todo el mundo habla de Lucía, pero Manuela es la que yo hubiera querido ser, me siento reflejada en Manuela, yo soy Manuela”.

Humberto Solás, autor también del guión del filme, fue hasta Sierra Cristal. Allí hablaba con los campesinos porque, según declaró años después, “yo quería que la historia no partiera de una base utópica. Un día me llevaron a una tumba donde había estado enterrada una combatiente que se llamaba La China. La historia de mi película está inspirada en la vida de esa muchacha”.

La crítica de la época elogió y dio su beneplácito a este cortometraje que, en solo 41 minutos de duración, concedió a Solás un lugar de relevancia en la entonces muy incipiente cinematografía cubana producida en su totalidad por el Instituto Cubano de Artes e Industria Cinematográficos (ICAIC).

El mismo año de su exhibición, estuvo en la selección del Premio Anual de la Crítica como el mejor mediometraje exhibido en el año, mientras en el plano internacional lograba el Premio Tarja de Plata del Festival Cáneo de Italia, el Diploma de Honor UCHA, en Barcelona, España y al año siguiente el Gran Premio en el Festival de Viña del Mar.

La crítica vio en ella una película emotiva, poética, épica, romántica y realista al mismo tiempo y el especialista Eduardo Manet vaticinó que esta cinta sería “mañana como es hoy, rejuvenecedora, apasionada y apasionante”.

Solás quería, según ha expresado Adela Legrá, que la muchacha se pareciera en el carácter y en el físico a la verdadera Manuela y encontró a Legrá: una dirigente de la Federación de Mujeres Cubanas que hasta ese momento no había pensado trabajar jamás en nada relacionado con el cine.

Costó trabajo convencerla, pero luego, durante la filmación, esta inocencia de la improvisada actriz permitió la frescura de escenas que se concibieron en el momento del rodaje, como aquella en la que el coprotagonista Adolfo Llauradó  (El Mexicano en el filme) le canta una canción a su enamorada en las márgenes de un río donde Adela fue sorprendida por la cámara tirando piedrecitas.

Otra actriz favorita de Solás, Eslinda Núñez, piensa que este cineasta cambió el cine cubano  a partir de Manuela “porque desterró de los intercambios entre los personajes cierta impostura heredada del cine mexicano”.

Rememorando este icónico documento de Solás, es posible encontrar en él una facilidad para trabajar con la economía de recursos que retomó en el año 2000 para producir la primera película digital del cine cubano: Miel para Oshún.

Quienes identifican al autor de Cecilia con las digamos que modestas (pero fastuosas entre nosotros) superproducciones de la cinematografía nacional postrevolucionaria, tienen un ejemplo en Manuela de que su talento nunca dependió del presupuesto asignado para sus realizaciones más viscontianas.

El cortometraje que volvió a exhibirse en Gibara con su encantador blanco y negro, sus líricas secuencias y sus lecciones de cómo lo épico puede rehuir al panfleto y llegar directo a la sensibilidad del espectador, nos mostrarán a un autor que fue, sobre todo, un artista en toda la extensión de la palabra.

Las mujeres cubanas debemos agradecerle siempre esa mirada hacia nosotras, desde el principio de su carrera. Con Manuela, Solás inició ese recorrido que solo en sus últimas películas abandonó, al considerar que ya sus heroínas habían conseguido en la sociedad cubana un nivel de visibilidad  y empoderamiento difícil de encontrar en otras regiones del mundo.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.